• Baltasar Gracián: Oráculo manual y arte de prudencia

    http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/oraculo-manual-y-arte-de-prudencia–0/html/fedb3724-82b1-11df-acc7-002185ce6064_2.html

    Arte para ser dichoso. Reglas ai de ventura, que no toda es acasos para el sabio; puede ser ayudada de la industria. Conténtanse algunos con ponerse de buen aire a las puertas de la fortuna y esperan a que ella obre. Mejor otros, passan adelante y válense de la cuerda audacia, que en alas de su virtud y valor puede dar alcançe a la dicha, y lisonjearla eficazmente. Pero, bien filosofado, no ai otro arbitrio sino el de la virtud y atención, porque no ai más dicha ni más desdicha que prudencia o imprudencia.

    Conocer las cosas en su punto, en su sazón, y saberlas lograr. Las obras de la naturaleza todas llegan al complemento de su perfección; hasta allí fueron ganando, desde allí perdiendo. Las del Arte, raras son las que llegan al no poderse mejorar. Es eminencia de un buen gusto gozar de cada cosa en su complemento: no todos pueden, ni los que pueden saben. Hasta en los frutos del entendimiento ai esse punto de madurez; importa conocerla para la estimación y el exercicio

    Huir los Empeños. Es de los primeros assuntos de la prudencia. En las grandes capacidades siempre ai grandes distancias hasta los últimos trances: ai mucho que andar de un extremo a otro, y ellos siempre se están en el medio de su cordura; llegan tarde al rompimiento, que es más fácil hurtarle el cuerpo a la ocasión que salir bien della. Son tentaciones de juizio, más seguro el huirlas que el vencerlas. Trae un empeño otro mayor, y está mui al canto del despeño. Ai hombres ocasionados por genio, y aun por nación, fáciles de meterse en obligaciones; pero el que camina a la luz de la razón siempre va mui sobre el caso: estima por más valor el no empeñarse que el vencer, y ya que haya un necio ocasionado, escusa que con él no sean dos.

    Hombre de buen dexo. En casa de la Fortuna, si se entra por la puerta del plazer, se sale por la del pesar, y al contrario. Atención, pues, al acabar, poniendo más cuidado en la felicidad de la salida que en el aplauso de la entrada. Desaire común es de afortunados tener mui favorables los principios y mui trágicos los fines. No está el punto en el vulgar aplauso de una entrada, que essas todos las tienen plausibles; pero sí en el general sentimiento de una salida, que son raros los deseados. Pocas vezes acompaña la dicha a los que salen: lo que se muestra de cumplida con los que vienen, de descortés con los que van.

    Dilema de qué hacer con Trump.¿Puede Joe Biden restaurar los EEUU de Obama?

    “La famosa denuncia de Cicerón a Catilina de: ‘Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra’ (‘¿Hasta cuando abusarás, Catilina, de nuestra paciencia?’) debería tenerla presente Pedro Sánchez ante los continuos desafíos, deslealtades y conspiraciones del vicepresidente Pablo Iglesias. El que acaba de hacer la apología del golpismo catalán y ha calificado a los ministros económicos de agentes encubiertos de la derecha empresarial.El presidente Pedro Sánchez no puede mantener en el Gobierno de España al vicepresidente Iglesias que justifica y hace apología del golpe de Estado catalán del 27-O. El que ha valorado -en una entrevista en ‘Salvados’- de simple ‘error’, mientras comparaba a Puigdemont, prófugo de la Justicia, sedicioso y ladrón (malversador de fondos públicos) con los exiliados de la República a los que el líder de Podemos ha colocado al mismo nivel que al delincuente Puigdemont.Declaraciones en las que el ‘pro golpista’ Pablo Iglesias atacó de manera despiadada a los ministros económicos del PSOE acusándolos de defender la ‘derecha empresarial y mediática’, tras presentarlos como unos agentes encubiertos de la CEOE y compararlos, maldita la gracia, con los ‘lagartos extraterrestres’ de la serie ‘V’ de la televisión.El objetivo de las declaraciones de Iglesias y su connivencia con el golpe catalán de Junqueras y Puigdemont estriba en intentar mejorar las pésimas expectativas electorales de Podemos en Cataluña. Motivo por el que desde su partido se ha avalado el retraso electoral catalán en contra, una vez más, de la posición oficial del Gobierno de Sánchez al que pertenece.Porque Iglesias considera que este aplazamiento de los comicios catalanes permitirá los indultos de los golpistas y lanzará a Junqueras contra Illa en la campaña electoral catalana, para convertirlo en presidente de la Generalitat y relanzar así el desafío secesionista contra España en pos del referéndum de autodeterminación que apoya el propio Iglesias y del final del Régimen de la Transición.Un Iglesias que considera que el retraso electoral catalán obliga a Sánchez a aplazar la reforma de su Gobierno durante cuatro meses y lo blinda a él y a sus ministros de Podemos frente a la posibilidad de que Sánchez, una vez que tiene aprobados los PGE de 2021, decida poner punto final al Gobierno de coalición.Sin embargo, la conspiración de Iglesias con Junqueras para retrasar las elecciones catalanas y maniatar a Sánchez y la apología del golpismo que acaba de hacer el vicepresidente desde el interior del Gobierno de España, son motivos más que suficientes para que Sánchez de una vez por todas dé un puñetazo encima de la mesa del Consejo de Ministros y cese de manera fulminante a Iglesias y demás ministros de Podemos.Pero si Sánchez no ‘se pone una vez colorado en lugar de ciento amarillo’ acabará propiciando en Cataluña el escenario para un nuevo intento de golpe catalán. Sobre todo si indulta a Junqueras y llega a la Generalitat, sin previamente anunciar su acatamiento de la legalidad y la Constitución, lo que acaba de descartar Junqueras desde la cárcel.¿Hasta cuándo abusará Iglesias de la paciencia de Sánchez? No se sabe, pero este país llamado España necesita un gobierno unido y coherente. Y un gobierno que garantice el Estado de Derecho y la seguridad jurídica sin la que la UE no facilitará a España ayudas para la reconstrucción del país” Pablo Sebastián

    https://www.republica.com/el-manantial/2021/01/18/quousque-tandem-iglesias-abusara-de-la-paciencia-de-sanchez/
    Descripción: Un busto de George Washington, con una gorra de Trump, mientras los intrusos recorrían el edificio, a las 2:34 p. m.

    No está claro si este martes 19 de febrero está previsto que Donald Trump y su esposa Melania abandonen La Casa Blanca, la que ha sido su residencia durante los últimos cuatro años y el centro de operaciones un disparatado centro de poder mundial, bajo el mandato de Trump.O si Donald Trump piensa permanecer en la residencia hasta el miércoles por la mañana, antes que Biden asuma la presidencia de EEUU para partir hacia Florida e instalarse en el Club de ‘Mar a Lago’, su nuevo hogar.En realidad Trump abandona La Casa Blanca por la puerta de la cocina y sin los honores tradicionales del traspaso de poderes tras promover el asalto al Congreso de EEUU del pasado día 6, en el que murieron cinco personas.Y después de renunciar Trump -porque sabía que no era bienvenido y temía algún desaire- a participar en la tradicional ceremonia del traspaso de los poderes USA que en esta ocasión será deslucida por causa de Trump.Una ceremonia que mañana miércoles 20 se celebrará en el flanco oeste del Capitolio, que fue profanado recientemente por los seguidores de Trump, en un acto sin el público habitual, sustituido por miles de banderas, y rodeado de unas excepcionales medidas de seguridad.Pero la austeridad del acto, por temor a incidentes violentos que no van a consentir los más de 20.000 soldados de la Guardia Nacional, tampoco va a impedir la euforia de la gran mayoría de ciudadanos americanos que votó a favor de Joe Biden y de su flamante vicepresidenta Kamala Harris.Y aunque Trump intentará salir de La Casa Blanca con la cabeza erguida y desafiante lo cierto es que se va derrotado con un segundo impeachment, ya aprobado en la Cámara de Representantes del Congreso, como unas banderillas negras clavadas en el morrillo del bisonte Trump, a la espera de la sentencia definitiva del Senado que en un par de meses de conocerá”   Marcello

    https://www.republica.com/las-pesquisas-de-marcello/2021/01/18/se-va-el-ultimo-inquilino-de-la-casa-blanca/

     “Cuando Donald Trump se paró frente a sus seguidores el 6 de enero y los instó a marchar hacia el Capitolio de Estados Unidos, estaba haciendo lo que siempre había hecho. Nunca tomó en serio la democracia electoral ni aceptó la legitimidad de su versión estadounidense.Incluso cuando ganó, en 2016, insistió en que la elección fue fraudulenta, que se emitieron millones de votos falsos para su oponente. En 2020, sabiendo que iba detrás de Joe Biden en las encuestas, pasó meses afirmando que la elección presidencial estaba amañada y señalando que no aceptaría los resultados si no le favorecían. El día de las elecciones afirmó erróneamente que había ganado y luego endureció su retórica: con el tiempo, su victoria se convirtió en una avalancha histórica y las diversas conspiraciones que la negaban cada vez eran más sofisticadas e inverosímiles.La gente le creyó, lo que no es para nada sorprendente. Se necesita una gran cantidad de trabajo para educar a los ciudadanos a resistir la poderosa atracción de creer lo que ya creen, o lo que otros a su alrededor creen, o lo que le daría sentido a sus propias decisiones anteriores. Platón advirtió de un riesgo particular sobre los tiranos: que al final se verían rodeados de gente que siempre les dice que sí y de facilitadores. A Aristóteles le preocupaba que, en una democracia, un demagogo rico y talentoso pudiera dominar fácilmente las mentes de la población. Conscientes de estos y otros riesgos, los creadores de la Constitución de Estados Unidos instituyeron un sistema de pesos y contrapesos. No se trataba simplemente de asegurar que ninguna rama del gobierno dominase a las demás, sino también de anclar en las instituciones diferentes puntos de vista.En este sentido, la responsabilidad de la presión de Trump para anular una elección debe ser compartida por un gran número de miembros republicanos del Congreso. En vez de contradecir a Trump desde el principio, permitieron que su ficción electoral floreciera. Tenían motivos para hacerlo. Un grupo de integrantes del Partido Republicano se preocupa sobre todo por jugar con el sistema para mantener el poder, aprovechando al máximo las imprecisiones constitucionales, las manipulaciones y el dinero sucio para ganar las elecciones con una minoría de votantes motivados. No les interesa que colapse la peculiar forma de representación que permite a su partido minoritario un control desproporcionado del gobierno. El más importante de ellos, Mitch McConnell, permitió la mentira de Trump sin hacer ningún comentario sobre sus consecuencias.Sin embargo, otros republicanos vieron la situación de manera diferente: podrían realmente romper el sistema y tener el poder sin democracia. La división entre estos dos grupos, los que participan en el juego y los que quieren patear el tablero, se hizo muy evidente el 30 de diciembre, cuando el senador Josh Hawley anunció que apoyaría la impugnación de Trump al cuestionar la validez de los votos electorales el 6 de enero. En ese momento, Ted Cruz prometió su propio apoyo, junto con otros diez senadores. Más de un centenar de representantes republicanos asumieron la misma postura. Para muchos, esto lucía como un espectáculo más: las impugnaciones a los votos electorales de los estados forzarían retrasos y votos en el pleno pero no afectarían al resultado.Por supuesto que esto tenía sentido de cierto modo: si la elección realmente había sido robada, como los senadores y congresistas insinuaban, entonces ¿cómo se podía permitir que el Congreso siguiera adelante? Para algunos republicanos, la invasión del Capitolio debe haber sido una sorpresa, o incluso una lección. Sin embargo, para quienes buscaban una ruptura, puede haber sido un atisbo del futuro. Luego, ocho senadores y más de 100 representantes votaron a favor de la mentira que les obligó a huir de sus cámaras. La posverdad es prefascismo, y Trump ha sido nuestro presidente de la posverdad. Cuando renunciamos a la verdad, concedemos el poder a aquellos con la riqueza y el carisma para crear un espectáculo en su lugar. Sin un acuerdo sobre algunos hechos básicos, los ciudadanos no pueden formar una sociedad civil que les permita defenderse. Si perdemos las instituciones que producen hechos que nos conciernen, entonces tendemos a revolcarnos en atractivas abstracciones y ficciones. La verdad se defiende particularmente mal cuando no queda mucho de ella, y la era de Trump —como la era de Vladimir Putin en Rusia— es una de decadencia de las noticias locales. Las redes sociales no son un sustituto: sobrecargan los hábitos mentales por los que buscamos estímulo emocional y comodidad, lo que significa perder la distinción entre lo que se siente verdadero y lo que realmente es verdadero.La posverdad desgasta el Estado de derecho e invita a un régimen de mitos. Estos últimos cuatro años, los estudiosos han discutido la legitimidad y el valor de invocar el fascismo en referencia a la propaganda trumpista. Una posición cómoda ha sido etiquetar cualquier esfuerzo como una comparación directa y luego tratar esas comparaciones como tabú. De manera más productiva, el filósofo Jason Stanley ha tratado el fascismo como un fenómeno, como una serie de patrones que pueden observarse no solo en la Europa de entreguerras sino más allá de esa época.Mi propia opinión es que un mayor conocimiento del pasado, fascista o no, nos permite notar y conceptualizar elementos del presente que de otra manera podríamos ignorar, y pensar más ampliamente sobre las posibilidades futuras. En octubre me quedó claro que el comportamiento de Trump presagiaba un golpe de Estado, y lo dije por escrito; esto no es porque el presente repita el pasado, sino porque el pasado ilumina el presente.Como los líderes fascistas históricos, Trump se ha presentado como la única fuente de la verdad. Su uso del término fake news (“noticias falsas”) se hizo eco de la difamación nazi Lügenpresse (“prensa mentirosa”); como los nazis, se refirió a los reporteros como “enemigos del pueblo”. Como Adolf Hitler, llegó al poder en un momento en que la prensa convencional había recibido una paliza; la crisis financiera de 2008 hizo a los periódicos estadounidenses lo que la Gran Depresión le hizo a los diarios alemanes. Los nazis pensaron que podían usar la radio para remplazar el viejo pluralismo del periódico; Trump trató de hacer lo mismo con Twitter.Gracias a la capacidad tecnológica y al talento personal, Donald Trump mintió a un ritmo tal vez inigualado por ningún otro líder de la historia. En su mayor parte eran pequeñas mentiras, y su principal efecto era acumulativo. Creer en todas ellas era aceptar la autoridad de un solo hombre, porque creer en ellas era descreer en todo lo demás. Una vez establecida esa autoridad personal, el mandatario podía tratar a todos los demás como mentirosos; incluso tenía el poder de convertir a alguien de un consejero de confianza en un deshonesto sinvergüenza con un solo tuit. Sin embargo, mientras no pudiera imponer una mentira verdaderamente grande, una fantasía que crease una realidad alternativa en la que la gente pudiera vivir y morir, su prefascismo se qAlgunas de sus mentiras fueron, sin duda, de tamaño mediano: que era un hombre de negocios exitoso; que Rusia no lo apoyó en 2016; que Barack Obama nació en Kenia. Esas mentiras de tamaño medio eran la norma de los aspirantes a autoritaristas en el siglo XXI. En Polonia el partido de la derecha construyó un culto al martirio que giraba en torno a responsabilizar a los rivales políticos por el accidente de avión que mató al presidente de la nación. El húngaro Viktor Orban culpa a un número cada vez más reducido de refugiados musulmanes de los problemas de su país. Pero esas afirmaciones no eran grandes mentiras; se extendían pero no rompían lo que Hannah Arendt llamaba “el tejido de la realidad”. Una gran mentira histórica discutida por Arendt es la explicación de Joseph Stalin de la hambruna en la Ucrania soviética en 1932-33. El Estado había colectivizado la agricultura, y luego aplicó una serie de medidas punitivas contra Ucrania que provocaron la muerte de millones de personas. Sin embargo, la versión oficial era que los hambrientos eran provocadores, agentes de las potencias occidentales que odiaban tanto el socialismo que se estaban matando a sí mismos. Una ficción aún más grande, en el relato de Arendt, es el antisemitismo hitleriano: las afirmaciones de que los judíos dirigían el mundo, los judíos eran responsables de las ideas que envenenaban las mentes alemanas, los judíos apuñalaron a Alemania por la espalda durante la Primera Guerra Mundial. Curiosamente, Arendt pensaba que las grandes mentiras solo funcionan en las mentes solitarias; su coherencia sustituye a la experiencia y al compañerismo.En noviembre de 2020, al llegar a millones de mentes solitarias a través de las redes sociales, Trump dijo una mentira peligrosamente ambiciosa: que había ganado unas elecciones que, de hecho, había perdido. Esta mentira era grande en todos los aspectos pertinentes: no tan grande como “los judíos dirigen el mundo”, pero lo suficientemente grande. La importancia del asunto en cuestión era grande: el derecho a gobernar el país más poderoso del mundo y la eficacia y fiabilidad de sus procedimientos de sucesión. El nivel de mendacidad era profundo. La afirmación no solo era errónea, sino que también se hizo de mala fe, en medio de fuentes poco fiables. Cuestionaba no solo las pruebas sino también la lógica: ¿Cómo podría (y por qué debería) una elección haber sido amañada contra un presidente republicano pero no contra senadores y representantes republicanos? Trump tuvo que hablar, absurdamente, de una “Elección (para Presidente) amañada”.La fuerza de una gran mentira reside en su demanda de que muchas otras cosas deben ser creídas o no creídas. Para dar sentido a un mundo en el que las elecciones presidenciales de 2020 fueron robadas se requiere desconfiar no solo de los reporteros y de los expertos, sino también de las instituciones gubernamentales locales, estatales y federales, desde los trabajadores electorales hasta los funcionarios electos, la Seguridad Nacional y hasta la Corte Suprema. Esto trae consigo, por necesidad, una teoría de la conspiración: imagina a toda la gente que debe haber estado en ese complot y a toda la gente que habría tenido que trabajar en el encubrimiento.La ficción electoral de Trump flota libre de la realidad verificable. Está defendida no tanto por hechos como por afirmaciones de que alguien más ha hecho algunas afirmaciones. La sensibilidad es que algo debe estar mal porque siento que está mal, y sé que otros sienten lo mismo. Cuando líderes políticos como Ted Cruz o Jim Jordan hablaban así, lo que querían decir era: crees mis mentiras, lo que me obliga a repetirlas. Las redes sociales proporcionan una infinidad de pruebas aparentes para cualquier condena, especialmente una aparentemente sostenida por un presidente.En la superficie, una teoría de la conspiración hace que su víctima parezca fuerte: ve a Trump como resistiendo a los demócratas, los republicanos, el Estado Profundo, los pedófilos, los satanistas. Sin embargo, más profundamente, invierte la posición de los fuertes y los débiles. El enfoque de Trump en las supuestas “irregularidades” y “estados disputados” se reduce a las ciudades donde los negros viven y votan. En el fondo, la fantasía del fraude es la de un crimen cometido por los negros contra los blancos.No es solo que el fraude electoral de los afroestadounidenses contra Donald Trump nunca haya ocurrido. Es que es todo lo contrario de lo que sucedió, en 2020 y en todas las elecciones estadounidenses. Como siempre, los negros esperaron más tiempo que los demás para votar y era más probable que sus votos fuesen impugnados. Era más probable que estuvieran sufriendo o muriendo a causa de la COVID-19, y menos probable que pudieran tomarse un tiempo fuera del trabajo. La protección histórica de su derecho al voto fue eliminada por el fallo de 2013 de la Corte Suprema en el caso del Condado de Shelby contra Holder, y los estados se han apresurado a aprobar medidas del tipo que históricamente reducen el voto de los pobres y las comunidades de color.La afirmación de que a Trump se le negó una victoria por fraude es una gran mentira, no solo porque atenta contra la lógica, describe mal el presente y exige creer en una conspiración. Es una gran mentira, fundamentalmente, porque invierte el campo moral de la política estadounidense y la estructura básica de la historia estadounidense.Cuando el senador Ted Cruz anunció su intención de impugnar el voto del Colegio Electoral, invocó el Compromiso de 1877, que resolvió la elección presidencial de 1876. Los comentaristas señalaron que esto no era un precedente relevante, ya que en ese entonces realmente habían graves irregularidades de los votantes y se produjo un impasse en el Congreso. Para los afroestadounidenses, sin embargo, la referencia aparentemente gratuita llevaba a otra parte. El Compromiso de 1877 —por el que Rutherford B. Hayes tendría la presidencia, siempre que retirara el poder federal del Sur— fue el mismo acuerdo por el que los afroestadounidenses fueron expulsados de las casillas de votación durante la mayor parte del siglo. Fue el fin de la Reconstrucción, el comienzo de la segregación, la discriminación legal y Jim Crow. Es el pecado original de la historia afroestadounidenses en la era posesclavitud, nuestro más cercano roce con el fascismo hasta ahora.Si la referencia parecía distante cuando Ted Cruz y 10 colegas senadores dieron a conocer su declaración el 2 de enero, se acercó mucho cuatro días después, cuando las banderas confederadas desfilaron por el Capitolio.Algunas cosas han cambiado desde 1877, por supuesto. En ese entonces, eran los republicanos, o muchos de ellos, los que apoyaban la igualdad racial; eran los demócratas, el partido del sur, los que querían el apartheid. Fueron los demócratas, en ese entonces, quienes llamaron fraudulentos los votos de los afroestadounidenses, y los republicanos quienes querían que fueran contados. Esto se ha invertido ahora. En el último medio siglo, desde la Ley de Derechos Civiles, los republicanos se han convertido en un partido predominantemente blanco interesado —como Trump declaró abiertamente— en mantener el número de votantes, y en particular el número de votantes negros, lo más bajo posible. Sin embargo, el hilo conductor sigue siendo el mismo. Al ver a los supremacistas blancos entre la gente que asaltaba el Capitolio, era fácil ceder a la sensación de que algo puro había sido violado. Sería mejor ver el episodio como parte de una larga discusión estadounidense sobre quién merece ser representado.Los demócratas se han convertido en una coalición, una que lo hace mejor que los republicanos entre los votantes femeninos y no blancos y consigue votos tanto de los sindicatos como de los universitarios. Sin embargo, no es del todo correcto contrastar esta coalición con un Partido Republicano monolítico. En este momento, el Partido Republicano es una coalición de dos tipos de personas: aquellos que jugarían con el sistema (la mayoría de los políticos, algunos de los votantes) y aquellos que sueñan con romperlo (algunos de los políticos, muchos de los votantes). En enero de 2021, esto fue visible como la diferencia entre los republicanos que defendían el sistema actual con el argumento de que les favorecía y los que trataban de derribarlo.En las cuatro décadas desde la elección de Ronald Reagan, los republicanos han superado la tensión entre los jugadores y los rupturistas gobernando en oposición al gobierno, o llamando a las elecciones una revolución (el Tea Party), o afirmando que se oponen a las élites. Los rupturistas, en este arreglo, proporcionan una cobertura a los jugadores, al presentar una ideología que distrae de la realidad básica de que el gobierno bajo los republicanos no se hace más pequeño sino que simplemente se desvía para servir a una serie de intereses.Al principio, Trump parecía una amenaza para ese equilibrio. Su falta de experiencia en política y su racismo abierto lo hicieron una figura muy incómoda para el partido; al principio, republicanos prominentes consideraban que su hábito de mentir continuamente era grosero. Sin embargo, después de ganar la presidencia, sus particulares habilidades como rupturista parecían crear una tremenda oportunidad para los jugadores. Liderados por el jugador en jefe, McConnell, consiguieron cientos de jueces federales y recortes de impuestos para los ricos.Trump no se parecía a otros rupturistas porque parecía no tener ninguna ideología. Su objeción a las instituciones radicaba en que podían limitarlo personalmente. Tenía la intención de romper el sistema para servirse a sí mismo y, en parte, ha fracasado por eso. Trump es un político carismático e inspira devoción no solo entre los votantes sino también entre un sorprendente número de legisladores, pero no tiene una visión más grande que la suya o la que sus admiradores proyectan sobre él. En este sentido, su prefascismo no estuvo a la altura del fascismo: su visión nunca fue más allá de un espejo. Llegó a una mentira verdaderamente grande no desde cualquier visión del mundo sino desde la realidad de que podría perder algo.Sin embargo, Trump nunca preparó un golpe decisivo. Carecía del apoyo de los militares, algunos de cuyos líderes había alienado. (Ningún verdadero fascista habría cometido el error que cometió allí, que fue amar abiertamente a dictadores extranjeros; a los partidarios convencidos de que el enemigo estaba en casa podría no importarles, pero a los que juraron proteger de los enemigos en el extranjero sí les importó). La fuerza de policía secreta de Trump, los hombres que realizaban operaciones de secuestro en Portland, era violenta pero también pequeña y ridícula. Las redes sociales demostraron ser un arma contundente: Trump podía anunciar sus intenciones en Twitter, y los supremacistas blancos podían planear su invasión del Capitolio en Facebook o en Gab. Pero el presidente, a pesar de todas sus demandas, ruegos y amenazas a los funcionarios públicos, no podía maquinar una situación que terminase con las personas correctas haciendo lo incorrecto. Trump pudo hacer creer a algunos votantes que había ganado las elecciones de 2020, pero no pudo hacer que las instituciones se alinearan con su gran mentira. Y pudo traer a sus partidarios a Washington y enviarlos al Capitolio, pero ninguno parecía tener una idea muy clara de cómo funcionaría esto o de lo que su presencia lograría. Es difícil pensar en un momento insurreccional comparable —con la toma de un edificio de gran importancia— que implicó tanto trabajo.La mentira dura más que el mentiroso. La idea de que Alemania perdió la Primera Guerra Mundial en 1918 por una “puñalada por la espalda” judía tenía 15 años cuando Hitler llegó al poder. ¿Cómo funcionará el mito de la victimización de Trump en la vida estadounidense dentro de 15 años? ¿Y en beneficio de quién?El 7 de enero, Trump pidió una transición pacífica del poder, admitiendo implícitamente que su golpe de Estado había fracasado. Sin embargo, volvió a repetir e incluso amplió su ficción electoral: ahora era una causa sagrada por la que la gente se había sacrificado. La puñalada por la espalda imaginaria de Trump vivirá principalmente gracias a su respaldo por los miembros del Congreso. En noviembre y diciembre de 2020, los republicanos lo repitieron, dándole una vida que de otra manera no hubiera tenido. En retrospectiva, ahora parece como si el último compromiso tambaleante entre los jugadores y los rupturistas fuera la idea de que Trump debería tener todas las oportunidades de probar que se le había hecho mal. Esa posición apoyaba implícitamente la gran mentira de los partidarios de Trump que se inclinaban a creerla. No pudo contener a Trump, cuya gran mentira solo se hizo más grande.En ese momento, los rupturistas y los jugadores vieron un mundo diferente por delante, donde la gran mentira era un tesoro que había que tener o un peligro que había que evitar. Los rupturistas no tuvieron más remedio que apresurarse a ser los primeros en afirmar que creían en ella. Debido a que los rupturistas Josh Hawley y Ted Cruz deben competir para reclamar el azufre y la bilis, los jugadores se vieron obligados a revelar su propia mano, y la división dentro de la coalición republicana se hizo visible el 6 de enero. La invasión del Capitolio solo reforzó esta división. Por supuesto, algunos senadores retiraron sus objeciones, pero Cruz y Hawley siguieron adelante de todos modos, junto con otros seis senadores. Más de 100 representantes doblaron su apuesta en la gran mentira. Algunos, como Matt Gaetz, incluso añadieron sus propias florituras, como la afirmación de que la turba no estaba liderada por los partidarios de Trump sino por sus oponentes.Trump es, por ahora, el mártir en jefe, el sumo sacerdote de la gran mentira. Él es el líder de los rupturistas, al menos en la mente de sus partidarios. Por ahora, los jugadores no quieren a Trump cerca. Desacreditado en sus últimas semanas, es inútil; despojado de las obligaciones de la presidencia, volverá a ser embarazoso, como lo fue en 2015. Incapaz de proporcionar una cobertura para jugar astutamente, será irrelevante para sus propósitos diarios. Pero los rupturistas tienen una razón aún más fuerte para buscar la desaparición de Trump: es imposible heredar de alguien que todavía está por aquí. Aprovechar la gran mentira de Trump podría parecer un gesto de apoyo. De hecho, expresa un deseo de su muerte política. Transformar el mito de uno sobre Trump a uno sobre la nación será más fácil cuando esté fuera del camino.Como Cruz y Hawley pueden aprender, decir la gran mentira es ser propiedad de ella. Solo porque hayas vendido tu alma no significa que hayas hecho un buen negocio. Hawley no tiene ningún nivel de hipocresía; hijo de un banquero, educado en la Universidad de Stanford y en la Escuela de Derecho de Yale, denuncia a las élites. En la medida en que se pensaba que Cruz se apegaba a un principio, el de los derechos de los estados, que los llamados a la acción de Trump violaban descaradamente. Una declaración conjunta que Cruz emitió sobre la impugnación de los senadores al voto captó muy bien el aspecto posverdadero del conjunto: nunca alegó que hubiera fraude, solo que había alegaciones de fraude. Alegaciones de alegaciones, alegaciones hasta el final.

    La gran mentira requiere compromiso. Cuando los jugadores republicanos no se arriesgan lo suficiente, los rupturistas republicanos los llaman “RINO”, que en inglés es la sigla de “republicanos solo de nombre”. Este término alguna vez sugirió una falta de compromiso ideológico. Ahora significa una falta de voluntad para echar abajo una elección. Los jugadores, en respuesta, cierran filas en torno a la Constitución y hablan de principios y tradiciones. Todos los rupturistas deben saber (con la posible excepción del senador por Alabama Tommy Tuberville) que están participando en una farsa, pero tendrán una audiencia de decenas de millones que no lo saben.Si Trump sigue presente en la vida política estadounidense, seguramente repetirá su gran mentira incesantemente. Hawley, Cruz y los otros rupturistas comparten la responsabilidad de lo que eso desencadenará. Cruz y Hawley parecen estar postulándose para la presidencia. ¿Pero qué significa ser candidato a la presidencia y denunciar el voto? Si afirmas que el otro lado ha hecho trampa, y tus partidarios te creen, esperarán que te engañes a ti mismo. Al defender la gran mentira de Trump el 6 de enero, ellos sentaron un precedente: un candidato presidencial republicano que pierde una elección debe ser nombrado de todos modos por el Congreso. Los republicanos en el futuro, por lo menos los candidatos a presidente de la ruptura, presumiblemente tendrán un Plan A, para ganar y ganar, y un Plan B, para perder y ganar. No es necesario el fraude; solo las alegaciones de que hay alegaciones de fraude. La verdad debe ser remplazada por el espectáculo, los hechos por la fe.El intento de golpe de Trump de 2020-21, como otros intentos fallidos de golpe, es una advertencia para quienes se preocupan por el Estado de derecho y una lección para aquellos que no lo hacen. Su prefascismo reveló una posibilidad para la política estadounidense. Para que un golpe de Estado funcione en 2024, los rupturistas necesitarán algo que Trump nunca tuvo: una minoría furiosa, organizada para la violencia nacional, dispuesta a añadir intimidación a las elecciones. Cuatro años de amplificación de una gran mentira podría darles eso. Afirmar que el otro lado robó una elección es prometer que tú también robarás una. También es afirmar que el otro bando merece ser castigado.Observadores informados dentro y fuera del gobierno están de acuerdo en que la supremacía blanca de la derecha es la mayor amenaza terrorista para Estados Unidos. La venta de armas en 2020 alcanzó un nivel asombroso. La historia muestra que la violencia política ocurre luego de que los líderes prominentes de los principales partidos políticos abrazan abiertamente la paranoia. Nuestra gran mentira es típicamente estadounidense, envuelta en nuestro extraño sistema electoral, y depende de nuestras particulares tradiciones de racismo. Sin embargo, nuestra gran mentira también es estructuralmente fascista, con su extrema mendacidad, su pensamiento conspirativo, su inversión de los perpetradores y las víctimas y su implicación de que el mundo está dividido entre nosotros y ellos. Para mantenerlo en marcha durante cuatro años hay que cortejar el terrorismo y el asesinato. Cuando esa violencia llegue, los rupturistas tendrán que reaccionar. Si la aceptan, se convierten en la facción fascista. El Partido Republicano estará dividido, al menos por un tiempo. Uno puede, por supuesto, imaginar una funesta reunificación: un candidato de la ruptura pierde una estrecha elección presidencial en noviembre de 2024 y grita fraude, los republicanos ganan ambas cámaras del Congreso y los alborotadores en la calle, educados por cuatro años de la gran mentira, exigen lo que ven como justicia. ¿Se mantendrían los jugadores con los principios si esas fueran las circunstancias del 6 de enero de 2025?Sin embargo, este momento también es una oportunidad. Es posible que un Partido Republicano dividido sirva mejor a la democracia estadounidense; que los jugadores, separados de los rupturistas, empiecen a pensar en la política como una forma de ganar elecciones. Es muy probable que el gobierno de Biden-Harris tenga unos primeros meses más fáciles de lo esperado; tal vez se suspenda el obstruccionismo, al menos entre unos pocos republicanos y por poco tiempo, para vivir un momento de cuestionamientos. Los políticos que quieren que el trumpismo termine tienen un camino sencillo: decir la verdad sobre las elecciones.Estados Unidos no sobrevivirá a la gran mentira solo porque un mentiroso esté separado del poder. Necesitará una reflexiva repluralización de los medios y un compromiso con los hechos como un bien público. El racismo estructurado en cada aspecto del intento de golpe es un llamado a prestar atención a nuestra propia historia. La atención seria al pasado nos ayuda a ver los riesgos pero también sugiere la posibilidad de futuro. No podemos ser una república democrática si decimos mentiras sobre la raza, grandes o pequeñas. La democracia no consiste en minimizar el voto ni en ignorarlo, ni en jugar ni en romper un sistema, sino en aceptar la igualdad de los demás, escuchar sus voces y contar sus votos”    Timothy Snyder

    Trump muere matando; matando a la Justicia. El indulto al padre de su yerno -¡Vaya familia!- a contratistas condenados por la masacre de civiles en Iraq, y a otra veintena de corruptos, da una idea de la ausencia de ética y del enorme poder de un Jefe de Estado que no da explicaciones por sus actos.Putin se asegura la inviolabilidad ante cualquier acusación futura de abuso de poder o de crímenes instigados por él o por sus secuaces.Juan Carlos I se sintió a salvo para cometer sus tropelías, con la connivencia de los medios y de todas las instituciones del Estado.Aquí el Gobierno pretende indultar –despreciando informes legales en contra- a quienes se saltaron la Ley proclamando unilateralmente la República catalana,tras haber declarado repetidamente su intención de volver a hacerlo. Y no sólo desprecian el indulto –pero, oh cinismo, permiten que alguien lo pida en su nombre-, que implica la asunción del delito y, de ser aprobado, el perdón de la pena, sino que exigen la amnistía, que supone el perdón del delito. Con el indulto sales de la cárcel, pero sigues teniendo un pasado de delincuente; si te amnistían, pelillos a la mar, no has cometido actos censurables.Ha habido otros indultos cuestionados, como los dos tercios de la pena que concedió el presidente Aznar a la cúpula socialista del Ministerio del Interior, condenados por el saqueo de los fondos reservados y la creación de los Gal, aunque Felipe González, presidente del Gobierno durante los hechos, exigía el indulto total.En los máximos niveles del sistema judicial –Fiscalía, CGPJ, Tribunal Supremo, Tribunal Constitucional- muchos de sus miembros responden básicamente ante los políticos, que son quienes mayoritariamente los nombran y los ascienden. Por eso, todos los partidos pugnan por colocar en lo más altos cargos a gentes de su cuerda, para asegurarse en lo posible una futura impunidad, ya que todos ellos saben que en un momento u otro han burlado la Ley, generalmente por dinero.Pueden darse casos de honesta rebeldía frente a presiones políticas de jueces que desempeñan su labor bajo el foco mediático, pero dependiendo del color del Gobierno, sus carreras se verán congeladas o catapultadas. Y no escasean los ejemplos en los que un juez demora años la instrucción de una causa por motivos ideológicos o por prevaricación, que viene a ser lo mismo, facilitando que algunos delitos prescriban antes de ser juzgados.Mueve a perplejidad que asociaciones y miembros de la Judicatura se alineen en bandos “progresistas” o “conservadores”, como si las leyes pudieran interpretarse en función de la ideología, en cuyo caso, están contaminadas, dejan margen al engaño, y un golpe de Estado queda convertido por arte de birlibirloque en mera “ensoñación” de los perpetradores.Se ha repetido que una justicia lenta no es justicia porque una espada de Damocles pende sobre el que espera juicio y veredicto, condicionando su vida.  Un ciudadano roba alimentos, y tras varios años, se le comunica que debe ingresar en prisión, para penar por su hambre. Si hubiera sido un banquero, le habrían aplicado la doctrina Botín o González, y habría quedado libre.El Gobierno actual es un yonqui de los decretos; un entusiasta de la promulgación de nuevas leyes con aplicación retroactiva; de la modificación interesada de aquéllas que implican delitos de rebelión o sedición, acompañadas o no de violencia, de malversación de caudales públicos, etcétera.Los políticos, y en especial los integrantes del Ejecutivo, tratan de invadir todas las áreas y competencias del Estado, en la senda de la escalofriante predicción que hiciera Alfonso Guerra, cuando dijo sin pestañear tras ganar los socialistas sus primeras elecciones: “Montesquieu ha muerto”, es decir, la separación de poderes: Ejecutivo, Legislativo, Judicial, base inexcusable de un sistema democrático.Parece ser que es a lo que venían, y el tiempo lo ha confirmado. ¿De qué nos extrañamos?”    Carmina Fort

    “No hay ningún Gobierno carente de ansias totalitarias, hasta los indudablemente democráticos. Quiero decir que todos aspirarían a ganar elecciones por unanimidad y a disponer de un cheque en blanco para obrar a su antojo. Claro que los respetuosos de las reglas saben que eso es imposible y aceptan lo relativo y parcial de su poder, y por tanto los pactos, las alianzas, las concesiones y las renuncias. Pero eso no los priva de sus ansias, aunque sean un desiderátum que demasiadas veces, sin embargo, se ha cumplido, desde Hitler y Stalin hasta Putin… y casi Trump. Esas ansias llevan, a los de menores escrúpulos, a sortear las limitaciones con subterfugios o con descaro. Hoy este detalle, mañana el otro, los años cuentan con muchos días. La supresión de Ética parece algo mínimo, pero va por ese camino. Paulatinamente se logra que los escolares no sepan pensar, ni hablar propiamente, no digamos escribir. La creación de tarugos es un objetivo indisimulado de los políticos obtusos de nuestro tiempo. Nos precisan a su imagen y semejanza. Es asombroso que los pedagogos actuales tengan titulación y facultades para determinar qué se enseña y qué no. Si por la mayoría fuera, “se aprendería a aprender” y no se enseñaría nada, y así conseguiríamos el ideal de toda sociedad totalitaria: individuos que no saben, no entienden, no razonan, no se expresan, no piensan. Hacia eso se va”       Javier Marías

    https://elpais.com/elpais/2021/01/12/eps/1610442763_516441.html

    Un analista internacional de nuestros días se enfrenta a un dilema que tampoco ha sido nuevo, pues también lo tenían sus antecesores: en todo intento de prospectiva, ¿debe darse un papel destacado a la historia y atender sus enseñanzas, o bien hay que adentrarse en los territorios desconocidos del presente y considerar que esta es una época de nuevos retos en la que el pasado poco puede enseñarnos? Hay análisis que tienen una dimensión histórica tan acentuada, que apenas dejan lugar para escudriñar el presente. Las referencias al período de entreguerras, la Segunda Guerra Mundial o la Guerra Fría están sobredimensionadas. Se diría que esos analistas se aferran a una historia de curso cíclico, que resulta la única manera de buscar un sentido a los acontecimientos, aunque esto implique caer en ese fatalismo que en el siglo XIX apelaba a unas supuestas leyes de la historia. Se entiende así que se quieren buscar paralelismos entre la gripe de 1918 y la actual pandemia, o que se recurra a los fascismos de entreguerras para analizar el fenómeno del populismo. Así fue todo, y así será todo. ¿O no?Pero no busquemos causas o paralelismos remotos, pues podemos perdernos en la noche de los tiempos. Debemos estudiar el pasado más reciente para comprender lo que ahora sucede, aunque esto nos lleve a concluir que el final no está escrito ni es inexorable que suceda de esta o aquella manera. En mi opinión, este planteamiento es el que subyace en Así empieza todo. La guerra oculta del siglo XXI (ed. Ariel), un libro de Esteban Hernández, jefe de opinión del diario digital El Confidencial, que opina acertadamente que el mecanicismo fatalista no es otra cosa que pereza intelectual. La fatalidad o el destino no existen por sí solos. Son una consecuencia de las acciones humanas. La consabida expresión de “esto no puede suceder aquí” implica una renuncia a entender las causas de los acontecimientos. Los populismos y sus votantes, o el Brexit, entre otros hechos, no han surgido de la noche a la mañana.Así empieza todo es un interesante ensayo sobre la transformación de la escena internacional en las últimas décadas, en particular tras la Guerra Fría, aunque el autor demuestra un excelente conocimiento de la historia contemporánea del siglo XX, pues sabe relacionar acontecimientos actuales con otros del pasado próximo. El resultado es un libro en el que se combinan con destreza la historia, el pensamiento político, la cultura, la sociología y la economía, y que sirve para tener una visión de conjunto del momento en que vivimos, incluida la situación de pandemia. Una de las mejores citas del libro es la siguiente:

    “Las grandes cuestiones como el individuo y la comunidad, la libertad y la fidelidad al grupo, no pueden ser resueltas más que de manera dialéctica, como parte de una relación y no como una apuesta definitiva por una de ellas”.

    De ella podría concluirse la inutilidad de las guerras culturales, tan en auge en estos momentos aunque se iniciaron en las últimas décadas, con particular virulencia en Estados Unidos. Uno y otro bando se culpabilizaban entre sí; unos arremetían contra el excesivo poder del Estado y otros contra las estructuras establecidas. Añado de mi cuenta que el fin de la presidencia de Trump no ha apaciguado estas contiendas y todo apunta a futuras hostilidades inmediatas. Pero lo cierto es que toda política basada en vencedores y vencidos, en “nosotros y ellos”, es incapaz de restañar heridas. El guerracivilismo en política, tarde o temprano suscita una reacción adversa. Hay que coincidir, por tanto, con Esteban Hernández en la necesidad de concebir la política como una relación, una cooperación, porque si no es así la política termina por dar la espalda, primero a la libertad, y después a la democracia.Encuentro algunos paralelismos entre el libro de Hernández y el escrito por el politólogo Ivan Krastev, La luz que se apaga, donde también se pasa revista a las ilusiones perdidas del internacionalismo liberal, que se creyó vencedor indiscutido e indiscutible de la Guerra Fría y cayó en la ingenuidad de pensar que el fin de la historia había llegado con el triunfo de la democracia y de la globalización económica. La crisis financiera de 2008 y la pandemia han trastocado los viejos esquemas, si bien algunos todavía siguen pensando en que un día se restaurará el antiguo orden. Pero eso no será tan fácil en este enfrentamiento global, no como la Guerra Fría entre el capitalismo y el comunismo, sino entre un capitalismo de los monopolios y un capitalismo de Estado. Por tanto, “la guerra fría” entre Estados Unidos y China poco tiene de ideológica. En un capítulo específico de Así empieza todo, y a lo largo de la obra, se dedica una especial atención al desafío de China. Las consabidas teorías de que el desarrollo económico traería la ascensión de las clases medias y la llegada de la democracia se han estrellado con la realidad de un régimen autoritario, asentado en una cultura jerárquica, que transformó su aparato productivo y elevó el nivel de vida de la mayoría de la población. Su supuesta gestión acertada de la pandemia ha acrecentado su prestigio y es un instrumento más para su expansión e influencia mundiales, con la peculiaridad de que China, pese a ser un régimen comunista, no está interesada en la exportación de su ideología.Esteban Hernández está en lo cierto al asegurar que la ruptura de la cohesión social es un gran peligro para las sociedades occidentales, como lo demuestra el progresivo declive de las clases medias. Pero no será, en su opinión, con fórmulas neoliberales, que no reparten riqueza para todos, aunque aseguren que contribuyen a crearla, como se revertirá la tendencia.  También contribuye a la desestructuración social el triunfo de la economía financiarizada, que está reemplazado a la productiva, y esto supone los grandes fondos de inversión que, en su codicia, estarían vaciando el tejido productivo y condenando a millones de personas al paro, y no es menos inquietante el monopolio de los mercados por las grandes empresas tecnológicas. El autor no tiene reparos en subrayar que tanto la economía verde como la digital, que se ven como la panacea del crecimiento económico, no han nacido para solucionar los problemas ecológicos. Son, por el contrario, un nuevo instrumento de generación de activos, una nueva fuente de rentabilidad que ve nuevas oportunidades a su alcance.Hernández cree que, tanto en la crisis de 2008, como en la actual del coronavirus, Occidente está repitiendo los mismos errores de Estados Unidos tras la Primera Guerra Mundial, cuando no se tuvieron en cuenta las advertencias de Keynes sobre las consecuencias económicas de la paz. De ahí que la crisis norteamericana de 1929 golpeara brutalmente a una Europa en la que vencedores y vencidos tenían que hacer frente a enormes deudas externas. La solución, según Hernández, estaría en desarrollar políticas keynesianas, como las que triunfaron con el New Deal de Roosevelt, y que los estadounidenses contribuyeron a traer a Europa al final de la Segunda Guerra Mundial al difundirse el Estado del bienestar.De la lectura de este libro se saca la conclusión de que la mayor amenaza a la paz y a la seguridad, tanto nacionales como internacionales, está en la ruptura de la cohesión social. Los hechos tienen consecuencias, y los hechos económicos más todavía. Sin un grado importante de cohesión social, el deterioro institucional se hará inevitable, y también aumentarán los riesgos de desestructuración territorial”   Antonio R. Rubio

    LA AGENDA DE MÚSICA de Alfonso Alarcón

    MÚSICA Y PINTURA 2, LXXXIX. PAUL-ÉMILE BÉCAT (1885-1960)

    Se trata de un cuadro musical, es decir, que se puede admirar el arpa, el violín y luego el arco, con cuidado, y la partitura. Es un grabado del ilustrador francés Paul-Émile Bécat para una edición francesa de los Ragionamenti (Razonamientos, charlas con señoras especialistas en la ars amatoria), del Aretino. Música suave para violín y arpa, como la que acaban de ensayar estos intérpretes que descansan del esfuerzo.

    Canción de un jardín secreto:

    Camille Saint-Saëns, Fantasía para violín y arpa (1898):

    https://www.youtube.com/watch?v=DFzUrTrRx-8

    Eugene Goossens, Suite para violín y arpa con flauta, Op. 6 (1914):

    https://www.youtube.com/watch?v=NakMbqI_CIQ&list=RDCMUCVmxzvy0qErh8ckRJB88qjA&start_radio=1&t=132 COMPARTIENDO LECTURAS

    con Carmen Marcos

    Descripción: Duflo, Piketty, Mazzucato, Shiller... Diez libros de economía de 2019

    Librería  Miraguanomiraguano@infornet.es

    Hiromi Kawakami (Japón, 1958), escritora de éxito en su país, obtuvo el premio Tanizaki por El cielo es azul, la tierra blanca (Una historia de amor), escrita en 2001 y que, también con éxito, fue adaptada al cine. Una poética y diferente historia de amor.

    Hiromi Kawakami: El cielo es azul, la tierra es blanca (Una historia de amor)

    Idioma original: Japonés

    Traducción: María Bornas Montaña

    Edita: Alfaguara, 2017

    Nº de páginas: 211

    Descripción: El cielo es azul, la tierra blanca: Una historia de amor de [Hiromi Kawakami]

    Japón en la actualidad. Tsukiko, la protagonista, es una mujer trabajadora, de cerca de 40 años, que  vive sola y es poco sociable. Con frecuencia sale a cenar algo y a beber sake en una taberna cercana. Allí, se encuentra un día con un antiguo profesor que la reconoce y se acerca a ella. A partir de ese momento, coinciden de vez en cuando a cenar y beber juntos, sin citas previas, y entablan una curiosa relación amistosa: comen (gran detalle en los alimentos); beben (sorprende la cantidad de sake que beben); y hacen excursiones para las que él, 30 años mayor, está mejor preparado. Ella es ruda y arisca, él delicado. Poco a poco, su relación se va convirtiendo en una historia de amor, como reza el subtítulo de la novela; el título proviene de una canción que tararea la protagonista.

    Muy japonesa y, por tanto, en alguna medida ajena para nosotros. La naturaleza, los detalles y la poesía ocupan su lugar en esta bonita, peculiar y algo insólita historia de amor entre dos personas solitarias. En ella, la voluntad de la protagonista de no reflexionar y la noción de imposibilidad marcan el ritmo de la narración y de la historia.

    http://www.devoradoradelibros.com/2018/03/el-cielo-es-azul-la-tierra-blanca.html    (Reseña

    https://es.wikipedia.org/wiki/Hiromi_Kawakami#:~:text=Hiromi%20Kawakami%20(en%20japon%C3%A9s%3A%20%E5%B7%9D%E4%B8%8A,su%20primera%20novela%20(Kamisama).

    (Biografía)

    LA AGENDA DEL DOCUMENTAL DE Mariví Ibarrola

    La Qu con acento de Marivi Ibarrola. El Qué. Quién. Cómo. Dónde y Cuándo del documental

    delavapiesalacabeza@gmail.com

    Director : Renato Terra & Ricardo Calil : Narciso Fuera de Servicio

    Producción Video Filmes  Brasil.  2020 https://www.youtube.com/watch?v=7ss5UWHwUIM

    Descripción: Descripción: Veloso narciso_em_ferias-349371627-large.jpg

    Con un testimonio íntimo el músico brasileño Caetano Veloso narra los 54 días pasados en 1968 en la cárcel durante la dictadura militar en Brasil (1964-1985). Presentado en la Mostra de Venecia 2020 denuncia, también los prejuicios políticos contra el mundo del arte. Veloso, figura clave para la cultura popular brasileña y un referente mundial de la música sudamericana lo acusan de «terrorismo cultural» por haber cambiado las palabras del himno nacional  Revive episodios dolorosos como el del cantautor Gilberto Gil,  los dos representantes del movimiento musical Tropicalia, una forma de resistencia contra la dictadura a partir de un nuevo género musical

    Directora:  Susana Martins & Bernando Fuster :La cámara de la cárcel de Carabanchel. 

    Producción Lucas Ediciones SA. 2017

    Descripción: Descripción: http://www.fescila.com/wp-content/uploads/portadas-cortos/2018/la-camara-de-la-carcel-de-carabanchel.jpg

    “En 1972, un grupo de presos políticos de la tercera galería de la cárcel de Carabanchel en Madrid, consiguió introducir clandestinamente una cámara fotográfica para mostrar cómo era la vida en esa cárcel.  Intervienen los testimonios de Luis Puigcercós, Luis Roncero, Juan López-y la música de Luis Mendo.  Hoy, desaparecida la prisión que fue símbolo de la represión franquista, esas imágenes salen a la luz”

    LA AGENDA DEL ENSAYO  de

    Margarita Vidal

    Descripción: Descripción: Libros de transhumanismo

    Librería Castelar libreriaemiliocastelar.com

    John Horgan : El fin de la ciencia. Los límites del conocimiento en el declive de la era científica

    Descripción: https://images-na.ssl-images-amazon.com/images/I/51+LDpf0RhL._SX319_BO1,204,203,200_.jpg

    https://www.escepticos.es/repositorio/elesceptico/articulos_pdf/ee_04/ee_04_la_ciencia_ha_muerto:_viva_la_ciencia.pdf

    Marta Peirano : El enemigo conoce el sistema: Manipulación de ideas, personas e influencias después de la economía de la atención

     

    Descripción: https://images-na.ssl-images-amazon.com/images/I/41AgVZNBRVL._SX324_BO1,204,203,200_.jpg
    http://www.mientrastanto.org/boletin-182/la-biblioteca-de-babel/el-enemigo-conoce-el-sistema

    Ricardo de Querol entrevista Rebeca Gimeno entrevista a Marcelo Cabrol: «El proyecto que une a gobiernos y empresas para conseguir una IA más ética»

    Descripción: https://media.licdn.com/dms/image/C4E03AQG5Heg5H7F-bA/profile-displayphoto-shrink_200_200/0?e=1580342400&v=beta&t=9Y1OOOPsS4DkK6_l9PEMwy1V18CFHh8u0JZ8X0rpwUM
    https://retina.elpais.com/retina/2019/09/10/innovacion/1568113214_442857.html

    Víctor-M. Amela entrevista a Sarah Lane Ritchie:“Hoy llevaríamos al psiquiatra a Mahoma, a Jesús, a los santos”

    Descripción: “Hoy llevaríamos al psiquiatra a Mahoma, a Jesús, a los santos”
    https://www.lavanguardia.com/lacontra/20191010/47888431034/hoy-llevariamos-al-psiquiatra-a-mahoma-a-jesus-a-los-santos.html

    Mil gracias por la lectura y difusión de esta Agenda  de Prensa y no sean cándidos. No crean en las palabras y solo se fíen de los hechos

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