• AGENDA PRENSA 23 MAYO

     

    DURANTE UNOS DÍAS, LA AGENDA DE

    PRENSA SE VERÁ AFECTADA EN SU

    CONTENIDO DEBIDO AL TRATAMIENTO

    MÉDICO DE UNA DOBLE AFECCIÓN

    PARASITARIA

     

    Amber  Lee Frost: Por qué prefiero El Financial Times sobre el New York Times

    https://www.letraslibres.com/espana-mexico/revista/por-que-prefiero-el-financial-times-sobre-el-new-york-times

    Cada mañana, si no tengo resaca, me levanto alrededor de las ocho, porque es cuando mis dos gatos comienzan a maullar pidiendo el desayuno. Les doy de comer, hago café y ando descalza y sin ducharme (con una taza en la mano) por el vestíbulo común de mi apartamento hasta la puerta principal, donde recojo mi New York Times y mi Financial Times. Vuelvo entonces a mi apartamento, echo un vistazo a la portada del New York Times durante cinco u ocho segundos, y lo tiro a la basura con desprecio. Me bebo el café y me dedico a leer completamente el Financial Times, excepto la sección de Empresas y Mercados, que es especialmente densa. Si es la edición del fin de semana, me leo incluso casi por completo la sección de Hogar y Casa, cuyos editores parecen tener una definición muy generosa de lo que significa “mercado inmobiliario” y dan espacio a temas como los sin techo y la conservación de la fauna. Me esmero en leer las columnas de opinión medio en broma medio en serio de gente rica que exige que se prohíba a los niños en los restaurantes y museos de arte.

    Como soy una Socialista con S mayúscula, mis hábitos de lectura sorprenden a menudo a los progresistas. Soy escritora, pero mi mayor audiencia viene de Chapo Trap House, un popular podcast político satírico de izquierdas. Esto me convierte en una especie de bicho raro para mis colegas de las instituciones mediáticas tradicionales –repletas de progresistas–, así que a menudo me encuentro a mí misma explicando mi preferencia por el papel rosa del capitalismo liberal frente a la Señora Gris del liberalismo cultural. La respuesta es simple: según prácticamente todos los estándares, el Financial Times es mejor periódico. Hace una cobertura del mundo tal y como es: una batalla global no de ideas o valores, sino de intereses económicos y políticos.

    Comparado con el Times, los reportajes son a menudo más profundos; los reporteros tienen por lo general más experiencia; la cobertura es comprensible tanto geográfica como sustantivamente; incluso las columnas y tribunas de opinión son mejores –posiblemente porque hay muchas menos, y no se usan para rellenar el periódico con “contenido” (artículos confesionales, publirreportajes, listas) sino para hacer reportajes.

    El FT es más refrescante y no se pierde en la ciénaga de las miopes guerras culturales estadounidenses, que rara vez alcanzan la superficie de la política material o la economía. Cuando hace noticias ligeras, tiene una calidad mayor (por ejemplo, el “Almuerzo con el FT” que hizo Rana Foroohar con Rebecca Solnit trasciende el género del perfil adulador a un famoso para dar pie a una crítica sutil pero feroz).

    Por el contrario, el New York Times es el buque insignia del triunfalismo liberal; sigue la línea del “fin de la historia” de Francis Fukuyama, la noción de que todo conflicto ideológico serio llegó a su fin con la suspensión de la Guerra Fría, y que ya no hay mucho en juego en las disputas políticas del futuro más allá de acuerdos comerciales regionales y el ajuste de los tipos de cambio.

    Recientemente, sin embargo, el “fukuyanismo” ha sufrido un duro golpe. Las pasadas elecciones presidenciales en Estados Unidos fueron un shock para casi cualquier persona que trabajara en predecir su resultado, y tanto el surgimiento de Bernie Sanders como el de Trump prueban que no hemos alcanzado, como predijo Fukuyama, el “punto final de la evolución ideológica de la humanidad”. La idea de un “fin de la historia” perdió credibilidad cuando todos empezaron a prestar atención a una desigualdad económica por las nubes y al malestar político, y fue bastante evidente que el mundo seguía siendo una batalla feroz entre los que no tienen nada y los que lo tienen todo. Karl Marx lo sabía, cualquier trabajador de una fábrica de coches en Detroit obviamente lo sabe y Edward Luce del FT lo sabe. Incluso el propio Fukuyama se ha dado cuenta de la inestabilidad de la trayectoria política liberal estadounidense y ha proclamado que “el socialismo debe volver”. David Brooks, por otra parte…

    Para colmo, la Señora Gris constantemente es blanco del menosprecio que sale del cargo más importante de Estados Unidos. Después de ocho años de estar en una posición cómoda a favor de Barack Obama, en la que el periódico tuvo cero consecuencias por sus evidentes errores morales y periodísticos al apoyar la guerra de Irak, el “decadente New York Times” y sus compañeros se revuelven furiosos ante su repentina irrelevancia para estas nuevas élites políticas tan vulgares. El Times es incapaz de concebir un mundo en el que puede estar equivocado y de lidiar con una administración que habla con tanto desprecio de su trabajo. No solo ha perdido la capacidad de influir en el rey, sino que está descubriendo que es incapaz de llegar a los campesinos; los artículos cínicos y obvios contra Bernie Sanders muestran el desprecio general del periódico hacia la política de masas.

    Si la máquina mediática estadounidense rindiera cuentas al público, o fuera un conjunto más autorreflexivo y penitente, o al menos tuviera algo de vergüenza, el Times se habría esforzado un poco en reconsiderar la ideología de la casa. Y sin embargo mantiene el rumbo. ¿Por qué?

    Hay factores psicológicos en juego: claramente, negación, algo que vemos a menudo en los lectores de la #resistencia del Times que piensan que todo esto ha sido un gran error y que papá va a venir a salvarlos de un momento a otro. Pero, como buena marxista, debo señalar que la ideología y la filosofía de la industria periodística son esencialmente un producto de las fuerzas del mercado. Los medios públicos como la BBC pueden seguir siendo sosos e informativos. Los reportajes del FT se dirigen a unos lectores que participan en acontecimientos globales. The New York Times analiza de manera compulsiva y escruta ad nauseam cualquier cosa que diga Trump porque eso le sirve para pagar las facturas y cultivar una audiencia a la que adula y mantiene estimulada. Solo hay que ver el “Empujón Trump”, el incremento del 66% en los beneficios del periódico por agotar cualquier iteración posible de comentario, especulación o invectiva sobre Donald.

    Si miramos más atrás, el declive de la industria periodística en Estados Unidos ha conseguido que, por años, una buena parte del “país interior” acabe ignorado por las “élites de las costas” (sí, es una denominación fiel). Los periódicos más pequeños tienen presupuestos mucho más pequeños para viajes y reportajes de investigación a largo plazo, y muchos periódicos locales han sido destrozados o desguazados. La cobertura local tiene sus debilidades, claro, y las noticias nacionales son necesarias para evitar la política provinciana de una federación demasiado provinciana, como es la de Estados Unidos, pero, si hubiéramos tenido buenos periódicos locales, ¿es posible que el Times hubiera podido ver más de la miseria y el desafecto que condujeron a la victoria de Donald Trump? ¿Un periodismo local serio, que hubiera cubierto las consecuencias dramáticas del tlc y la reforma de salud pública durante la administración Clinton, habría concluido que Hillary era menos que inspiradora para la mayoría de los estadounidenses de clase trabajadora?

    El ligero incremento en el empleo en medios “nativos digitales” (alrededor de seis mil puestos de trabajo entre 2008 y 2017) no solo ha fracasado a la hora de reemplazar los trabajos perdidos en las redacciones, sino que ha producido un periodismo con menos sustancia. Con el surgimiento del “contenido” en internet, los grandes medios han extendido sus secciones de tribunas y columnas de opinión hacia el clickbait sin fin estilo BuzzFeed. El resultado es un depósito inmenso de contenido pseudopolítico, tan amplio como un océano y tan vacío como un charco. (El Times no solo está repleto de columnas de opinión y tribunas, sino que se encuentran en una posición destacada, en la parte superior de su web. El FT, por su parte, las coloca hasta abajo.)

    Un ejemplo. La primavera pasada me di cuenta de que el Times publicó no uno sino dos artículos sobre una tormenta en un vaso de agua que se había dado en Twitter: si era “apropiación cultural” o no que una estudiante de instituto en Utah vistiera un cheongsam, un vestido de origen chino, para el baile de fin de curso. Esto no es periodismo, comentario cultural o ni siquiera un artículo de tendencias; es el intento de parecer relevante. (Aunque creo que si quieres que tu pequeño pueblo salga en el Times tienes que hacer algo que enfade a los estudiantes de una universidad de artes liberales. En un intento de sobrevivir a la era de internet, el Times se dedica a rastrear tuits en busca del ruido y la furia de espectáculos online interminables que raramente interesan a nadie, salvo a una microcultura online dedicada al “discurso”.)

    Hay banalidades que se confunden con reportajes, como la estrafalaria cantidad de espacio que el periódico dedicó a las penurias, propias de un paria social, del abogado y profesor Alan Dershowitz en la isla Martha’s Vineyard tras haber apoyado a Trump, pero si quisiera chismes leería las páginas de sociales. La decisión colectiva del periódico de dedicar espacio –incluso en el ecosistema infinito del contenido web– y recursos a trivialidades que carecen por completo de significado e interés periodístico indica un compromiso editorial no con el periodismo, sino con las comidillas de la clase media educada.

    El principal factor que explica el declive del periodismo liberal, sin embargo, es el declive de la propia izquierda. En ausencia de comités de trabajadores en los periódicos locales y de un movimiento sindical vibrante para financiar publicaciones de la clase trabajadora, la lucha de los trabajadores no suele cubrirse, o se cubre solo dentro de los confines de una indignante miopía burguesa.

    Tomemos por ejemplo el #MeToo, un movimiento que lucha contra la lacra del abuso y el acoso sexual en el espacio de trabajo. De manera obsesiva, los medios se centraron en las millonarias estrellas de cine y en mujeres con poder en (acertaste) los medios. Si los lectores no conocieran nada de Estados Unidos y leyeran el Times acabarían pensando que estas mujeres ricas y famosas son las mujeres más vulnerables del mundo y no exactamente lo contrario. (El FT no es un espacio para las historias orales como el de Studs Terkel, pero como periódico del capitalismo sus editores al menos mantienen el foco en la política y en las mujeres en el trabajo, sin intentar hacer pasar por periodismo feminista un montón interminable de chismes de famosos.)

    Un periodismo fuerte centrado en los trabajadores habría expandido la conversación sobre el #MeToo para incluir a mujeres que recogen tomates, trabajan en líneas de montaje, atienden mesas y limpian habitaciones de hotel. Un periodismo fuerte centrado en los trabajadores habría politizado el problema con demandas serias de políticas públicas y leyes laborales. Tampoco las publicaciones “progresistas” sustituyen a la izquierda laborista. En este momento, The Nation parece simplemente un folleto para su agencia de viajes con conciencia política (es un negocio de verdad). Distanciados de cualquier institución de la clase trabajadora, se inclinan hacia el progresismo, y por supuesto sufren los mismos males de financiación que sufren otras publicaciones.

    Así que el panorama mediático está dominado por publicaciones progresistas y su indignación y #resistencia clickbait, con su visión del mundo a lo Fukuyama todavía preservada en gelatina temblorosa. Es un hechizo difícil de romper, especialmente cuando los ideólogos están intensificando su histeria.

    En el clásico de 1976 de Sidney Lumet Network [Poder que mata], Howard Beale (interpretado por Peter Finch) es un presentador de televisión que se convierte en un “profeta loco de las ondas” después de su despido por baja audiencia y de sufrir un brote psicótico. Encabeza una resistencia popular desde un programa sensacionalista de televisión que cautiva a una audiencia desencantada, que está “más que harta, y no aguanta más”. Después de que en una transmisión en vivo Beale pide al presidente de Estados Unidos que detenga un acuerdo para vender el conglomerado de la cadena a un conglomerado saudí aún más grande, el director del conglomerado estadounidense (interpretado por Ned Beatty) lo llama a una reunión y le ruge:

    Eres un hombre viejo que piensa en naciones y pueblos. No existen las naciones. No existen los pueblos. No existen los rusos. No existen los árabes. No existen los terceros mundos. No existe Occidente. Solo hay un único sistema holístico de sistemas, vasto y colosal, un dominio de dólares entrelazado, interactuando, multivariable, multinacional. Petrodólares, electrodólares, multidólares, marcos alemanes, yenes, rublos, libras y séqueles. Es el sistema internacional monetario el que determina la totalidad de la vida en este planeta. Este es el orden natural de las cosas hoy.

    Es una escena perfecta: el capitalista despiadado bramando y explicándole la realidad del mundo a un cruzado histérico y mediático que hasta ese momento se imaginó a sí mismo como un evangelizador virtuoso, y nunca se paró a pensar ni un segundo en su propia insignificancia frente a las fuerzas del mercado. En el caso del periodismo, los capitalistas comprometidos siempre son mejores materialistas que los progresistas. Por eso leo el FT. Está claro que van con el otro equipo, pero al menos saben de qué va el juego.”

    Gonzalo Garcia Andres: La bicoca del Arancel

    http://blognewdeal.com/gonzalo-garcia-andres/la-bicoca-del-arancel/

    “El inquilino de la Casa Blanca ha vuelto a darse un atracón de aranceles. Frente a la expectativa de que las negociaciones de los últimos cuatro meses terminarían en un acuerdo con China, el presidente decidió elevar el tipo de los aranceles aplicados sobre 200.000 millones de importaciones desde el 10% al 25%. Así, el arancel medio sobre las importaciones chinas ha subido hasta el 18%; si se llegara a consumar la amenaza de extender este mismo tipo arancelario al resto de las importaciones chinas (aproximadamente 300.000 millones de dólares, entre los que destacan los bienes de consumo), el arancel medio llegaría al 28%, un nivel muy próximo al del infausto arancel Smoot-Hawley de 1930. Resulta difícil evaluar las consecuencias económicas de esta nueva escalada (China ha vuelto a responder subiendo los aranceles a 60.000 millones de exportaciones de EEUU). La furia arancelaria de 2018 no truncó la buena marcha de la economía estadounidense; pero ya sabemos que los efectos de los impuestos pueden no ser lineales. ¿Qué cabe esperar?

    Empecemos por el efecto agregado. El FMI estimó en octubre de 2018 que este nuevo paso en la guerra comercial tendría un impacto negativo sobre el crecimiento del PIB de 4 décimas para EEUU y de 0,6 décimas para China. El encarecimiento de los precios de sus productos respectivos llevaría a una caída sustancial de los flujos comerciales bilaterales. Dado que las exportaciones de China son considerablemente mayores, el descenso de la demanda y del PIB es mayor. Los países que compiten con los productos chinos o con los estadounidenses podrían verse beneficiados gracias a la desviación de comercio (sustitución de proveedores sujetos al arancel por proveedores que no tienen que soportarlo). Entre estos afortunados estarían México, Canadá, Corea, Japón e incluso el área euro (ver, por ejemplo, esta estimación con el modelo de equilibrio general del banco central holandés). No obstante, la magnitud del aumento de las exportaciones y del PIB sería moderada y temporal, pues los productores domésticos ajustarían su producción para aprovechar su mejor posición relativa.

    En términos del saldo bilateral de comercio de bienes, es muy probable que la ventaja china siga menguando; ahora bien, hasta el momento, las subidas de aranceles no han conseguido reducir el déficit comercial agregado de EEUU, porque las importaciones procedentes de China se han sustituido por importaciones procedentes de otros países.

    Con este análisis se podría llegar a la conclusión de que el coste económico de la decisión de la Casa Blanca es moderado y que, en cualquier caso, no va a alterar las perspectivas macroeconómicas y financieras para 2019. Pero eso sería apresurarse a sacar conclusiones. Completemos esta visión macro con una mirada al conjunto de efectos microeconómicos de la subida de los aranceles.

    Un trabajo reciente de Amiti, Redding and Weinstein (2019) trata de estimar el efecto de las sucesivas rondas de aranceles (lavadoras, paneles solares, acero y aluminio, China) sobre el bienestar de los consumidores de EEUU, partiendo del marco de oferta y demanda en equilibrio parcial. La situación de partida en el mercado del bien m (ver diagrama) se da en el punto de intersección de la curva de demanda doméstica con la oferta mundial. El precio doméstico es igual al mundial y las importaciones son m0. Con la introducción del arancel, se introduce una cuña entre el precio que pagan los consumidores americanos y el precio que reciben los exportadores, ilustrada con el desplazamiento hacia arriba de la curva de oferta. El nuevo equilibrio se caracteriza por un precio para los consumidores superior y una caída de las importaciones. El impacto neto sobre la eficiencia (la suma de los excedentes del consumidor y del productor), viene dado por las áreas marcadas con letras mayúsculas:

    • A+C es la recaudación, que se puede devolver a los consumidores. C es la caída en el excedente del productor por la reducción del precio mundial, que es una transferencia en este caso de China a EEUU
    • B+D es el coste neto de bienestar, porque indica la caída en los excedentes del consumidor y del productor que no se recupera (por eso se llama pérdida de peso muerto). D, que es la parte de la pérdida total que soportan los productores chinos, depende de cuánto caiga el precio mundial.

    Pues bien, partiendo de este marco y utilizando los datos de valor unitario de las importaciones por cada partida, los autores llegan a las siguientes conclusiones:

    A.- Los importadores han trasladado casi al 100% el arancel en los precios finales cargados a consumidores o a empresas en EEUU

    B.- Los precios de importación antes del arancel (los p* del diagrama), apenas han caído. De manera que el mecanismo que suele reducir los costes de eficiencia de un arancel para un país grande (el peso en la demanda global hace caer los precios y mejora la relación real de intercambio), no se ha activado hasta el momento. Dada la importancia del mercado americano para la mayoría de los exportadores, este es un resultado sorprendente. Los autores señalan que podría modificarse si se amplía el período de ajuste de los precios por parte de los exportadores.

    C.- Los productores domésticos que compiten con las importaciones también han subido los precios.

    D.- La disminución de los flujos comerciales bilaterales (que estiman en 136.000 millones de dólares en términos anuales) supone una perturbación en las cadenas globales de valor, porque las operaciones que dejan de ser rentables con los aranceles deben reorientarse hacia otros países.

    Asumiendo que la función de demanda tiene pendiente constante, los autores estiman el efecto neto sobre la eficiencia, llegando a un coste en términos de renta real perdida por los consumidores de 1.400 millones de dólares al mes (antes de la última subida del tipo hasta el 25%). A primera vista, incluso incrementado con el coste de las últimas medidas, puede parecer moderado.

    Sin embargo, el conjunto de efectos negativos (algunos de ellos difíciles de medir, como la generación de incertidumbre o el impacto negativo sobre la inversión) llega en un momento de particular sensibilidad de la coyuntura a nuevos choques. Vaya por delante que los fundamentos de la economía estadounidense son sólidos: pleno empleo, inflación en el objetivo, repunte de la productividad, deuda doméstica moderada… Pero no hay economía que no pueda sucumbir ante una política económica errada. La presión sobre los costes coincide con la subida de los salarios y la compresión de los márgenes. Y un repunte de la inflación por encima del objetivo, junto con peores perspectivas de crecimiento, pondría las cosas difíciles a una Reserva Federal que está titubeando más de la cuenta en los últimos meses al tiempo que se plantean dudas sobre su independencia y la competencia de los nuevos miembros propuestos para el Comité de Gobernadores.

    Corolario: los aranceles acaban resultando indigestos; y los mercados son conscientes de ello. La decisión de suprimir los aranceles al acero y al aluminio con Canadá y México, así como la prórroga de seis meses en el procedimiento contra las importaciones de automóviles por motivos de seguridad nacional son señales de que, aunque se desprecia el razonamiento de los economistas, en la Casa Blanca sí se siguen los movimientos de los mercados. Aunque todavía queda un año y medio para las elecciones presidenciales, es posible que estemos ya en el límite de la dosis de proteccionismo que la economía estadounidense puede tolerar sin arriesgarse a poner fin a su larga expansión

    Andres Gil entrevista a Josep Borrell: «La idea de una alianza desde Macron a Tsipras refleja la descomposición de la entente entre populares y socialistas»

    https://www.eldiario.es/politica/Josep-Borrell-PSOE-Macron-Tsipras_0_901160777.html

    Luis Peydró:  En estos tiempos en que diferentes fuerzas políticas quieren que los bancos paguen por el rescate (de las cajas), la situación de la banca es la siguiente. Por una parte, los bancos vuelven a tener beneficios, pero muy bajos comparados con los bancos no europeos. Por otra, los bancos tienen una serie de problemas importantes, no sólo políticos, entre ellos: (i) la competencia de la banca en la sombra, de la tecnología financiera (Fintech) y de las grandes compañías tecnológicas (BigTech); (ii) la baja confianza del público después de la crisis; (iii) una regulación y una supervisión muy fuertes, y (iv) unos tipos de interés muy bajos, que seguirán así durante un tiempo.

    http://nadaesgratis.es/admin/el-ocaso-de-la-banca

    “Pero la banca es una institución con al menos 2500 años de historia, y siempre con muchos contactos políticos, por lo que su futuro quizás no sea tan malo. En esta entrada desarrollo algunos de estos puntos y defiendo también los bancos de desarrollo.

    Acabo de dar un curso, ayer en Londres, de Fintech y BigTech a ejecutivos de bancos internaciones y otras entidades financieras y reguladores donde hacía hincapié en que no sólo los taxistas tienen miedo de Uber, y los profesores de los MOOCS, sino que también las entidades financieras tienen miedo de la aplicación de la tecnología a las finanzas (Fintech). Hoy, en cambio, estoy en una conferencia sobre banca en Nueva York, en Columbia con Tano Santos, hablando de los préstamos bancarios, que existen desde hace miles de años. Un punto que traté de enfatizar en el curso es que el Fintech es menos peligroso para la banca que el Techfin, es decir empresas tecnológicas que hacen actividades financieras «a tiempo parcial» (algo que también señala el Banco de Pagos Internacionales, BIS). Si un Fintech pequeño lo hace bien, quizás la banca lo acabe comprando, pero la banca no puede comprar a las grandes empresas como Amazon, Apple, Google o Facebook (la capitalización de estos BigTech es mucho mayor que la banca, aunque no lo sea su balance). Estoy trabajando con datos de Alibaba/Ant Financial de China y allí, tanto en el crédito, pagos, y fondos de inversión, el BigTech es también muy importante. Para hacernos una idea del tamaño de las operaciones de estas empresas, Amazon otorgó en el 2007 préstamos por valor de mil millones de dólares. Además, estas empresas tienen muchos datos y saben tanto de nosotros que pueden predecir mejor nuestro riesgo crediticio que un banco o conocer mejor nuestra salud que una compañía de seguros (piénsese en el Apple iWatch). Todo esto no es sino una parte básica del nuevo aprendizaje automatizado (machine learning, en inglés). A esto se añade su facilidad para operar desde puntos geográficos alejados. Por ejemplo, Google ha adquirido una licencia bancaria en Lituania y a partir de allí puede operar en toda Europa. De momento, estas compañías cooperan con bancos en los países avanzados, pero no así en los emergentes, incluido China, algo que quizás cambie en el futuro. Es también interesante señalar que en los países emergentes y en desarrollo, el Fintech está mejorando mucho la inclusión financiera, aunque más deuda no es necesariamente mejor, y que con el big data se puede discriminar mejor, pero el balance parece positivo.

    Otro de los problemas de la banca señalado anteriormente es que la gente confía menos en ella y no sólo debido a la crisis del 2008 o a la manipulación del Libor/Euribor, sino también por los escándalos recientes con Wells Fargo, Goldman y Danske, entre otros. De hecho, un caso que explico a mis estudiantes de máster es cómo en Moldavia robaron más del 10% del PIB a través de los bancos. En cambio, a pesar de los problemas con Facebook (Cambridge Analitica) y Twitter, los jóvenes confían más en las empresas tecnológicas, y la reputación es capital implícito. La banca no está súper-capitalizada (en capital tangible, explícito), y por añadidura tampoco anda muy bien de capital implícito. Crédito viene del latín credere, creer, confiar y sin credere no hay sistema financiero que funcione. En la Edad Media, por ejemplo, en la Taula de Canvi en Barcelona la regulación era muy estricta y, aunque no hubiera credere, las medidas coercitivas eran muy duras (los castigos incluían el cortar la mano). Pero esto ya no pasa, ahora se necesita más confianza.

    Otro problema añadido es que la regulación y supervisión son muy altas en la banca, pero no en las instituciones no bancarias que realizan actividades financieras (la banca en la sombra, los intermediarios financieros no bancarios, el Fintech), y los tipos bajos penalizan a la banca mucho más que a estas otras instituciones, aunque menos de lo que se quejan los banqueros. Por tanto, el futuro para la banca no es muy brillante, a no ser que se adapte. La próxima semana trabajaré como consultor para el Consejo de la Reserva Federal en Washington en dos proyectos sobre banca en la sombra y los Fintech. Allí explicaré cómo el mayor prestamista de hipotecas en USA ya no es Wells Fargo (un banco) sino Quicken Loans (una empresa online), cómo en el sector financiero dedicado a los consumidores las entidades no bancarias son tan importantes como los bancos, y cómo en el mercado secundario de préstamos a empresas grandes (los leverage loans), las entidades no bancarias tienen más del 70% de los préstamos (aunque no en el mercado primario). ¿Hay un límite a las entidades no bancarias? ¿Serán objeto de regulación? ¿Qué pasará en España con la banca, y en general en Europa? ¿Cómo se regulará la competencia en la nueva directiva europea de servicios de pagos digitales (PSD2)? ¿Quién será el dueño de los datos? Estas son preguntas fascinantes de cuya respuesta dependerá el futuro del sector.

    Para acabar, me gustaría señalar que la banca tiene una ventaja importante: las garantías explícitas (como el depósito de seguros) e implícitas (como los rescates bancarios o el acceso a la liquidez de los bancos centrales). Esto implica que, tanto en las crisis como en momentos de mucha incertidumbre, la banca tendrá todavía un papel muy importante que jugar. Con todo, hay dos puntos a los que prestar atención: (i) quizás esto cambie si, por ejemplo, los bancos centrales emiten monedas digitales o mantienen reservas en estas monedas, a las que el público pueda acceder directamente, de manera que podamos nuestro dinero en los bancos centrales en vez de en la banca comercial; (ii) los bancos de desarrollo, como el ICO o ICF, tienen todavía un futuro, ya que cuando los bancos cortan el crédito durante las crisis económicas, pueden tener un papel contracíclico manteniendo sus préstamos a las empresas productivas y ayudando al empleo. No sólo hay vida fuera de los bancos comerciales en el Techfin/Fintech o en la banca en la sombra; también lo hay en otro tipo de bancos más públicos”

     Mil gracias por la lectura y difusión de esta Agenda  de Prensa y no sean cándidos. No crean en las palabras y solo se fíen de los hechos 

     

    Manuel.portelap@gmail.com

     

     

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