• Noticias maquetadas 15.10.2010

    EL MUNDO QUE VIENE Pills
    VICENTE LOZANO

    «Un impuesto sobre el despido ayudaría a crear empleos estables y a largo plazo»
    JEAN TIROLE 

    «Todavía es demasiado joven para optar al Premio Nobel de Economía, pero démosle tiempo al tiempo», dicen algunos de sus directos colaboradores. Jean Tirole (Troyes, 1953) es uno de los economistas franceses de mayor reputación en el mundo. Especialista en la Teoría de los Juegos y en la Teoría de la Información, ha sabido extraer sus consecuencias prácticas en la aparición y estallido de las burbujas financieras, las ineficiencias de las políticas públicas y la regulación de los mercados. Tirole recibió el año pasado el Premio Fronteras del Conocimiento en Economía que concede anualmente el BBVA y ha estado en Madrid para impartir la conferencia inaugural del curso 2010-2011 del Centro de Estudios Monetarios y Financieros (CEMFI).
    Pregunta.- En algunos países, como Estados Unidos, Francia y España, el alto desempleo es la principal consecuencia de la crisis. En España, en concreto, con un 20% de la población activa sin empleo, es un problema acuciante. ¿Cómo se puede abordar la mejora del mercado de trabajo?
    Respuesta.- Por supuesto que el paro es un gran problema que se ha agudizado con la crisis. En primer lugar, que hay que tomar medidas a corto plazo para reducir el desempleo, pero es más importante pensar a medio y largo plazo y, desde ese punto de vista, es fundamental darse cuenta que se necesita reformar el actual mercado de trabajo. No conozco bien el caso español, pero supongo que será similar al francés. Los dos países han contado desde hace años con una elevada tasa de paro, ahora se ha agudizado y con el problema añadido de que crece el paro de larga duración. Ante eso, la tentación es intentar reducir el desempleo con trabajos temporales, que a la larga se demuestra que no son buenos porque no son estables. Pueden ser una solución coyuntural en momentos de crisis, pero el mercado laboral de un país no puede estar fundamentado en los contratos temporales.
    P.- ¿Por qué apenas hay contratación indefinida?
    R.- En buena medida por la legislación. Las empresas tienen muy pocos incentivos para crear puestos de trabajo estables y no les compensa. Por ejemplo, uno de los problemas es la excesiva judicialización de los conflictos laborales. Un juez -salvo casos flagrantes de discriminación- nunca tiene la suficiente información para decidir sobre despidos en una empresa. No sabe si ese puesto de trabajo es necesario o no. Así, el empresario se cura en salud y prefiere la contratación temporal, que siempre supone menos indemnizaciones, para evitarse problemas.
    Hace seis años, Olivier Blanchard -hoy economista jefe del Fondo Monetario Internacional- y yo propusimos sustituir el proceso judicial por un impuesto sobre el despido. Se trata de que si una empresa despide a un trabajador pague un impuesto al Gobierno. La recaudación de ese impuesto sobre el despido se acumularía en un fondo del que se pagarían las prestaciones por desempleo. Sería mucho más eficaz y, desde mi punto de vista, animaría a las empresas a crear empleos de larga duración. El problema es que esto no se puede empezar a hacer con una crisis como la actual. El exceso de trabajos temporales no es bueno para la economía de un país ni, por supuesto, para el trabajador. Reduce el desempleo a corto plazo, pero no es la solución. Pongámonos a hacer una reforma laboral de verdad.
    P.- Buena parte de la población europea está desanimada por la difícil coyuntura económica. ¿Cómo ve el futuro del continente un economista?
    R.- Todo es cuestión de decisión política, de querer cambiar las cosas. Tenemos que invertir en nuestro futuro. Corremos el riesgo de convertirnos en un continente de segunda línea, que sólo seamos capaces de fabricar los desarrollos tecnológicos que lleguen de China o Estados Unidos… Espero que no, por el bien de nuestros hijos. Hablando en serio, Europa sobrevivirá porque sigue teniendo mucho capital humano y unos procesos educativos -desde la escuela primaria hasta la Universidad- muy buenos. Esta es nuestra ventaja competitiva actual. Necesitamos seguir invirtiendo en ello, pero, al contrario, lo que estamos haciendo es pasarle todas las cargas a nuestros hijos, como ocurre con la jubilación. Por tanto, tenemos activos, capital humano y formación. Podemos hacerlo, pero se trata de querer hacerlo.
    P.- ¿Cree que las autoridades políticas y económicas han actuado correctamente durante estos últimos y convulsos años? online Purchase
    R.- En medio de una crisis como la que estamos viviendo hay muy poco grado de libertad para tomar decisiones. El margen de actuación es muy estrecho. En casos como el que hemos vivido, lo primero que hay que hacer es evitar que el sistema financiero quiebre y para ello hay que reducir los tipos de interés e inyectar liquidez. Después, comprar los activos dañados, como han hecho los bancos centrales. Tanto en Europa como en EEUU las reacciones han sido similares porque no ha habido elección. Es antes de que ocurra cuando se pueden hacer cosas: vigilar, evitar la aparición de burbujas…
    P.- Pero está claro que en su momento no se tomaron esas decisiones que ahora se ven tan claras, ¿qué falló entonces? Order
    R.- Todos tenemos en la cabeza que fue un fallo de los sistemas de regulación a la hora de controlar a los bancos y a otras entidades financieras. Lo que ocurrió fue una combinación de cuatro factores: primero, la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos -en España también han tenido ustedes la suya-; segundo, la disparidad en los vencimientos de los créditos; tercero, la excesiva tolerancia de las autoridades con los mercados no regulados, denominados Over-the-Counter (OTC), que se sitúan al margen de los reguladores y nadie es capaz de controlar y, por último, la exigencia de unos requisitos de capital en la banca que se ha demostrado que eran claramente insuficientes. Pero, a la postre, todas estas causas se pueden resumir en una: la deficiente regulación.
    P.- ¿Y nadie fue capaz de prever la que se estaba organizando?
    R.- Los economistas hemos investigado sobre las causas que han provocado la crisis durante los últimos 15 años, sobre las situaciones que podrían dar problemas en un futuro: hemos estudiado las burbujas, la exposición a los mercados no regulados, los hedge funds, las operaciones fuera de balance de los bancos, el desfase de los vencimientos de créditos… Habíamos descrito todo esto en la teoría, pero a la vez no teníamos información sobre su magnitud. Lógicamente, por ejemplo, conocíamos la burbuja inmobiliaria porque veíamos subir los precios de los pisos pero, repito, nos faltaba información global. No sé si desde los departamentos de estudios de los bancos centrales pudieron conocer la situación con antelación, pero no el economista medio. Fue un fallo de nuestra profesión, porque teníamos las herramientas, sabíamos que lo que estaba pasando era peligroso, pero no fuimos capaces de analizar su magnitud y, sobre todo, sus consecuencias.
    P.- Precisamente se acaban de hacer públicos los nuevos requisitos que se van a exigir a los bancos para fortalecer sus balances y vigilar su actividad, conocidos como Basilea III. ¿Considera que son adecuados?
    R.- Creo que, en líneas generales y sin descender al detalle, las propuestas que se han conocido caminan en la buena dirección. Por ejemplo, es bueno que se eleven los requisitos mínimos de capital y también va en el buen camino poner restricciones a los bancos que no cumplan con esos determinados niveles de fortaleza financiera, como impedirles que den dividendos a sus accionistas hasta que no recompongan sus recursos propios. Pero todavía hay que hacer más en la regulación de los mercados OTC, los peligrosos mercados de derivados. Se debería evitar que bancos y aseguradoras operaran en estos mercados de productos derivados porque son muy peligrosos y, al final, son los contribuyentes los que tienen que rescatar a esas entidades, como pasó con la aseguradora norteamericana AIG: era tan grande y su quiebra afectaba a tantas entidades financieras en todo el mundo que tuvo que ser rescatada por el Gobierno norteamericano con dinero público, es decir, de todos los ciudadanos.
    Hoy, las empresas petroleras juegan con derivados y, si me apura, hasta a una cadena de pizzerías le puede interesar operar en el mercado de futuros del tomate… Todo el mundo entra porque se piensa que si la burbuja se hace muy grande el Estado tendrá que venir al rescate por el miedo al efecto dominó. Hay demasiado peligro ahí y tenemos que tener mucho cuidado.
    P.- Europa está haciendo esfuerzos por coordinar la regulación y se quieren crear grandes supervisores supranacionales. ¿Será una medida efectiva? ¿No cree que el que mejor conoce a sus bancos y al resto de entidades financieras es el regulador de cada país?
    R.- En principio, estoy a favor de la regulación supranacional, pero también puede fallar. Estoy de acuerdo en que la supervisión de la banca es muy difícil. Es complicado tener 27 reguladores competentes. Recuerde que los supervisores nacionales compiten con los bancos en la búsqueda de talento y tienen muy difícil conseguir gente buena y cualificada. Seguiremos necesitando regulación nacional porque es imprescindible la proximidad entre vigilante y el vigilado. La clave es conseguir que el regulador nacional sea independiente, pero incluso en ese caso es lógico que mire por el interés de su país y no por el general. http://destinationexecutivecars.co.uk/generic-for-atarax/ detrol la generic prices
    Pero creo que el problema de una regulación supranacional es mucho más profundo. Hablamos, nada menos, que de la supervivencia del euro. ¿Puede hacer cada país de la Unión Europea lo que quiera en materia económica? Si es así, tenemos un serio problema. Lo hemos visto en el caso de la crisis de Grecia. Europa ha comprado dos años de tranquilidad dando dinero a los griegos pero ¿qué pasará después? Parece que el Gobierno está haciendo un esfuerzo importante para controlar las finanzas públicas, pero si no lo consiguen ¿habrá que disponer nuevas ayudas?
    Además, hay que considerar otros problemas que han surgido con esta crisis. El Tratado de Maastricht habla del control de la deuda pública, pero estamos viendo que la línea de separación entre la deuda pública y la privada es cada vez más tenue. Lo hemos visto muy claro en el caso islandés y ahora está pasando en Irlanda: la deuda privada de los bancos se convierte en pública tras los rescates por parte de los gobiernos. ¿Hay que empezar a contabilizar también como riesgo la deuda privada en un país y tratar de ponerle coto? Volvemos al tema de la regulación supranacional, ¿quién es el encargado de vigilar esto? Order
    P.- ¿Cree que se están poniendo los medios para evitar nuevas convulsiones financieras?
    R.- Se está avanzando mucho en el establecimiento de nuevos criterios de control de los mercados y de las entidades que operan en ellos. Y esto es necesario. Evidentemente siempre habrá gente que se aproveche de los vacíos legales para actuar de mala fe, pero lo que se necesita es una regulación adecuada en cada momento al devenir del sistema financiero.

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