• Usted recibe esta Agenda Prensa del lunes 6 de Julio con mucho retraso  de la entrega habitual  debido a un problema médico sucedido el sábado pasado que no ha podido resolverse hasta primera hora de esta misma mañana en que dieron el alta hospitalaria. .El texto disponible que  ahora recibe es un mezcla de actualidad y archivo. Le ruego acepte mis disculpas por las deficiencias del mismo

    Un besito

    Aina Gallego: Los robots no enferman: pandemia y automatización

    https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/robots-pandemia-automatizacion-teletrabajo_132_5956627.html

    “La crisis de la COVID-19 está empujando a las empresas a adaptarse a ritmos forzados a la nueva realidad. En muchas industrias será el catalítico que acelere procesos de cambio tecnológico que ya estaban en marcha. Este artículo discute tres tendencias relacionadas con la tecnología en el trabajo y sus consecuencias para el empleo.

    Sustitución por automatización

    La primera tendencia es la aceleración de la automatización, es decir, la sustitución de trabajadores humanos o parte de las tareas realizadas por estos por capital tecnológico, como robots físicos, asistentes virtuales o software. Las ventajas son evidentes. Las máquinas no enferman, ni contagian, ni tienen dependientes a cargo, por no hablar de que no hacen huelga. La pandemia acelerará la adopción de tecnologías ya existentes en ámbitos variados como la industria, logística y cadenas de distribución, el comercio, transporte o quizás robots limpiadores y cuidadores que no contagien a los mayores. Ante la necesidad de cumplir con las nuevas normativas sobre espaciación y el deseo de reducir la vulnerabilidad a la disrupción, tiene sentido para las empresas automatizar. Es cierto que puede resultar caro invertir en la tecnología necesaria, pero en algunos casos no habrá otra opción y la investigación apunta a que dichas inversiones en tecnología se realizan especialmente en momentos de crisis. Según la consultora EY, el 41% de los directivos encuestados dijeron que estaban acelerando los procesos de automatización a raíz de la pandemia. Una vez realizadas las inversiones necesarias, es previsible que los puestos de trabajo sustituidos no retornen. Este tipo de automatización debería producirse, en primera instancia, en ocupaciones rutinarias con tareas más sencillas de programar y para las que las tecnologías adecuadas ya existen.

    Teletrabajo y deslocalización

    El teletrabajo es uno de los grandes protagonistas de la pandemia. Las empresas y otras instituciones se adaptaron con una rapidez pasmosa. Transiciones que en otras circunstancias hubieran requerido largos debates y formación se llevaron a cabo en días. Por ejemplo, la institución en la que trabajo desarrolló la capacidad de mover toda la docencia online de forma exitosa en un fin de semana. Una vez puesta en pie la infraestructura requerida para el teletrabajo, es cuestión de tiempo que esta se use para reducir costes laborales contratando a trabajadores cualificados en otros países, pagándoles menores salarios. Si una empresa de ingeniería tiene los sistemas internos para teletrabajar, ¿por qué no despedir a ingenieros autóctonos con salarios altos y contratar a ingenieros indios o chinos? La madurez de la tecnología para la traducción simultánea automática de textos contribuirá a esta tendencia. Comentaba un amigo hace poco cuánto han mejorado las apps que permiten utilizar los auriculares del teléfono como traductor simultáneo. Seguro que ayuda al clima laboral poder hacer bromas en lengua materna, que los equipos de trabajadores tengan fluidez en la misma lengua será menos imprescindible y, en algunos casos, la ventaja de contratar a trabajadores con salarios bajos se impondrá. Los tipos de trabajadores afectados en este ámbito tocan de lleno a las clases medias como informáticos, técnicos y creativos.

    Datos y futuros usos de inteligencia artificial

    Hace años que muchos analistas señalan la inteligencia artificial como la tecnología con más capacidad disruptiva en los próximos años. Aunque la palabra evoque imágenes de ciencia ficción, cualquier aplicación útil se basa en el uso de datos para reconocer patrones, poder hacer predicciones y mejorarlas a medida que se obtienen más datos. Y aunque parezca que hay ya muchos datos, a menudo estos son difíciles de usar porque están en distintos formatos, o existen regulaciones que no los permiten, o las cantidades para una tarea en concreto son demasiado pequeñas. Si China es pionera en inteligencia artificial se debe en buena parte a que el gobierno recopila datos de forma sistemática, como por ejemplo imágenes registradas por cámaras, y los facilita a través de contratos a empresas, con objetivos como el reconocimiento facial de clientes en tiempo real. La gestión de la pandemia acelerará la creación de enormes bases de datos en formatos útiles, que permitan recopilar y relacionar información personal, por ejemplo para rastrear contactos. Las empresas dispondrán de un rastro mayor de datos generados por los empleados que teletrabajan. Además, es previsible una reducción de los estándares de protección de datos a favor de la efectividad y la urgencia. A medida que haya más bases de datos en formatos tratables y útiles para entrenar modelos, las máquinas imitarán mejor a los humanos, los irán desplazándolos, también en tareas cognitivas.

    ¿Un aumento masivo del paro tecnológico?

    Todo esto no implica un futuro catastrófico con masas de desempleados o pobres. En paralelo a estos procesos, habrá también sectores en crecimiento o totalmente nuevos y muchos trabajadores desplazados podrán reciclarse. Quizás habrá menos comercio internacional, incrementando la producción local de cosas que ahora se importaban. Las incógnitas principales son tres: si el número de nuevos empleos compensará o no los que se pierdan; si estos nuevos empleos serán precarizados (como los repartidores de paquetes a domicilio) o de calidad; y si la velocidad y escala a la que se producen los cambios dará tiempo a los trabajadores para formarse y reciclarse. La intervención de los poderes públicos será clave. Podemos imaginar políticas de repartición del empleo, jubilaciones anticipadas, empleo público, o una red de seguridad que mitigue el impacto social. Como siempre, que se adopten políticas adecuadas dependerá del apoyo ciudadano, la capacidad del sistema político, y del dinero disponible. Mientras tanto, vayámonos preparando porque el futuro del trabajo ya está aquí.”

    José Antonio Martínez Serrano: Covid-19 y la reforma del orden económico internacional

    https://alde.es/blog/covid-19-y-la-reforma-del-orden-economico-internacional/

    “La COVID-19 ha sacudido la economía global en unos momentos en los que se estaban generalizando las tensiones comerciales. En los últimos 3 años los gobiernos nacionales han aprobado 2.723 medidas restrictivas del comercio internacional. Las más graves son las aplicadas en la guerra comercial de EEUU y China. Estos dos países sólo son responsables del 23 % de dichas medidas, aunque son las de mayor calado y las que están poniendo en peligro el sistema multilateral de comercio que creó EEUU y del que China ha sido, seguramente, el país más beneficiado.El conflicto EEUU – China se remonta prácticamente al momento en el que China en 2001 fue aceptada como miembro de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Desde ese momento China utilizó el comercio como un arma al servicio de su estrategia geopolítica. Por su particular sistema económico, que podemos caracterizar como de capitalismo de estado, su gobierno ha interferido sistemáticamente, mediante ayudas públicas de todo tipo, en la asignación de recursos y en la formación de precios. El resultado es que en algunos sectores sus producciones son extraordinariamente baratas no porque sea el país más eficiente y competitivo sino porque, debido a su sistema opaco de subvenciones públicas, invaden los mercados internacionales obligando a cerrar empresas en las economías avanzadas. El caso más extremo y conocido ha sido el referente a la producción de acero que, como consecuencia de este comportamiento anticompetitivo, ha ocasionado el cierre de numerosas empresas en países desarrollados. EEUU es seguramente el país que en mayor medida se ha visto afectado tanto en su producción de acero (sector en el que también se han cerrado plantas industriales en Europa y en España) como en otras actividades productivas.Frente a este comportamiento, la OMC, que es la organización encargada de vigilar y supervisar el cumplimiento de los acuerdos que garantizan un comercio libre, no ha sido capaz de resolver los conflictos y se ha mostrado incapaz de encauzar el comercio según el espíritu que impregnan las normas que deben regir las relaciones comerciales internacionales y que dieron origen a la propia organización.Esta falta de un buen gobierno multilateral ha contribuido al desarrollo de movimientos antiglobalización que reaccionan contra lo que consideran los efectos negativos de un mundo globalizado. Para estos movimientos, la COVID19 evidenciaría de forma clara lo que ellos consideran efectos negativos de la globalización. Por ello, hoy es frecuente escuchar que el reto al que nos enfrentamos no es la reconstrucción y mejora de las relaciones económicas que se estaban resquebrajando, sino el restablecimiento de unas sólidas economías que prioricen las industrias nacionales. Parece que hay unas fuerzas sociales y políticas que apuntan a la intensificación de los conflictos en las relaciones económicas internacionales. Por eso, Dani Rodrik (1) cree que los autócratas populistas se volverán más autoritarios, que China y EEUU mantendrán su enfrentamiento y que, en general, se intensificará la batalla en el seno de los países entre populistas autoritarios e internacionalistas liberales. Ese camino sería desastroso y ojalá no se intente recorrer. Por el contrario, el impacto que está teniendo la COVID-19 debería servir para reconducir las tensiones chino-norteamericanas. Es necesario comenzar superando el sentimiento anti-chino propio de algunas esferas de la sociedad norteamericana, pero también la hostilidad anti-norteamericana que se está extendiendo en la sociedad china. Como señala Keyu Jin (2) la crisis provocada por la COVID-19 debería abrir el camino a la reconciliación. China, como potencia en ascenso, debe dejar de usar los instrumentos económicos como arma para hacer valer sus intereses geopolíticos y, en su lugar, ganarse la confianza del resto del mundo con comportamientos transparentes y actuaciones honestas. En la lucha que mantienen ambos países por el liderazgo mundial, Martin Wolf (3) ha señalado, muy acertadamente, que vencerá aquel que sea capaz de mostrarse ante el mundo como competente y decente. Y cree que China no es decente, pero el coronavirus puede cambiar esta situación en unos momentos en que EEUU tiene un presidente incompetente y perverso con el resto del mundo.Es de esperar que la tremenda perturbación ocasionada por la COVID-19 haga ver con claridad a los lideres mundiales la necesidad de fortalecer el orden comercial internacional. Y que, mediante la cooperación y el consenso, se restaure una OMC más eficiente para que vuelva a convertirse en un instrumento esencial para el logro, gracias a la división internacional del trabajo y la creciente integración de las economías nacionales, de la prosperidad, la estabilidad económica y la paz mundial”

    Antonio Papell: Por una nueva política industrial en la UE

     

    https://analytiks.es/en-portada/la-reforma-fiscal-justa-por-una-nueva-politica-industrial/

    La primera señal de que el concepto de política industrial recobraba vida en la UE —es decir, en Alemania, donde se había criticado por sistema la postura intervencionista francesa— tuvo que ver con argumentos laborales: los puestos de trabajo en la industria son de calidad, están bien remunerados y poseen envidiable estabilidad. El cambio de postulados llegó cuando se mitigaba la crisis anterior: en enero de 2014, la Comisión presentó la Comunicación titulada «Por un renacimiento industrial europeo», que se centraba en invertir la tendencia del declive industrial y alcanzar el objetivo del 20% del PIB para las actividades manufactureras para 2020.A la industria se deben más del 80% de las exportaciones europeas y de la investigación y la innovación privadas, lo que indica que su importancia es mucho mayor de lo que parece desprenderse de su proporción en el PIBEn el preámbulo de la Comunicación, obra de Antonio Tajani, entonces Vicepresidente de la Comisión y Comisario de Industria y Emprendimiento, se dice textualmente: “La Unión Europea está empezando a salir de la recesión más larga de su historia, que ha subrayado la importancia que tiene un sector industrial fuerte para la resistencia económica. El papel que desempeña la industria en Europa va mucho más allá de la fabricación: del aprovisionamiento de materias primas y el abastecimiento energético a los servicios a las empresas (logística) o a los consumidores (servicios posventa de bienes duraderos) o el turismo. A la industria se deben más del 80% de las exportaciones europeas y de la investigación y la innovación privadas, lo que indica que su importancia es mucho mayor de lo que parece desprenderse de su proporción en el PIB. Casi uno de cada cuatro puestos de trabajo del sector privado se encuentra en la industria y suele requerir una alta cualificación, y cada empleo adicional en el sector manufacturero genera entre 0,5 y 2 empleos en otros sectores. No obstante, la proporción de la industria manufacturera en el PIB disminuyó hasta el 15,1% en verano de 2013, y está muy lejos del objetivo del 20% para 2020, que la Comisión presentó en 2012″.El objetivo no se ha conseguido, ni en Europa ni en España. Antes al contrario, en nuestro país el sector industrial representaba el 18,7% del PIB en el 2000 y a finales de 2019 sólo significaba el 16%.El ‘peligro chino’ fue percibido en Alemania en 2016, cuando Berlín descubrió que el país asiático había invertido en 2016 unos 11.500 millones de euros en adquisiciones de empresas germanas; la mayor parte de estas compañías eran de alta tecnología. En 2015, las inversiones chinas en Alemania no llegaban a los 1.000 millones de euros… Entre otras compras, China adquirió la firma de robótica germana Kuka mediante una operación valorada en 4.500 millones de euros, sin que nadie se percatara de que la operación estaba en marcha, según el semanario liberal Die Zeit. En 2017 China se hizo con otras 57 empresas alemanas –once menos que las adquiridas en 2016— lo que terminó de disparar las alarmas. La potente Federación de la Industria de Alemania (BDI) se ha mostrado frontalmente en contra de compras como la de Kuka o adquisiciones más recientes como la del 10% del consorcio automovilístico Daimler, responsable de marcas como Mercedes-Benz o Smart. Desde principios de 2019 rige una disposición del Gobierno de la canciller Angela Merkel según la cual Berlín puede intervenir y frenar la entrada de capital extranjero en una firma alemana cuando la inversión sea igual o mayor al 10% del accionariado. La medida busca así proteger “infraestructuras sensibles”, en expresión del Ministerio de Economía germano.El cambio alemán de postura ha sido muy revelador. La mencionada BDI ha puesto sobre la mesa la cuestión clave: China es una economía dirigida y lo seguirá siendo, por lo que es absurdo intentar competir con ella con las exclusivas armas del mercado y la competencia. Por eso la BDI apuesta por aplicar más recursos públicos en “investigación, desarrollo, educación, infraestructura y tecnologías innovadoras” e invita a alemanes y europeos a crear una “ambiciosa política industrial para Europa” enfocada hacia “la innovación, la regulación inteligente, los partenariados sociales, la infraestructura y la promoción del comercio libre”. De hecho, Alemania, de la mano del actual ministro de Economía y Energía, Peter Altmeier, ha producido una “Estrategia industrial 2030”, cuyo subtítulo es “Directrices estratégicas para una política industrial alemana y europea. La sola idea de que tal documento podría redactarse hubiera chirriado hace apenas unos años. La necesidad de una política industrial no sólo es defensiva. Como ha escrito recientemente Antonia Díaz en un artículo publicado en ‘Nada es gratis” (“Política industrial: el regreso”), están actualmente dos grandes revoluciones en marcha, la digital y la ecológica, que han de pugnar con la pandemia del coronavirus y el cambio climático, por lo que “tenemos que transformar rápidamente nuestros sectores productivos para que sean seguros, digitales y ecológicos. Esa rapidez requiere de coordinación para explotar complementariedades y sinergias. Esa coordinación sólo puede ser pública. La cuestión, por supuesto, es cómo hacerlo”.A los gobiernos les corresponde responde determinar ese cómo. Muchas acciones pueden considerarse política industrial sin necesidad de llegar a hablar de planificación. Por ejemplo, aquellas políticas fiscales que faciliten a las empresas conseguir un tamaño óptimo o al menos ganar en productividad son políticas industriales. Igualmente, las decisiones de descarbonización, electrificación, automatización, etc. estimulan la industria. Una buena I+D pública a disposición de Nissan para avanzar en vehículos eléctricos quizá hubiera evitado el cierre de la fábrica catalana… Es solo un ejemplo que ilustra sobre la vastedad del campo de trabajo

    Roger Senserich: Uno de los artículos más famosos y citados de ciencia política de los últimos 20 años es “Blind Retrospection – Electoral Responses to Drought, Flu, and Shark Attacks”, escrito por Chris Achen y Larry Bartels el 2003. La hipótesis principal del texto es que los votantes a menudo son bastante miopes a la hora de asignar responsabilidades a los políticos cuando acuden a las urnas, echándoles la culpa de cosas que están completamente fuera de su control como sequías, epidemias de gripe y otras miserias. El ejemplo más célebre del artículo, y de lejos el más divertido, es el análisis que hacen de la influencia de ataques de tiburones en poblaciones costeras en Nueva Jersey en las elecciones presidenciales de 1916. Los votantes culparonde los ataques de tiburones a Woodrow Wilson, con los municipios donde hubo más ataques penalizándole en las urnas

    https://politikon.es/2020/03/26/tiburones-popularidades-y-pndemias/

    Como todo lo bueno y divertido en este mundo, resulta que el artículo tiene algunos problemas, y es posible que los resultados no sean estadísticamente significativos. Aunque el ejemplo favorito de todos los politólogos para hablar sobre la irracionalidad de los votantes ya no funcione, sin embargo, lo cierto es que hay bastante evidencia empírica fuera de este artículo que corrobora que el electorado a veces decide el voto por motivos francamente extraños y cosas totalmente fuera del control de los políticos.

    Cosas como una pandemia de gripe, vamos.

    “Hoy toca hablar sobre algo muy específico: la aprobación de Trump está ahora mismo en máximos históricos. Un 60% de ciudadanos americanos están satisfechos sobre cómo Trump está gestionando la crisis del coronavirus. Esto parece contradecir todo lo que llevo escrito las últimas semanas diciendo que la gestión federal de la pandemia es un desastre y que Estados Unidos va camino de un escenario con decenas de miles de muertes. No obstante, estos números son bastante malos para Trump. Echemos la vista atrás al arquetipo de presidencias fallidas, Jimmy Carter. La crisis de los rehenes en la embajada de Teherán monopolizó el último año de su mandato, arruinó su reputación y le llevó a perder de forma abrumadora contra Ronald Reagan. Echemos un vistazo su índice de aprobación, según Gallup:

    ¿Veis ese pico en la aprobación de Carter a finales de 1979? La toma de la embajada en Teherán fue el 4 de noviembre de ese año. En un momento de crisis, en Estados Unidos y en cualquier país que conozco, quienquiera que ocupa el ejecutivo acostumbra a ver un fuerte aumento de su popularidad. A este efecto los americanos le llaman “rally around the flag” (agruparse alrededor de la bandera) y sale de una mezcla de patriotismo mal entendido, confusión, y el hecho que el presidente sale por la tele diciendo que hay que ponerse serios. Si la gestión presidencial del desastre es buena, enfrentarse a una crisis con éxito puede mejorar la popularidad del presidente a largo plazo. Si es mala, veremos algo parecido a lo que le sucedió a Carter en 1980, o a George W. Bush una vez quedó claro que Irak era un desastre. Trump, si hacemos caso a los sondeos, ha visto su popularidad aumentar de 41-42% a 45-46%, una mejor de cuatro puntos. Comparado con los saltos que otros presidentes han tenido en tiempos de crisis, esta mejora es muy pequeña. Carter pasó de un 32 a un 61% en Gallup en apenas tres días. Tras el 11-S, Bush dio un salto de 51 puntos. Como señalan en 538, todos los líderes occidentales están viendo su aprobación mejorar durante este pandemia (Conte casi 30 puntos, Macron 13, Boris 22 puntos). La raquítica mejora de la popularidad de Trump es de hecho muy inusual. Esto puede deberse, por supuesto, a la enorme, gigantesca polarización del electorado americano, que está dividido incluso en cómo interpretar la crisis; los votantes republicanos están muy poco preocupados de que esto pueda ir a peor. También puede deberse a que, paradójicamente, lo peor de la crisis aún no ha llegado (Nueva York empezará a tener la escalada de casos grave a finales de esta semana) y que el rally around the flag aún no está llamando la gente a filas. La explicación más convincente, creo yo, es que Trump y el gobierno federal están haciendo muy poco aparte de dar ruedas de prensa, decir bobadas contradictorias y echarle la culpa a otros de lo que pueda pasar, así que incluso para el tradicional votante temeroso que se hace patriota en tiempos de crisis, la gestión de Trump inspira poca confianza. Es muy probable que estos números sean completamente distintos de aquí un par de meses. Todo parece indicar que Estados Unidos va camino de un brote de coronavirus muy grave en Nueva York, y una larga serie de brotes secundarios en otros ciudades por todo el país. Cada día, sin excepción, nos estamos encontrado señales en otros estados de que van camino de un estallido localizado de aquí unos días (hoy Florida, Detroit, Nueva Orleans y Mississippi tenían datos muy malos), mientras que Trump insiste que lo peor ya ha pasado y que podremos reabrir el país allá por Semana Santa. Estados Unidos ha tenido mucha suerte que los dos primeros estados en tener brotes fuertes (Washington y California) tuvieron una respuesta muy decidida a nivel estatal (hasta el punto de que el brote en Seattle está casi controlado), pero esa suerte no creo que le vaya a durar mucho. No es descabellado que de aquí dos o tres semanas Estados Unidos tenga un 11-S de muertes cada día debido al coronavirus, una economía en caída libre, y un presidente que llevaba meses diciendo tenerlo todo bajo control. Veremos los sondeos entonces.”

    Francisco Garcia-Ortells: La Responsabilidad Patrimonial de la Administración Pública y el COVID-19: entre la imprudencia y el dolo eventual

    https://hayderecho.expansion.com/2020/04/10/la-responsabilidad-patrimonial-de-la-administracion-publica-y-el-covid-19-entre-la-imprudencia-y-el-dolo-eventual/

    II.- Hechas las consideraciones jurídicas que se entienden pertinentes para valorar la existencia (o no) de la RPA, se considera oportuno recordar, para concluir sobre la indubitada responsabilidad patrimonial de la Administración Pública en la gestión de la pandemia provocada por el COVID-19, una serie de acontecimientos y comunicados oficiales que evidencian que la tardía respuesta de nuestros gestores públicos ha ocasionado un daño que ha de ser resarcido mediante la RPA, sin perjuicio de las responsabilidades contractuales que se puedan derivar de otras consideraciones legales.Expuesto lo anterior con carácter enunciativo (no preclusivo), se debe recordar que i) el 30 de enero de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la emergencia internacional provocada por el COVID-19, ii) que el 11 de febrero la OMS  alertó, nuevamente, sobre los efectos de esta pandemia, iii) que el 2 de marzo, el Centro Europeo para el Control y Prevención de Enfermedades advirtió de la rápida propagación del virus, recomendando que se limitaran las concentraciones masivas de gente, etc….Ante estas advertencias al Poder Público Estatal, éste, en ausencia de diligencia, permitió, entre otros acontecimientos y después del 2 de marzo, que se celebrase en Madrid un concierto de Isabel Pantoja y se jugasen los partidos de fútbol entre el Atlético de Madrid y el Sevilla, entre el Valencia y el Atalanta, así como la celebración en Vista Alegre, el 8 de marzo, del meeting del partido político de Vox, alentando, como manifestación más grave de imprudencia o dolo eventual, que se acudiese, en toda España, a la  Manifestación del 8 de marzo, que reunió en Madrid a más de 150.000 personas, y a varios cientos de miles en el resto de España.No obstante lo expuesto, pero evidenciando, por otro lado, que el Poder Ejecutivo Central era consciente de la magnitud de la pandemia, aunque no tomase las medidas oportunas para cortar su propagación, éste empezó a hacer acopio de material de protección, etc…, Sirva como prueba de ello que tanto Cofares como otros distribuidores farmacéuticos indicaron que, desde el 2 de marzo, la Agencia del Medicamento empezó a requisar mascarillas, resultando imposible proveer a los establecimientos.

    III.- A modo de conclusión se puede afirmar que, si bien la crisis sanitaria provocada por el COVID-19 “aterrizó” –a nivel mundial- como un acontecimiento que se puede considerar de fuerza mayor por su carácter imprevisible, no es menos cierto que la Administración Pública española sabía de su existencia al menos a finales de enero, quedando ésta obligada, cuanto menos y desde entonces, a minimizar el impacto de esta crisis en todos los órdenes mediante la ejecución de las políticas públicas adecuadas.No obstante, y como se ha acreditado, la Administración no sólo ha incurrido en una clara omisión de su deber de evitar la propagación del coronavirus, sino que con su actuación ha permitido –o eso parece- que el mismo se expanda incrementando el daño (moral y material) que está sufriendo el conjunto de la nación española, tanto a nivel social, como sanitario y económico.Por tanto y excluida la fuerza mayor de la crisis que estamos viviendo, se puede afirmar la Administración Pública no ha puesto en marcha los mecanismos pertinentes para minimizar el impacto de ésta, sino que, como se ha dicho, ha contribuido, con sus acciones y omisiones, a que el daño aumente, dando lugar, cuando se determinen (cualitativa y cuantitativamente) los daños causados a que se pueda exigir la oportuna Responsabilidad Patrimonial por los cauces legales que permite nuestro ordenamiento jurídico”

    Carlos Montero:Y si el virus gana

    http://lacartadelabolsa.com/leer/articulo/y_si_el_virus_gana

    “ Una segunda ola del coronavirus está en camino. Cuando llegue, nos faltará la voluntad para enfrentarlo. A pesar de todos los sacrificios de los últimos meses, es probable que el virus gane, o tal vez sería más exacto decir que ya lo ha hecho”, así iniciaba Yascha Mounk, un interesante artículo en The Atlantic, hace unos días. Mounk alerta sobre la insensatez de reabrir la economía de EE.UU. Cuando la epidemia está lejos de controlarse, y lo que es más interesante, da las medidas que actualmente se están haciendo de manera equivocada, y que en el futuro se aducirán como explicaciones de por qué ha ganado el virus en el país más poderoso del planeta. Veamos esos motivos: En términos absolutos, Estados Unidos se ha visto más afectado que cualquier otro país. Alrededor de una cuarta parte de las muertes en todo el mundo se han registrado en estas costas. Y aunque el virus ya no crece a un ritmo exponencial, la amenaza que representa sigue siendo significativa: según un modelo de pronóstico de Morgan Stanley, el número de casos estadounidenses, si se mantienen las tendencias actuales, se duplicará aproximadamente en los próximos dos meses. Pero ni el impacto de las protestas masivas sobre la brutalidad policial, ni el efecto de la reciente reapertura de gran parte del país, incluidos los casinos en Las Vegas, se reflejan en las últimas cifras. Puede llevar al menos 10 días para que las personas desarrollen síntomas y busquen una prueba, y para que los resultados sean agregados y difundidos por las autoridades de salud pública. Aun así, la enfermedad comienza a retroceder lentamente de la atención del público. Después de meses de cobertura mediática dominante, el COVID-19 ha desaparecido en gran parte de las portadas de la mayoría de los periódicos nacionales. En encuestas recientes, el número de personas que están a favor de «reabrir la economía lo antes posible» en lugar de «quedarse en casa el tiempo que sea necesario» ha aumentado. Por lo tanto, tal vez no sea sorprendente que incluso los estados donde el número de nuevas infecciones se encuentra en su punto más alto continúen adelante con los planes para levantar muchas restricciones a las empresas y las reuniones masivas. Cuando la primera ola de COVID-19 amenazaba con abrumar al sistema médico, en marzo, el miedo y la incertidumbre del público eran mucho más intensos de lo que son ahora. Pero había la esperanza de que alguna bala mágica pudiera rescatarnos de los peores estragos de la enfermedad. En este momento, esas esperanzas parecen poco realistas. Después de meses de intensa investigación, todavía no existe un tratamiento efectivo para COVID-19. Una vacuna está, incluso si tenemos suerte, a muchos meses del despliegue. Debido a que el virus se está propagando especialmente rápido en partes del hemisferio sur, desde América Latina hasta África, el calor claramente no es impedimento para su diseminación. Quizás lo más importante, es que es difícil ahora imaginar que alguien pueda reunir la voluntad política para imponer un bloqueo a gran escala por segunda vez. Como descubrió una encuesta en Pensilvania, casi nueve de cada 10 republicanos confiaron en «la información que escuchan sobre coronavirus de expertos médicos» en abril. Ahora solo uno de cada tres lo hace. Con la opinión pública más polarizada que hace unos meses, y las elecciones presidenciales que se avecinan, cualquier intento de lidiar con el resurgimiento del virus probablemente sea aún más casual, polémico e ineficaz de lo que fue la primera vez.A medida que pase el tiempo, se escribirán muchos libros sobre por qué un país tan rico, poderoso y científicamente avanzado como Estados Unidos, fracasó tanto en hacer frente a una emergencia de salud pública que los expertos habían predicho durante muchos años. Como siempre es el caso, rápidamente surgirán explicaciones competitivas. Algunos se centrarán en la incompetencia de la administración Trump, mientras que otros llamarán la atención sobre la pérdida de capacidad estatal del país; algunos argumentarán que Estados Unidos es un caso atípico, mientras que otros pondrán su fracaso en el contexto de otros países, como Brasil y Rusia, a quienes también les está yendo mal. No tengo la intención de ofrecer un primer borrador de la historia. Estamos demasiado cerca de los eventos para juzgar, con la cabeza fría, qué factores son los más responsables de ponernos en nuestra situación trágica actual. Pero me gustaría ofrecer una lista parcial de individuos e instituciones que, por central o periférica que sea su contribución al resultado final, nos han ayudado a meternos en este lío:

    • Si el virus gana, es porque la Organización Mundial de la Salud minimizó la amenaza durante demasiado tiempo.
    • Si el virus gana, es porque Donald Trump estaba más interesado en ocultar las malas noticias que podrían dañar la economía que en salvar vidas estadounidenses.
    • Si el virus gana, es porque los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, creados para hacer frente a este tipo de emergencias, han demostrado ser demasiado burocráticos e incompetentes para hacer su trabajo.
    • Si el virus gana, es porque la Casa Blanca ni siquiera intentó establecer un régimen de prueba y rastreo a nivel federal.

    Aunque todavía no conocemos el efecto de los eventos más recientes en el curso de la pandemia, o lo que sucederá exactamente en las próximas semanas y meses, la lista de culpables probablemente será aún más larga”

    Si el virus gana, también puede ser porque Derek Chauvin mantuvo su rodilla sobre el cuello de George Floyd durante ocho minutos y 46 segundos mientras Floyd suplicaba por su vida, desencadenando protestas que, por más justos que sean, podrían provocar infecciones masivas.

    Si el virus gana, también puede deberse a que 1.200 expertos en salud pública ofuscaron el riesgo mortal de que estas protestas masivas representaran a los más vulnerables entre nosotros al declarar no solo (como sería razonable) que los apoyaron como ciudadanos, sino también (lo cual es muy inverosímil) que habían determinado, como científicos, que servirían activamente a «la salud pública nacional».

    Si el virus gana, también puede deberse a que muchos estados se movieron para reabrir antes de controlar el ritmo de las infecciones.

    Si el virus gana, también puede deberse a que la cámara de eco de los medios derechistas está comenzando a minimizar el riesgo que una segunda ola representa para los estadounidenses.

    Si el virus gana, entonces, es porque las élites, los expertos y las instituciones estadounidenses no han cumplido, y siguen sin cumplir, la grave responsabilidad con la que se les ha confiado de una manera demasiado innumerable para enumerar.

    Gregorio Morán: La epidemia de los miedos

    https://www.vozpopuli.com/opinion/epidemia-coronavirus-miedos_0_1369964082.html

    “La frase más repetida por los ciudadanos abducidos es la de que “no estábamos preparados”. ¡Ese plural! ¿Y por qué habríamos de estarlo? La ciudadanía paga cantidades astronómicas a los poderes para que, entre otras cosas, se ocupen de eso. Pero hicieron como si no fuera con ellos. Si gozábamos de la mejor sanidad del mundo en boca del Gran Trilero, quien podía discutírselo si apenas teníamos idea de la estructura sanitaria, de sus lagunas, de su fragilidad y de sus enjuagues financieros. Los únicos que se quejaban de la falacia era el personal hospitalario y en la mayoría de los casos ocurría como con la estafa social de Nissan, que reciben fondos de ayuda que luego nadie se pregunta dónde han ido a parar en el momento que cierran, y a ninguno de estos mecenas por cuenta del Estado se les pide daños y perjuicios, porque a los empleados nadie tiene por qué reprocharles nada que no sea haber cumplido con el cometido por el que eran asalariados. Si yo no cumplo, me echan; si los ejecutivos manifiestan su incompetencia siempre apelan a la indemnización.Esto, que era el siempre aleatorio juego del mercado, ahora se ha convertido en una epidemia social. Las empresas quiebran y no hay recursos que soporten el peso de la precariedad laboral y los despidos. Ese virus sin vacuna nos va a tener postrados muchos años y no afectará a centenares sino a millones. Un miedo que paraliza y que trastorna; que dejará huella perenne en la sociedad. No hay bares para tanto camarero eventual. Tener más de 40 años en España semeja un tumor de consecuencias fatídicas.Todo el tiempo que no ocupa la posibilidad de contagio por el coronavirus ha de volcarse en pensar cómo superar el miedo a la precariedad. Después de años de vino y rosas con el Imserso, los ancianos vuelven a encontrarse ahora en las colas de Cáritas y demás sucedáneos de lo que se tuvo y se echó a perder. Y ahí aparece el miedo a la estafa. Convertida la actividad política en una competición de tramposos ha tomado carta de naturaleza el engaño, la añagaza, la promesa que de tanto mencionarla no acaba siendo verdad salvo para los que la promueven. Los ERTE no pueden gestionarse porque parten de dos peculiaridades genuinamente patrióticas: no hay mecanismos que puedan cumplir su cometido por falta de personal, de práctica y de ganas. Si a esto sumamos la picaresca exenta de literatura habremos de concluir que sólo los muy experimentados sacamantecas se beneficiarán, mientras los demás estarán litigando o acumulando papeles, vía telemática por supuesto. Algo similar se podría aplicar a los ERE; no es lo mismo que te lo concedan a que puedas cobrarlo.¿Cuánto tiempo puede aguantar una sociedad así sin que se le vayan rompiendo las costuras antes de explotar? Ya no se trata de superar el precariado, sino de cómo sobrevivir a la angustia de la nada. No hay tarjeta de crédito que soporte el vacío; ha de estar siempre llena de algo que ofrezca garantías. La opción más segura en esta epidemia de miedo, la única salida que lleva a los paliativos es la de convertirnos todos en funcionarios. Es verdad que ni hay sitio para tantos y que tiene que haber alguien que rinda para que los demás puedan cobrar, pero el engaño permite al Gobierno de los Trileros unos meses de tregua, que para eso se pagan los medios de comunicación y además cumplen una misión, aseguran, de tranquilizar a la población asustada.Si habláramos en plata y no en modo Nodo -que era aquel inolvidable desinformativo de inclusión obligatoria- tendríamos que referirnos a que el miedo en ocasiones se vuelve terror. Y cuando aparece el terror cabe todo incluido el temible fantasma de la violencia. Nos acecha cada vez con mayor virulencia. Cuando uno contempla no sin perplejidad como los supuestos antifascistas ejercen de fascistas frente a un grupo de extrema derecha como es Vox, uno no deja de pensar si la intención no es únicamente la de provocar sino también la de animarlos a que dejen de ser reaccionarios sólo en sus discursos y pasen a la acción para así acreditarles ante nosotros. Con esos defensores de la democracia, patriotas de taberna a última hora, estamos al descubierto. Acabarán volviendo a sus orígenes de añoradores de la última revolución fracasada, como ya ocurrió en el País Vasco y en aquel Podemos recién bautizado de escraches y cal viva. Volverán a tratar de lincharnos, por tibios.Esa es la enésima razón para tener miedo. Además del virus, de la quiebra económica, de la soledad carcelaria en domicilios alquilados a precios de oro que notan el deterioro como si fueran personas, volviéndose rancios y estrechos. Además, insisto, cabe contar con una situación política que sufrimos intimidados por la incertidumbre. Nadie sabe, ni siquiera intuye, qué van a hacer los gobernantes que se pasan horas y horas ocupando pantallas de televisión. Dedican tanto tiempo en ser estrellas de redes e imágenes que uno se pregunta si nos gobiernan tertulianos o dirigentes políticos.La única certeza que debemos grabarnos a fuego en nuestro asaeteado culo es que, pase lo que pase, Pedro Sánchez seguirá siendo presidente del Gobierno. Aunque sea con Vox o con Bildu, o con todos ellos. Fíjense: en cada actuación un número diferente y siempre el mismo guion con idéntico protagonista. Eso ya no provoca miedo porque estamos aprendiendo a asumirlo como un destino”

    Enrique Dans: Si alguien quiere entender de verdad la raíz de los problemas de TikTok, solo tiene que leer esta noticia de China Media Project titulada «Tech shame in the ‘new era’«, en la que se incluyen las disculpas de su fundador, Zhang Yiming, una de las personas más ricas de China, a su gobierno, y en el que se evidencia el nivel de sumisión política de las compañías chinas. Después de leer una noticia así y de ponerla en el adecuado contexto, es muy fácil entender el problema de las apps procedentes de China, y sobre todo, que no es un problema específico de TikTok, sino de la propia naturaleza de su régimen político. Las compañías chinas no están simplemente tratando de tener éxito en el mundo: en realidad, están en una misión gubernamental para tratar de expandir lo más posible la influencia de su país. Ayer, Marimar Jiménez, de Cinco Días / El País, me envió algunas preguntas sobre TikTok para contestar en modo breve y documentar su artículo titulado «TikTok y su semana ‘horribilis’: prohibida en India y acusada de ser una ‘app’ espía de China» (pdf). A continuación, el texto completo de las preguntas y respuestas que intercambiamos:

    https://mail.google.com/mail/u/1/#inbox/FMfcgxwJWhwGbCJvSRfpRllQLbCTBplV

    P. TikTok ha sufrido una semana ‘horribilis’. India ha prohibido la aplicación, mientras Anonymous lanza una campaña feroz contra ella asegurando que es un ‘malware’ operado por el gobierno chino para espiar. La campaña llega después de que un usuario de Reddit haya realizado ingeniería inversa y haya determinado que TikTok es la peor aplicación en cuanto a privacidad. ¿Crees ciertas estas acusaciones, algunas no probadas como lo del espionaje chino?

    R. Lamentándolo mucho, de TikTok me lo creo todo. No es un problema de descuidos, de errores o de ingenuidad: es un cuidadoso trabajo de ingeniería social para obtener todos los datos posibles del usuario final, con total desprecio a cualquier norma. Es un problema de cultura corporativa, de desarrollarte en un entorno en el que todo se justifica, y de pretender, además, modificar los valores de las propuestas en la industria para proponer un modelo diferente, más basado en los valores sociales actuales de China y en su cultura de pretendida ingenuidad.

    P. ¿Qué impacto pueden tener todos estos movimientos sobre la compañía, que suma ya 800 millones de usuarios en el mundo?
    R. No creo que el crecimiento de la compañía se resienta especialmente. Todos sabemos que la difusión de este tipo de redes se basa más en lo social, en la presión del entorno, en el «mis amigos la tienen» o en el «funciona para lo que quiero», y la propuesta de valor de convertirte en el protagonista de una especie de vídeo musical teniendo a mano todas las canciones y un portfolio de efectos especiales es muy potente para muchos, especialmente jóvenes que no piensan demasiado en temas de más calado.

    P. ¿Hasta qué punto la decisión de India tiene que ver con los riesgos de seguridad de la aplicación o es más bien parte de una guerra digital contra China por parte del gobierno indio, similar a la emprendida por EE UU/Donald Trump?
    R. La decisión de India es puramente política, tratar de distanciarse de alguien con quien mantiene contenciosos fronterizos, y hacer ver que China no les ataca solo físicamente en la frontera, sino también en términos de colonización cultural.

    P. ¿Qué le hará más daño a TikTok: todas estas acusaciones o el lanzamiento que quiere hacer este año Facebook de su herramienta Reels para grabar vídeos de 15 segundos, en una jugada similar a la que hizo con Instagram Stories y Snapchat?
    R. Los lanzamientos de herramientas de tipo me-too por parte de Facebook son algo que deberíamos ver con perspectiva: para uno que le funcionó, Instagram Stories, hay unos cinco ejemplos o intentos previos, y muchos otros más en otros ámbitos igualmente fallidos. Esta misma semana ha cerrado dos. No creo que a TikTok le preocupe especialmente lo que hace Facebook en ese sentido, porque por cada vez que aciertan, fallan nueve o diez.

    P. ¿Qué debería hacer TikTok para sacudirse todas las críticas? Si lo hace, ¿qué futuro ves a la plataforma?
    R. Es imposible que lo hagan. Es un problema de definición, de cultura empresarial, de toda una manera de hacer las cosas, incluso de filosofía vital. TikTok no es una red social, sino la auténtica avanzadilla de la sinificación de Occidente, del intento de exportar la sociedad y los usos de China al resto del mundo, como lo es WeChat y como veremos venir muchas cosas más. Crecimiento a toda costa y normalización de conceptos que hasta ahora, en el entorno occidental, no queríamos considerar normales”

    Raul Jaime Maestre: El coronavirus ha conseguido que explote la burbuja de sueldos del sector futbolístico

    https://www.elblogsalmon.com/sectores/coronavirus-ha-conseguido-que-burbuja-sueldos-sector-futbolistico-explote?utm_source=NEWSLETTER&utm_medium=DAILYNEWSLETTER&utm_content=POST&utm_campaign=04_Apr_2020+El%20Blog%20Salm%C3%B3n&utm_term=CLICK+ON+TITLE

    “Existen diferentes escenarios para el fútbol una vez finalizadas las alarmas sanitarias en los diferentes países europeos. El primer escenario es que se pueda jugar todos los partidos con normalidad, es decir, con el público que asiste al campo, el segundo escenario es que parte de los partidos se jueguen sin público y el tercer escenario es que no se jueguen los partidos.En el caso que no se jueguen los partidos, el impacto económico en los clubes europeos estaría entre los 3,45 mil millones y 4 mil millones de euros, y puede llegar los efectos negativos para los clubes españoles de 950 millones de euros que se dejan de ingresar por los derechos televisivos, patrocinios, taquillas y merchandising oficial. Por tanto, si no puede acabar la temporada de fútbol, aunque sea a puerta cerrada, los clubes europeos tienen que recortar sus gastos y estos claramente que son de las fichas de los jugadores y los fichajes que se realizan.Un efecto negativo inmediato de la crisis del coronavirus será los fichajes de los clubes europeos y, por tanto, se reducirá los importes de estos fichajes o directamente no se negociará ningún tipo de fichaje, ya que los clubs no van a tener recursos económicos. Es decir, los clubes europeos van a ser mucho más precavidos al invertir por la reducción de los ingresos.Los clubes españoles, en general, tiene una estructura financiera robusta y reservas acumuladas durante años, pero claramente ningún sector está preparado para vivir un golpe tan duro a nivel económico como el golpe que está dando el coronavirus.Este paréntesis, por otra parte, permite a los clubes europeos reflexionar sobre el modelo de negocio del mundo del fútbol. El fútbol está habituado a tener siempre periodos de bonanza y grandes inversiones. Esta interrupción de su actividad, para que ningún sector estaba preparado, expone los problemas del sistema de transacciones multimillonarias, pero es un sector más frágil de lo que parece. A corto plazo, han bajado los derechos televisivos y, como consecuencia, los jugadores y los entrenadores tienen que ganar menos, es decir, se tendrán que bajar sus sueldos multimillonarios para vivir otra realidad económica.La situación actual abré la puerta a la reflexión y da una oportunidad a los clubs para cambiar un poco su modelo económico. Un ejemplo es el mercado de traspasos de los jugadores entre los clubes que siempre está vinculado a cláusulas opacas y grandes sueldos, y esto se verá claramente afectado por el coronavirus”

    José Antonio Martínez Serrano : La COVID-19 ha sacudido la economía global en unos momentos en los que se estaban generalizando las tensiones comerciales. En los últimos 3 años los gobiernos nacionales han aprobado 2.723 medidas restrictivas del comercio internacional. Las más graves son las aplicadas en la guerra comercial de EEUU y China. Estos dos países sólo son responsables del 23 % de dichas medidas, aunque son las de mayor calado y las que están poniendo en peligro el sistema multilateral de comercio que creó EEUU y del que China ha sido, seguramente, el país más beneficiado.

    https://alde.es/blog/covid-19-y-la-reforma-del-orden-economico-internacional/

    “Esta falta de un buen gobierno multilateral ha contribuido al desarrollo de movimientos antiglobalización que reaccionan contra lo que consideran los efectos negativos de un mundo globalizado. Para estos movimientos, la COVID19 evidenciaría de forma clara lo que ellos consideran efectos negativos de la globalización. Por ello, hoy es frecuente escuchar que el reto al que nos enfrentamos no es la reconstrucción y mejora de las relaciones económicas que se estaban resquebrajando, sino el restablecimiento de unas sólidas economías que prioricen las industrias nacionales. Parece que hay unas fuerzas sociales y políticas que apuntan a la intensificación de los conflictos en las relaciones económicas internacionales. Por eso, Dani Rodrik (1) cree que los autócratas populistas se volverán más autoritarios, que China y EEUU mantendrán su enfrentamiento y que, en general, se intensificará la batalla en el seno de los países entre populistas autoritarios e internacionalistas liberales.Ese camino sería desastroso y ojalá no se intente recorrer. Por el contrario, el impacto que está teniendo la COVID-19 debería servir para reconducir las tensiones chino-norteamericanas. Es necesario comenzar superando el sentimiento anti-chino propio de algunas esferas de la sociedad norteamericana, pero también la hostilidad anti-norteamericana que se está extendiendo en la sociedad china. Como señala Keyu Jin (2) la crisis provocada por la COVID-19 debería abrir el camino a la reconciliación. China, como potencia en ascenso, debe dejar de usar los instrumentos económicos como arma para hacer valer sus intereses geopolíticos y, en su lugar, ganarse la confianza del resto del mundo con comportamientos transparentes y actuaciones honestas. En la lucha que mantienen ambos países por el liderazgo mundial, Martin Wolf (3) ha señalado, muy acertadamente, que vencerá aquel que sea capaz de mostrarse ante el mundo como competente y decente. Y cree que China no es decente, pero el coronavirus puede cambiar esta situación en unos momentos en que EEUU tiene un presidente incompetente y perverso con el resto del mundo.Es de esperar que la tremenda perturbación ocasionada por la COVID-19 haga ver con claridad a los lideres mundiales la necesidad de fortalecer el orden comercial internacional. Y que, mediante la cooperación y el consenso, se restaure una OMC más eficiente para que vuelva a convertirse en un instrumento esencial para el logro, gracias a la división internacional del trabajo y la creciente integración de las economías nacionales, de la prosperidad, la estabilidad económica y la paz mundial”

    Alberto Nadal: ¿Cómo están preparados los sistemas sanitarios frente a la pandemia?

    https://www.eleconomista.es/opinion-blogs/noticias/10459434/04/20/Como-estan-preparados-los-sistemas-sanitarios-frente-a-la-pandemia.html

    Resulta evidente que existe una relación muy directa entre la renta per cápita de un país y los recursos que destina a Sa-nidad: cuánto más rico, más gasta en salud. En 2017, los países de la OCDE gastaron en sanidad unos 3.850 dólares por habitante. España gastó un poco menos, 3.225 dólares. Pero teniendo en cuenta que la renta per cápita española es el 71% de la renta media de la OCDE y que gastamos en sanidad el 84% de la media, la realidad es que dedicamos a sanidad algo más de lo que estrictamente nos correspondería, dada nuestra renta per cápita.Pero también debemos preguntarnos si este gasto es eficiente y si sus resultados son adecuados. Uno de los índices más utilizados para medir la calidad de los sistemas sanitarios es el Índice de Acceso y Calidad de los Sistemas Sanitarios (HAQ Index, en sus siglas en inglés). España puntúa 92 puntos sobre 100 y ocupa el lugar 19 del mundo, por encima de lo que le corresponde según su nivel de riqueza. Otros índices nos sitúan en lugares parecidos: el Legatum Institute de Londres ubica al sistema sanitario a español en el puesto 16; la Organización Mundial de la Salud coloca a nuestro sistema sanitario en la posición 7 del mundo, etc. Todos los análisis coinciden en que España se sitúa en niveles de calidad y eficiencia en su sistema sanitario por encima de lo que le correspondería dado su nivel de desarrollo.Y respecto al personal sanitario, ¿cómo compara España con otros países europeos? Si los datos de la OCDE son correctos, España, en 2017, tenía 2,53 médicos especialistas por cada 1.000 habitantes, menos que Alemania (3,25) o Italia (3,1), pero más que Francia (1,74) o Reino Unido (2,06). Además, el número de especialistas se ha incrementado desde 2,32 en 2009 hasta 2,53 actuales.En médicos generalistas estamos peor, 0,75 por cada 1.000 habitantes, frente a Francia (1,42), Alemania (1,0) e Italia (0,89). El número de médicos generalistas por cada 1.000 habitantes apenas se ha incrementado desde 2009 en dos centésimas.En enfermería sí se ha producido un avance sustancial. En 2009 había 4,95 enfermeros por cada 1000 habitantes; en 2017, 5,74. Esta cifra, sin embargo, todavía está lejos de los países de nuestro entorno.Respecto al número de camas hospitalarias, España se sitúa cerca del Reino Unido e Italia, unas tres camas por cada 1.000 habitantes, pero lejos de Alemania (7,9) y Francia (6,0). A su vez, en recursos tecnológicos estaríamos en el entorno del 70% de la media de la OCDE, lo que resulta coherente con nuestra renta per cápita.De estos datos podemos obtener varias conclusiones. En primer lugar, España dedica más recursos que otros países a Sanidad de los que le corresponderían según su renta per cápita; pero lógicamente estos recursos son inferiores a los de otros países más ricos que nosotros. En segundo lugar, que los profesionales de la sanidad se merecen un aplauso todos los días, ya que, con menos personal y menos recursos que otros países consiguen un nivel de calidad de entre los mejores del mundo. Y, por último, que los recursos no son todo en la lucha contra el coronavirus. Corea, con menos gasto sanitario, ha tenido excelentes resultados, mientras que EEUU gastando en Sanidad más que nadie no está, de momento, consiguiendo mejores resultados que, por ejemplo, Italia”

    Mercedes Teruel: El Covid-19 y la salud financiera del tejido empresarial

    https://alde.es/blog/el-covid-19-y-la-salud-financiera-del-tejido-empresarial/

    “La crisis sanitaria se ha convertido rápidamente en una crisis económica a través de un shock en la actividad productiva. Las empresas se enfrentan a una situación compleja debido a una disminución de la demanda y a las limitaciones de aforos establecidos en algunas actividades. Con todo, las finanzas de las empresas pueden sufrir un estrés que ponga en jaque su viabilidad y, lo que es más grave, la pérdida de empleos. Por ello, las instituciones púbicas están dando ayudas financieras para el mantenimiento de dos pilares básicos: la financiación empresarial y el mantenimiento de los puestos de trabajo. La pandemia está azotando de forma heterogénea a los sectores. Así, las medidas de distanciamiento social han afectado en primer lugar a las actividades productivas relacionadas con los servicios culturales, turísticos, de ocio y el transporte. Por el contrario, los sectores relacionados con la alimentación, las telecomunicaciones y la farmacéutica se han visto impulsadas debido a una mayor demanda.En este momento el tema clave es la capacidad de supervivencia y de arranque de las empresas lo cual dependerá de la capacidad de hacer frente a los costes fijos durante estos meses de paralización y a la menor demanda. Esta reactivación dependerá en gran medida de la demanda basal de las empresas y de su salud financiera.Si hacemos una evaluación preliminar de algunos ratios financieros como son la solvencia, la liquidez y el endeudamiento, podemos ver la heterogeneidad estructural. La tabla inferior desagrega la información entre pymes y grandes corporaciones según los grandes grupos de actividades económicas.

     

    Tabla 1. Ratios de salud financiera a 31 de diciembre de 2018 (Valores de mediana).

      PYMES Grandes empresas
    Deuda Solvencia Liquidez Deuda Solvencia Liquidez
    Sector primario 52,51 1,55 1,13 73,28 1,06 0,81
    Manufacturas 58,89 1,59 1,09 54,14 1,35 0,93
    Energía 50,85 1,63 1,47 55,44 1,09 0,94
    Construcción 64,92 1,48 1,10 73,22 1,20 1,15
    Sector terciario 59,91 1,45 1,12 62,26 1,23 1,12
    Subsectores principalmente afectados
    Hotel 54,16 1,12 1,00 48,31 0,94 0,81
    Restauración 77,93 0,97 0,62 70,06 1,13 1,05
    Transporte 65,15 1,32 1,27 63,14 1,20 1,14

    Nota(1): Endeudamiento (ratio pasivo sobre patrimonio neto), Solvencia (activo sobre pasivo), Liquidez (activo a corto sobre pasivo a corto). Fuente: elaboración propia a partir de Sistema de Análisis de Balances Ibéricos.

    Esta breve fotografía muestra:

    1º- Entre las actividades económicas, el sector de la construcción es el más endeudado (especialmente para grandes empresas) y el sector primario entre las grandes empresas.

    -Las grandes empresas del sector primario presentan una situación financiera más débil debido al mayor endeudamiento y la menor liquidez.

    3º- Si nos fijamos en tres de los sectores más afectados por la pandemia, las empresas pequeñas de la restauración y el sector logística presentan los peores perfiles financieros. Entre las empresas de mayor tamaño, las pertenecientes al sector hotelero presentan los peores niveles de solvencia y liquidez. Finalmente, en términos de ratio de deuda son las empresas pertenecientes al sector de la restauración aquellas que presentan las ratios significativamente más elevadas (y especialmente las pymes).El reto desde el punto de vista público es dar el soporte necesario a las empresas que sean solventes y eficientes, evitando la creación de un grupo de empresas muertas-vivientes o zombis (empresas altamente dependientes de la refinanciación del crédito y con escasa eficiencia). En esta dirección el Gobierno ha creado recientemente un fondo de 10.000 millones de euros para rescatar empresas con problemas de solvencia a causa de la pandemia. Esta actuación está dirigida hacia empresas con problemas de solvencia o liquidez debido a la pandemia. La actuación del gobierno está en el línea con la receta reciente de José María Barrero, Nick Bloom y Steven J. Davis (Barrero et al., 2020). En su artículo abogan por frenar las políticas relacionadas con subsidios al empleo que excedan la productividad del empleo así como las barreras a la creación de negocios.En gran medida se debe de facilitar la reasignación de recursos productivos, pero pensar que este es el momento más idóneo para hacerlo no es adecuado. No debemos olvidar el conjunto de empresas de perfil bajo de productividad. Estos negocios realizan un papel importante en la actualidad al poder sustentar una parte del mercado laboral. Por ello, desde el punto de vista público es necesario dar ayudas a las empresas solventes, pero también aquellas que son zombies.Lo más óptimo es aprovechar la actual coyuntura para facilitar la reasignación de recursos hacia las empresas más eficientes. No obstante, ahora mismo no es adecuado resolver las ineficiencias sistémicas que el tejido productivo arrastra. La reasignación de recursos hacia empresas más eficientes es adecuado, pero también lo es mantener los recursos productivos de otras muchas empresas. Como alternativa, recientemente los autores Werner Hölzl y Philipp Schmidt-Dengler (Hölzl y Schmidt-Dengler, 2020) recomiendan un instrumento alternativo para el caso de las pymes. Su propuesta es crear una ayuda que sea retornable pero condicionada a la generación de beneficios. La idea es crear un mecanismo que facilite el retorno una vez genere beneficios y durante un periodo de tiempo determinado.Tal y como hemos visto, las empresas pequeñas pueden verse más afectadas por su menor acceso al sistema financiero y unos niveles de liquidez inferiores, especialmente aquellas en el sector de la restauración. Elaborar políticas que permitan salir de la crisis “a la carta” va a ser difícil. El sector turístico, con todo su derecho, reclama políticas que faciliten la supervivencia de negocios. Otros, como el sector cultural caracterizado por un elevado peso de los autónomos también reclaman ayudas específicas. El panorama es realmente delicado y se debe de priorizar el salvar la estructura productiva al máximo para atenuar al máximo posible el desempleo y el impacto social

    Alfonso Seca: Propuestas de reforma de calendario

    https://divulciencia.blogspot.com/2020/07/reforma-de-calendario.html?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+blogspot%2FEflLy+%28Divulgaci%C3%B3n+de+la+Ciencia%29

    “Solo existen catorce calendarios diferentes: siete para los años normales, siete para los bisiestos. Además, es muy difícil decir de memoria, sin consultar un calendario, en qué día de la semana cayó o caerá una fecha determinada. Esto es molesto, especialmente en un mundo tan copioso en actividades comerciales y administrativas como el nuestro. ¿No sería posible evitarlo?Los intentos modernos de reforma del calendario van por ese camino. En 1954, la ONU adoptó una resolución, a propuesta de la Unión India, en la que se pedía a todos los países miembros que estudiaran la posibilidad de llegar a un acuerdo para adoptar universalmente una reforma del calendario que afectara a la división del año en meses y semanas. Dos propuestas merecieron la atención del organismo internacional. La primera, el calendario fijo internacional, divide el año en trece meses de 28 días más un día supernumerario (dos, en el caso de los años bisiestos), que no ocuparían lugar en la semana. Los nombres de los meses serían los mismos que ahora, salvo por el mes adicional, llamado sol, que se intercalaría entre junio y julio. Todos los meses serían idénticos entre sí, pues abarcarían cuatro semanas exactas, y todos comenzarían en domingo. Tendríamos un calendario único, válido para todos los meses y todos los años: el de la tabla adjunta. El día adicional, día de fin de año, se colocaría entre el sábado 28 de diciembre y el domingo 1 de enero del año siguiente. El día adicional extra de los años bisiestos se intercalaría entre el sábado 28 de junio y el domingo 1 de sol. Este calendario tiene un inconveniente: los trece meses del año no se reparten bien entre las cuatro estaciones: cada una duraría tres meses y una semana”

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    Calendario fijo internacional.

    La segunda, el calendario mundial,  evita este problema dividiendo el año en doce meses, tres por estación, con los mismos nombres que los meses actuales. Los tres meses de cada trimestre durarían, respectivamente, treinta y uno, treinta, y treinta días. Cada trimestre constaría de trece semanas (noventa y un días) y empezaría siempre en domingo. En este caso, el calendario de un trimestre de la tabla adjunta se aplicaría a todos los trimestres y a todos los años. El primer mes de la tabla se aplicaría a enero, abril, julio y octubre. El segundo, a febrero, mayo, agosto y noviembre. El tercero, a marzo, junio, septiembre y diciembre. El día adicional que completaría los 365 de los años ordinarios, el día mundial, se colocaría entre el sábado 30 de diciembre y el domingo 1 de enero del año siguiente. El día intercalar de los años bisiestos se situaría entre el sábado 30 de junio y el domingo 1 de julio.La principal dificultad para alcanzar un acuerdo para la reforma del calendario tiene origen religioso: los judíos, los adventistas y los baptistas del séptimo día se oponen a romper la sucesión estricta de los días de la semana con la inserción de días adicionales, lo que afectaría al intervalo entre dos sabbath consecutivos, que para ellos es intocable. La Iglesia católica y muchas iglesias protestantes, en cambio, no parecen tener problema para aceptarlos. Desde que se hicieron estas propuestas han pasado 66 años y no se ha hecho nada. No parece que el cambio sea inminente”                                                            

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