•  “En el proceso de degradación del ambiente político que se observa en España pueden señalarse tres fases. La primera es la de la polarización mental inadvertida; la segunda, es la de buscar amparo en la coincidencia que se desliza hacia el sesgo cognitivo del sectarismo; la tercera es la del desencadenamiento del antagonismo, de la discordia cainita. Pudo haber alguna vez una patología del consenso, pero en la que ahora estamos es en la de la bronca incesante del bloquismo. Es sabido que los partidos, cuando carecen de mayoría parlamentaria, recurren para gobernar a coaligarse con los afines que más les acerquen a la mitad más uno y si aun así precisaran sumar apoyos adicionales desde fuera del Gobierno salen a los caminos para añadir invitados al banquete de bodas con el poder. Los primeros ensayos son de aritmética variable, pero terminan haciendo camino al andar y del roce viene el cariño. (Ni Joan Tardá, cuando entonces, ni, ahora, Gabriel Rufián son los mismos después de los años pasados y de las compañías frecuentadas en Madrid).Cuando el centro político, la racionalidad discursiva, el ánimo de concordia predominan, cuando se impone la convicción de que es en el centro político donde a todos conviene que se celebre la pugna de los partidos, cuando los maximalismos sólo ofrecen oportunidades de saborear derrotas, cuando todos coinciden en que la victoria será para quien logre despertar esperanzas sin suscitar sospechas, entonces fuimos capaces de sacar de nosotros nuestro mejor yo, como quería el poeta. Por ahí discurrieron los años de Adolfo Suárez o de Felipe González, cuyos gobiernos sobre todos los del primero se esforzaron en inducir un comportamiento atemperado de la oposición. Vinieron luego los Aznares, Zapateros y Rajoyes, cuyas apuestas fueron siempre las de radicalizar al máximo a la oposición, ya fuera de color socialista o popular. Aznar quiso hacer de ZP, que se estrenaba como Bambi, un líder pancartista. A su vez Zapatero se mostraba entusiasmado con un partido popular echado al monte y en los carteles de sus campañas utilizaba en provecho propio los excesos de sus adversarios, recordemos aquellos lemas de ¿Dudas?, escucha la COPE. Mariano Rajoy el registrador negó el pan y la sal sin dar ni agua al mejor líder del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, hasta que sobrevino el “no es no” de Pedro Sánchez. Ahí está, en Moncloa, viendo pasar el tiempo, como la Puerta de Alcalá que cantaba Ana Belén. A quienes le impugnan, responde puesto en jarras que España no se rompe ni está gobernada por el contubernio judeo masónico bolchevique bolivariano que algunos denuncian. Para eso se basta él frente a todos. Sin más ayuda que la de Adriana Lastra. Que haya hecho pandi con populistas y otros que se declaran comunistas, independentistas o lo que sea, y a mucha honra, no altera la ecuación. Entonces quienes siguen de cerca la jugada y repudian ese proceder, se apresuran a disculpar a Sánchez aduciendo que se ha visto obligado a esas alianzas y comportamientos por el cerrilismo invencible de la derecha excesiva y corrupta y cifran su esperanza en que una vez aprobados los Presupuestos surgirá otro Pedro Sánchez, el del insomnio compartido, que se desembarazará de su coaligado Pablo Manuel Iglesias. Craso error de pronóstico. Ahora tendremos más de lo mismo y en mayores dosis. Porque de vice, que fue en los inicios, Pablo Manuel pasará a consolidarse como copresidente. Y los socialistas todos contentos de ver tanta maravilla o en Belén con los pastores. Vacunémonos todos” Miguel Ángel Aguilar

    Lotería de Navidad, bolsa y fondos de inversión

    https://www.rankia.com/blog/definitivamente-quiza/4430778-loteria-navidad-bolsa-fondos-inversion

    “La lotería de Navidad, es exactamente lo mismo un juego con esperanza matemática negativa, en la que si calculas la probabilidad de premio por el premio y le restas los 20 euros del décimo en teoría pierdes, lo más probable es que te pases toda tu vida tirando a la basura todo lo que gastes en décimos de lotería de Navidad, y si por lo que fuera les diera por sumar todo lo que se gastan en su vida en ese sorteo se llevarían las manos a la cabeza, seguramente les daría para comprarse un coche o hacer esas vacaciones de ensueño con las que sueñan pero no saben cómo pagar. Esto no es una opinión es un hecho, pero aun así la gente no deja de comprar. Los regímenes comunistas prohíben la lotería, la consideran perjudicial y nefasta, y de hecho aquí en nuestro país ahora está muy de moda atizar a las casas de apuestas que han colonizado los bajos comerciales en muchas calles de España, de hecho hay políticos que se plantean regular contra esa realidad. Un liberal nunca estará a favor de prohibir loterías, o casas de apuestas, si uno cree en la libertad de las personas uno no prohíbe ni se cree por encima para decirles lo que deben hacer.Lo que uno hace en tal caso es intentar mostrarles que lo que hacen es un error estadístico y que lo único que hacen es tirar el dinero, pero siempre desde el respeto, y tratando de convencerles, no imponiéndoles nuestros argumentos por el mero hecho de que pensemos que son mejor para ellos. Veamos, tenemos 100.000 números en el bombo, de los cuales tenemos 170 series con 10 décimos cada uno, o sea tenemos 1700 décimos de cada número, en total 170.000.000 decimos que a 20 euros nos dan un total de 3.400.000.000 euros apostados en este sorteo. De ese importe se reparten 2.380.000.000 euros, o sea que de entrada ya desaparecen el 30% de lo aportado. Supongamos que 10 personas nos reunimos a cenar y una decide organizar una lotería, cada persona dará 10 euros y el organizador se quedará 30 euros, y repartirá 70 euros entre los agraciados del sorteo, sería estúpido, sería muy burdo y se vería claramente que el organizador está tangando a los partícipes quedándose con un 30% del dinero y les está pagando con solo el 70% de lo apostado, nadie lo haría, sin embargo si en vez de 10 somos 46 millones y el premio puede ser más grande, entonces sí entonces participamos de la burla. Ahora les pongo un enlace, en el pueden ver que los españoles voluntariamente gastan en lotería más de lo que invierte el estado en política de vivienda, o en Comercio, Turismo y Pymes, si se paran a pensarlo, con ese dinero más lo que se gasta en otras loterías se podrían hacer muchas pero muchas cosas, pero preferimos perderlo en términos de esperanza matemática a emplearlo en algo tangible y que vamos a disfrutar en todo caso. En esencia la lotería es concentrar nuestra apuesta esperando que ese décimo que hemos comprado sea premiado, y aquí entramos de lleno en un concepto eterno a discutir, y es concentración/diversificación. Siempre se discute la idea al respecto de si es mejor realizar una diversificación o bien concentrar nuestro capital en aquellos activos que conocemos mejor y que nos inspiran mayor confianza. El ejemplo más extremo sería el de esa gente que conozco de una web de inversión que concentran todo su capital en una empresa llamada Amper. En el fondo concentrar es como comprar un décimo de lotería, porque la cantidad de variables que pueden afectar a la evolución de un valor concreto hace que se asemeje y mucho al funcionamiento de la lotería, si acertamos nos enriquece. Absolutamente cualquier empresa por potente que nos parezca puede fallar, quien diría que Enron desaparecería o que Parmalat era un pufo, o que Lehman caería, o que Kodak dejaría de ser lo que fue, o sin ser tan drástico, quien diría en el año 2000 que Nokia iba a ser una filial de Microsoft. Las cosas por buenas, o fiables que nos parezcan pueden cambiar de la noche a la mañana por mil razones que escapan a nuestro control. Por eso la concentración se asemeja a la lotería, ya sé que no es algo igual, pues no es azar solo lo que influye, tendríamos un análisis y si concentramos es porque algo hemos visto, pero el azar, el cruel y traicionero azar podría darnos en la cara y destruir nuestra cartera. Por eso una cartera diversificada o incluso parcial o totalmente indexada este problema no lo sufriría. Del mismo modo los gestores de fondos a veces aciertan y a veces fracasan, la famosa Smart Social Sicav que está corta en sus posiciones, en 2018 parecía ser lo más grande que parió madre, pero este año parecen muy torpes, y en el otro lado estaría el muy conocido Emérito Quintana y su Numantia, que en 2019 tiene la cara, el año pasado no fue igual. Claro que hay gestores que hacen bien su trabajo, analizan balances y compran las cosas con descuento, pero aun así concentrar la inversión en uno de ellos únicamente nos pone en manos de que sea el agraciado delaño o no lo sea. O dentro de una misma gestora comprar un solo fondo, porque puede que la gestora lance muchos y bien diversos para ver si alguno sale, siendo esto así si solo compramos uno estamos comprando un billete de lotería que si es premiado será genial pero si no lo es nos costará dinero. Por supuesto no es equivalente elegir un fondo que elegir un número del sorteo, se supone que detrás del fondo hay un trabajo y la esperanza matemática no tiene por qué ser negativa. Cuando una gestora como Cobas, se concentra en Aryzta y lleva la martingala hasta el límite de la mesa, si le sale mal palmará y bastante, el error no está en la selección de la empresa sino en seguir metiendo y metiendo dinero en el mismo valor, porque como decimos influyen muchas variables y concentrar en un valor abre la puerta a que la fortuna nos afecte. Del mismo modo en recientes fechas la gestora Azvalor ha encontrado su propia Aryzta en Tullow oil, y en la misma línea que Cobas han comprado más al caer la acción. Comparar la compra de un décimo de lotería con la compra de Aryzta por Cobas o de Tullow oil por Azvalor parece injusto, pues detrás de la selección del valor hay un trabajo de toda una serie de gestores y asesores que se dejan las pestañas leyendo balances y analizando la empresa, pero si una vez sale algo mal empiezas a aumentar posición entonces sí, estás perdiendo las virtudes de la diversificación y estás uniendo tu destino a la suerte de una empresa concreta que si se va al guano por la razón que sea te arrastra, si no diversificamos no nos protege la inmunidad de grupo de la diversificación entonces aun no deseándolo ni realizando el análisis en esos términos estamos comprando un billete de lotería. Yo no les critico que fallen, les critico que se empecinen en un error.Es por ello que nuestras inversiones tienen que separarse en todo lo posible del billete de lotería, y para ello nada como diversificar, indexar, seguir al ciclo, e ir haciendo liquidez cuando ves síntomas de agotamiento. Hay inversores que prefieren realizar compras de billetes de lotería, me explico hacen inversiones con poco capital que si salen bien pueden obtener un gran beneficio, pero a pesar de que todos hacemos  cosas así, la masa crítica del ahorro está mejor guardada siguiendo las directrices del anterior párrafo, puede que no nos toque la lotería pero no pagamos el coste del billete”

    Julio Aramberri: Trump y sus republicanos

    “Por fin ganó las elecciones USA la candidatura Biden-Harris y Estados Unidos se ha convertido en un país mucho menos excitante. Hasta ayer uno abría entre divertido y curioso el NYT y el WaPo a ver con qué le sorprendían esa mañana: ¿una revelación asombrosa -digamos, Trump había propuesto levantar las sanciones económicas a Irán si el líder supremo Jamenei hacía comentarios elogiosos sobre una futura Trump Tower en Teherán- y salida de una fuente por supuesto anónima con acceso supuestamente preferente a la camarilla presidencial? ¿otra tropelía del presidente que en tiempos le hubiera llevado a una penitenciaría federal? ¿la declaración de impuestos que se había negado a hacer pública? ¿infaustas salidas como la que WaPo le recordaba en octubre 7, 2016 y que a punto estuvo de costarle su candidatura presidencial1?. La nueva más conmovedora la leí hace pocos días cuando alguien le acusaba de haber convertido a Estados Unidos en una kakistocracia, palabra no reconocida por el DRAE, aunque no por eso menos exquisita. Se remonta, al parecer, al siglo XVII y su uso reciente, tan pródigo, se debe a John Brennan, un antiguo director de la CIA y enemigo acérrimo de Trump. Los enterados recuerdan que es una combinación de pésimo, el superlativo de malo (κακός -κάκιστος) y de gobierno ο poder (κράτος), es decir, el gobierno, no ya de los malos, sino de los peores. Hermosa. Espléndida. Definitiva. Hoy, desdichamente, uno lee la prensa globalista de aquel país o la traducción en sus equivalentes españoles y añora aquellas proezas semánticas. Hoy no hay más que alabanzas al nuevo presidente, a su diverso equipo de gobierno, al inminente final de la pesadilla pandémica y de su desastrosa gestión por Trump. Bostezo tras bostezo.No es menos cierto que las sorpresas de ayer solían dejar indiferentes a la mayoría de los seguidores de Trump y furiosos a los más enardecidos. Al cabo, según los últimos recuentos, Trump ha obtenido 74 millones de votos, en las pasadas elecciones, una cifra jamás alcanzada por ningún candidato republicano. Entre ellos se encontraba un alto número de antiguos votantes demócratas. Y muchos, en especial entre éstos últimos, le votaban no por ser el candidato del Partido Republicano, sino simplemente porque se trataba de Donald J. Trump. Los entrevistados por Muravchik y Shields en su libro sobre los demócratas de  confiaban mucho más en él que en su partido, algo que puede parecer sorprendente cuando se trata de una personalidad tan, digamos, extemporánea como la del expresidente.

    ¿Por qué?

    Hablemos por un momento de Trump como personaje público, aunque no es fácil. La pregunta: How psychologists evaluate Trump? muestra 10.200.064 resultados en Google. Elijo uno de ellos –The Mind of Donald Trumpun texto de Dan McAdams anterior, por su fecha, al triunfo de 2016, es decir, menos susceptible de responder a la posterior ejecutoria presidencial denostada sin cesar por los medios globalistas. También porque al haber aparecido en The Atlantic comparte ese inigualable tono de progresismo teñido de high-brow que caracteriza a la publicación.Y acierto: no hay sorpresas. «En resumen, un examen de los rasgos de personalidad básica de Donald Trump sugiere que su presidencia podría ser altamente combustible. Una de las posibilidades es que sea un presidente enérgico, activista, con una relación menos que cordial con la verdad. Podría ser un gestor abrumadoramente osado que necesita desesperadamente obtener los resultados más pujantes, más impresionantes, más brillantes, más pistonudos sin pensar en los daños colaterales que deje tras de sí. Duro. Belicoso. Amenazador. Explosivo». Poseído como lo estaba por un insondable amor a sí mismo y por sus aledañas aspiraciones al esplendor y al privilegio, Trump se vería condenado a reencarnar a Narciso y ahogarse al tratar de abrazar su imagen reflejada en el agua. Su más profundo anhelo era la promoción de su propia grandeza para que todos acabasen por rendirse a ella. Lo que no es más que una reflexión caprichosa del autor. Si McAdams fuera un orteguiano se habría dado cuenta de que el gesto trágico de Narciso no era otra cosa que el encuentro con el otro que le revelaba que no estaba solo, que le recordaba su condición aristotélica de animal social. Pero no nos metamos en dibujos.

    Personalmente siento una gran desconfianza por la tendencia de tantos psicólogos sociales a atenazar la complejidad de la peripecia individual bajo unos cuantos rasgos fabulados que pueden invocarse a voluntad. Si Hegel tenía razón -y la tenía- al hacer de la lucha por el reconocimiento ajeno la clave de la autoconciencia, todos albergamos a Narciso en la nuestra, es decir, todos somos Trump. The horror, the horror. Pero, sin necesidad de invocar al amo y al esclavo more Kojève para que nos saque de ésta, el duelo entre el yo y el otro se resuelve menos épicamente en múltiples runas de suyo imprevisibles. Por más que yo me ame y quiera que los demás se rindan ante mi, mi eventual éxito se verá siempre menguado si alguien -basta con que sea uno solo- no concurra en reconocerme. Y ésa es una clave fundamental: con Trump convinieron 74 millones de votantes; conmigo no. ¿Por qué, cielos, por qué?. McAdams lo resolvía echando mano, ahora sí, aunque seguramente sin saberlo, del Hegel de Kojève: por la tendencia de tantos americanos a plegarse a su papel de esclavos. O, lo que es lo mismo, a revelar su personalidad autoritaria, tan certeramente descrita -el juicio es exclusivo de McAdams; el mío no coincide exactamente con el suyo- por Adorno y sus gregarios en un libro de menor cuantía allá por 1950.  McAdams: «Cuando los individuos proclives al autoritarismo ven amenazada su forma de vida pueden entregarse a líderes fuertes que les prometan seguridad. Como Donald Trump. Un reciente trabajo a escala nacional […] concluía que el predictor más relevante de apoyo político a Trump era un alto grado de autoritarismo». Acabáramos. Justo la interpretación dominante entre los medios globalistas. Trump era un aspirante a dictador emboscado entre unos secuaces deseosos de consentir sus caprichos. Una evidente conspiración de necios. No sé si me estoy perdiendo, porque estas disquisiciones sobre Hegel, Adorno, los americanos y su necesidad de entregarse a las personalidades autoritarias parecen innecesariamente complejas para tenérselas con un personaje como Trump que, en una entrevista para The New Yorker, otra revista progre y high-brow (hay otras muchas que no son progres pero sí high-brow, ahí está, por ejemplo, The New Criterion), a la pregunta ¿qué define para usted a una compañía ideal? contestaba sin pararse a pensarlo ni un segundo: «un buen trasero». Si hay algo que le interese a Trump es su deseo de ganar a toda costa en cualquier transacción. Su libro sobre el arte de la negociación no es más que una miscelánea de pretendidos triunfos. Gana siempre y cuando todos sabemos que no, él insiste en nuestra ignorancia. Así obtiene fuerzas para empezar otra vez. El ejemplo más reciente ha sido su disparatada maniobra de pretender invalidar la victoria de Biden en las elecciones recién pasadas sin tener a su favor los menores elementos de prueba. Pero Trump es incansable y no ha dejado piedra sin remover: el voto por correo; las máquinas que ayudaron a llevar a cabo los recuentos; los recuentos en varios estados; los funcionarios que validaron las elecciones en Georgia. Incluso llegó a convencer al fiscal general republicano de Texas para que pidiese a la Corte Suprema la anulación de 10,4 millones de votos favorables a Biden en cuatro estados (Georgia, Michigan, Pennsylvania y Wisconsin) sobre los que Texas carecía de jurisdicción , como dejó rápidamente claro el alto tribunal. Un nuevo y final revolcón judicial que abría paso a la reunión del Colegio Electoral del pasado 16 de diciembre donde se formalizó la victoria de Biden con 306 votos favorables. Inmediatamente después, Mitch McConnell, el líder de los republicanos en el Senado, expresaba su parabién y el de su partido al presidente electo. El próximo 6 de enero Mike Pence, el vicepresidente de Estados Unidos, que actúa como presidente del Senado, presidirá una sesión conjunta del Congreso en la que se hará el recuento definitivo de votos y se proclamará el resultado.

    ¿Se acabó?

    Todo hace pensar que Trump seguirá negando la evidencia. Pero no se trata sólo de un berrinche personal. Como lo ha hecho notar uno de sus más conocidos valedores intelectuales, Trump tratará de que su agenda MAGA (Make America Great Again) se convierta en el programa político del Partido Republicano y « tiene un año o más para decidir si quiere convertirse en el Gran Elector del futuro candidato republicano o tratar de volver a intentarlo por segunda vez […] Para entonces el país estará harto del giro hacia la izquierda de Biden impuesto por el sector Alessandria Ocasio-Cortez de su partido». La conclusión no deja de ser una profecía; la premisa parece inescapable. Trump no permitirá dejar pasar su oportunidad sin plantear una dura batalla. Oportunidades no le van a faltar. En el pantocrátor de los demócratas americanos a la derecha del Creador se sienta siempre Franklin Roosevelt. En el de los republicanos el Espíritu Santo es el vivo retrato de Ronald Reagan. No es que no haya habido otros demiurgos anteriores, pero hasta el propio Lincoln se difumina para los fieles de hoy ante los rasgos del Gipper. A lo largo de su historia reciente, al Partido Republicano se lo ha definido como el defensor del capitalismo liberal, de los grandes intereses financieros, de las clases altas y de las políticas conservadoras. Pero desde el crac de 1929 bajo la presidencia de Herbert Hoover, el republicanismo entró en crisis. No sólo los demócratas dominaron la política nacional desde 1932 hasta 1968 con el inicio de la Great Society de Johnson -una versión diminuta del Estado de Bienestar europeo-, sino que los paréntesis de Eisenhower (1952-1960) y de Nixon (1968-1974) fueron a la contra de su imagen tradicional: Eisenhower no acabó con el New Deal; Nixon remató el patrón oro, impuso una política de control de salarios y rentas e inició las políticas de Affirmative Action para favorecer a las minorías. No exactamente lo que se espera de los conservadores. En 1964 Barry Goldwater, que ya había sido muy crítico con la política interior y exterior de Eisenhower, dio el primer clarinazo del disenso y consiguió la nominación republicana para la presidencia. A la plataforma de Goldwater la caracterizaba, ante todo, su ambición por ganar la guerra fría y, por tanto, un profundo anticomunismo no demasiado interesado por los problemas de la economía nacional, excepto en lo que tocaba a la defensa. En un momento en que el país lloraba al asesinado John Kennedy, la guerra en Vietnam estaba aún en sus inicios y se quería profundizar en la distensión con la Unión Soviética. Su fracaso fue total. Goldwater sólo ganó en seis estados: cinco del Deep South y Arizona, el original suyo. Por su parte, la dimisión forzosa de Nixon en 1974, acosado por una eventual destitución (impeachment) tras la crisis del Watergate, y la derrota de Gerald Ford ante Jimmy Carter en 1976 añadía a la aparente crisis mortal de un Partido Republicano sin convicciones, sin políticas conservadoras y con una ética geopolítica desnortada por la realpolitik de Henry Kissinger. En 1980 Ronald Reagan, que se había ganado los laureles necesarios para ser el candidato republicano durante los 1970s, se convirtió en el nuevo presidente y, contrariamente a todas las expectativas, impuso una nueva etapa de hegemonía republicana que, con el paréntesis de Bill Clinton (1992-2000), se extendió hasta la victoria de Obama en 2008. Desde entonces el republicanismo ha pasado por una rápida trasformación . Reagan sacó al Partido Republicano de la indefinición en que lo había dejado Nixon para reconvertirlo en un partido conservador a carta cabal. De hecho, la suya era en buena medida una actualización de la agenda Goldwater. Ante todo, con mucha mayor atención a las llamadas políticas de oferta –Reaganomics-: bajadas de impuestos y reducción de la intervención pública en la economía para permitir una recuperación del sector privado. En el terreno internacional, Reagan apostó por una vigorosa contención de la Unión Soviética, sin ceder un ápice en su aspiración de mantener la determinación y la hegemonía americana aun a riesgo de posibles confrontaciones militares y de un fuerte aumento de los gastos militares. Reagan siempre fue un optimista que creía en la superioridad del modelo capitalista frente al comunista y la superioridad de la democracia sobre el totalitarismo. Aunque su éxito en este campo fue de su sucesor, Reagan contribuyó decisivamente al derrumbamiento de la Unión Soviética. Finalmente -y esto es algo en lo que su aportación es menos conocida- favoreció la renovación intelectual del conservadurismo americano con su apoyo incansable a centros de investigación como Americans for Tax Reform, Heritage Foundation o Federalist Society, decisivos en campos como la fiscalidad, la cultura o la jurisprudencia. El giro conservador fue, pues, considerable, no radical. Bajaron los tipos impositivos, pero pese a la retórica sobre la reducción del sector público el gasto gubernamental creció en más de USD300 millardos anuales, dando paso a un déficit presupuestario creciente. Más preocupante, el índice Gini comenzó a crecer notablemente, una tendencia que no se ha frenado en las décadas siguientes. Frente a la creciente divergencia que empezaba a aparecer en su partido sobre la cuestión migratoria, Reagan mantuvo siempre su actitud positiva. Con el tiempo, sin embargo, empezaron a verse signos de que los cimientos sobre los que Reagan había reconstruido al partido mantenían a duras penas el edificio. El conservadurismo compasivo de Bush Jr., su respuesta al terrorismo islámico y su apertura a la llegada de nuevos inmigrantes hicieron crecer una frustración creciente con las élites políticas y financieras republicanas y el acercamiento al partido de sectores de trabajadores industriales y habitantes de áreas rurales y pequeñas ciudades que se veían expulsados de su tradicional cobijo demócrata abrieron una nueva época cuyo primer representante iba a ser Donald Trump.Trump, lo he dicho aquí a menudo, no sabe muy bien qué es eso de la ideología, menos aún el conservadurismo. Valga eso lo que valga -la etiqueta populista se repite incesantemente sin entender que un concepto al que se le atribuyen ideas y movimientos tan contradictorios no puede ser una buena brújula-, Trump es un populista pragmático. Olfatea los movimientos de la opinión pública y sabe ponerse al pairo de los que afectan a los grupos sociales descontentos con el estatus quo. No comparte la visión reaganiana de la inmigración porque sabe que una gran parte de los trabajadores americanos considera a los inmigrantes como una competencia desleal en el reparto de los escasos bienes públicos con los que cuentan. No cree en el libre comercio ni en la globalización que tantos perjuicios les ha acarreado. No se le pasa por la imaginación que no pueda llevarse a cabo por medio de decretos todo aquello en lo que el Congreso no consigue romper la parálisis partidista. Es un entusiasta de la seguridad social y de Medicare y se mostraba dispuesto a ampliarlas. Ha criticado las guerras interminables en las que Bush Jr. y sus neoconservadores han metido a su país. Se ha casado tres veces. Tiene un repertorio de aventuras extramatrimoniales del que presume. Puede ser cualquier cosa, pues, pero no es un conservador al uso.Y, sin embargo, -concluye así Seib su libro- «nada en su historial le descalificó en 2016. Más aún, mucho de él aumentaba su atractivo. Era un disruptor en un tiempo en el que muchos en su partido anhelaban precisamente eso: la disrupción».¿Podrá seguir siéndolo? Y, si no, ¿quién recogerá su herencia?.A los republicanos les queda un gran trecho que recorrer para hallar la respuesta”

    Eduardo Madina: Los fundamentos de la guerra cultural que vivimos se asientan sobre los miedos de la globalización

    https://ideas.economiadigital.es/medium/analisis-de-eduardo-madina-para-ed-or-matrioska-politica_20113483_102.html

    “Parece aceptada la definición de guerra cultural como un conflicto entre grupos ideológicos diferenciados por el establecimiento de los marcos hegemónicos de valores, creencias y prácticas de la sociedad a la que pertenecen. Para que una guerra cultural se desarrolle en una sociedad determinada, lo primero que hace falta es, por tanto, que al menos dos grupos ideológicos diferenciados tuvieran claro su propio marco de valores y su propio proyecto de sociedad para después tratar de llevarlo a cabo en una dinámica dialéctica. Este es exactamente el escenario que tenemos a nivel global. En la actualidad, dos formas de interpretar la realidad litigan por la hegemonía de los marcos de valores y por el vínculo de estos con las respuestas ante los principales desafíos de nuestra era. A un lado, la defensa de una sociedad cerrada, la respuesta fronterizada y de repliegue nacional como receta política más destacada.Receta que hunde en raíces culturales, en valores y principios, la naturaleza de su enunciado ante los problemas principales de nuestra era tanto desde una perspectiva política, como económica y comercial. Ojalá que, cuando llegue 2030, la razón haya caído del lado de quienes defienden los valores culturales que sujetan el mejor proyecto político de la historia de la humanidad; los modelos abiertos de democracia liberal. Al otro lado, aquellos que en el contexto histórico en el que nos encontramos y frente a los mismos miedos y amenazas, centran la respuesta en la defensa de una sociedad abierta, en el refuerzo de un marco cultural de valores que conecta con la mejor tradición de las democracias liberales, de los sistemas que han construido, sobre fundamentos de pluralidad y apertura, el mejor proyecto político que hayamos conocido a lo largo de la historia de la humanidad. Y así es como, sobre ambos pilares, se sostiene la guerra cultural que, en escalas globales, se está librando como una de las principales características de nuestro tiempo. Una guerra que aterriza con diferentes intensidades en un buen número de países del mundo. Por ejemplo, en los que conforman la Unión Europea. No exageramos señalando el proyecto de integración europeo, los 27 países miembros de la UE, como uno de los principales campos de batalla de esta guerra cultural global tan característica de nuestra era.No son pocos los países que, en el interior de sus fronteras, la desarrollan y la protagonizan de forma activa. Países que, a su vez, alineados sobre marcos culturales enfrentados, sobre distintas formas de interpretar la realidad, sobre orientaciones diferentes de respuesta, entre aperturas y cierres, ante los desafíos que nuestro tiempo deja en el contexto del proyecto de integración europea. Los responsables políticos de los 27 EE.MM se sientan en la misma mesa del Consejo. Y en ella se reproducen, a escala regional, los procesos más característicos de una dialéctica de contrarios con alcance global. Paralelamente, todos esos países y todos esos líderes sufren, en el interior de sus fronteras, parecidas tensiones y dialécticas.Casi ninguno se libra de respuestas aislacionistas e incluso autárquicas cuando se trata de países mayoritariamente centrados en la apuesta por una sociedad abierta y, viceversa, sectores culturalmente vinculados a los valores de una democracia liberal que también tensionan la atmósfera interna de aquellos Estados Miembros que más están protagonizando algunas de las principales experiencias populistas que conocemos en Europa.  Con todo, los fundamentos de esta guerra cultural se asientan sobre los miedos de la globalización. Sobre las incertidumbres que trae un mundo inserto en un proceso de cambio de enorme profundidad, de certezas que se han ido y de referencias de futuro que cada vez más se presentan más difusas e inciertas.Entre ellas, aparece ya como seguro un nuevo frente de batalla en esta guerra, quién sabe si además abierto de una forma mucho más abrupta. Con el impacto de la nueva revolución tecnológica viene incorporada su capacidad para cuestionar el concepto de empleo, tal y como lo conocemos. Si en nuestras sociedades este ha sido uno de los instrumentos centrales de desarrollo humano, ordenación de la pertenencia y organización social y si este se transforma, no es difícil imaginar el nuevo frente de batalla que se abre y su extraordinaria complejidad. Entre tanto, parece pronto para saber quien va ganando esta guerra. Pronto para saber quién terminará imponiendo los marcos hegemónicos en la nueva década en la que estamos a punto de entrar. Sabemos que esta trae tendencias de fondo que serán determinantes para la historia de Occidente.Ojalá que cuando llegue 2030, la razón haya caído del lado de quienes defienden los valores culturales que sujetan el mejor proyecto político de la historia de la humanidad; los modelos abiertos de democracia liberal, garantes de la convivencia humana sobre marcos de derechos, obligaciones y libertades fundamentales.No puedo imaginar una noticia mejor para la década que ya se inicia”

    AGENDA DEL DOCUMENTAL DE Mariví Ibarrola

    La Qu con acento de Marivi Ibarrola. El Qué. Quién. Cómo. Dónde y Cuándo del documental

    delavapiesalacabeza@gmail.com

    Director  :Morgan Neville  :Won’t You Be My Neighbor?

    Producción :Tremolo Productions & Focus Features . 2018

    https://tv.apple.com/pe/movie/fred-rogers-el-padrino-de-los-ninos/umc.cmc.2wefnx04ypbec7v4ih6kl3zkm
    Descripción: Descripción: won_t_you_be_my_neighbor-590428516-large.jpg

    “Quieres ser mi  vecino ¿? Una exploración de las lecciones, la ética y el legado del icono de la televisión infantil Fred Rogers. Creó un programa de televisión MisterRogers’ Neighborhood, que estuvo emitiendo desde 1968 hasta 2001. En 1971 creó una productora sin ánimo de lucro, Family Communications. A lo largo de treinta y tres años, Mister Rogers’ obtuvo buenas críticas por la forma didáctica en la que abordaba asuntos complejos para el desarrollo emocional en la infancia, tales como los sentimientos, la muerte, el divorcio o el racismo entre otros”

    Director :Ramón Tort .:Andrea Motis. La trompeta silenciosa.

    Producción: Instituto Catalán de las Empresas Culturales. 2020

    Descripción: Descripción: La trompetista _437.jpg

    “Retrata a una de las estrellas emergentes del jazz español actual, Andrea Motis despuntó ya desde pequeña como cantante, trompetista y saxofonista. A los 14 años rechazó una i oferta del sello Blue Note. A los 16, Universal llamó a su puerta, pero no estaba preparada. Finalmente, a los 21, ha llegado el momento de dar su gran salto al jazz internacional. Precede a la grabación de su primer disco, en Nueva York. Cantando con Omara Portuondo en el Beacon Theatre. Su música encarna valores poco frecuentes: es la historia íntima y cargada de emociones de un momento único e irrepetible, justo antes de dar un salto a lo desconocido, miedos, contradicciones y arte”

    LA AGENDA DEL ENSAYO  de

    Margarita Vidal

    Descripción: Descripción: Libros de transhumanismo

    Librería Castelar libreriaemiliocastelar.com

    Christian Salmon : La era del enfrentamiento.  Del storytelling a la ausencia del relato

    https://elpais.com/cultura/2019/11/10/actualidad/1573391471_239332.html

    David Jiménez : El Director: Secretos e intrigas de la prensa narrados por el exdirector de……

    Descripción: https://images-na.ssl-images-amazon.com/images/I/41Z4FYjFrnL._SX323_BO1,204,203,200_.jpg

    Francisco Magariños entrevista a Manuel Muñiz: El Gobierno se lanza a por fondos soberanos para la transformación de la economía. España Global buscará inversores en Noruega, Emiratos,  Arabia, Singapur o Catar

    Descripción: El secretario de Estado de España Gobal, Manuel Muñiz.
    https://cincodias.elpais.com/cincodias/2020/12/22/companias/1608664383_828462.html

    Ángeles Caballero entrevista a FedericoJiménez Losantos: «Letizia siempre será una progre, pero le ha dado una familia al Rey»

    https://www.elconfidencial.com/cultura/2020-12-02/federico-jimez-losantos-vuelta-comunismo-entrevista_2855216/

    Ana del Barrio entrevista a Raphael Minder: «Pedro Sánchez aprendió de la bofetada que le dio su partido»

    https://www.elmundo.es/papel/2020/12/21/5fda291021efa0b6198b45ed.html

    Mil gracias por la lectura y difusión de esta Agenda  de Prensa y no sean cándidos. No crean en las palabras y solo se fíen de los hechos

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