• EL MARTES ATENTOS A… EL INE  PUBLICA LOS ÍNDICES DE PRODUCCIÓN INDUSTRIAL DE NOVIEMBRE.  EL BANCO DE ESPAÑA PUBLICA LAS CUENTAS FINANCIERAS DE LA ECONOMÍA ESPAÑOLA DEL TERCER TRIMESTRE DE 2021. SE CELEBRA EL CONSEJO DE MINISTROS EN LA MONCLOA

    Nubes en el 2022 A pesar de las caídas y alteraciones generadas por las nuevas variantes del COVID-19, el 2021 resultó ser un año relativamente positivo para las economías y los mercados en gran parte del mundo. El crecimiento subió por encima de su potencial después de la dura recesión de 2020 y los mercados financieros se recuperaron de manera robusta. Esto es lo que sucedió especialmente en Estados Unidos, donde los mercados bursátiles alcanzaron nuevos picos, debido en parte a la política monetaria ultra laxa de la Reserva Federal de Estados Unidos (aunque los bancos centrales en otras economías avanzadas implementaron sus propias políticas radicalmente acomodaticias). Pero el 2022 puede ser más difícil. La pandemia no terminó. Omicrón tal vez no sea tan virulenta como otras variantes anteriores –particularmente en economías avanzadas con un alto nivel de vacunación-, pero es mucho más contagiosa, lo que implica que las hospitalizaciones y las muertes se mantendrán altas. La incertidumbre y la aversión al riesgo resultantes sofocarán la demanda y exacerbarán los cuellos de botella de las cadenas de suministro. Junto con un exceso de ahorros, una demanda reprimida y políticas monetarias y fiscales laxas, esos cuellos de botella alimentaron la inflación en 2021. Muchos de los banqueros centrales que insistían en que el alza inflacionaria era transitoria ahora han admitido que persistirá. Con diferentes grados de urgencia, están planeando eliminar gradualmente las políticas monetarias poco convencionales como el alivio cuantitativo, para poder empezar a normalizar las tasas de interés. La determinación de los bancos centrales se pondrá a prueba si las alzas de las tasas de política monetaria conducen a sacudidas en los mercados de bonos, de crédito y bursátiles. Con esa enorme acumulación de deuda privada y pública, los mercados tal vez no puedan digerir mayores costos de endeudamiento. Si se produce una crisis, los bancos centrales se encontrarán en una trampa de deuda y probablemente reviertan el curso. Eso haría posible que las expectativas de inflación aumenten, y la inflación se torne endémica. El próximo año también trae consigo crecientes riesgos geopolíticos y sistémicos. En el frente geopolítico, existen tres amenazas importantes a tener en cuenta. Primero, Rusia se está preparando para invadir Ucrania y todavía está por verse si las negociaciones sobre un nuevo régimen de seguridad regional podrán impedir una escalada de la amenaza. Si bien el presidente norteamericano, Joe Biden, ha prometido más ayuda militar para Ucrania y ha amenazado con sanciones más duras contra Rusia, también ha dejado en claro que Estados Unidos no intervendrá directamente para defender a Ucrania de un ataque. Pero la economía rusa se ha vuelto más resiliente a las sanciones que en el pasado, de manera que estas amenazas tal vez no disuadan al presidente ruso, Vladimir Putin. Después de todo, algunas sanciones occidentales –como una medida para bloquear el gasoducto Nord Stream 2- hasta podrían exacerbar las propias escaseces de energía de Europa. Segundo, la guerra fría sino-norteamericana se está volviendo más fría. China está incrementando su presión militar sobre Taiwán y en el Mar de la China Meridional (donde se están gestando muchas disputas territoriales), y el mayor desacople entre las economías china y norteamericana se está acelerando. Este desarrollo tendrá consecuencias estanflacionarias con el tiempo. Tercero, Irán ahora es un estado nuclear umbral. Ha venido enriqueciendo uranio a pasos acelerados hasta alcanzar prácticamente un grado de armas nucleares, y las negociaciones por un nuevo acuerdo nuclear o un acuerdo renovado no han llegado a ninguna parte. Como resultado de ello, Israel está considerando abiertamente ataques contra instalaciones nucleares iraníes. Si esto sucediera, las consecuencias estanflacionarias probablemente serían peores que las crisis geopolíticas relacionadas con el petróleo de 1973 y 1979. El nuevo año también trae consigo varias cuestiones sistémicas. En 2021, las olas de calor, los incendios, las sequías, los huracanes, las inundaciones, los tifones y otros desastres dejaron al descubierto las implicancias en el mundo real del cambio climático. La cumbre climática COP26 en Glasgow implicó esencialmente palabras huecas, dejando al mundo camino a sufrir un calentamiento devastador de 3° Celsius este siglo. Las sequías ya están propiciando una peligrosa alza de los precios de los alimentos, y los efectos del cambio climático seguirán empeorando. Para colmo de males, el gran impulso por descarbonizar la economía está llevando a una inversión insuficiente en la capacidad de combustibles fósiles antes de que haya una oferta suficiente de energía renovable. Esta dinámica generará precios mucho más altos de la energía con el tiempo. Asimismo, los flujos de refugiados climáticos hacia Estados Unidos, Europa y otras economías avanzadas aumentarán en tanto esos países cierran sus fronteras. En este contexto, la disfunción política está creciendo tanto en las economías avanzadas como en los mercados emergentes. Las elecciones de medio término en Estados Unidos pueden ofrecer un adelanto de la crisis constitucional hecha y derecha –si no de la violencia política absoluta- que podría producirse luego del voto presidencial en 2024. Estados Unidos está experimentando niveles casi sin precedentes de polarización partidaria, paralización y radicalización, que plantean un riesgo sistémico serio. Los partidos populistas (tanto de extrema derecha como de extrema izquierda) se están consolidando en todo el mundo, inclusive en regiones como América Latina, donde el populismo tiene un historial desastroso. Perú y Chile eligieron líderes izquierdistas radicales en 2021, Brasil y Colombia pueden seguir sus pasos en 2022 y Argentina y Venezuela seguirán su curso hacia la ruina financiera. La normalización de las tasas de interés por parte de la Fed y otros bancos centrales importantes podría provocar crisis financieras en estos y otros mercados emergentes frágiles como Turquía y Líbano, para no mencionar los muchos países en desarrollo con ratios de deuda que ya son insostenibles. En tanto 2021 se acerca a su fin, los mercados financieros se mantendrán efervescentes, si no abiertamente burbujeantes. El capital público y el capital privado son costosos (con ratios precios-ganancias por encima del promedio); los precios de los bienes raíces (tanto vivienda como renta) son altos en Estados Unidos y muchas otras economías, y todavía existe una locura en torno de las acciones meme, los criptoactivos y las SPAC (compañías de adquisiciones de propósito especial). Los rendimientos de los bonos gubernamentales se mantienen ultra bajos, y los spreads de crédito –tanto de alto rendimiento como de alto grado- se han reducido, debido en parte a un respaldo directo e indirecto de los bancos centrales. Mientras los bancos centrales estaban en una modalidad de políticas poco convencionales, la fiesta podía seguir. Pero las burbujas de activos y de crédito pueden desinflarse en 2022 cuando empiece la normalización de las políticas. Asimismo, la inflación, un crecimiento más lento y los riesgos geopolíticos y sistémicos podrían crear las condiciones para una corrección del mercado en 2022. Pase lo que pase, es probable que los inversores sigan sentados en el borde de la silla durante gran parte del año.” Nouriel Roubini

    https://prodavinci.com/nubes-en-el-2022/

    Inflación, disyuntivas económicas y elecciones políticas Con la asimétrica y accidentada apertura de las economías después del descalabro pandémico, la inflación ha repuntado a lo largo del mundo hasta niveles que no veíamos desde hacía décadas. Esto ha suscitado un renovado debate sobre sus causas -un exceso de demanda por la reapertura súbita, unas restricciones de oferta derivadas de problemas en las cadenas de producción y suministros globales, disfunciones de los mercados energéticos-, y también sobre la respuesta política que requiere este aumento de los precios. Ante la enorme incertidumbre en la evolución de la situación económica y sanitaria y su previsible prolongación en el tiempo, no es controvertido aconsejar la cautela. Sin embargo, a medida que las incógnitas sobre las condiciones objetivas empiecen a despejarse, si la inflación perdura emergerá el conflicto subyacente sobre los costes agregados y distributivos de las políticas necesarias para hacerle frente.  Cuando la teoría macroeconómica ha intentado explicar las causas del crecimiento económico, de la inflación o de sus fluctuaciones cíclicas, las discusiones sobre la naturaleza del dinero y su papel en la producción y el intercambio de bienes y servicios han ocupado un lugar central. Los consensos económicos sobre esta cuestión han ido evolucionando a lo largo de la historia, configurando regímenes políticos con consecuencias dispares para la desigualdad. Parece evidente que para que haya crecimiento económico es necesario un aumento de la cantidad de bienes y servicios que se pueden producir con unos determinados recursos, pero lo cierto es que los procesos de producción, distribución y consumo son continuos en el tiempo y sus cantidades se determinan conjuntamente. La equivalencia contable entre producto, ingreso y gasto no sugiere ninguna dirección causal, que depende, en gran medida, de la capacidad de mover poder adquisitivo en el tiempo, del futuro hacia el presente, a través de la deuda, o del presente hacia el futuro, a través del ahorro.  Para explicar cómo se determinan los procesos de producción, distribución y consumo, las diversas teorías económicas han puesto énfasis bien en los flujos reales, otorgando una importancia secundaria e incluso “ilusoria” o “distorsionante” al dinero, bien en los flujos monetarios, otorgando una importancia fundamental al dinero. Por ejemplo, el consenso clásico tiene su epítome en la máxima del economista francés Jean-Baptiste Say de que “La oferta crea su propia demanda”. Esto evoca la idea de unos mercados autorregulados en los que no hay problemas de exceso de oferta o falta de demanda, se sustenta en la dicotomía clásica: existe un equilibrio real de la economía, determinada por las preferencias de intercambio de los agentes, y la cantidad de dinero es neutral, no afecta ese equilibrio. Por su lado, el nivel de precios viene determinado por la cantidad de dinero en circulación (lo que se conoce como la teoría cuantitativa del dinero), reproduciendo una visión reduccionista del dinero en su rol como medio de pago / intercambio.  El advenimiento del Keynesianismo cambia el órden lógico que había establecido Say. Para los keynesianos, es la demanda efectiva la que determina el empleo de recursos para la producción. El dinero está en el centro de la determinación del proceso productivo, porque el dinero es deuda, y la deuda permite que la demanda se produzca antes del ingreso, y éste antes de la venta del producto. Sin embargo, el rol del dinero como resguardo de valor ante el riesgo suscita un ahorro independiente de las necesidades de consumo (lo que se conoce como preferencia por la liquidez). Así, se puede producir una paradoja: un mayor ahorro individual redundará en una menor demanda de consumo, que determinará una producción menor, generando menores ingresos, y menor capacidad de ahorro colectiva. Por lo tanto, no hay un equilibrio real independiente del monetario, ni una tendencia natural al pleno empleo de los recursos, especialmente del trabajo. Por ello, cuando el sector privado no es capaz de generar la demanda suficiente para conseguir una situación de pleno empleo, el sector público debe compensarlo. Este estímulo de la demanda será o no inflacionario en función del exceso de oferta, es decir, del nivel de utilización de la capacidad productiva.  Las distintas posiciones sobre la naturaleza monetaria de la economía y sobre cómo se determina el nivel de precios tienen implicaciones desde un punto de vista normativo sobre qué rol debe jugar el Estado en la organización de los asuntos económicos, y particularmente en la gestión del dinero y de los precios. La inflación comporta una devaluación de los activos financieros y del valor de la divisa en los mercados internacionales. La importancia del riesgo cambiario para el comercio y la demanda internacional de capitales condiciona la política monetaria, aunque no siempre en la misma dirección, en función de si se quieren estimular las exportaciones de bienes y servicios o las importaciones de capital.   Si la política económica prioriza mantener el valor del dinero sin restringir los flujos de capital, debe contar con activos en condiciones de escasez para que la elasticidad de la demanda de la divisa dé margen de gestión a la política monetaria con los tipos de interés. Esta opción imprime un sesgo deflacionario y recesivo sobre la economía doméstica. Por el contrario, si la política económica prioriza estabilizar los vaivenes de la economía doméstica garantizando un nivel de gasto compatible con el pleno empleo, se enfrenta a la disyuntiva de elegir entre restringir los flujos de capital o sacrificar la estabilidad cambiaria. Como bien explicó el economista turco Dani Rodrik, la arista de este trilema monetario que elija la política económica tiene importantes implicaciones distributivas.   Bretton Woods, el sistema de tipos de cambio fijos pero ajustables que gobernó la economía internacional durante el consenso Keynesiano, se situaba en la arista de la soberanía monetaria para estimular la economía, reprimiendo la globalización financiera. El aumento de la inflación en la década de los 70, derivada de la política de sostén de ingresos, la crisis del petróleo y el coste de la Guerra de Vietnam acabaron con este consenso político-económico. Hasta el momento la inflación y el desempleo se consideraban mutuamente excluyentes, definiendo la disyuntiva de la política económica en el corto plazo (conocida como la curva de Phillips). Sin embargo, la concurrencia de ambos fenómenos dio pie a un retorno de la teoría cuantitativa del dinero, según la cuál la inflación es siempre es un fenómeno monetario, y cualquier intento del sector público de estimular la economía, por ejemplo elevando los salarios que mantengan poder adquisitivo ante el aumento de precios, será fútil en términos reales, pero puede provocar una espiral inflacionaria con consecuencias catastróficas.   Con la perspectiva del tiempo, parece extraño desde un punto de vista teórico que la concurrencia de inflación con desempleo no se interpretara como señal de la predominancia de factores de oferta y se optara por una política agresiva de represión de la demanda, con subidas históricas de los tipos de interés. En todo caso, ese giro político-económico dio inicio a un período de globalización financiera que si bien ha permitido una reducción histórica de las presiones inflacionarias hasta la práctica desaparición de la pendiente en la curva de Phillips, lo hizo a costa de otros desequilibrios macroeconómicos quizás más peligrosos, cuyas consecuencias llevamos tres lustros padeciendo. Una de ellas es el elevado nivel de endeudamiento, tanto público como privado, que la respuesta necesaria ante el Coronavirus no ha hecho más que profundizar. Ante este panorama, mientras que una inflación moderada ayudaría a aliviar el peso de las deudas, las subidas de tipos de interés pueden tener consecuencias peligrosas para su sostenibilidad. Además de analizar bien las causas del período inflacionario actual, que parecen apuntar, de nuevo, a la importancia de las restricciones de oferta, es importante que no olvidemos que la política económica se enfrenta siempre a disyuntivas, y que la elección entre distintas alternativas tiene importantes implicaciones para la desigualdad” Lídia Brun

    https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/inflacion_132_8543458.html

    LA AGENDA DE MÚSICA de Alfonso Alarcón

    MIGUEL MUÑIZ, IN MEMORIAM

    Miguel Muñiz (Orense, 1943-Madrid, 2022), gran economista y gran gestor cultural, entre otras muchas y buenas cosas. Como Gerente del Teatro Real de Madrid contrató como Director Artístico a Gérard Mortier, con el que la ópera madrileña vivó tiempos… mejores, digamos. Estaba casado con la pianista Rosa Torres-Pardo.

    Miguel Muñiz con Gérard Mortier (Madrid, 2011)

    Not today, de Sonia Megías, dedicada a Miguel Muñiz, por Clara Muñiz y Rosa Torres-Pardo:

    Rosa Torres-Pardo, The man I love, de Gershwin (como leerán, propina tras haber interpretado la Rapsody in blue):

    COMP ARTIENDO LECTURAS

    con Carmen Marcos

    Librería miraguano  libreriamiraguano@gmail.com

    Khaled Hosseini: Mil soles espléndidos

    Idioma original: Inglés

    Traducción: Gema Moral Bartolomé

    Edita: Salamandra 2009

    Nº páginas: 380

     Afganistán, entre 1997 y 2003. Dos mujeres son las protagonistas de esta narración: Mariam y Laila. La primera, que es una niña al inicio, es hija ilegítima de un hombre rico de Herat al que adora y que acude a verla un día en semana a la choza que les ha construido para vivir fuera de la ciudad; su madre es ya una mujer amargada, que le recuerda:

    “Como la aguja de una brújula apunta siempre al Norte, así el dedo acusador de un hombre encuentra siempre a una mujer. Siempre. Recuérdalo, Mariam”
     A los 15 años la casan con Rasid un hombre 30 años mayor y no logra tener hijos. La segunda protagonista es Laila, la hija de unos vecinos, que es acogida en su casa tras resultar herida en un bombardeo y Rasid la toma por segunda esposa. La relación entre ellas es tensa hasta que acaba uniéndolas una amistad inquebrantable. Todo ello con el violento transfondo de la historia de Afganistán en aquellos años: soviéticos, muyahidines apoyados por EEUU, guerra civil, talibanes… ( y ahí siguen, veinte años después)Es una historia tan dramática y conmovedora que, si no estuviese bien narrada, podría caer en el dramón, pero no lo hace La locura de la continua violencia que arrasa este país empapa, inevitable y voluntariamente, sus páginas: las guerras, los muertos, los heridos, la religión, la miseria… Pero si hay algo que impacta aún más es la situación de las mujeres aquí descrita: su invisibilidad, su falta de derechos, el desprecio si no tienes hijos (o si solo eres capaz de parir niñas) y el derecho de los maridos a ejercer la violencia física contra ti si les enfadas. 

    https://www.huffingtonpost.es/entry/libros-afganistan_es_611a103ae4b07b9118ac7d5a

    Khaled Hosseini (Afganistán, 1965), médico además de escritor, es hijo de diplomáticos y en la actualidad está instalado en California pero sigue  la realidad afgana desde cerca. Mil soles espléndidos vuelve a ser un libro recomendado ante la nueva llegada de los talibanes al gobierno de este país, si se quiere entender la situación en la que se encuentran las mujeres allá. Su anterior novela “Cometas en el cielo” fue´ levada con éxito a la gran pantalla. En 2006 fue nombrado embajador de buena voluntad del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), organización con la que hizo un viaje a Afganistán al año siguiente. Fue durante este breve regreso a su patria cuando decidió crear la fundación que lleva su nombre con el fin de brindar ayuda humanitaria a los refugiados de ese país.

    https://es.wikipedia.org/wiki/Khaled_Hosseini#:~:text=Khaled%20Hosseini%20(en%20persa%3A%20%D8%AE%D8%A7%D9%84%D8%AF,las%20monta%C3%B1as%20hablaron%20(2013).

    LA AGENDA DEL ENSAYO  de

    Margarita Vidal

    Descripción: Descripción: Libros de transhumanismo

    Librería Castelar libreriaemiliocastelar.com

    Stephanie Kelton: El mito del déficit. La teoría monetaria moderna y el nacimiento de la economía de la gente

    Descripción: https://images-na.ssl-images-amazon.com/images/I/410WEvnqkPL._SX311_BO1,204,203,200_.jpg

    Johan Norberg: Abierto. La historia del progreso humano

    https://www.elespanol.com/el-cultural/letras/20211026/johan-norberg-desesperada-critica-individualismo/622438967_0.html
    Jesús Fernández Úbeda entrevista a  Jorge Freire: «Lo de que el nacionalismo se cura leyendo es una gilipollez»

    Descripción: Jorge Freire: «Lo de que el nacionalismo se cura leyendo es una gilipollez»https://theobjective.com/cultura/2021-12-04/naufragos-ilustrados-jorge-freire/

    Irene Hernández entrevista a Miguel Fortea: «La guerra civil se asemejó al Chicago de los años 20″

    Descripción: Miguel Fortea: "La guerra civil se asemejó al Chicago de los años 20"
    https://www.elmundo.es/papel/cultura/2022/01/08/61d838ecfc6c83ee278b459e.html

    La reforma de la reforma laboral que  Pedro Sánchez tanto necesita conseguir aprobar  en el Congreso de los Diputados, para obtener    más fondos europeos de la “next Generation”

    José Ramón Pin Arboledas: La paradoja de contar con 3 millones de parados y detectar  falta de trabajadores

     https://www.elespanol.com/invertia/opinion/20220107/paradoja-millones-parados-falta-trabajadores/640565943_13.html

    Marisol Hernández: El Gobierno se abre a soluciones técnicas para que sus socios avalen la reforma laboral. No se descarta la tramitación como proyecto de ley para aceptar enmiendas que no sean «darle la vuelta» al acuerdo alcanzado con sindicatos y patronal

    https://www.epe.es/es/politica/20220105/gobierno-abre-soluciones-tecnicas-socios-13059516

    theobjective.com: Arrimadas ofrece el apoyo de Cs a la reforma laboral para evitar cambios pactados con ERC y Bildu

    Lainformacion.com: ERC fija sus ‘líneas rojas’ para dar apoyo a la reforma laboral: más competencias . Defiende, entre otros aspectos, los salarios de tramitación; reforzar la inspección del trabajo, y luchar contra las subcontrataciones y contrataciones parciales

    https://www.lainformacion.com/economia-negocios-y-finanzas/erc-fija-lineas-rojas-apoyo-reforma-laboral-sanchez-diaz/2857343/

    Telmo Valle: Telmo Valle: La reforma de Yolanda Díaz seca la temporalidad en la construcción y dispara los costes

    https://www.lainformacion.com/empresas/la-reforma-golpea-la-temporalidad-en-el-sector-de-construccion-y-dispara-costes/2857252/

    “Según la EPA, en “”Según la EPA, el tercer trimestre de 2021 el mercado de la construcción contabilizaba 1,49 millones de trabajadores con un contrato para obra y servicio determinado. Sumados otros tipos de contratos como los eventuales por circunstancias de producción, sustitución o formación, da como resultado 3,86 millones de temporales. O, lo que es lo mismo, el 40% de los asalariados del sector, porcentaje que duplica ampliamente la temporalidad de la construcción en Europa y multiplica por cuatro la de Alemania. Pero dado que la modalidad del contrato por obra queda extinguida en el texto del nuevo marco de trabajo, compañías y empresarios disponen de seis meses para regularizar la situación de estos eventuales, pese a que la relación laboral se establece en muchos casos por semanas. Un trance ya previsto por la reforma de Yolanda Díaz, que incluye la creación de un recurso que se ha hecho ad hoc para el sector de la construcción, que cuenta con su propia ley reguladora de la subcontratación desde 2006. Se trata del ‘contrato indefinido adscrito a obra’, pensado para reemplazar el contrato fijo de obra tan recurrido en la industria”

    Luis Martínez del Amo : Las bajas por no superar el período de prueba repuntan a niveles prepandemia . La reforma laboral de 2012  y el contrato de emprendedores fueron el motor de las salidas

    Sergio Martin: El Gobierno dispone de apenas un mes de margen para lograr convencer a sus socios parlamentarios habituales que se avengan a convalidar el real decreto-ley de la reforma laboral ante el plazo del 7 de febrero, y para lograrlo ha arrancado las negociaciones con sus aliados abriéndose a introducir mejoras para los acuerdos autonómicos por los que prevalecen los convenios regionales sobre los estatales

    https://www.economiadigital.es/economia/gobierno-mejorar-convenios-autonomicos-reforma-laboral-socios.htmles.

    Jesús Ortega: La estrategia del PP con el ‘no’ a la reforma laboral: «Que Vox salve a Sánchez» . El Partido Popular busca forzar una nueva pinza entre el Gobierno y los de Santiago Abascal como la que permitió la aprobación de los fondos europeos hace un año

    https://www.vozpopuli.com/espana/pp-reforma-laboral-vox.html

    Ivan Gil: Las razones de Díaz para no alterar el pacto laboral: de «cuidar» a Garamendi al SMI. El acuerdo con la CEOE es frágil por la división interna. La ministra de Trabajo se comprometió a no modificarlo para mantener la dinámica de consensos y legitimar la norma

     

    Descripción: Foto: Antonio Garamendi conversa con Yolanda Díaz (EFE/J.J. Guillén)
    https://www.elconfidencial.com/espana/2022-01-07/razones-diaz-no-alterar-pacto-laboral-cuidar-garamendi-smi_3353911/?utm_source=newsletter&utm_medium=email&utm_campaign=news_ec&utm_content=textlink&utm_term=5

    Reforma laboral: diez observaciones y una coda  Todos estamos haciendo un análisis de la reforma laboral, el último gran paquete de medidas económicas de 2021, sin saber si finalmente aquella será papel mojado. A pesar de la aprobación del anteproyecto de ley en el Consejo de Ministros, su trayecto parlamentario se intuye incierto, ya que no existe en estos momentos una mayoría favorable al acuerdo tal como está redactado. Veremos si la capacidad probada del gobierno para el horse-trading o cambalache permite la promulgación de la ley sin grandes cambios, o bien si 2022 nos trae sorpresas que, dadas las declaraciones de algunos de sus socios, sólo podrían ser negativas. Con estas cautelas, ahí va mi resumen de lo que implica esta reforma, con una nota política final y nada económica.

    1. Convenios sectoriales o de empresa. Uno de los principales aspectos en que las intenciones del ala podemita del gobierno han quedado diluídas. Frente al paso anunciado de todos los convenios al nivel sectorial, finalmente el sector regirá a la hora de determinar los salarios y las jornadas de trabajo (esto último ya estaba vigente). Para todo lo demás tendrá preeminencia el convenio de empresa.

    2. Costes del despido. Afortunadamente este punto se mantiene igual que estaba. En un contexto económico tan desfavorable como el español, elevar los costes del despido hubiera tenido como consecuencia justo lo que se dice querer evitar: una oleada de quiebras y un aumento del número de parados. 

    3. Ultractividad de los convenios. La principal concesión a los sindicatos, pero el mantenimiento de los convenios más allá de su periodo de vigencia mientras no se pacten unos nuevos ofrece incentivos perversos para aquellos, que pueden querer mantener un acuerdo anterior más favorable y difícilmente justificable en condiciones económicas más adversas. 

    4. Se mantienen los descuelgues, que permiten a algunas empresas no aplicar el convenio pactado en su sector en circunstancias excepcionales y para un tiempo determinado. Haber eliminado esta posibilidad hubiera contribuido a la rigidez del mercado.

    5. Las anunciadas medidas relativas a la subcontratación y los contratos temporales han sido diluídas. De haber sido incorporadas hubieran tenido el mismo efecto que en el punto anterior: hacer aún más rígido el mercado.

    6. Se pone el acento en los contratos de formación. Impulsar este tipo de medidas es positivo, porque se trata de uno de los principales problemas del mercado laboral, pero el caso es que la formación no funciona muy bien en España. De hecho está a años luz los resultados en empleabilidad de los modelos alemán o nórdico. Así, podemos decir que lo que se enfatiza es más bien la retórica sobre la formación, porque formación como tal y como se entiende en Europa no hay.

    7. No hay ni rastro del contrato único ni nada que se le parezca. Aunque se va en dirección de la reducción de los tipos de contrato, y con argumentos razonables, ninguna reforma será coherente hasta que se implante un contrato único, sujeto a la necesaria flexibilidad.

    8. Se prohíben los despidos por causas económicas en la administración. No se entiende muy bien por qué los puestos de trabajo en la administración pública deben estar más protegidos con carácter general que los del sector privado. Uno de los ajustes más contundentes del empleo público -fueron despedidos miles de enfermeras y profesores- lo llevó a cabo un gobierno socilalista en Suecia en la década de 1990, y la medida no tuvo en el medio plazo consecuencias redistributivas importantes. Al contrario, sirvió para restablecer el equilibrio de las cuentas públicas y salir de una grave crisis económica, recuperándose al final de la década los niveles de empleo y una distribución de ingresos particularmente igualitaria.

    9. Implantación de un nuevo Mecanismo RED de Flexibilidad y Estabilización del Empleo. Esto supone mantener la flexibilidad interna de que han dispuesto las empresas durante la pandemia, o bien una extensión de los actuales ERTE. El problema es que también aumenta la burocracia y la intervención de la administración, cuando lo que se necesita es flexibilidad y rápida adaptación a las cambiantes condiciones del mercado. Es como querer caminar hacia adelante y hacia atrás al mismo tiempo.

    10. No se interviene sobre la raíz de los problemas, por lo que esta reforma no es lo que se necesita para solucionarlos. Recordemos que el mercado laboral español se caracteriza por su rigidez, por no tener en cuenta la empleabilidad de los individuos sino el tiempo que se mantienen en una empresa, por proteger el puesto de trabajo y no al trabajador, por una elevada tasa de desempleo estructural, en particular entre los jóvenes, por una dualidad que hace muy difícil a muchos obtener estabilidad y buenas condiciones salariales, por su poca capacidad de adaptación a las circunstancias económicas, y por la irrelevancia de las políticas activas, en especial la formación. Esta reforma va a hacer muy poco o nada por atajar estos problemas. En este punto debemos preguntarnos por los aspectos puramente políticos de todo el proceso. Parafraseando a la inversa aquel lema de la campaña de Bill Clinton, ¡Se trata de la política, no de la economía, estúpido! El proceso ha estado supervisado por la Comisión Europea desde el principio, por lo que sabíamos que los anuncios de derogación eran simples bravatas. Con un margen tan restringido, y con unos cambios que han resultado ser cosméticos, como se esperaba, las principales consecuencias de la reforma se intuyen políticas Francisco Beltran

    Primeras impresiones de la reforma laboral del Gobierno Sánchez  Mediaba el 24 de diciembre cuando –en oportuna fecha- recibíamos la fecha del advenimiento del acuerdo entre los agentes sociales y el gobierno sobre la reforma laboral, cerrando así el tortuoso (y rico en retórica y marketing) proceso de negociación, y liberando potencialmente el penúltimo escollo para el siguiente desembolso de fondos UE. Aquí se recogen unas primeras impresiones, basadas en la información que ha publicado la prensa hasta el momento (con todas las cautelas del caso). En primer lugar, es una reforma de calado, pero de alcance relativamente limitado. Parece en todo caso un buen acuerdo, con una combinación de contenido y consenso poco frecuente en nuestra historia laboral, donde casi todo lo consensuado ha sido poco relevante y lo verdaderamente relevante no se ha podido consensuar. Probablemente ayudará a que nuestro mercado laboral funcione mejor, especialmente en cuanto a temporalidad, y sobre todo aleja las aventuradas ideas sobre un posible retorno al statu quo ante 2012. Por lo que se sabe hasta ahora, la reforma tiene básicamente tres piezas: una marcha atrás tasada en las medidas de 2012 sobre negociación colectiva; un paquete amplio de medidas de lucha contra la temporalidad; y un nuevo instrumento de vocación permanente, los nuevos ERTE o RED. Analizaremos brevemente (lo que se sabe de) cada una de ellas, antes de hacer una valoración general muy preliminar, previa a conocer los textos y con el interrogante añadido de si estos pudiesen sufrir cambios en el trámite parlamentario. En lo referido a negociación colectiva, se mantiene la prioridad aplicativa de los convenios de empresa en la mayoría de materias, exceptuándose solamente la determinación del salario, que pasa a ser decidida en el ámbito sectorial. Y se recupera la ultraactividad de los convenios colectivos, limitada a un año salvo pacto en contrario por la reforma de 2012. Ambas medidas son cuestionables y tienen un historial digamos que manifiestamente mejorable en nuestro país. Sin embargo, su impacto no se prevé excesivamente distorsionante dado que:

    A.- El espacio para determinar salarios en convenio es muy inferior al que existía hace años. Con un SMI en el entorno de 700€, existía un diferencial notable con el salario mínimo en convenio, que permitía un cierto margen de maniobra a los agentes sociales. Una vez elevado el SMI hasta 965€, el abanico salarial se ha comprimido y las posibilidades de utilizar (responsablemente) los convenios para impulsar los salarios se han reducido. En la práctica, los salarios en convenio evolucionarán en buena medida según la evolución del SMI y su impacto inducido en la escala salarial

    B.- El régimen de ultraactividad se fija salvo pacto en contrario, y la mayor parte de convenios incorporaban ya cláusulas de ultraactividad acordadas entre las partes.

    En todo caso, la interacción entre ambas importa, puesto que va a generar una rigidez sustancial en los salarios sujetos a convenio colectivo que hasta ahora no existía – desde 2012 la empresa podía decidir libremente los salarios en su convenio. Ahora estos pasan a decidirse en “el sector”, y además a tener vigencia esencialmente indefinida. Si bien debe admitirse que todo el resto de elementos de flexibilidad en la relación laboral (turnos, jornadas) quedan bajo el control de las empresas, que además podrían recurrir a los mecanismos extraordinarios para fijar salarios por debajo del convenio sectorial (modificación por circunstancias extraordinarias o descuelgue). Quizá lo peor sea que se restaura la primacía del convenio sectorial en materia de salarios también para los de ámbito provincial, un verdadero absurdo desde cualquier punto de vista, y sin parangón en el mundo desarrollado. Retrotrayéndonos en materia de salarios a antes no sólo de la reforma de 2012, sino también de la de 2011. Sean cuales sean los beneficios de los convenios sectoriales, aplicados a esta escala necesariamente se minimizan, y sus distorsiones se multiplican. En cuanto a los ERTE-RED, su aplicación generalizada parece partir de la buena experiencia con los ERTE durante la pandemia. Se prevé así convertirlos en instrumento permanente de política económica, para hacer frente a situaciones de pérdida de empleo cíclica o estructural y fomentar la flexibilidad interna en la empresa frente a los despidos colectivos. La idea es dar apoyo público (exención parcial de cotizaciones) a medidas como las reducciones de jornada a cambio de que existan compromisos de formación y una continuidad en la relación laboral. Durante la pandemia, este instrumento ha facilitado que (con grandes dosis de apoyo público) se mantengan buena parte de los emparejamientos empresa- trabajador, generando dinámicas que han propiciado el retorno rápido del empleo tras el final de la crisis sanitaria. Sin embargo –pendiente siempre de los imprescindibles detalles- aplicado urbi et orbe (a nivel de empresa, sector o del conjunto de la economía, para problemas cíclicos o estructurales), este mecanismo plantea dudas importantes:

    A.- Este es un instrumento diseñado para fases bajistas del ciclo, permitiendo que los trabajadores las superen sin perder la relación con su empresa. No está clara su utilidad si se trata de una caída estructural de demanda, caso en que el trabajador tiene que salir de la empresa en todo caso (es decir, el emparejamiento empresa-trabajador no tiene “valor social” y prorrogarlo formando al trabajador bajo un “paraguas laboral” con fecha de caducidad no tiene un sentido claro)

    B.- Podría interactuar de manera perversa con los salarios determinados en el nivel sectorial: la propensión de los agentes sociales a ser razonables puede disminuir si saben que existe este mecanismo de subvención que termina asumiendo parte del coste en caso de excesos salariales

    C.-Supone un elevado nivel de intervencionismo administrativo, al precisar autorización ad hoc gubernamental, aparentemente en una mayoría de casos. Las decisiones técnicas a tomar serán intrínsecamente difíciles (por ejemplo, ya sabemos que en economía separar lo estructural de lo cíclico es extraordinariamente complicado). Sobre todo, comporta un notable riesgo de politización: esto reintroduce a los poderes públicos de lleno en las crisis empresariales

    D.-Quizá más importante, puede suponer un coste fiscal elevado. Consideración fundamental dada la delicada situación fiscal española y su previsible empeoramiento inercial a medio plazo, ante los cambios en materia de pensiones

    En otros países (Alemania-Kurzarbeit) las coberturas bajo ERTE se cotizan, por lo que tienen vocación de autofinanciarse y son de aplicación automática bajo ciertos parámetros predefinidos, sin decisión administrativa alguna. Son diferencias sustanciales con este ERTE español que se propone. En todo caso, las novedades más reseñables del acuerdo son las relacionadas con la temporalidad. El Acuerdo incorpora numerosas salvaguardas para acotarla e intentar limitarla a los supuestos donde tiene sentido económico. Se elimina el contrato por obra y servicio, se establece el contrato indefinido como norma general (ordinario o fijo discontinuo), se penalizan (más) los contratos de muy corta duración, se limitan los supuestos que justifican la contratación temporal, y se elevan las sanciones. También se elimina como razón justificativa los trabajos en el marco de contratas, subcontratas etc, cuando esos trabajos constituyan la actividad ordinaria de la empresa –estableciendo el deseable principio de que ese riesgo puramente empresarial sea asumido por el empresario y no trasladado a sus trabajadores. En conjunto, se trata de medidas razonables que por sí solas deberían encarecer y desincentivar el recurso cuasi-automático al contrato temporal tan frecuente en algunos ámbitos del empresariado español. Pero su importancia va más allá. En efecto, el recurso a la temporalidad en España tiene que ver con los menores costes de despido respecto al indefinido, pero también con la fuerza de la costumbre. Carente de desincentivos potentes, y de cualquier tipo de estigma en el mundo empresarial, contratar trabajadores temporales por sistema se ha convertido en la forma típica de actuar de parte del empresariado español, cuando es racional (para la empresa) y cuando no lo es tanto. Es esta “cultura de la temporalidad” la que podría empezar a cambiar ahora, potenciando las señales económicas antes citadas. Por eso es tan importante el consenso empresarial en estas medidas: es un modelo que a partir de ahora se declara “indeseable” con el acuerdo de todos. Este consenso moldeará sin duda el futuro de la temporalidad en España a medio plazo: en el diálogo social, en el seno de las organizaciones empresariales, en las empresas e incluso en los tribunales. Supone un avance importante pero tampoco debemos ser ingenuos: hay una parte “core” de temporalidad que tiene que ver esencialmente con los números puros y duros, en particular con las diferencias entre los contratos temporales e indefinidos. Este núcleo de temporalidad corresponde a contratación que si tiene que nacer indefinida (en las condiciones actuales) no nacerá, condenando al posible contratado temporal al paro o a la informalidad. Esa dinámica no se aborda en esta reforma, que básicamente toma las condiciones de los contratos indefinidos como restricción, y hace en materia de temporalidad casi todo lo que se puede hacer (que no es poco) sin tocarlas. El acuerdo supone un “gran trato”, de notable utilidad para el país: la patronal se posiciona claramente en contra del modelo español de temporalidad y los sindicatos aceptan el núcleo de la reforma laboral de 2012, que esencialmente permanece. Como corolario, viene a aceptarse que la temporalidad –gran núcleo de precariedad laboral en España- tiene poco que ver con la reforma de 2012 y puede abordarse sin tocar los elementos básicos de esta –un “baño de realidad” saludable en este politizado debate. La valoración también es positiva por lo que respecta al manejo de una reforma como la de 2012. El enfoque de construir sobre las muchas aportaciones positivas de esta reforma en lugar de recurrir a la política de tabula rasa es sin duda una excelente noticia, máxime al contar con la aquiescencia de los actores sociales. En efecto, el consenso es una pieza crucial de lo acordado. No se trata solo de las normas que se aprueban sino del compromiso de ambas partes con un mercado de trabajo moderno y más asimilable al de los mejores países de nuestro entorno: sin los resabios corporativistas pre-reforma laboral de 2012, pero también alejado de la “ley de la selva” decimonónica que ha venido rigiendo el mundo de los contratados temporales en España desde hace décadas. En un país acostumbrado en tiempos recientes a ejemplos cuestionables de consenso, que consagran un alineamiento previo de intereses soslayando los tradeoffs reales en juego, este es un excelente ejemplo de consenso de verdad: con contenido y con valor, incorporando renuncias difíciles para ambas partes y los elementos típicos de los buenos acuerdos -explicaciones plausibles del “sí” por las dos partes, y disidencias (moderadas) en ambos bandos. Siendo “temporalidad vs reforma 2012” el núcleo del acuerdo, no está claro hasta qué punto los ERTE-RED pueden haber sido pieza necesaria para el mismo, o se han incluido por deseo gubernamental. Planteados en los términos que se proponen, y partiendo de su indiscutible utilidad durante la pandemia, la primera impresión es too much of a good thing, particularmente en los ERTEs estructurales. De manera general, en los ERTE-RED y en otros ámbitos, resulta preocupante la velocidad con la que estamos diseñando un sector público a la nórdica (ingreso mínimo vital, IPREM según IPC, conversión a fijos de empleados públicos interinos y ofertas récord empleo público, ERTEs generalizados, pensiones y salarios públicos  indexados etc) asentado en bases fiscales todavía netamente sureñas (bases imponibles reducidas, mecanismos pensionales inadecuados, elevado déficit público estructural). Los mecanismos y medidas citados son útiles desde luego social y económicamente, pero diseñarlos es la parte fácil… financiarlos es la complicada.

    Coda. La visión más larga: una década de cambios laborales

    La forma más adecuada de poner esta reforma en contexto y apreciar su verdadero valor es partir de nuestro marco laboral tradicional, antes de la reforma de 2012 (y también, aunque en mucha menor medida, de la de 2010). Un marco entonces “consensuado”, que parecía una losa secular sobre nuestro país, condenado a los paupérrimos resultados laborales que producía salvo en las episódicas fases de expansión económica acelerada. Pues bien, el país (sus sucesivos gobiernos y sus agentes sociales) han sido capaces de transitar desde ese marco a otro notablemente distinto, con un potencial de creación de empleo muy superior, y una mezcla de seguridad y flexibilidad mucho más ponderada. Con igual grado de consenso. Es un indudable “éxito de país”. Esta perspectiva temporal más amplia da la verdadera medida de esta reforma: no se trata solo de lo que ahora se hace, sino también de lo que no se hace. De la consolidación de un modelo laboral (el de la reforma anterior) que -con matices, limitaciones y algún exceso pero de manera indiscutible- ha prestado un gran servicio al país. Se ha hablado mucho de los supuestos vicios de legitimidad de la reforma de 2012, pero fuesen estos cuales fuesen, la reforma se ha legitimado incuestionablemente por la vía de los hechos: sus líneas maestras se mantienen porque han sido extraordinariamente útiles para el mercado laboral español. El foco temporal en la última década también nos ayuda a repartir el crédito asociado a este considerable logro. Parte de él corresponde sin duda a quienes han pilotado con notable habilidad el proceso durante este último año, aterrizándolo en un conjunto de iniciativas razonable y consensuado. Menos obvio pero igualmente merecido es el crédito que corresponde a quienes diseñaron la reforma de 2012. Sin ese big bang laboral tan áspero como en buena medida necesario, hoy no habríamos llegado a esta positiva y consensuada estación de término” Martha Lewis

    Mil gracias por la lectura y difusión de esta Agenda  de Prensa y no sean cándidos. No crean en las palabras y solo se fíen de los hechos

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