• “El aplazamiento de las elecciones al Parlament de Catalunya invita a la suspicacia. Hay más razones que las sanitarias. Los ciudadanos lo saben y algunos exponentes de la política catalana lo confiesan de una manera un tanto desvergonzada. “Ahora tendremos más tiempo para ganar”, ha escrito en las redes sociales el responsable de comunicación de Junts per Catalunya, en uno de esos momentos de distracción que no se pueden permitir quienes manejan munición digital. El aplazamiento electoral transmite miedo: miedo a un resultado electoral incierto, miedo a un candidato imprevisto (Salvador Illa) y miedo a una ciudadanía cada vez más enfadada. El pasado mes de noviembre en este espacio de comentario político ya avanzábamos que había temblor de piernas en Catalunya ante la convocatoria electoral del 14 de febrero. Aquel pronóstico se ha confirmado. Miedo a las urnas en Catalunya. Este es el tema de esta semana, mientras Portugal, con un ordenamiento constitucional que dificulta el aplazamiento, se dispone a votar en las elecciones presidenciales que se van a celebrar el próximo día 24. En Holanda votarán el 17 de marzo”   Enric Juliana

    https://www.lavanguardia.com/politica/20210116/6183416/portugal-vota-catalunya-aplaza.html

    “Cuando las primeras filtraciones fiables anunciaron, en junio de 2020, que el iPhone 12 que Apple tenía previsto poner en el mercado podría venir sin cargador ni auriculares, muchos, incluso los propios clientes de la marca, pusieron el grito en el cielo. Cuando, efectivamente, la compañía lanzó el dispositivo sin ellos, en una caja sensiblemente más pequeña y alegando una motivación medioambiental, se desató toda una tormenta de comentarios negativos: que si era una forma de ganar más dinero, que si no serviría para reducir la producción de basura electrónica… marcas como Samsung o Xiaomi llegaron incluso a hacer anuncios en los que hacían referencia explícita al tema y se mofaban de la decisión de Apple, y diciendo poco menos que «ellos nunca lo harían».¿Qué ha ocurrido? ¿Adivinas qué no trae el siguiente modelo que Xiaomi ha puesto en el mercado? ¿Y el modelo que Samsung acaba de anunciar, o los próximos que lance? ¡Oh, sorpresa! No traen cargadores, aduciendo, precisamente, las mismas razones medioambientales en las que en su momento Apple fue pionera: reducir la producción de basura medioambiental, y ser capaz de empaquetar más unidades en cada caja de productos, abaratando así la huella de carbono en los costes de envío.Pronto, toda la industria adoptará como estándar la medida de Apple que en su momento ridiculizaron, y los terminales dejarán de venir con un cargador. Una medida que cuando adquiere realmente sentido es precisamente cuando se generaliza entre todos los fabricantes, y que Apple habrá conseguido simplemente con su liderazgo: teniendo los arrestos suficientes como para aguantar una tormenta de críticas, sabiendo que lo que muchos criticaban hoy, lo imitarían mañana.El porcentaje de cargadores que provienen de tablets y smartphones supone tan solo el 0.1% sobre el total de desechos electrónicos, unas 54,000 toneladas métricas. Si consideramos tan solo la porción que Apple generaba, estaríamos hablando de la mitad o menos, como máximo, unas 25,000 toneladas métricas, o el 0.05% del total. Sin embargo, alguien tiene que dar el paso de empezar esa reducción, de crear la conciencia en los usuarios de que todos esos cargadores acumulados a lo largo de los años no tienen ningún sentido, y conseguir que todo el resto de los fabricantes incorporen la media y sitúen la reducción de basura electrónica como uno de sus objetivos. El valor de la innovación no está en evitar que te copien, sino en conseguir que todos te quieran copiar». Enrique Dans

     “Esta misma semana subí a Twitter un comentario que tuvo muchos likes. Hablaba del empacho de Iñaki Gabilondo. El vasco lo anunció el lunes en Hoy por Hoy, el programa que dirigió tantos años.–No quiero seguir haciendo comentarios políticos – le soltó  en directo a Angels Barceló–. No me siento capaz de continuar. Estoy empachado.Empacho es la forma coloquial para decir indigestión. Y en este caso, también es un eufemismo. Lo que Iñaki quiso decir es que se va porque está hasta los huevos. No de la política, que me consta que le apasiona, casi tanto como ir al Auditorio Nacional a escuchar música clásica. Está hasta los huevos de ésta política, de estos políticos.Con setenta y ocho años que tiene, uno podría pensar: lo deja porque se le acabó la cuerda. Ya no tiene fuerzas. El viejo león ya está viejo y/o enfermo y el análisis político diario requiere mucho tiempo y energías. Lo sé por Javier Pradera, que para escribir dos columnas de opinión en EL PAÍS, de 480 palabras cada una, se pasaba la semana entera documentándose y hablando con expertos en la materia sobre la que tenía que escribir. Igualito que Jaime Campmany, el columnista con el que más polemizó en la Transición, y del que mi padre decía que tenía una prosa grasienta. Una lograda metáfora para decir que el murciano no escribía artículos, sino churros periodísticos. En vez de la pluma, el falangista al que Ruiz-Gallardón regaló plaza en Madrid, manejaba la manga pastelera. Hace pocas semanas, los cómicos de Pantomima Full se mofaron de los periodistas intensitos (los que se creen Bob Woodward y no llegan ni a Eduardo Inda) e imaginaron en uno de sus sketches un descacharrante diario: The Irrelevant. Peer en botija pa´ que retumbe – como le gustaba decir a Rafael Sánchez Ferlosio. Eso es lo que harta de la actual política española: que no se habla más que de chorradas. Con lo aficionado a la música clásica que es, me imagino a Iñaki como a un Harold C. Schoenberg, el mítico crítico del New York Times, al que un buen día le hubieran dicho: ya no tienes que ocuparte de Carlo María Giulini, ni de la Tercera de Brahms, sino de las canciones de Taburete.–¡Pero son tres acordes! – hubiese dicho Schoenberg. ¿Qué puedo decir de ellos? ¡No me dan ni para un párrafo! Lo dejo.Pues Iñaki, lo mismo. ¿Qué puede comentar un opinador de su calibre de las necedades de Ayuso? Que para más inri, son diarias. ¿O de Aguado lloriqueando en público para convencernos de  lo mucho que le duele una España que él mismo ha encanallado, con su apoyo a los fascistas de Vox?  ¿O de Casado vestido de pijo, arrojando la nieve que acaba de quitar sobre el mismo paso de carruajes que trata de despejar? Ante estas escenas, uno tal vez pueda hacer un chiste un día, o a lo sumo dos. No más. Iñaki lo tiene mal, porque el sentido del humor no es uno de sus fuertes. Pero es hombre de gran clarividencia política. Así que debe de llevar unos cuantos meses pensando: ¿de verdad  tengo que levantarme todos los días a la seis de la mañana –con toda la pasta que tengo– para comentar esas declaraciones y esos gestos? Resultaría denigrante hasta para un alumno  de primero de CC de la Información. Para un peso pesado como él, es directamente una tortura china. Aún peor: una pérdida de tiempo. A medida que uno se va haciendo mayor – e Iñaki va ya para octogenario –, el tiempo, que siempre es oro, se convierte directamente en platino. E Iñaki piensa: la gente no me necesita para saber qué pensar cuando Ayuso dice que el Covid termina en D porque se originó en Diciembre. Mi tiempo, del que ya no me queda mucho, está para otras cosas. Necesito sentir que aún soy útil para el prójimo. Lo malo es que el periodismo patrio – salvo honrosas excepciones – se dedica a servir de altavoz a toda esta irrelevancia. Eso es lo que parodia Pantomima Full. Eso es The Irrelevant. Cada vez se practica más el periodismo de declaraciones, en el que lo que importa no es tanto lo que pasa, que pasa mucho, sino lo que (por ejemplo) comenta Ábalos de lo que ha dicho Casado en respuesta a algo que ha dicho Sánchez. Como diría Alaska ¿y a quién le importa? Es decir, que la irrelevancia de lo político es un fenómeno que se retroalimenta a través de la prensa. Cuantas más gilipolleces dice un político, más aparece en los medios, y cuanto más aparece en los medios, más gilipolleces dice el político. Hay ahora mismo en España, centenares de cargos, carguitos y carguetes, en el Gobierno, en las Comunidades, en los Ayuntamientos, recibiendo una delirante cantidad de atención mediática que no se le habría dispensado ni a Camilo José Cela el día en que recibió el Premio Nobel. Supongo que Gabilondo no quiere ya formar parte de ese circo.Por eso, frente a toda la patulea de pelotas que le dicen a Iñaki: ¡noooo, no te vayas, maestrooo, te necesitamos, eres nuestro faro de Alejandríaaa!, yo digo: has hecho bien en cortarte la coleta. Tu viniste al mundo para torear mihuras en Las Ventas–¿está Vd. detrás del GAL, señor González? – no para participar en capeas de pueblo. Para lidiar con los becerros de estos tiempos, ya tenemos a Bustos, a Naranjo, a Herrera Carlos.Y a ti te queda aún mucho Riccardo Muti, mucho Grigori Sokolov y mucho Simon Rattle por delante.¡Que los disfrutes por muchos añosMáximo Pradera

    https://blogs.publico.es/otrasmiradas/43839/inaki-se-corta-la-coleta/

     “Con 90 minutos de llamadas en espera que había el viernes en el 112, los infartados, los pacientes que habían sufrido un ictus, cualquier accidentado grave… se morían”. Con esta crudeza explica a este periódico un grupo de trabajadores de la Agencia de Seguridad y Emergencias de Madrid 112 lo vivido este fin de semana en la región gobernada por Isabel Díaz Ayuso.Todo ello después de que ElPlural.com informase sobre la incomparecencia de la gerente del Organismo Autónomo Ángeles Pedraza Portero, ante los devastadores efectos de la borrasca Filomena.En declaraciones a este periódico, trabajadores del 112 aseguran que llegaron a estar con 70 llamadas en espera: “Esta es la situación que tuvimos hasta el lunes. Nos consta que ha habido gente que ha fallecido por no poder ser atendida en el 112”. Todo ello a pesar de que no pocos trabajadores doblaron su turno e incluso trabajaron dos días seguidos.El problema, explican desde el centro, es que solo había entorno a una veintena de trabajadores por turno atendiendo llamadas a pesar de que en el centro hay capacidad para muchas más personas: “Había mesas para 40 trabajadores, pero estábamos a la mitad”.Más Madrid ya ha pedido la dimisión de Pedraza, quien accedió al cargo de gerente tras ser designada por Isabel Díaz Ayuso pese a carecer de conocimiento y experiencia para ello. De hecho, según su propio currículum, desarrolló toda su vida laboral en El Corte Inglés como secretaria de administración y técnico textil. En 2016 Pedraza se afilió al Partido Popular. Muy crítica con Mariano Rajoy y claramente alineada con posturas más conservadoras como las defendidas por Ayuso, Pedraza se convirtió en personaje público a raíz de sus duras críticas a los Ejecutivos del PSOE como vicepresidenta (2008-2010) y presidenta (2010-2016) de la Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT).Cabe recordar que Pedraza fue nombrada gerente del 112 el 10 de septiembre de 2019. Fue su tercer puesto en dos semanas.En concreto, el Consejo de Gobierno del 27 de agosto de 2019 aprobó la designación de Pedraza como comisionada para la Atención a las Víctimas. Una semana después, el 3 de septiembre, Pedraza fue relevada del cargo y nombrada comisionada del Gobierno para la Cañada Real Galiana. Tras su quejas -al considerar que no era un puesto óptima para ella-, finalmente el 10 de septiembre el Ejecutivo madrileño aprobó su cese como comisionada del Gobierno para la Cañada Real Galiana y su designación como gerente del Organismo Autónomo Madrid 112.Tal y como consta en el portal de transparencia de la Comunidad de MadridPedraza percibe por su labor al frente del 112 de forma anual 93.855 euros brutos.«La Agencia de Seguridad y Emergencias de Madrid 112 se ha visto completamente colapsada en una situación que, precisamente por su condición de excepcionalidad, requiere a este servicio operando con solvencia», han indicado desde Más Madrid. Para el partido que lidera en la región Mónica García, esta «insuficiencia» de atención y auxilio al ciudadano se debe «al abandono por parte de la gerencia del ASEM 112 de sus trabajadores, que han triplicado turnos desde la voluntariedad y autoorganización de la plantilla ante la falta de directrices por parte de Pedraza”.A este respecto, trabajadores del 112 explican que “Ángeles no tiene experiencia en emergencias. Ella hace lo que buenamente lo que puede, pero necesitamos a alguien que gestione J.M.S. / J.M.G.

    https://www.elplural.com/autonomias/con-90-minutos-llamadas-espera-pacientes-morian-durisimas-revelaciones-112-madrid-filomena_257168102

     “Se va acercando la fecha en la que el nuevo Censo de Población de 2021 ha de elaborarse y conviene recordar los cambios que se avecinan, que no son pocos. Hace poco más de un año -septiembre de 2019- desde que el INE publicó su último Proyecto Técnico, en el que se explican las principales novedades de la operación y, revisando esa documentación oficial, hay varias cuestiones que conviene resaltar. Primero, que va a haber un cambio metodológico espectacular: se va a pasar de un censo tradicional en el que se encuesta a todas las personas a un censo en el que la información procede exclusivamente del enlace de múltiples registros administrativos. La razón de este cambio no reside exclusivamente, como podríamos pensar, en el menor coste de la operación estadística. Es cierto que este es un argumento relevante y que su importancia ya se puso de relieve con el Censo de 2011. Así, si el Censo de 2001 enteramente basado en encuestas a la población, tuvo una previsión de fondos que ascendía a unos 65,3 millones de euros), diez años más tarde, en el de 2011, donde ya solo se entrevistó a una muestra en torno al 12% de la población, el presupuesto descendió a unos 85 millones de euros. Ahora, lo previsto para el Censo de Población de 2021 es no entrevistar a la población -lo más caro de una operación censal-, de modo que los costes totales para el periodo 2020-2023 se estiman en 3,2 millones de euros Segundo, no solo es una cuestión presupuestaria la que ha conducido al INE a plantear el levantamiento del próximo censo enteramente a partir de los registros administrativos. Hay dos razones más y muy bien fundadas, en mi opinión. Por un lado, el problema al que una encuesta o un censo clásico se enfrentan siempre: la falta de colaboración de los hogares. A decir del INE, este es un hecho de magnitud creciente y muy preocupante en todos los países de nuestro entorno, y es lo que está detrás de la búsqueda de otros métodos por parte de los organismos estadísticos oficiales. El problema reside en que la falta de colaboración no afecta por igual a toda la población, lo que implica que las encuestas tengan sesgos porque la población que contesta cuestionarios no representa correctamente al conjunto de la población (el INE indica que la falta de respuesta total en el más favorable de los casos supera el 10% de los hogares). Además, lo que también sucede es que la información recogida en los cuestionarios muchas veces figura incompleta, por lo que hay mucha falta de respuesta parcial. A falta de datos, se deben imputar esas variables a los hogares que no contestan. Y, por último, nada asegura que los informantes reflejen toda la realidad o, más bien, solo la parte que quieren revelar al encuestador en ese cuestionario confidencial. En resumen, que un censo clásico puede presentar numerosos e importantes inconvenientes. El Proyecto censal de 2021 también plantea otras novedades. Una de ellas es la incorporación de nuevas variables “de contexto” con información que se recoge por primera vez y que, además, se facilitará agregadamente. Es el caso de los ingresos, procedentes de fuentes tributarias que, para preservar el secreto estadístico, van a proporcionarse a nivel de sección censal y, también, de la información sobre movilidad a través de la posición de los teléfonos móviles a nivel de áreas de movilidad definidas por el INE (ampliar la información en Estadísticas Experimentales del INE).Otra de ellas  se incorporarán nuevas variables, el Censo de 2021 basado en registros no permitirá la continuidad de la información de algunas otras. Por eso, durante el primer semestre de 2021 el INE también ha previsto la realización de una encuesta complementaria (ECEPOV-2021 cuyo coste se estima en 5,5 millones de euros, un poco más de lo que cuestan dos oleadas trimestrales de la EPA) sobre algunas características esenciales de la población y las viviendas. Esta se publicará como producto independiente del Censo y sustituiría ese año a la Encuesta Continua de Hogares (ECH). La información sobre segundas generaciones de inmigrantes, equipamiento de las viviendas, uso de lenguas cooficiales, disponibilidad y uso de segunda vivienda, relaciones de pareja, composición del hogar y nuevos tipos de hogar, la proporcionaría esta encuesta a un nivel detallado, dado que se entrevistará a más del 1% de la población española. Para acabar, el Censo de Población y Viviendas será una operación invisible para la sociedad en general. Ya se han iniciado los trabajos para generar el fichero precensal de 2020 (FPC-2020), que es en el que se volcará, depurará y enlazará toda la información de los registros administrativos. La base inicial de este fichero (heredero de los que ya se han practicado en 2016 y 2018) será la población padronal sobre la que se haya determinado que existen signos de presencia en España (no necesariamente en su lugar de empadronamiento) a partir de los registros administrativos disponibles y, también, de los movimientos padronales en los meses posteriores a la fecha de referencia del censo (1 de enero de 2021). Esto se hará entre octubre de 2021 y abril de 2022. A finales de este último año está prevista la publicación de los resultados preliminares del Censo     Carmen Ródenas

     “Todavía no sabemos cuándo terminará la grave crisis sanitaria del Covid-19, aunque ya empezamos a ver la luz al final del túnel, gracias a la llegada de las primeras vacunas. A pesar de que todavía le falta recorrido a esta pandemia, hay algo que, evidentemente, tiene una entidad menor que las consecuencias sanitarias, económicas y sociales que ha provocado el Coronavirus, pero que debe ser objeto de análisis. Me refiero a la estrategia de comunicación desplegada por el ejecutivo para trasladar a los ciudadanos tanto las medidas puestas en marcha para combatir la pandemia, como los datos sobre su evolución. Desde el momento en que el incremento de contagios en España por el Covid-19 llevó al gobierno a decretar el Estado de Alarma, el ejecutivo puso en marcha una planificada estrategia de comunicación. Por su parte las principales fuerzas políticas del arco parlamentario activaron también sus propias estrategias, o en cualquier caso se posicionaron sobre esta emergencia sanitaria. Siendo esto cierto, resulta innegable que la mayor visibilidad a efectos de comunicación política la tiene, por razones obvias, el gobierno.Hagamos un recorrido por el papel jugado en este sentido por el Presidente del gobierno, Pedro Sánchez, como principal portavoz del ejecutivo. Sin duda el momento más importante fue la comparecencia del pasado 13 de marzo en la que comunicó la decisión del gobierno de decretar el Estado de Alarma. En esta primera aparición pública en televisión, Sánchez utilizó un lenguaje de cercanía en el que incluso tuteó a los ciudadanos que seguían esta comparecencia. Facilitó también los consejos básicos para evitar los contagios y terminó su discurso con un eslogan emblemático ya de esta pandemia, “este virus lo pararemos unidos”.La siguiente comparecencia reseñable del presidente del gobierno se produjo el 28 de marzo. El motivo era comunicar la suspensión temporal de las actividades no esenciales. Debe destacarse que el 28 de marzo era sábado. No fue esta la única vez que los estrategas de la Moncloa eligieron este día de la semana para las comparecencias del presidente. Con riesgo de equivocarme, hay motivos para pensar que el objetivo era transmitir a los ciudadanos la idea de que el gobierno estaba trabajando sin descanso para luchar contra la pandemia. Otra razón para comparecer en fin de semana es la mayor presencia de ciudadanos en sus casas y pendientes del televisor. En otras ocasiones el presidente se dirigió a los españoles en domingo, tras la celebración de las reuniones por videoconferencia con los presidentes autonómicos. Otro dato significativo de esta intervención fue su duración, Sánchez dedicó 17 minutos, casi el triple del tiempo que empleó cuando anunció el estado de alarma. Destaco este dato porque fueron muchas las críticas de los medios de comunicación afines a la derecha por el excesivo tiempo de las comparecencias del presidente. Las denominaron irónicamente “Aló presidente”, en referencia al programa televisivo del fallecido presidente venezolano, Hugo Chávez. En cuanto al contenido de este discurso hay que reseñar las referencias de Sánchez a la responsabilidad de los ciudadanos para evitar los contagios y al esfuerzo de los cuerpos de seguridad en la lucha diaria contra la pandemia. Otro dato importante es el continuo recurso al lenguaje bélico en el que el coronavirus era el enemigo a batir.La siguiente comparecencia se produjo el 25 de abril, de nuevo en sábado y coincidiendo con la tercera prórroga del Estado de Alarma. En esta ocasión el presidente anunció también la salida a la calle, con sus correspondientes limitaciones, de los menores de 14 años. Se mantuvo en este discurso la cercanía, los constantes agradecimientos a los ciudadanos y el apoyo a las familias que habían perdido a sus seres queridos como consecuencia del coronavirus. Fue este un momento importante porque después de casi mes y medio de confinamiento se podía salir a la calle con limitaciones horarias y distancia interpersonal.En este recorrido por la evolución de la pandemia y los momentos clave de la comunicación de nuevas medidas para frenar los contagios, hay que detenerse en lo que se puede considerar el primer triunfo de esta “guerra”. Por fin, casi coincidiendo con el comienzo del verano, se consigue “doblegar la curva”, expresión repetida numerosas veces en las comparecencias de Pedro Sánchez. Se comunica en ese momento el comienzo de lo que desde el gobierno y las autoridades sanitarias se ha denominado “nueva normalidad”. El contenido del mensaje optimista que transmitió el presidente del gobierno ha sido criticado muchas veces por los partidos de la oposición, porque los ciudadanos recibieron en ese momento un mensaje engañoso sobre el final de la pandemia. Pero vayamos al detalle de esta comparecencia del jefe del ejecutivo. Estamos de nuevo ante una intervención de larga duración, sin duda justificada por la importante decisión de levantar el Estado de Alarma. La comparecencia, incluida la parte de rueda de prensa, duró 70 minutos de los que 26 minutos corresponden a la intervención del presidente. Anuncia el final del Estado de Alarma y hace balance de todo lo conseguido gracias a la restricción de movimientos y de buena parte de la actividad económica. Aunque en ese momento acaba el confinamiento domiciliario, no termina como tal el Estado de Alarma, se pasa a una nueva fase que Pedro Sánchez presenta como “última y definitiva prórroga del estado de alarma”, que será diferente porque la responsabilidad se traslada a las comunidades autónomas. En palabras del presidente del gobierno “se pasa de la cogobernanza a la gobernanza plena de las comunidades autónomas”. Únicamente queda en manos del gobierno el control de la movilidad. Otro dato importante de esta comparecencia es la referencia a las previsiones de recuperación económica y a las negociaciones con la Unión Europea por las que España dispondrá de 140.000 millones de euros de ayuda directa para los sectores económicos más afectados por la pandemia.A finales de agosto empezó a verse claro que la “nueva normalidad” estaba tocando a su fin. Aumentaban los contagios en toda España y además se acercaba el comienzo del curso escolar. Pedro Sánchez pasaba unos días de descanso en Lanzarote y sus vacaciones -hay que aclarar que ningún presidente de gobierno está realmente de vacaciones y menos aún en una situación de pandemia como la que vive nuestro país- se convertían en munición política en manos de los partidos de la derecha.El incremento de los contagios en todas las comunidades autónomas confirmaba que estábamos ante la temida segunda ola. El silencio del gobierno en esta situación alimentaba las críticas de los partidos de la oposición, y cuando Pedro Sánchez comunicó que adelantaba el final de sus vacaciones para anunciar medidas en relación con la segunda ola, la expectación era total. Precisamente provocar esta expectación formaba, sin duda, parte de la estrategia de comunicación, al trasladar a los ciudadanos la idea o la sensación de que el presidente del gobierno tenía la solución para salir de esa segunda ola que estaba comenzando..El viernes 23 de octubre se producía una nueva comparecencia del presidente del gobierno en un momento en el que el número de contagios confirmaba claramente que estábamos ante la segunda ola de la pandemia. El presidente hace un balance de la situación y reconoce que hay un contexto propicio para la propagación de la epidemia. Comunica además que en España hay ya más de tres millones de personas contagiadas. Pero sin duda lo más destacable de esta comparecencia es lo relativo a las decisiones adoptadas en la última reunión del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud. En concreto se establecen criterios o referencias para que cada comunidad autónoma valore el riesgo o el nivel de contagio de la epidemia. Se establecen cuatro niveles de riesgo bajo, medio, alto y extremo y unos indicadores que señalan el nivel de riesgo que tiene cada comunidad autónoma. El primer indicador es el número de casos detectados por cada 100.000 habitantes en los últimos 14 días. El segundo indicador sería el grado de ocupación de los servicios hospitalarios y de las camas UCI. Los datos de estos dos indicadores situarían a cada comunidad autónoma en un nivel de riesgo y se tomarían las decisiones necesarias para controlar los contagios. En esta comparecencia Pedro Sánchez insiste, de forma reiterada, en la importancia de la disciplina social para evitar los contagios y destaca que hay que reducir la movilidad y las reuniones sociales. Aunque en este momento el gobierno no establece el Estado de Alarma si se indica que, si alguna comunidad autónoma alcanza el nivel 4 de riesgo, puede solicitar al gobierno la implantación del Estado de Alarma en todo o parte de su territorio.Esta comparecencia presagiaba que la declaración de un nuevo estado de alarma era inminente y así fue. El día 25 se reunía en sesión extraordinaria el Consejo de Ministros para aprobar un nuevo Estado de Alarma, inicialmente de 15 días, pero prorrogable hasta 6 meses previa aprobación del Congreso de los Diputados. Tras finalizar el Consejo de Ministros Pedro Sánchez interviene ante los medios de comunicación para informar de este nuevo Estado de Alarma, diferente a los anteriores ya que ahora las comunidades autónomas podrán decidir el nivel de aplicación de las medidas previstas en el Real Decreto. En su comparecencia Pedro Sánchez confirma que estamos ante la segunda ola del Covid-19 y detalla además medidas contra la libertad de circulación de las personas estableciendo un horario de referencia para aplicar el toque de queda. Hizo a continuación un balance de los equipos y medios sanitarios con los que se ha dotado a la sanidad pública. Esta comparecencia, al igual que las anteriores, es utilizada por el presidente del gobierno para comunicar una nueva medida para combatir la pandemia, pero también la labor desarrollada por el ejecutivo para paliar sus efectos sanitarios y económicos.En este largo recorrido por los devastadores efectos de la pandemia del Covid-19, el momento más esperado era el de la llegada de las vacunas. Vacunas que algunos agoreros mantenían que tardarían en llegar, pero que por suerte la comunidad científica y los grandes laboratorios farmacéuticos han logrado tenerlas en un tiempo récord.Este momento en la evolución de la pandemia, es para el gobierno un punto final o quizá un punto y seguido porque, como se está viendo, además de la llegada de este importante antídoto debe funcionar bien su distribución y el ritmo al que se vacuna en cada comunidad autónoma. Pero a los efectos de la comunicación política vayamos al momento en el que el Presidente del gobierno comunicó esta buena nueva. Pedro Sánchez compareció el 22 de noviembre al término de la reunión virtual del G20, y tras hacer balance de la participación de España en esta cumbre, hace referencia a la situación actual de la pandemia y destaca la eficacia del Estado de Alarma. En este contexto el presidente del gobierno comunica la compra de vacunas que hará la Unión Europea y concreta que a España le corresponderán el 10 % de estas dosis. Pero además afirma que España, junto con Alemania son los dos primeros países que tienen ya preparado un plan de vacunación. Destaca que en España hay 13.000 puntos de vacunación que permitirán tener vacunado un porcentaje muy sustancial de la población a lo largo del primer semestre de 2021. Pedro Sánchez completa este recorrido de buenas noticias haciendo referencia a los Presupuestos Generales del Estado que se aprobarán antes de que termine el año porque se cuenta con los apoyos necesarios para conseguirlo.Si nos fijamos, de forma estratégica, Pedro Sánchez elige la comparecencia sobre una cumbre tan importante como el G20 para anunciar la llegada de las vacunas. De esta forma consigue poner en el “escaparate mediático” varias buenas noticias protagonizadas por el gobierno como son el Estado de Alarma para combatir la segunda ola de la pandemia, la llegada de las ansiadas vacunas, el plan de vacunación y pone la guinda adelantando que se aprobarán, sin problemas, los Presupuestos Generales del Estado. Es indudable que la imagen del gobierno con estas importantes novedades mejora o es buena, en cualquier caso.Por desgracia todavía falta recorrido hasta que termine esta grave crisis sanitaria. Ya se ha visto la “luz al final del túnel”, pero el túnel es más largo de lo que se esperaba. Se ha criticado muchas veces la gestión del gobierno y también su estrategia de comunicación, pero hay un dato que resulta significativo. El PSOE encabeza en intención de voto todas las encuestas electorales realizadas durante la pandemia y además mantiene la distancia respecto del PP, segundo partido en intención de voto. Teniendo en cuenta el desgaste político que provoca la gestión de la pandemia, parece un buen indicio”   Rafael Sánchez

    “Que Trump termine su carrera política en un arrebato de furia narcisista y autodestructiva no es ninguna sorpresa. Lo más significativo de lo que ha pasado puede que sea que de repente las maniobras traicioneras del Partido Republicano ejecutadas los últimos años les han estallado en la cara. Con escasas excepciones, los dirigentes republicanos han intentado tener lo mejor de dos mundos: han querido aprovechar con fines electorales el tirón demagógico de Trump al tiempo que insistían en que eran un partido conservador normal dentro de un sistema democrático. En privado, muchos se mostraban horrorizados por las afirmaciones racistas y su autocrático culto a la personalidad, pero luego dudaban a la hora de contradecirle. Tras las elecciones jalearon su fantasía del robo de las elecciones. Un destacado republicano declaró anónimamente a The Washington Post: “¿Qué tiene de malo seguirle la corriente durante unas cuantas semanas? Nadie piensa que los resultados vayan a cambiar”.En realidad, la conclusión de la mayoría de los republicanos después de las elecciones de noviembre, en las que el presidente perdió, pero obtuvo nada menos que 75 millones de votos, fue que, aunque Trump tenía muchos defectos, el trumpismo seguía siendo una estrategia ganadora. Si Trump no hubiera gestionado tan mal la pandemia, si al menos hubiera mostrado algo de empatía respecto a las 350.000 personas fallecidas, si no hubiera insultado y enfurecido gratuitamente a determinados grupos, podría haber vencido. Su extremismo, su xenofobia racista no le han costado las elecciones, sino que estuvieron a punto de hacerle ganar. El futuro del partido, pensaban muchos, estaba en encontrar a un Trump más inteligente y disciplinado. Y varios empezaron a postularse. Josh Hawley y Ted Cruz, senadores por Misuri y Texas respectivamente, abanderaron la causa de que se podía revocar el resultado electoral mediante una votación en el Congreso, una idea peregrina y antidemocrática. Esperaban ganarse a las bases de Trump. Ben Sasse, senador republicano por Nebraska, lo dijo en Facebook: “Seamos claros: hay un puñado de políticos ambiciosos que creen que hay un camino muy rápido de hacerse con la base populista del presidente sin que eso implique causar un daño tangible y duradero. Pero se equivocan”.Para revertir los resultados electorales Trump y sus facilitadores republicanos han defendido que, según las encuestas, tres cuartas partes de los votantes republicanos creen que hubo fraude. Trump usó esto para tratar de intimidar al secretario de Estado de Georgia y que “encontrara” los 11.780 votos que necesitaba. Ted Cruz dijo esto mismo en el Congreso: “Las últimas encuestas muestran que el 39% de los estadounidenses creen que las recientes elecciones fueron ‘fraudulentas’. Quizá ustedes no estén de acuerdo. Pero es verdad para casi la mitad del país”. La lógica circular es asombrosa. Trump y cientos de líderes republicanos recorren el país diciendo que ha habido fraude y, cuando sus seguidores les creen, lo utilizan como prueba de que tienen razón.Es un cinismo de una dimensión increíble. Es posible que la turba furiosa que irrumpió en el Capitolio creyera sinceramente que hubo fraude, pero los políticos que les habían animado desde dentro saben que no lo hubo. Como escribió Ben Sasse: “En privado, no he oído a un solo republicano del Congreso decir que hay fraude, ni uno. En cambio, les oigo hablar de su preocupación por la ‘imagen’ que darán ante los más ardientes seguidores de Trump”.Brad Raffensperger, el secretario de Estado de Georgia, lo expuso categóricamente en su conversación con Trump, después de insistir en que los hechos no corroboraban ninguna teoría conspiranoica: “La verdad importa”. Que sea necesario hacer una afirmación tan simple y obvia da una idea del profundo delirio epistemológico en el que se ha sumido la derecha estadounidense.El asedio al Capitolio —como todo el fenómeno Trump— habría sido imposible sin 35 años de sectarismo en unos medios de extrema derecha llenos de teorías de la conspiración y acusaciones temerarias. En 1987, el presidente Reagan derogó el llamado Principio de Imparcialidad. Esta ley exigía a las emisoras de radio y televisión que mostraran diversos puntos de vista y se atuvieran a unos criterios de responsabilidad periodística. En 1988 Rush Limbaugh empezó a emitir su programa en múltiples radios. En 1995 empezó a emitir Fox News.Estos medios impusieron la idea de que se podía decir lo que fuera, sin importar si era demostrable o no. Desde entonces no han dejado de crear una realidad alternativa, con el soniquete de teorías como que Bill y Hillary Clinton eran responsables de varios asesinatos, Obama no nació en EE UU, o que el calentamiento global y la covid son mentira. Si crees la mitad de las cosas que dicen los medios de extrema derecha, parecería totalmente razonable pensar que en el Congreso hay una perversa camarilla de peligrosos criminales. Las redes sociales no han hecho más que empeorar esto.Los republicanos se han mostrado muy dispuestos a contemporizar con la fiera, hasta que esta los ha devorado. En esta trágica farsa existe la posibilidad de que muchos se den cuenta de que tienen que alejarse del precipicio nihilista del populismo de derechas. Algunos estarán dispuestos a colaborar con el nuevo presidente Biden en temas como una campaña nacional de vacunación, un programa para reconstruir las infraestructuras o la subida del salario mínimo. Otros tendrán la tentación de cabalgar sobre la bestia. El futuro de la democracia en EE UU puede depender de cuál de estos dos grupos gane.   Alexander Stille

    https://www.almendron.com/tribuna/el-cinico-doble-juego-del-partido-republicano/

    “Las conductas poco éticas y su manejo insuficiente por las instituciones de la UE, como los casos de puerta giratoria del ex presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, fichado por Goldman Sachs o la vicepresidenta Neelie Kroes, contratada por Uber; los conflictos de intereses de eurodiputados como Rachida Dati; o el escándalo del dinero por enmiendas ha perjudicado la confianza que los ciudadanos europeos depositaron en las instituciones de la UE. Estos y otros casos han dañado la reputación de la Unión Europea y demuestran que el sistema de supervisión ética de la UE no alcanza los impactos esperados.Ante esta grave situación, representantes de varios partidos en el Parlamento Europeo, entre los que destacan los socialistas y Los Verdes, proponen la creación de un organismo de ética de la UE, único e independiente. Antes de impulsarlo consideran que la OLAF, el Defensor del Pueblo de la UE o el Tribunal de Cuentas no son las entidades adecuadas para cumplir esta labor. Para facilitar su nacimiento plantean la celebración de un acuerdo interinstitucional entre las instituciones participantes, sobre la base del artículo 295 TFUE, comenzando al menos por el Parlamento y la Comisión y abierto a todas las instituciones, agencias y organismos que deseen incorporarse en cualquier momento. El nuevo organismo de ética de la UE se encargaría de las competencias para supervisar las normas éticas aplicables a las instituciones participantes, así como a las de asesoramiento, investigación y poderes de ejecución. También se le podría otorgar autoridad sobre el Registro de Transparencia de la UE y monitorear y hacer cumplir por parte de los lobistas las reglas que los regulan” Un estudio realizado por el profesor y jurista, Alberto Alemanno, demuestra que es legalmente factible con arreglo a la legislación de la UE crear un organismo de este tipo agrupando facultades existentes de supervisión, investigación, sanción y asesoramiento. “Con demasiada frecuencia las investigaciones no conducen a una decisión y las violaciones de las obligaciones éticas quedan impunes. De hecho, aunque las instituciones cuentan, en gran medida, con marcos éticos adecuados, en la práctica, el marco ético de la UE demuestra ser incapaz de prevenir eficazmente y de manera adecuada infracciones importantes de las normas éticas de la UE. Esto, en última instancia, perjudica la confianza de los ciudadanos en las instituciones democráticas”, subraya en su informe el profesor Alemanno.“La igualdad de derechos de los ciudadanos, la confianza de los ciudadanos en las instituciones públicas, garantiza que las decisiones públicas sean tomadas en el interés general, basadas en los resultados de las elecciones y las mayorías políticas y no por los intereses privados. La integridad de los funcionarios públicos son características clave de cualquier sistema democrático que funcione. Esto requiere reglas éticas irreprochables y aplicables a las instituciones públicas y funcionarios en los procesos de toma de decisiones. En la UE, se cuenta con normas éticas que, en muchos aspectos, están por delante de las normas nacionales y regionales en los Estados unidos. Sin embargo, debido a que se basan únicamente en un enfoque de autorregulación donde los miembros de cada las instituciones se juzgan a sí mismas, en realidad se aplican mal”, sostienen los representantes de dichos partidos.Al respecto destacan como en el Parlamento Europeo, a pesar de contabilizarse al menos 24 supuestas infracciones del código de conducta, ningún procedimiento condujo a una sanción. Critican que las reglas éticas estén muy fragmentadas, con diferentes reglas y procedimientos. El mismo estatuto de personal se aplica de manera diferente, lo que reduce su transparencia y su comprensión por parte de los ciudadanos y de las personas interesadas.El nuevo organismo ético supervisaría a Comisarios, miembros del Parlamento y todo el personal cubierto por el estatuto del personal. Estaría compuesto por nueve miembros: tres por la Comisión, tres por el Parlamento y tres por todo el personal de las instituciones y órganos regulados. Los nueve miembros se  elegirían en función de su competencia, experiencia y cualidades así como su integridad personal. Deben tener un historial impecable de comportamiento ético”.   Jorge de Lorenzo

    Las insólitas imágenes del asalto al Capitolio por parte de un nutrido grupo de trumpistas insurrectos han dado la vuelta al mundo, inscribiéndose de manera automática en el imaginario colectivo del nuevo siglo y dando pie a una profusión de interpretaciones. Algunas son complementarias; otras se excluyen entre sí. Se invocan precedentes históricos que se remontan a comienzos del siglo XIX, se trazan comparaciones con otros golpes institucionales, se discuten tanto sus causas como sus consecuencias para la democracia. Niall Ferguson ha llamado la atención sobre el papel que haya podido jugar la pandemia en la creación de un clima psicológico que anima a los excesivos a dar rienda suelta a sus excesos; otros, singularmente en nuestro país, aprovechan para descubrir que la mentira política sistemática resulta peligrosa. Es lo que sucede con los hechos: no llevan su significado a cuestas, sino que nosotros se lo atribuimos. Sobre este asunto, en fin, se pueden decir muchas cosas; digamos algunas.

    Y el deplorable cogió su fusil. Es imposible no prestar atención al perfil de los asaltantes del capitolio, que parecen sacados de una secuela de The Big Lewoski, la película de los hermanos Coen que lleva al cine sin confesarlo la magistral Vineland de Thomas Pynchon; recuerdo que John Goodman interpreta a un personaje aficionado a las armas que destaca del nazismo que «al menos, es una teoría». Jake Angeli, el asaltante que llevaba una lanza y ropajes de bisonte americano, ha resultado ser un actor frustrado procedente de una familia acomodada; este papel lo ha bordado y podrá disfrutar de ese magro consuelo en prisión. El conjunto se parecía a una excursión de Boy Scouts que hubiese degenerado a causa de un impulso violento: como en el cine de bajo presupuesto. Recuérdese que alguien con un perfil de apariencia similar había detonado apenas unos días atrás un fuerte explosivo contra una torre de telefonía, para protestar contra el desarrollo de una tecnología 5G asociada a delirantes teorías conspirativas; por su parte, la banda del Capitolio se adhiere a la tesis de que Washington está dominada por una red de pedófilos liderada por Hillary Clinton. Puede uno imaginarse las reuniones preparatorias, animadas por la retórica incendiaria de Donald Trump y presididas por un espíritu adolescente: «¡Vamos a liarla!». Pero la fantasía dejó paso a la realidad, en forma de cadáveres y la perspectiva de un proceso penal; a ver qué piensan al respecto los cinco hijos del sexagenario Richard Barnett, que puso los pies encima de la mesa de Nancy Pelosi, no digamos la viuda del policía que murió defendiendo el edificio. Antonio Scurati insiste en este punto en su historia novelada del ascenso del fascismo italiano: la política de masas se alimenta de sórdidos tipos humanos que solo esperan una oportunidad para hacerse notar. Algunos comentaristas los describen en cambio como individuos desafectos que buscan los medios para expresar su rechazo hacia la hegemonía cultural que los mete en aquella «basket of deplorables» a la que aludió Hillary Clinton en la campaña electoral de 2016. Yo lo entiendo, pero no olvidemos que han tenido a su presidente en la Casa Blanca durante cuatro años y que las sociedades liberales permiten al disidente expresarse de muchas maneras; tanto lo permite, que hay días en que parece que no hay nadie satisfecho con el sistema. Admitamos, en todo caso, el contraste: los muertos causados por los chalecos amarillos franceses no han impedido una cierta glorificación de este movimiento anónimo. No todas las insurrecciones son iguales.

    Tan lejos, tan cerca. En un ensayo publicado a final del siglo pasado, con motivo de la aparición de su monumental Underworld, el novelista Don Delillo hablaba de la magnitud del paisaje y la experiencia norteamericanas, citando al pintor Willem de Kooning: «La americanidad representa un cierto tipo de carga; no la sientes cuando vienes de una nación pequeña». Se trata de un juicio algo provinciano: ningún país está libre de arrastrar una historia densa en acontecimientos, ¡salvo tal vez Suiza! No cabe duda, sin embargo, de que el excepcionalismo norteamericano ha creado el sentimiento de que su república produce más acontecimientos de los que sus escritores pueden asimilar. Su protagonismo en el siglo XX está fuera de duda y nos ha dado momentos inolvidables: la Gran Depresión, el asesinato de Kennedy, Vietnam, el estallido del Challenger. A esa percepción no es ajena la capacidad del país para producir narraciones atractivas sobre sus episodios históricos, exportadas luego exitosamente al resto del mundo: si Griffith ya dramatizó el atentado contra Lincoln, Scorsese ha vuelto sobre la muerte de Jimmy Hoffa en su última película. De manera que el contexto cuenta: el asalto de los trumpistas al Capitolio se alimenta de mitologías típicamente norteamericanas, como demuestran el lenguaje libertario y la presencia de banderas confederadas. ¿Acaso las aventuras del Equipo A, grupo de justicieros que discuten con éxito el monopolio estatal de la violencia legítima, serían creíbles en algún otro país occidental? También el lenguaje populista presenta connotaciones singulares en un país que posee un régimen presidencialista y donde los candidatos prometen llevar al pueblo a Washington de manera casi rutinaria. De hecho, el People’s Party que operó en aquel país a finales del XIX seguramente sea el primer movimiento populista en el sentido moderno del término: una coalición de pequeños propietarios urbanos y rurales que protestaban contra la corrupción municipal y los privilegios de los copper barons. Se diría entonces que los americanos han vuelto a lograrlo: la insurrección armada de la pasada semana sería un acontecimiento inédito en el nuevo siglo. No obstante, dar por buena esa afirmación sería cometer una injusticia con el procés independentista, capaz de organizar un referéndum ilegal y de generar imágenes tan pintorescas como la presencia de 300 alcaldes con su vara de mando en el parlamento regional o la circulación de tractores por el centro de Barcelona; cada uno tira de lo que tiene. Así que lo sucedido en Washington tiene acentos propios, pero se alimenta de una dinámica común a muchas democracias occidentales: tanto la diferencia como la repetición merecen ser atendidas.

    La letra del tuit con sangre entra. Los insurrectos son mentes literales que se tomaron en serio las hipérboles y mentiras de Donald Trump, confirmando con ello los peligros asociados al nuevo lenguaje de las élites políticas. Esto, que quizá pueda sorprender a un sueco, no pilla desprevenido a un español; aunque muchos, ahora, se hagan los sorprendidos. ¡La verdad importa! No iría yo tan lejos: las mentiras cuentan, más bien. Si los líderes políticos repiten sus falsedades una y otra vez, comunicándose directamente con sus seguidores a través de las redes sociales, muchos de ellos terminarán por creerlas o fingirán que lo hacen, armándose así de argumentos contra sus enemigos. Decir que te han robado la victoria electoral, afirmar que España roba a Cataluña, sugerir que la Constitución española no reconoce iguales derechos a hombres y mujeres, afirmar que la transición a la democracia es la continuación del franquismo por otros medios o denunciar que vivimos en una falsa democracia que excluye al pueblo auténtico del parlamento: mentiras que importan. Naturalmente, quien las formula sabe que son mentira; la política es teatro y somos todos mayorcitos: ¿quién puede creer a estas alturas que Mistol lava más blanco? Pero a la vista está que unos asaltan el Capitolio, otros montan un proces y aun los hay que rodean un congreso o convocan manifestaciones contra sentencias judiciales que no son de su gusto; el gusto por la literalidad está muy extendido. Por lo demás, eso que ahora llamamos polarización afectiva solo es el nombre del odio que se profesan quienes habitan mundos incompatibles entre sí; mundos que ha creado el lenguaje de unos líderes a los que siguen, dócilmente encolerizados, los votantes. De ahí que la contención expresiva sea un deber no escrito para la clase política, que esta se muestra cada vez menos dispuestas a cumplir: el primero que anteponga el dato al sentimiento podría salir perdiendo. Dicho esto, la responsabilidad de Trump en la insurrección protagonizada por sus seguidores es indiscutible: los animó y alentó de manera explícita, reiterando la acusación infundada de fraude electoral masivo y vulnerando sus deberes constitucionales.

    Todo está conectado. Parece mentira que alguien pueda creer en la dominación mundial a través del 5G, en la vacuna con chip de Bill Gates o en el gobierno pedófilo de Washington; claro que también los hay que rechazan las vacunas, están convencidos de que el Club Bildelberg domina el mundo y de que una cámara subterránea del Pentágono mantiene preso al inventor del coche movido por agua del grifo. ¡Hay gente para todo! Y si hay gente para todo, ¿cómo no va a haberla para creer que ha existido un fraude electoral denunciado por su ídolo político? Lo chocante es que haya varios cientos de personas dispuestas a tomar por la fuerza el Capitolio, aunque en un país de 350 millones de habitantes quizá no resulte tan extraño. De lo que no cabe duda es que la credulidad humana juega un papel determinante en la vida política: necesitamos creer en algo para dar sentido al mundo y a nuestras vidas. Las teorías conspirativas, las noticias falsas y los rumores interesados cumplen esa función; proporcionan el material con el que reforzamos nuestras creencias y, en el caso de determinados temperamentos, suministran un chute extra de adrenalina que los impele a vivere pericolosamente. Habría que preguntarse, sin embargo, si el éxito de las teorías conspirativas a estas alturas del proceso de ilustración —que avanza más lentamente de lo esperado— no tendrá algo que ver con el éxito de un modelo narrativo que, tanto en el cine y la televisión como en la novela de éxito, relata la historia de un desvelamiento de realidades ocultas: el complot, la trama, la confabulación. Ni que decir tiene que eso se puede explicar al revés, de manera que el éxito de ese tipo de ficciones responda a nuestra inclinación a explicarnos el mundo a partir de la pareja ocultación/desvelamiento. En todo caso, el papel de esa estructura narrativa en el relato populista salta a la vista, por cuanto ahí se denuncia una exitosa conspiración de las élites contra la gente común. A eso hay que sumar el prestigio cultural que posee la figura del rebelde, aquel que se levanta contra los poderes establecidos o se revuelve contra su destino: un Iglesias, un Varoufakis, un Trump. ¡Los adversativos! Y si se rebela el jefe, ¿por qué no van a hacerlo sus seguidores?

    Las redes contra la democracia. Se ha dicho estos días que el ataque al Capitolio es, además de la conclusión lógica del trumpismo, una consecuencia de la digitalización de la esfera pública: la contaminación del debate por medio de la difusión de fake news y el advenimiento de eso que llamamos «posverdad» habrían preparado el terreno para la insurrección armada de un grupo de fanáticos. ¡Es posible! Al fin y al cabo, el supremacista blanco Timothy McVeigh, que mató a 168 personas en Oklahoma haciendo explosionar un coche-bomba delante de un edificio público, actuó en solitario. Pero el caso es que actuó, como lo habían hecho las bandas terroristas en la Europa de los 70 o los camisas negras en la Italia de los años 20; convendría recordar que hubo bolchevismo, fascismo y nazismo antes de que existiera Twitter. Es verdad que las herramientas digitales facilitan el contacto directo de los líderes políticos con sus seguidores, lo que permite difundir su ideario y crear una sensación de inmediatez que alimenta la fantasía de la desintermediación: ese do it yourself que vale por igual para libertarios y asamblearios. Pudiera ser, asimismo, que las redes sociales resultasen especialmente beneficiosas para los discursos populista y nacionalista, en la medida en que la conexión horizontal entre los seguidores genera sensación de comunidad; la visión de conjunto que ofrecen las plataformas, por el contrario, nos recuerda que una sociedad moderna es por definición plural y conflictiva. Pero las redes introducen otras novedades sustanciales: de un lado, aceleran y multiplican la difusión de mensajes y emociones en el interior del cuerpo social; del otro, hacen mucho más sencillo que las personas con intereses similares conecten entre sí a nivel nacional e incluso global. Esto último vale para los filatélicos o los moteros tanto como para los sujetos politizados que andan en busca de compañeros de viaje. Dicho esto, no hay manera de saber si el aumento de las movilizaciones sociales en los últimos años —que a bote pronto uno situaría por debajo del nivel alcanzado en los años 60, más violentos en el mundo entero— tiene por causa la expansión de las redes sociales tras la generalización del smartphone o, por el contrario, obedece a una ola de conflictos que tendría su origen en la Gran Recesión; la crisis económica estalla poco después del lanzamiento del primer iPhone. El funcionamiento de esta dialéctica de la regresión no se deja determinar fácilmente, pero sería exagerado atribuir todos los males de la democracia liberal a la existencia de las redes sociales. Aunque la novedad que introducen debe ser analizada con rigor, mantengamos la cabeza fría y recordemos que antes de que pudiéramos conectarnos digitalmente hubo líderes políticos especializados en la agitación de masas, terrorismo ideológico y nacionalismo nativista; el siglo pasado no fue una fiesta. Es natural que nuestra época sienta la necesidad de creerse original, ya que solo se vive una vez; que realmente lo sea, es asunto distinto.

    ¿Todos populistas? Algunos comentaristas han mostrado su extrañeza, cuando no su incomprensión, ante el hecho de que podamos llamar populistas por igual a los insurrectos del trumpismo, a los independentistas catalanes y a un partido —¡ya de gobierno!— como Podemos. Pero lo que no se entiende es que no lo entiendan, cuando desde hace años no hablamos de otra cosa y los rasgos que caracterizan al populismo pueden identificarse sin excesiva dificultad. Ciertamente, esos tres fenómenos políticos parecen tan diferentes entre sí que la posibilidad de reunirlos bajo el paraguas una sola categoría se antoja desconcertante. Que compartan una serie de atributos esenciales, sin embargo, no implica que deban compartirlos todos; pueden parecerse en una cosa (la práctica del populismo) y diferenciarse en otras (orientarse ideológicamente en una u otra dirección). Hará populismo quien conciba el pueblo como un organismo unitario cuya voluntad, de la que el líder populista es intérprete, debe realizarse por encima de cualquier limitación; si la democracia es el gobierno del pueblo para el pueblo, el populismo tiene por objeto hacer realidad esa promesa. Y esto lo hacen Trump, los independentistas y Podemos: todos ellos descreen de la descripción liberal-pluralista de la sociedad y querrían reemplazar la democracia representativa por otra plebiscitaria o aclamativa. Tal como señala Pierre Rosanvallon en su libro sobre el fenómeno populista, estamos ante una propuesta política que combina elementos negativos (crítica del liberalismo) y positivos (defensa de una democracia directa, dedicada a forjar la cohesión emocional de un pueblo soberano y protegido de las inclemencias globales). Pero hay que recordar que el populismo, a diferencia del fascismo, habla el lenguaje de la democracia: no promete la subordinación del individuo a una jerarquía natural, sino su emancipación a través del cuerpo colectivo del pueblo. Ocurre que el populismo no es una ideología comprensiva, sino que necesita nutrirse de otras doctrinas políticas; de ahí su carácter camaleónico y flexible. Por una parte, cada populismo procederá a definir el contenido del pueblo y la identidad de sus enemigos; por otra, se orientarán hacia la izquierda o la derecha según cuáles sean los objetivos políticos que diga querer alcanzar. Todos ellos ponen el pueblo por delante de la sociedad y su voluntad soberana por encima de las leyes o los derechos individuales. Es fácil colegir que allí donde puede, el populista erosionará las instituciones liberales y tratará de deslizar el sistema político en una dirección autoritaria o «iliberal». Trump no ha sido, en todo caso, un populista demasiado disciplinado; otros han mostrado mayor constancia y obtenido mayor éxito: desde 1892 no padecía el partido republicano una derrota tan severa en las elecciones presidenciales y legislativas.

    Apoteosis de la democracia.A estas alturas, no cabe duda de que Donald Trump es un personaje grotesco cuya aptitud para el cargo presidencial fue dudosa desde el principio. No se ha conducido en el cargo, sin embargo, como un tirano: no ha querido, podido o sabido hacer tal cosa. De hecho, su elección fue democrática y eso nos recuerda los peligros inherentes a la elección representativa en la sociedad de masas: cualquiera puede ser presidente si recibe votos suficientes para ello. Se me dirá que Trump obtuvo la victoria gracias a sus mentiras, pero un reproche semejante solo puede provenir de un alma cándida o un hipócrita: también mentían Tsipras cuando echaba la culpa a Merkel de la crisis griega, Farage al prometer las famosas 350.000 libras semanales para la sanidad pública inglesa si triunfaba el Brexit, los independentistas cuando dicen que España roba a Cataluña, Iglesias cuando acusa a la democracia española de no ser una democracia real o Sánchez cuando prometió no pactar jamás con Bildu. Poco queda del carácter aristocrático originalmente atribuido a las elecciones, entendidas en los orígenes del gobierno representativo como un mecanismo para elegir a los mejores gobernantes. Así las cosas, son los elementos liberales de la democracia los que ponen límites a la acción de aquellos gobernantes que no solo se equivocan, sino que incumplen las reglas informales que garantizan la calidad del sistema político. No es de extrañar que ese sistema de frenos y contrapesos tenga hoy tantos enemigos: se los ha ganado. Esperemos que el bufonesco asalto al Capitolio, con toda su fuerza simbólica negativa, abra los ojos de aquellos que aún los mantienen cerrados: el conflicto no está entre la izquierda y la derecha, sino entre la democracia pluralista y sus enemigos. No seamos, a este respecto, demasiado optimistas”.     Manuel Arias Maldonado

    https://www.revistadelibros.com/blogs/torre-de-marfil/capitol-hill-blues?&utm_source=newsletter&utm_medium=email&utm_campaign=nl20210113

    Mil gracias por la lectura y difusión de esta Agenda  de Prensa y no sean cándidos. No crean en las palabras y solo se fíen de los hechos

    *
    •  
    • Hay  dos procedimientos alternativos para suscribirse.
    • La primera manera para   suscribirse es mediante    una transferencia periodica fija de 15 euros/mes a la C/C de  MANUEL PORTELA PEÑAS en la entidad bancaria
    • kutxabank
    • IBAN ES09
    • 2095 0334 8091 0306 8877
    • La otra modalidad de suscripción  funciona mediante un recibo de 15 euros /mes que tramito mediante mi  banco contra la C/C del suscriptor. Para ello es imprescindible hacerme llegar el siguiente boletín de suscripción:
    • Autorización de cargo en cuenta
    • Nombre y Apellidos : XXXXXXXXXXXXXXXXXX
    • NIF/CIF:   ZZZZZZZZZ
    • Número de cuenta (20 dígitos): ZZZZZZZZZZZZZZZZZZ
    • Enviar el cupón, debidamente relleno,  a la siguiente dirección:
    *

Calendario de artículos

enero 2021
L M X J V S D
 123
45678910
11121314151617
18192021222324
25262728293031

Artículos anteriores