• Noticias maquetadas 11.10.2010

    El nuevo ´entrismo´ patronal

    El Foment de Rosell, Boixareu, Zabalza o Marsal, y la caída de Díaz Ferrán como telón de fondo.

     Josep Maria Cortés  – 10/10/2010

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    El corazón de Madrid, con fachadas de árido rojizo, es un enjambre de aceras y esquinas situadas sobre los antiguos jardines de los marqueses de Linares, Zubálburu o Cubas.En las ventanas del barrio de Salamanca se ven alféizares sobrios y adornos neo-platerescos; en algunos portales, sobreviven los diseños italianizantes ornamentados a base de guirnaldas labradas en la piedra, al gusto de los arquitectos del ochocientos, que rediseñaron palacetes, como los Arenzana, Amboal,Gallo o Rafal, algunos de ellos convertidos ahora en sedes diplomáticas.

    En una vivienda de materiales recios situada en el mismo barrio, un joven Gerardo Díaz Ferran creó su futuro a lomos de un patrimonio familiar reunido por su padre. En 1967 fundó, junto a su socio Gonzalo Pascual,la empresa Trap, convertida después en la sociedad de transportes de autobús Trapsatur, germen de negocios futuros, como Marsans, Seguros Mercurio o Air Comet, que han caído en el pozo del concurso público. Orillado en Caja Madrid y con sus empresas en franca depresión, el que fuera alfil económico de Esperanza Aguirre y delfín de José María Cuevas, inicia su claudicación. No deberá soportar las arcas caudinas que antiguamente mellaban el honor de los oficiales derrotados; recibirá, eso sí, el abrazo del oso de parte de sus amigos en el inextrincable castillo kafkiano que corona la ciudadela presidencial de la CEOE, integrada por 21 vicepresidentes, sin apenas poder y nula capacidad de revocación. Convoca elecciones y si finalmente sale derrotado («si Gerardo se va, será porque quiere», resuenan los pasadizos de la sede patronal), su dontancrediano secretario general, José María Lacasa,modificará el discurso.

    Mientras la CEOE se reinventa, en Foment del Treball se precipita inopinadamente la recta final de sus comicios. El presidente, Juan Rosell, trata de cerrar su continuidad mientras computa de reojo las correlaciones que le darían chance en Madrid. El próximo día 18 de octubre espera allanar el flanco catalán abierto por Joaquim Boixareu,líder de la plataforma renovadora, Foment Futur, y empresario de origen siderúrgico proyectado en los últimos años a través de Femcat, un patronato de perfil nacionalista. Boixareu,que desempeña una de las vicepresidencias de Foment, cuenta con apoyos en el seno de la junta directiva, como Antoni Zabalza (presidente de Ercros, catedrático y ex secretario de Estado de Hacienda) o AntoniMarsal,presidente de la poderosa Unión Patronal Metalúrgica

    (UPM), el gremio más representativo del mundo industrial catalán. Si su refundación avanza.

    Boixareu escribirá el último capítulo del ´entrismo´ catalán.

    Los cambios vienen de dentro pero casi nunca son a la primera, tal como ejemplifica la gran transición operada en la gran patronal catalana después de la muerte, en 1972, del industrial, ex alcalde y verticalista,Miquel Mateu i Pla.Este último fue sustituido por Félix Gallardo,criticado injustamente pero capaz de hacer coincidir el lento calendario institucional con el desembarco invisible de economistas entonces jóvenes – Eusebi Díaz Morera,Francesc Granell,Vicenç Oller, Josep Maria Surís o Andreu Gispert- cuya aportación sentaría las bases de un inevitable cambio. El salto por arriba se frustró con la propuesta de nombrar presidente a Carles Güell de Sentmenat, entonces consejero delegado de Asland, implacablemente vetado por el Delegado Provincial de la época, Socias Humbert,que contó con el apoyo del ex ministro Laureano López Rodó,devoto de la prelatura de Torreciudad. El cambio real llegaría finalmente en 1977 cuando Carlos Ferrer-Salat asumió la presidencia que, apenas un año mas tarde, abandonó para integrar el núcleo fundacional de la CEOE. Alfredo Molinas,consignatario y ex militante dinástico en el surco de Javier de Parma, heredó la presidencia de Foment y, con los años, endureció las costuras de la gran patronal hasta el punto de blindarla frente a nuevos empujes reformistas, como el que intentaron desde fuera, en los ochentas, Joan Molins y José Manuel Lara.Posteriormente, entre la corta presidencia del malogrado Antonio Algueró y los primeros momentos de Rosell,Foment cerró filas ante la influencia crítica desplegada por el entonces recién fundado Instituto de la Empresa Familiar.

    El segundo asalto de la peor crisis económica de la historia incide ahora en el vacío de poder de la confederal de los empresarios españoles. El último Interim Economic Assessment de la OCDE, un papel habitualmente seguido en las élites, destacaba «el frenazo de la recuperación mundial»; y hoy la confirmación del dato, proporcionada esta misma semana por el FMI, actúa ya como una palanca en manos de los críticos que exigen una patronal fuerte e interlocutora real de la vida económica nacional. Conscientes de que el sector industrial no emite señales que inviten al optimismo y que el sector exterior vuelve a ofrecer signos preocupantes, los empresarios comprueban a diario como estos datos catastróficos palidecen delante de un drama todavía mayor: el paro.

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    El hueco abierto entre patronos y sindicatos se ha hecho muy evidente tras la huelga general, trasunto histórico de una situación casi idéntica, como fue el paro de 1992. El entonces ministro de Economía, Carlos Solchaga,se convirtió en símbolo de la independencia socialista frente a la UGT, su base electoral. Ahora, aquella herida, lejos de restañar, se ha cronificado.

    No es la primera vez que la CEOE afronta cambios en su cúpula en medio de una recesión. El nacimiento de la patronal española en el 78 se gestó en condiciones extremas, en términos de mercado y de concertación. Algunos años después, José María Cuevas fue invitado a quedarse al frente de la CEOE, durante una etapa de consolidación, pero el llamado patrón de patronos convirtió aquel paréntesis en una presidencia vitalicia, de más de un cuarto de siglo. Pues bien, Díaz Ferrán ha echado mano del modelo cuevista para plantear su potencial abandono pero esperando obtener, una vez más, el respaldo del indescifrable entramado de poder en la CEOE. No le ha salido bien. El primero que movió ficha fue Jesús Banegas,presidente de las empresas de tecnología e innovación, cuyas intenciones se revolvieron como un boomerang al filtrarse antes de la junta celebrada el pasado 16 de septiembre. Su repentino mutismo no frenó a otras voces críticas, como la del responsable de la patronal andaluza, Santiago Herrero (considerado como próximo al PSOE y a la Junta de Andalucía), que se perfila ahora como uno de los más firmes candidatos a presidir la CEOE; o el mismo Juan Rosell,siempre en el bombo de los aspirantes, si como todo apunta, revalida de nuevo la presidencia. En la confederal española recuerdan que fue precisamente un adjunto de Rosell,el vicepresidente de Foment Joaquín Gay de Montellà,el primero en pedirle explicaciones a Díaz Ferrán sobre el difícil momento concursal de sus empresas y las consecuencias sobre la imagen pública de la CEOE. Otros dos vicepresidentes se han ido alejando del presidente: Juan Lazcano,presidente de la Confederación de la Construcción, y Jesús Serafín,de la Alimentación. Ambos le han exigido la dimisión a Díaz Ferrán alineados con instituciones (el Círculo de Empresarios, entre ellas) cuyos miembros pertenecen a las organizaciones territoriales y sectoriales de la patronal o son destacados representantes de su Consejo Consultivo. También la han pedido Exceltur, y la Federación Española de Agencias de Viajes. Todos los citados fueron nombrados o reafirmados en sus cargos por Díaz Ferrán,el responsable de elevar de 11 a 21 el número de vicepresidentes tras sustituir a José María Cuevas.En el mundo corporativo, las elecciones se ganan puerta a puerta. Las opiniones se reducen al diámetro del cambalache y el sufragismo se estrella contra la coraza de la cooptación discreta. Con un rumor de cucharitas y pastas de té, Pedralbes y Sant Gervasi decidirán en Foment. Será el lunes 18; y, apenas tres días después, el 20, la cuadrícula Castellana/ Alcalá/ Molina/ Silvela echará el resto en Madrid junto a La Moraleja o Sotogrande. En otoño, el sol de la sierra desvela ocres sobre las guirnaldas de piedra del centro histórico; también proyecta lilas sobre las copas de los árboles.

     

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