• «Quim Torra se atrinchera antes de acudir al Supremo: «Serviré a mi país hasta las últimas consecuencias»Lees este titular y te estremece el recuerdo de aquellos convulsos días de los años treinta del pasado siglo, cuando Companys, tras unos tiroteos con muertos, se rindió ante el general Batet, enviado por el gobierno de la República para acabar con la rebeldía de la Generalitat.Tener memoria histórica te sirve, sin embargo, para comparar los hechos y no dotar de ninguna carga épica a la frase. «Las «últimas consecuencias» para Torra serán, en todo caso, resultar inhabilitado para el ejercicio de su cargo por un Tribunal .A partir de ese supuesto correrán los plazos para la celebración de elecciones en el Parlament. Los gestos y las palabras del sucesor de Puigdemont son ya parte de la campaña electoral, en la que el nacionalismo competirá entre sí mostrando sus respectivas víctimas por el «procés».Los constitucionalistas catalanes harían bien en preocuparse por mostrar que las víctimas más numerosas e inocentes son los millones de catalanes que llevan años inmersos en la inestabilidad política y en una crisis económica agudizada por una pandemia que se ha cebado con su Comunidad. Y que hay alguien que piensa en ellos”

    Eduardo Sotillos Palet

     

    https://nadaesgratis.es/admin/el-inicio-de-una-nueva-recesion-economica-en-espana

    Torra expulsado de la Generalitat sin sucesor, ni fecha electoral, sin Mesa de Diálogo y rompiendo el PDeCAT  .El Tribunal Supremo confirmará hoy la sentencia de su inhabilitación que dictó el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña y que Torra amenaza con desobedecer

    https://www.republica.com/2020/09/16/torra-expulsado-de-la-generalitat-sin-sucesor-ni-fecha-electoral-sin-mesa-de-dialogo-y-rompiendo-el-pdecat/

    Jesús Fernández Villaverde: Una «Gran Estrategia» para España (I): La Reforma del Estado

    https://blogs.elconfidencial.com/economia/la-mano-visible/2020-09-05/gran-estrategia-para-espana-reforma-estado_2736775/

    Marcello : Crece la alarma sanitaria y la indignación ciudadana

    https://www.republica.com/las-pesquisas-de-marcello/2020/09/16/crece-la-alarma-sanitaria-y-la-indignacion-ciudadana/

    Prnoticias.com: El protagonismo de Ayuso, que dice muchas veces lo que Casado calla,  puede terminar por arrebatar a Casado la portavocía opositora

    https://prnoticias.com/2020/09/16/la-clave-del-martirio-de-isabel-diaz-ayuso-en-comunicacion-politica/?ct=t(EMAIL_CAMPAIGN_16_9_2020)

    Andreu Mas-Collell: Hay que ser pragmático. España, monárquica o republicana, no aceptará bajo ninguna circunstancia la separación de Cataluña

    https://www.ara.cat/es/opinion/Hay-que-pragmatico-Andreu-Mas-Colell_0_2518548200.html

    Según el banco Deutsche Bank, el mundo abandona la segunda era de la globalización para adentrarse en la ‘Era del Desorden’. Este nuevo súper-ciclo,  que venía gestándose tiempo atrás, pero cuya transición se ha acelerado con la irrupción del covid-19: contará con varias tendencias que lo diferencian de los demás, pero sobre todo tiene su sello en la reversión de la globalización y transición demográfica

    https://www.eleconomista.es/economia/noticias/10762037/09/20/Deutsche-Bank-anuncia-la-llegada-de-un-nuevo-superciclo-economico-asi-sera-la-Era-del-Desorden.html?utm_source=resumen_diario&utm_medium=email_periodico

    “¿Qué caracterizará a esta nueva era?

    El deterioro de las relaciones entre Estados Unidos y China y la reversión de una globalización desenfrenada. «A medida que avanza la era del desorden, creemos que uno de los mayores problemas será la tensión política entre Estados Unidos y China. De hecho, esto debería caracterizar la era del desorden, puesto que China ha estado en el corazón de la segunda era de la globalización. El futuro de esta relación solo se puede pronosticar si se comprende el pasado… China está buscando restaurar la posición que mantuvo durante gran parte de la historia como potencia económica mundial. Desde hace dos mil años hasta principios del siglo XIX, el país representó alrededor del 20-30% de la economía mundial… A principios de la década de 1960, la participación de China en la economía global alcanzó un mínimo histórico del 4%, que ahora se ha elevado al 16%», apuntan los investigadores de DB. El proteccionismo, la relocalización de sectores clave y el domino de China como mayor potencia del mundo serán una realidad.

     Una década decisiva para Europa: fragmentación o unión real. En el caso de Europa, estos expertos consideran que el desorden resulta inevitable, los enfrentamientos son el pan de cada día en el Viejo Continente. «El desorden parece inevitable, pero no necesariamente será malo. De hecho, la pandemia ha creado un nuevo impulso para una mayor integración. La pregunta es si Europa puede aprovechar este progreso, reiniciar su economía y avanzar hacia una senda de crecimiento sostenible, o seguirá sumida en el estancamiento económico y la agitación política. La preocupación es que este último escenario conduzca a una mayor fragmentación».

    -Mayor deuda y la normalización de la teoría monetaria moderna / helicóptero del dinero.

     Hay evidencias de que una combinación de niveles de deuda cada vez más altos y un sistema de moneda fiduciaria es un cóctel que fomenta los shocks y crisis financieras. «En un entorno de mayor endeudamiento e incluso más impresión de dinero, nos queda bastante claro que más desorden y caos en los mercados financieros será algo habitual del panorama macroeconómico que viene».

    -¿Inflación o deflación?,

     El impacto del covid hará que sea mucho más difícil para las autoridades mantener la inflación dentro de sus objetivos (cercanos al 2% en los países desarrollados). Los fuerzas inflacionistas y las deflacionistas son simplemente demasiado grandes: «El impacto de la desinflación es obvio, especialmente a corto plazo, pero en teoría la respuesta política (más gasto y estímulos monetarios) puede seguir siendo un factor de cambio para una mayor inflación en el futuro. De cualquier forma, esperamos un período en el que la inflación pase más tiempo fuera del objetivo. Creemos que la inflación dominará a medida que avance la década, pero ambos fuerzas traerán desorden en relación con la estabilidad vivida en la era de la globalización».

    -Una desigualdad creciente que terminará revirtiéndose.

    El covid-19 será otro propulsor de la desigualdad. Los trabajadores con empleos más precarios (sobre todo en las ramas con menor valor añadido del sector servicios) sufrirán con mayor intensidad los efectos del virus, lo que terminará repercutiendo en su renta. Mientras tanto, los empleos mejor remunerados están soportando mejor la crisis. A su vez el covid-19 está beneficiando a empresas tecnológicas y farmacéuticas, disparando la riqueza de sus dueños. «Esto incrementará la presión para la creación de un impuesto digital. En particular, se está llevando a cabo un esfuerzo coordinado a nivel mundial dirigido por la OCDE para gravar los ingresos de estas empresas con mayor intensidad«. Por otro lado, estos expertos creen que la tendencia a la baja que ha sufrido el Impuesto de Sociedades durante décadas podría revertirse, incrementando los ingresos por impuestos de los gobiernos y reduciendo los beneficios y los dividendos que reparten las empresas.

    -La brecha intergeneracional también se ensancha.

    Por un lado aquellos que entraron en el mercado laboral durante la última década ya han experimentado las dos crisis más grandes desde la Gran Depresión, que son los jóvenes que podrían vivir que sus padres y que están a la zaga de las generaciones anteriores en cuestiones que van desde la propiedad de la vivienda hasta los niveles de deuda. Además, estos jóvenes heredarán las grandes cargas de la deuda pública que se ha acumulado. Por otro lado están los jubilados actuales y, probablemente, los padres de esos jóvenes de los que se hablaba con anterioridad. Las diferentes preferencias (pensiones, cambio climático…) podrían terminar generando una lucha de generaciones. «Esta brecha se ha manifestado cada vez con más claridad en las preferencias políticas y con un aumento de las elecciones a nivel global que tienen en cuesta esta brecha entre generaciones».

    El debate climático.

     Este debate se producirá entre los que defiendan todo aquello (impuestos, inversión…) que proteja el medio ambiente y el aire (suelen ser los más jóvenes), frente a los que prioricen un mayor crecimiento económico. Es una segunda parte del conflicto entre generaciones. «Ambas partes están cada vez más enfrentadas. Al final, el problema es de ideología, y esa es una división que puede ser imposible de salvar. Así que deberíamos prepararnos. La próxima década será testigo de un debate fuertemente polarizado sobre la priorización del medio ambiente y la economía».

    Estamos en medio de una revolución tecnológica con asombrosas valoraciones para las acciones,

     Que parecen reflejar las expectativas de una seria interrupción del statu quo, o quizá no. ¿Revolución o burbuja? Por un lado, «puede que las valoraciones de las acciones tecnológicas estén justificadas y estemos cerca de importantes avances tecnológicos que impactan en todas las facetas de la vida. Por otro corremos el riesgo de que se repita el año 2000, donde estalló una burbuja, que no obstante, dejó vivo a una gran parte del sector tecnológico que se integró progresivamente en nuestro sistema. «Si ocurre esto último habría importantes consecuencias en los mercados financieros durante un período de tiempo, pero sería menos revolucionario que la primera hipótesis. La respuesta es quizás una combinación de ambas: un rápido cambio tecnológico que es tan positivo como disruptivo, pero con grandes ganadores y perdedores tanto en el sector tecnológico como en la economía global en general», sentencian los expertos. Desorden e incertidumbre: proteccionismo, guerras frías, mucha deuda, volatilidad en los precios, tecnología por todas partes y lucha de clases y generaciones, son algunas de las características que darán forma a esta nueva era. Aunque el 2020 podría ser el año que quede en los libros de historia económica como el comienzo de la ‘era del desorden’, lo cierto es que la transición lleva años en marcha, pero hasta la llegada del covid-19 no se ha visto de forma tan evidente”

    Los Funcionarios exigen aumentos de salario

    https://cincodias.elpais.com/cincodias/2020/07/11/economia/1594475511_395764.html

    https://www.eleconomista.es/economia/noticias/10761869/09/20/El-Gobierno-estudia-la-congelacion-del-sueldo-a-los-funcionarios-para-ahorrar-3264-millones.html

    https://www.elmundo.es/economia/2020/09/10/5f59e5e2fdddff797c8b4677.html

    https://www.vozpopuli.com/espana/sueldo-funcionarios-podemos_0_1391861990.html

    https://www.elconfidencial.com/espana/2020-09-14/salario-minimo-interprofesional-2021-gobierno_2744376/

    Invertia.com: Calviño no descarta congelar el sueldo a los funcionarios en los próximos Presupuestos .La Ministra de Asuntos Económicos advierte que el poder adquisitivo no se vería afectado por la caída de la inflación

    https://www.elespanol.com/invertia/economia/macroeconomia/20200910/calvino-no-descarta-congelar-funcionarios-proximos-presupuestos/519698325_0.html

    Jorge Sáinz: El Gobierno ha empezado a asumir en público la necesidad de acometer recortes ante la presión de Bruselas. La congelación de las pensiones o el sueldo de los funcionarios y las jubilaciones anticipadas impregnan el discurso de los ministerios económicos del Ejecutivo, en manos del PSOE, el día que la vicepresidenta Nadia Calviño se ve las caras con sus homólogos europeos en sendas reuniones del Eurogrupo y el Ecofin y en mitad de un sinfín de informaciones críticas con España en la prensa internacional

    https://www.vozpopuli.com/politica/pedro-sanchez-recortes_0_1390661888.html

    ABC.es: Nuevo cisma en el Gobierno por la posibilidad de congelar el sueldo a los funcionarios. El ministro de Consumo, Alberto Garzón, advierte que «sería un error garrafal» congelar los salarios públicos

    https://www.abc.es/economia/abci-alberto-garzon-advierte-seria-error-garrafal-congelar-sueldo-funcionarios-202009111021_noticia.html

    Pedro Biurrun: ¿Hay que congelar el sueldo a los funcionarios?

    https://www.expansion.com/blogs/estadistica-pollo/2020/09/11/hay-que-congelar-el-sueldo-a-los.html

    “Estos días, el actual Gobierno no se sabe si lanza globos sonda, se dice o se desdice, pero lo cierto es que mientas la vicepresidenta Calvo asegura que «no está sobre la mesa» la congelación del sueldo de los funcionarios, la vicepresidenta Calviño sostiene que los funcionarios han ganado poder adquisitivo en los últimos años y además el escenario de inflación es cercano a cero, lo que se debería tener en cuenta en una posible congelación de sus sueldos. Por su parte, la ministra Montero no lo descarta tampoco y dice que las opciones están abiertas. La realidad es que la nómina de los funcionarios se ha estirado y encogido en los últimos años al ritmo de las necesidades gubernamentales. Rajoy les retiró una paga y posteriormente, al calor de nuevas elecciones, se les devolvió y se pactaron sucesivas subidas salariales. Quizás, antes de congelar el sueldo a todos habría que modernizar de una vez por todas las administraciones, eliminar duplicidades e ineficiencias (vuelve a crecer el número , digitalizar de verdad y homogéneamente todas las administraciones..”

    LA AGENDA DE MÚSICA de Alfonso Alarcón

     

    JEREMIAH CLARKE: TRUMPET VOLUNTARY

    “El trompeta voluntario” es una de esas sandeces que se hacen carne y viven entre nosotros por los siglos. “Voluntary” era una improvisación que el organista de un servicio religioso tocaba al final, a su albedrío (voluntary) para despedir a los fieles acentuando la despedida con el registro de trompeta (trumpet) del órgano. Algún listo asoció la Marcha del príncipe de Dinamarca, del inglés Jeremiah Clarke (1673-1707), para trompeta, a los voluntary para aumentar las ventas, y así se convirtió en una variante de aquellas improvisaciones. Pero como ven en estas dos primeras grabaciones, lo importante era el órgano

     

     

    Julio Cortázar, trompeta voluntario

    Clarke, The Prince of Denmark’s March; con trompeta natural:

    https://www.youtube.com/watch?v=a6pExaRPg84

    Con trompeta de pistones:

    https://www.youtube.com/watch?v=Va5ox4rh8WE

    La solución del misterio: Allison Balson, famosa trompetista, explica las diferencias entre “trompeta natural” o barroca y trompeta de pistones, en un inglés claro  pero con gran impacto visual:

    https://www.youtube.com/watch?v=Va5ox4rh8WE

    La LA AGENDA DEL DOCUMENTAL DE Mariví Ibarrola

    La Qu con acento de Marivi Ibarrola. El Qué. Quién. Cómo. Dónde y Cuándo del documental

    delavapiesalacabeza@gmail.com

    Director : Paul Saltzman : Meeting The Beatles in India.

    Producción:  Sunrise Films Limited. Distribuida por la plataforma GathrFilms. Canadá . 2020

    https://www.youtube.com/watch?v=2he26OhhJYw&feature=youtu.be

     

    “El viaje a India de  Los Beatles en 1968, con Paul McCartney, John Lennon, George Harrison y Ringo Starr al ashram del famoso gurú Maharishi Mahesh Yogi, y amigos a Rishikesh a las orillas del Ganges para formarse en Meditación transcendental y la búsqueda interior del «yo» En la aventura en India compusieron treinta canciones para el disco  a «TheWhite Álbum»  Rescatan foto inéditas del propio director y cuenta con la experiencia de David Lymch”

     

    Directora : Heddy Honigmann:  ‘FOREVER

    Producción: Cobos Films & NPS, NPS Televisie. 2006

    https://www.youtube.com/watch?v=Ku2sol2K2KQ

     

    “La cineasta peruana de ascendencia europea Heddy Honigmann rodó en el cementerio parisino Père-Lachaise en el que están enterradas grandes celebridades como Albert Camus, Marcel Proust, Maria Callas, Max Ophulus, George Méliès, Edith Piaf y Guillaume Apollinaire. Retrata las idas y venidas de los visitantes a Père-Lachaise. Por un lado, a los ciudadanos y turistas y por otro, a aquellos otros que se sientan en comunión junto a los lugares en los que yace un familiar”

    LA AGENDA DEL ENSAYO  de

    Margarita Vidal

    Librería Castelar libreriaemiliocastelar.com

    Benjamin Moser : “Sontag. Vida y obra”

    https://ctxt.es/es/20200801/Culturas/33164/benjamin-moser-biografia-pulitzer-susan-sontag-vida-y-obra-sebastiaan-faber.htm

    Rebeca Quintana: «Juan Carlos I, la biografía sin silencios»

    Lluis Amiguet entrevista a Alexander Batthyany : “Si compartes tu dolor, sólo duele la mitad: y eso es pura ciencia”

     https://www.lavanguardia.com/lacontra/20200914/483454750085/si-compartes-tu-dolor-solo-duele-la-mitad-y-eso-es-pura-ciencia.html

    Teresa Sánchez entrevista a Alberto Garzón: «Subir los impuestos es una de las líneas de trabajo del Gobierno»

    https://www.abc.es/economia/abci-alberto-garzon-subir-impuestos-lineas-trabajo-gobierno-202009061558_noticia.html

    César  Cervera entrevista a Joseph Pérez  :«Lo del genocidio en América es una barbaridad

    https://www.abc.es/historia/abci-joseph-perez-genocidio-america-barbaridad-iban-matar-gallina-huevos-201705090428_noticia.html

    La cita de Donald Trump ante Noviembre

    Beatriz Navarro: Trump contrató a un doble de Obama para darse el gusto de despedirlo. El libro de Michael Cohen sobre el presidente de EE.UU. saca a la luz un viejo vídeo grabado para el Partido Republicano en el 2012

    https://www.lavanguardia.com/internacional/20200907/483357247789/trump-contrato-doble-obama-despedirlo.html

     Debate 21.es: Los cuatro rounds televisivos del combate electoral por la Casa Blanca

    https://debate21.es/2020/09/15/los-cuatro-rounds-televisivos-del-combate-electoral-por-la-casa-blanca/

    Jaime Reston: Trump puede perder las elecciones presidenciales

    https://www.republica.com/la-politica-global/2020/05/30/trump-puede-perder-las-elecciones-presidenciales/

    Roger Senserich: Estados Unidos y el derecho a voto (I)

    https://politikon.es/2020/08/08/estados-unidos-y-el-derecho-a-voto-i/

    Roger Senserich: Estados Unidos y el derecho a voto (II)

    https://politikon.es/2020/09/03/estados-unidos-y-el-derecho-a-voto-ii/

    Carlota García Encina:E lecciones en EEUU. Ordenando ideas

    https://blog.realinstitutoelcano.org/elecciones-en-eeuu-ordenando-ideas/?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+BlogElcano+%28Blog+Elcano%29

     Roger Senserich: Durante las próximas semanas todo el mundo en este país va a estar completamente obsesionado con encuestas y márgenes de error (no olvidéis mi pequeña guía sobre cómo leerlas), viendo grandes cambios de tendencia ante cualquier sondeo que se salga un poco de la norma y visitando 538 religiosamente para ver qué nos cuenta el oráculo de Nate Silver. No voy a negarlo, 538 es la segunda página que miro cada mañana cuando desayuno. Pero antes de perder los nervios ante cada pequeña oscilación, vale la pena recordar una de las gráficas más curiosas e importantes de la presidencia de Trump: su índice de aprobación

     https://politikon.es/2020/08/29/cuarenta-y-dos/

    Julio Aramberrí: ¿Es hora de amortajar a Donald Trump?

    https://www.revistadelibros.com/blogs/el-ruido-y-la-furia/es-hora-de-amortajar-a-donald-trump?&utm_source=newsletter&utm_medium=email&utm_campaign=nl20200909

    “Desde 1894, Estados Unidos celebra el Día del Trabajo (Labor Day) el primer lunes del mes de septiembre. Es uno de los pocos países que no lo conmemora el Primero de Mayo.Esa vacación federal ha marcado tradicionalmente el fin del verano. En torno a ella solían abrir las escuelas, se celebraban grandes actividades deportivas como las 500 millas NASCAR o el primer partido de la National Football League y la vida cotidiana volvía a su rutina. Solía apostillarse que después de ese día dejaba de ser de buen tono vestirse de blanco pues el verano había acabado irremisiblemente y nada se sacaba de añorarlo. Cada día tiene su afán.En los años bisiestos, Labor Day fijaba el comienzo de las campañas electorales para la presidencia del país. Los dos grandes partidos habían celebrado sus convenciones en agosto y habían escogido a sus candidatos para unas elecciones que, desde 1845, se celebran el primer martes después del primer lunes de noviembre. El público y los medios prestaban mayor atención a sus programas y a sus debates y se disponían a decidir su voto, un esquema que nunca se ha ajustado plenamente a la realidad, pero ha servido para caracterizar a grandes rasgos la conducta cíclica del electorado… hasta la elección del presidente Trump en 2016.Desde ese momento, Estados Unidos ha vivido en una endémica campaña electoral que finalmente entra en su etapa decisiva. En éste y en los siguientes blogs, hasta que pueda comentar el resultado de esas elecciones (el 9 de noviembre), me ocuparé de diversos aspectos que, a mi entender, van a ser decisivos en los resultados. No son precisamente los que suelen recoger en sus crónicas los grandes medios escritos y audiovisuales de nuestro país, encerrados en los mismos tópicos que han llevado a los medios liberales y progresistas del otro lado del Atlántico a dar por segura la derrota del presidente Trump. La campaña electoral de 2020 comenzó, pues, en la mañana misma del 9 de noviembre de 2016, cuando un amplio y poderoso bloque de instituciones e intereses, obligado a digerir la ingrata nueva del triunfo de Donald J. Trump sobre Hillary R. Clinton, se decidió por una oposición sin tregua ni cuartel al nuevo presidente, sin excluir la legitimidad del propio resultado electoral. Clinton había obtenido 65.853.514 votos frente a los 62.984.828 de Trump; una diferencia de casi tres millones. Según el bloque opositor, el pueblo americano había hablado alto y claro, pero no había conseguido hacer oír su voz.La elección presidencial americana, empero, no se decide por votación popular sino por la mayoría obtenida en un llamado Colegio Electoral compuesto por 531 compromisarios —un número equivalente a la suma de representantes y senadores que conforman el poder legislativo en Estados Unidos— elegidos en cada uno de los estados de la Unión según el peso demográfico que les corresponde más dos para cada uno de ellos, como sucede con los senadores nacionales. Y Trump se había alzado allí con 304 votos sobre los 227 de Clinton en un proceso de innegable limpieza constitucional. El amplio y poderoso bloque de oposición al nuevo presidente incluía al partido demócrata con sus millones de militantes y votantes; a numerosos sectores de la sociedad civil agrupados en una miríada de colectivos liberales y progresistas; a grandes medios de comunicación (The New York Times y The Washington Post a la cabecera de los medios escritos; CNN y MSNBC entre los audiovisuales; radios locales sindicadas; revistas orientadas a audiencias con un alto grado de educación formal como The New Yorker o The Atlantic; y hasta la cadena semipública de noticias NPR, subvencionada parcialmente con el dinero de todos los contribuyentes); a millones de participantes en redes sociales como Facebook o Twitter; a abundantes miembros de las burocracias públicas; y, por supuesto, a un gran número de americanos no afiliados a ningún partido pero opuestos a las políticas del candidato republicano o inquietos por sus consecuencias. Ítem más, un no despreciable contingente de Never Trumpers, antiguos republicanos irritados por lo que consideraban la rendición de su partido a un desaprensivo cuya fortuna provenía del tenebroso mundo del ladrillo neoyorquino y de los no menos turbios casinos de Atlantic City. (Inciso: la literatura al respecto, de por sí amplia, ha añadido un nuevo ejemplar en estos últimos días con Kleptopia: How Dirty Money Is Conquering the World, Kindle Edition, de Tom Burgis, Harper, Nueva York 2020).La existencia de una oposición abierta y bien organizada forma parte de los equilibrios institucionales en las democracias consolidadas. Lo que llama la atención en el caso de Trump es su tajante pertinacia en negar, más allá del proceso electoral, la legitimidad misma de su victoria, ya en su origen, ya en su ejercicio.Desde un primer momento no cesaron las acusaciones de que el éxito de Trump sólo podía deberse a manejos rayanos en la traición como el llamado Russiagate, es decir, a la ayuda ilícita del gobierno ruso y de sus agencias de contra información para desequilibrar la elección en su favor. Y cuando esas denuncias de colusión se diluyeron en la nada, la oposición insistió en que una conversación, abierta a un gran número de oyentes, entre el presidente y su homólogo de Ucrania había excedido todos los límites aceptables y se había convertido en uno de esos high crimes and misdemeanors que la Constitución considera motivo suficiente para iniciar un proceso de destitución (impeachment) por parte de los altos magistrados de la nación. Ambas investigaciones mantuvieron ocupados al presidente y a su administración por más de dos años y medio sin, al parecer, haber alcanzado su objetivo básico de hacer imposible su reelección.A finales de 2019, por más que las grandes centrales informativas de la oposición insistieran sin cesar en presentar a Trump como el responsable de todos los problemas con que se enfrentaba la sociedad estadounidense y en mostrar su radical incapacidad para resolverlos, su apoyo popular, sin subir del 50%, se mantenía en un estable 42-45% que le ponía a tiro de un nuevo éxito tan pronto consiguiese arrastrar votos entre los electores independientes. Como solía decirse entonces, sólo el presidente podía hundir su propia candidatura.Y ése era un peligro muy real a pesar de su gran logro: la buena marcha de la economía estadounidense.  Sus adversarios del partido demócrata insisten en que Trump heredó la larga recuperación económica que caracterizó la etapa Obama-Biden (2009-2016) y se ha limitado a mantenerla sin grandes cambios. Esa expansión, sin embargo, había sido la más lenta de las décadas recientes y a punto estuvo de acabar con una recesión en 2016. La llegada de Trump, por el contrario, liberó dos de los frenos (impuestos y regulaciones) que limitaron el crecimiento económico durante aquellos años y dio un importante empujón a la economía en su conjuntoSu reforma fiscal de 2017 redujo los impuestos a la repatriación de beneficios obtenidos en el exterior por las empresas estadounidenses y estimuló su contribución a la economía nacional con un aumento de la inversión, subidas salariales y mayores beneficios para los accionistas. Esas medidas indujeron a su vez una expansión de los gastos de capital (capex en la jerga especializada) con su habitual secuela de creación de nuevos puestos de trabajo y subidas de productividad. El complemento fue una reducción de las regulaciones impuestas a la actividad económica tras la Gran Recesión de 2008-2009. Trump redujo las restricciones en el campo energético y amplió las áreas de exploración, lo que generó un salto adelante en la producción de petróleo y gas y convirtió a Estados Unidos en un exportador neto de esos productos, reduciendo la capacidad de influencia en su economía de los productores tradicionales de la OPEP y de Rusia. También liberó a la banca de las regulaciones excesivas en la concesión de créditos que había impuesto la reforma Dodd-Frank en 2010.Esas reformas impulsaron el crecimiento de la economía, que en los primeros meses de 2018 trepó por encima del 3% anual, pero su mayor impacto se experimentó en el mercado de trabajo. La tasa de paro cayó al 3,5% en septiembre de 2019, a pesar de que entre los economistas del partido demócrata se suponía que el 4,7% alcanzado en 2016 difícilmente podría ser superado. Más aún: esa tasa de 3,5% se logró al tiempo que la participación en el mercado de trabajo subía al 83,1% y, entre los hombres en edad de trabajar, superaba el 89%. En resumen: cuanto mayor número de trabajadores, menos paro.Tras una larga etapa de estancamiento, los aumentos salariales ajustados por la inflación se aceleraron sustancialmente entre los trabajadores menos especializados y las minorías que habían sufrido más durante los años de Obama. En los tres primeros años de Trump la media salarial semanal de los negros subió el 19% hasta USD806, por comparación con el 11% a lo largo de los siete años posteriores a la recesión 2009.Y —resumía The Wall Street Journal en su análisis general— «bajo Obama-Biden la combinación de una política monetaria laxa, altos impuestos e hiperregulación benefició a los trabajadores con mayor nivel educativo de las empresas tecnológicas y financieras sobre el resto; a los inversores a expensas de las rentas laborales; y a las grandes compañías por encima de las de menor tamaño. Todas esas desigualdades empezaron a disminuir bajo Trump».No en balde el presidente consideraba que la economía iba a convertirse en su pasaporte para un nuevo mandato. Y en eso llegó la pandemia, alias COVID-19, alias virus de Wuhan —un acontecimiento sorprendente para la inmensa mayoría de quienes nos encontramos vivos hoy en día por su falta de precedentes cercanos—. «Tras la Segunda Guerra Mundial y a pesar de la amenaza de guerra nuclear que ensombrecía el ambiente, se afianzó la idea de que la humanidad podía habérselas con la mayoría de las catástrofes naturales, de los desastres sanitarios y de las variaciones del ciclo de negocios. No era una ilusión por completo utópica, pues la vida había devenido más predecible que en el pasado. Con la desaparición de la Unión Soviética, la intimidación nuclear se esfumó y la autoconfianza occidental subió de grado. A lo largo de los últimos treinta años el mundo se ha convertido en una civilización global con una organización intrincada, masivamente compleja, extraordinariamente vigorosa y de un dinamismo extremo. La pandemia […] muestra que la complejidad de esa civilización global ha generado nuevas variedades de fragilidad. Como la legitimidad de muchas instituciones depende de su capacidad para resolver problemas rápida y eficazmente, el COVID-19 ha enfrentado a los líderes y a las instituciones políticas con desafíos no fácilmente solubles».Un comentario que se hubiera aplicado con justicia a su principal destinatario —el actual presidente de Estados Unidos—. Si alguno de los políticos actuales ha tratado de proyectar una imagen de vivacidad y eficacia económica, de ir siempre por delante de los acontecimientos, ése ha sido Donald Trump. Pero, con ayuda de los medios de oposición, la pandemia se encargó en convertir esa imagen, tan asiduamente cultivada, en una trampa de la que le ha resultado difícil escapar.En mayo pasado, Edward Luce, el corresponsal jefe del Financial Times en Estados Unidos, dedicó un largo artículo (cerca de 5000 palabras) a la respuesta del presidente a la crisis sanitaria. El trabajo, que apareció en los momentos álgidos de la pandemia en Estados Unidos https://www.ft.com/content/97dc7de6-940b-11ea-abcd-371e24b679ed?segmentId=61fa9c9f-8384-eee5-cb7f-5da0b26c0008, y que —en una excepción a la muralla digital que protege los contenidos del diario británico— era de acceso libre, ha servido para establecer las grandes líneas de ataque a la respuesta de Trump a la pandemia. El análisis de Luce dibujaba la imagen de un presidente que, enfrentado a la mayor crisis de su mandato, resultaba incapaz de estimar su alcance y, menos aún, de adoptar las medidas necesarias para enfrentarla.El 6 de marzo, Trump había visitado el Centro de Control y Prevención Sanitaria en Atlanta, uno de los mejores centros de investigación sanitaria del país, para alertar de una posible expansión del virus y tranquilizar a sus conciudadanos porque, decía, estaba bajo control. Esa gira marcó un punto de inflexión en su óptica, pues pocos días antes, con un optimismo injustificado, había asegurado que, pronto, los contagios iban a decaer. Trump se debatía así entre la negación de la crisis y la aceptación de que podría alcanzar mayor entidad, sin querer definir claramente su posición. Sus decisiones futuras iban a estar dominadas por esa ambivalencia entre la lucha contra la pandemia y la propaganda política. Por ejemplo, con ocasión de su visita a Atlanta, anunció que en la semana siguiente estarían disponibles cuatro millones de tests. «Todo el que lo desee podrá someterse a uno». Pero, recordaba Luce, diez semanas más tarde la promesa permanecía incumplida porque el verdadero número de pruebas disponibles en aquel marzo 6 no pasaba de 75.000.Peor aún le saldría la bravata de que «el mundo entero nos está mirando». Por el contrario, «la historia señalará la aparición del COVID-19 como el momento en que [el liderazgo global de Estados Unidos] dejó de existir. No ha habido puentes aéreos de suministros. América ni siquiera ha podido autoabastecerse».El presidente había fallado a Estados Unidos, era la conclusión de Luce, y esa es la visión que han recordado tercamente los medios opositores al presidente, los cuales ven en esa crítica la mejor forma de limitar sus posibilidades de reelección.¿Pero fue Trump el único líder que no acertó a distinguir con claridad entre propaganda y sensatez? En sus formas de expresión, el presidente ha tendido a trivializar la seriedad de la pandemia y a ofrecer explicaciones pintorescas, aunque no exentas de sensatez. Pero en mi opinión, sobre su desarrollo ha emergido una diferencia importante entre quienes ponen por delante la lucha a cualquier precio contra el virus y quienes han subrayado la importancia de que la economía no se fuera al garete.Contra lo que suelen mantener los primeros, entre los que se encuentran muchos gobernadores y líderes del partido demócrata, así como la mayoría de los medios de oposición a Trump, esa diferencia no deriva en exclusiva de su falta de respeto hacia la experiencia científica. En su fondo subyacen también dos opciones políticas contrapuestas entre las que hay decidir: o subordinamos la economía —y, en consecuencia, el futuro— a una improbable garantía de seguridad para todos o habrá que buscar fórmulas para que la catástrofe sanitaria no arrastre consigo al bienestar de las generaciones actuales y futuras. Si de algo han servido los fracasos en la lucha contra la pandemia ha sido para hacernos dudar de que más allá del método científico de trial and error y de algunas verdades de sentido común (por ejemplo, que la transmisión del virus se facilita en espacios cerrados y concurridos; que las residencias de ancianos, por su diseño y características, favorecen su expansión), aún sabemos muy poco sobre los orígenes de los contagios, los grupos de riesgo, las eventuales mutaciones del COVID-19, sus rebrotes y demás. Con la escasa perspectiva que tenemos no puede decirse, pues, que sea el presidente el único que se ha dejado llevar por las posibles ventajas políticas que ofrecía esta inoportuna y desastrosa peste contemporánea. Los críticos del confinamiento concebido como única medida posible para evitar los estragos del virus no dejan de tener razón. En Estados Unidos la caída del PIB durante el segundo trimestre de 2020 (-32.9%) fue la mayor que se recuerda, pero quien más sufrió fue el consumo (-34.6%), dada la brutal reducción que confinamientos y cierres de empresas crearon en el transporte y las actividades de ocio, restauración y hostelería. Aunque el Congreso decidió dar luz verde a un aumento del gasto en transferencias a diversos sectores por cerca de tres billones de dólares, el declive de la economía en su conjunto fue muy superior. «Esas transferencias son insostenibles fiscalmente y el segundo trimestre muestra lo que sería una economía en manos de los políticos. Más transferencias sólo retrasarán y paralizarán la recuperación al hacer que muchos trabajadores se queden atrás». Este es el panorama político que, a mi entender, se abre en Estados Unidos luego de Labor Day: un enfrentamiento entre quienes temen a Trump más que al virus y quienes confían en que seguirá habiendo vida más allá de la pandemia. Los opositores del presidente están convencidos de que su ignorancia, sus patinazos y sus errores en la respuesta al COVID-19 le han condenado a una irremisible derrota en noviembre 3 y, en buena medida, han empezado no ya a amortizarlo, sino directamente a amortajarlo. Esas expectativas pueden ser tan exageradas como las de quienes anunciaron en vida el fallecimiento de Mark Twain.Los electores americanos lo aclararán”

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