LENGUA EST@FADA   
  • LENGUA EST@FADA 15.07.2010

    Oí en la radio una de esas frases que prueban –si es que fuera necesario- que tenemos un problema requetefeo con la lengua. Fue en Radio Clásica, en una tertulia pretendidamente culta, donde alguien, después de observar: “No soy pesimista” (no recuerdo a propósito de qué) se vio en la necesidad de mejorar la frase -ya que era clara y concisa- y le salió esto: “No albergo un pesimismo fehaciente”. Así como lo oyen. En cambio yo, la verdad sea dicha, sí soy pesimista, y creo que la RAE tendría que dar de vez en cuando un toque de atención, con ejemplos, y con toda la simpatía y amabilidad que se quiera (es decir, sin pretensiones de imponer nada, ya que para empezar es inútil). Si lo único que hace en definitiva es ir aceptando lo que el hablante generaliza con el uso, sin incitar nunca a la reflexión y la discusión, ¿para qué nos vale?

    Encontré en un libro de denuncia tremendo (de la periodista mejicana Lydia Cacho) muchos ejemplos de anglicismos y falsos amigos (claro, imaginemos cómo hablaríamos en España si compartiéramos una frontera de casi tres mil kilómetros con una potencia como los Estados Unidos). Entre otras muchas cosas, una nube de eventualmentes, cuyo sentido en la frase era casi siempre “al final”, “acabó siendo”, “después”, “finalmente”, y que ha tomado de eventually traducido a capón; un sorprendente controversial, adjetivo inglés que significa polémico, controvertido y que ella directamente convierte en castellano por las buenas, y finalmente (ella pondría aquí, “eventualmente”…) un uso constante de una variable del “vascos y vascas”, “ciudadanos y ciudadanas”. Ella lo circunscribe a los artículos, y así escribe, por ejemplo: “las y los ciudadanos”, con lo cual las ciudadanas siguen englobadas en el  substantivo genérico de “ciudadanos”. En otros casos, quedaba todavía más absurda la solución. Espero fervorosamente que esta oleada sea cosa de una generación, y que no sigamos por ese camino. Pero albergo dudas fehacientes

  • LENGUA EST@FADA 24.06.2010

    Leo en el estupendo suplemento cultural del diario ABC (ABCD) un titular que habla de “una instalación tan bizarra como desconcertante”, un galicismo como una catedral que no suele cometer ese suplemento. Pero en fin, por lo menos variamos un poco; sumergidos en anglicismos totalmente prescindibles hasta un galicismo aporta un poco de alivio. Bizarre significa curioso, extraño, y bizarro, que sí existe en español, quiere decir valiente, esforzado en su primera acepción y generoso, lucido, espléndido en la segunda. Siguiendo con nuestra legendaria paletería, dejamos de utilizar el bizarro y adoptamos el bizarre, eso sí, maltraduciéndolo…

    Es tal el éxito que está teniendo el término severe que hasta me lo he encontrado en un folleto turístico, es decir que hemos desbordado ampliamente el campo médico. En Galicia, sendas para descubrir un país me he topado con el concepto ¡¡“severidad del medio natural”!! Mis felicitaciones a la Xunta, que pudiendo haber utilizado los términos dureza, dificultad o peligrosidad para clasificar las rutas, ha entrado por fin en la senda de la modernidad. Ya tenemos caminos más o menos severos ¡ya somos modernos, más si cabe!

    De los mobin que sigo oyendo en la radio y la tele no les voy a hablar hoy porque me excito mucho, sobre todo cuando apostillan “…el llamado mobin…”… y yo pienso ¿llamado por quién, mendrugo?

    En cambio sí quiero comentar un ejemplo que creo relacionado con el drama de lo que podríamos llamar el becariato huérfano. Si en las redacciones no se desprendieran de todo ser humano que supera los 55 años, no aparecerían cosas como ésta: un pequeño artículo de El País sobre no sé qué incidente con Francisco Franco Martínez Bordiú, nieto de su excelencia, que al parecer es una buena pieza, modelo cutre-lux, sentenciaba que dicho sujeto “se había cambiado él mismo los apellidos” en honor de su abuelito. Cualquiera que haya vivido el franquismo recuerda que se los cambiaron nada más nacer, para que se llamara igual que el centinela de occidente. Un editor veterano, sin necesidad de ser ningún lince, hubiera solucionado eso con rapidez y quizás con el añadido de una colleja…

    ¡Hasta la próxima!

  • LENGUA EST@FADA 10.06.2010

    Ésta es la historia de un viaje en el que sufrí el incivismo de mis conciudadanos a través, precisamente, del lenguaje, sobre todo gracias a los móviles. Se lo brindo por si acaso le enseña algo a alguien. ¡Sobre todo a esos compañeros de viaje! Les llaman los motorolos. ¡Descarados, impúdicos, desconsiderados, cansinos!

    I.- En Santiago ocupo mi asiento en el vagón número 5. Entra una familia de asiáticos, quizás japoneses (¿peregrinos?). Son una pareja joven, una suegra, dos bebés gemelos y una niña monísima de unos tres años que enseguida demostrará la potencia increíble de sus cuerdas vocales. Tienen una cantidad desmesurada de equipaje: maletas, bolsas, cajas. Tardan un buen rato en acomodarse. Los bebés se alternan  para llorar, la niña habla de una forma que perfora el cerebro, y los adultos responden con una catarata de regañinas, reproches o consejos indescifrables, pero que se oyen a la perfección: escupen las palabras como las ametralladoras escupen las balas. La madre, que se alterna con los gemelos, lleva la peor parte; el marido pasa lo que puede, aunque no le resulta fácil. La suegra ametralla con andanadas de palabras. Actúan como si estuvieran solos en el vagón. La gente les ha ido cediendo espacio y ellos se expanden, se cambian de asiento, mientras la niña monísima corretea, grita –en realidad no grita, es que habla tan fino que lo parece- y toca todo con sus deditos pringados. Estos no parecen llevar móviles.

    II.- No puedo más y me cambio. Vagón número 6. En el nuevo me toca una jovial pareja gallega de mediana edad encantados de haberse conocido que comentan a voz en grito, como si a los que estamos alrededor nos interesara la cuestión, las enormes posibilidades de sus móviles. Me alejo de ellos procurando no significarme. A mi izquierda, otra mujer jovial comunica -en estéreo- a una amiga que va en otro asiento la temperatura de Madrid: 15 grados: muy bien, menos mal que no me he traído ropa de abrigo. Yo le deseo de corazón que cambie el tiempo (y cambió). Justo detrás de mi asiento, un chico joven se sorbe los mocos ruidosamente a intervalos regulares. Un buen rato. Fantaseo con echarle un paquete de kleenex por encima de mi espalda, pero no me atrevo. Con los nervios rallados, me traslado otra vez.

    III.- Vagón número 7. Empiezo a tomar notas; me doy cuenta de que mi abrigo y mi maleta se han quedado en los otros vagones. Ahora me toca ponerme al día del presupuesto de una cocina. Es una chica joven, alta, melena larga, modelo `belenesteban´. Va de Zamora a Madrid, a trabajar (unos días). En el curso de tres conversaciones –con su madre, con una amiga y con su primo- que se oyen sin problemas en todo el vagón, me enteraré de muchas cosas.  A la madre le cuenta que la cocina le sale por un pico: 253 euros el metro cuadrado. No, no lo voy a poner mate, sino rugoso, la encimera gris oscura, y dos mueblecitos muy chulos. Me escandalizan un poco las cifras: ¡9.000 euros de presupuesto en armarios!; armarios hasta en el DNI, dice ella. Los armarios empotrados de nuestra habitación 1.800 euros (en comparación no me parecen tan caros, pienso) y mil los de la habitación pequeña. ¿La mampara? Era muy pequeña, fíjate que con plato de ducha y todo sólo 200 euros. Ganas me dan de volverme y decirle que está un poco desequilibrado, tanto en la cocina y tan poco en el baño…Me enternezco un breve momento cuando le dice a su madre: yo también te quiero con locura. Ahora está hablando con una amiga ¡del dinero con que cuentan! No, no tenemos 16.000 sino 12.000 y pico, es por el seguro de vida de él, que como es policía le vale el doble. Creo que se ha dado cuenta de mi atención, porque baja el diapasón, se levanta, pasa a mi lado con andares de reina y se va a la plataforma. Pero vuelve: en la cocina se nos van dos más dos más seis=10.000 más 2.000 del frigo y la campana. Otros 500 más 500 del lavaplatos y la lavadora (a mí me salen 14.000 en total). Después empieza a organizar un encuentro para las Fallas; ¿no has estado en  ninguna mascletá todavía? Yo el año pasado llegué a la plantá. Bueno, pues bajamos ya desde Madrid y llegamos cuando sea. La gente sigue silenciosa, nadie parece enterarse, y de hecho a mí me están dando ganas de acercarme y darle algunos consejos, compartir con ella mi experiencia de poner casas, lo mismo que ella comparte sus cosas con todos nosotros. Por último habla con un primo suyo, y se dirige así a él, “primo”. El marido policía le ha dicho que va a pedir misiones especiales (Haití, República Dominicana o Guatemala). Primo, es que ganan 9.000 euros al mes, sabes, y me dice, chata, en un año nos quitamos la hipoteca (qué hipoteca más pequeña, me digo, sin dejar de mirarla mientras tomo notas). Le he dicho: si te dan ese destino me lo dices la víspera, que no quiero estar comiéndome el coco. El primo le debe de preguntar si no tiene miedo de que se líe con una nativa, porque ella le responde, en el mismo tono de voz: que no, primo, eso sí que no me da miedo, de verdad que de eso nada, si él es antinegro, todo lo que sea color…

    Fin de trayecto.

  • LENGUA EST@FADA 27.05.2010

    Fondeo. Tenemos nuevo ejemplo del llamado “servilismo” del inglés, creado por economistas eximios y empaquetado y distribuido como siempre por periodistas y asimilados. Lo malo de éste es que viene servido por la mismísima vicepresidenta segunda y ministra de Economía, con lo cual la repercusión es mayor. “Fondeo” viene de funding (financiación). No creo que lo prefieran porque es más cortito, visto el amor que existe por las esdrújulas; me temo que tiene que ver, simplemente, con aquéllo de la falta de gusto, el afán de buscar la sofisticación, etc.

    Las grandes catástrofes siempre nos brindan una profusión de “colapsos” mal usados; imposibles resistirse, parece, al impulso arrollador del “collapse” del inglés cuando todo se viene abajo. Se zambullen todos en el término entusiasmados, como niños con zapatos nuevos (¡por cierto, qué bonita metáfora!).

    Escuché esta curiosa frase, dicha por un reportero chileno agobiado por la tragedia que estaba trasmitiendo en directo: “Unos 50 reclusos lograron ser detenidos, mientras que otros tantos no pudieron ser detenidos”. La presencia del verbo lograr produce un efecto paradójico: parece que los reclusos fueran los interesados en su detención. No quiso repetir el verbo poder (pudieron ser detenidos), o le faltó rapidez para cambiar la construcción: “Se logró detener a unos 50 reclusos”. En todo caso, los fallos en directo y ante una situación así son casi inevitables.

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