• El cese de las fábricas de Nissan en Barcelona preludia el ajuste  de  la actividad en todo el sector  del automóvil en España,  una producción que, junto con la del turismo, fundamenta casi la mitad del crecimiento del PIB nacional. La actividad del sector del automóvil no depende de las ventas interiores sino de las exteriores y ello sólo es posible si se acierta con la gama del producto. La verdadera riqueza del sector se basa en la producción para la exportación, prácticamente dedicada a los automóviles de gama baja. Precisamente los mismos que ya se fabrican en los países del Este europeo. De forma inexorable, pero no inevitable, va a haber problemas para  la capacidad instalada en España y, con ello para la del importantísimo  sector auxiliar del automóvil. ¿Es posible evitarlo o retrasarlo? . Lo mejor sería conseguir una asignación de fabricación de modelos de gamas superiores. Las contrapartidas para conseguirlo no van a ser fáciles, porque todos los países de la UE quieren hacer  a la vez lo mismo. Va a llegar a haber una subasta de ayudas públicas a la fabricación del coche diesel, y  habrá otra subasta entre naciones para para las ayudas a la transición al coche eléctrico, esta vez bajo control directo de la Comisión Europea.  Macron ya  ha anunciado que las multinacionales  francesas del motor  se han convertido en una Cuestión de Estado. Y Merkel va decir pronto lo mismo  con las multinacionales alemanas del motor. Las empresas ya saben que, si tuvieran que modificar las instalaciones, tendrían ayudas fiscales a la inversión y formación de los trabajadores y, sobre todo, a la importantísima  reconversión de la industria auxiliar. En la etapa de Rajoy, la industria del motor consiguió de los sindicatos  la firma de unos convenios colectivos que aportaron un pacto social a largo plazo con flexibilidad en la producción que  garantizaba a cambio   la capacidad de producción instalada  para los siguientes 5 años. Pero ahora, con la amena del coche eléctrico, todo dependerá de la asignación de los modelos de diésel  a fabricar en España. Todo lo contrario de lo que quiere conseguir la Ministra española de Industria  La gran capacidad exportadora es, precisamente, nuestra dependencia de las decisiones estratégicas de las multinacionales. La planificación de esta industria asigna la carga de trabajo a las plantas que tienen mayor productividad, que reciben mejores ayudas públicas o que registran mayores crecimientos consistentes de la demanda interna, algo que ahora precisamente no va a crecer. Así que, curiosamente, lo mejor sería lograr un pacto entre el Gobierno central y las Autonomías  reducir el impuesto de matriculación que limitaría los ingresos fiscales de algunas autonomías que ahora van a entrar en recesión

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