• Ya saben que el EL PAIS Buy es el periódico, es más o menos, el que goza de la impresión de ser el medio con mayor influencia entre aquellos que generan opinión.  También saben que no es lo mismo la opinión pública que la opinión publicada. Por eso es que hay que tener muy en cuenta quien escribe que en la prensa escrita. En asuntos delicados como este de la huelga de mañana el director del periódico es el que, en representación de la propiedad, tiene la última palabra para publicar una u otra información, en un lenguaje y discurso con intención directa o subliminal. Hace días que el director del EL PAIS envió a Miguel González para cubrir la reunión de Zapatero con los directivos de los principales bancos de negocios y fondos de inversión estadounidenses que tuvo lugar el pasado martes 21 en NY. El titular elegido a conciencia decía: Zapatero exhibe ante Wall Street su determinación de proseguir el ajuste. Por su parte LA VANGUARDIA, que es un periódico de lectura indispensable para los que generan opinión, permitía al periodista Juan Carlos Merino titular «Zapatero rehúye el combate para que la huelga no le tumbe». Este mismo periodista hoy titulaba su información diciendo «la cúpula del PSOE no pone ningún pero a Zapatero por la huelga general«. Es decir, que nadie en la ejecutiva se ha atrevido a hablar ante sus conmilitones del tema tabú, de la sucesión de Zapatero.  Porque la huelga de mañana desvelará la capacidad de Toxo  y Cándido Méndez para influir en la sociedad del próximo futuro desarrollando una estrategia útil para sus intereses y eficiente para que, cuando sea, se recupere la economía española. Pero la huelga de mañana también condicionará la continuidad del Partido Socialista como un partido de Gobierno y a Zapatero como un Hombre de Estado.

    La dirección de Seat ha convocado al comité sindical para presentarles un ERE temporal que podría afectar a más de 7.000 trabajadores hasta que llegue el AUDI «Q3» previsto para abril. Recuerden que los Presupuestos 2011 se han reducido el 1,7% de dinero para prestaciones por desempleo y que el escenario escogido por Salgado dice que la tasa del paro será del 19,3% en 2011. Difícilmente la economía española podrá romper el círculo-espiral en la que se encuentra con un defecto de inversión privada y pública. Hay que suponer que el empleo no llegará más que en actividades muy productivas y que el paro seguirá creciendo, incluso el desempleo sin protección, que incrementa la bolsa de parados de larga duración. Los sindicatos, recuerdan aquella admonición de ex ministro Corbacho diciendo: «El paso tardará tres o cuatro años en corregirse». Da igual el resultado mediático de la huelga de mañana porque tal como dice el famoso Roca Junyent «lo que tenga que pasar después de la huelga no se decidirá exclusiva ni principalmente en España«.  Y luego va Felipe González y, cachondeándose, dice en Bages que cree que desde 1995 no se encaran los problemas y asegura que se avecina otra tormenta financiera.  Ya lo decía el sociólogo Enrique Gil Calvo, que «aunque la huelga general sea une éxito no torcerá la voluntad del Gobierno y perderá poder».

    En estas circunstancias, con este panorama ¿qué margen estable de movimiento les queda a los sindicatos de clase? Los sindicatos deberían saber  ya que no pueden torcer las reformas impuestas  por Zapatero, mercado de trabajo y pensiones públicas. Los sindicatos deberían saber que lo importante es conseguir aumentar la inversión productiva ya que saben que la actual e hipotética tasa de crecimiento no es capaz de absorber el aumento de la población en busca de un empleo. Sabrían  que ya tendrían que estar apoyando el aumento de la flexibilidad laboral. Deberían saber que tienen que resignarse a admitir una fuerte moderación salarial cercana al 25% de ingresos brutos. El volumen de 4 millones y pico de desempleados empuja a la baja los salarios sin remedio alguno y menos si no existe capacidad fiscal para mantener la protección al desempleo. Los sindicatos tendrían que intentar derivar las reivindicaciones hacia los factores de “calidad”, la estabilidad en el empleo, el aumento de la formación, la siniestralidad laboral, etc. Todos estos son factores de modernización que favorecen el aumento de la competitividad.

    La teoría económica dice que los sindicatos deben decidir siempre entre tres objetivos alternativos: la maximización del empleo, la maximización del tipo medio de salario o la maximización de los ingresos totales de los sindicados (en España, los de los casi nueve millones de trabajadores sujetos a convenio colectivo). Si eligen el primer objetivo, el empleo máximo sólo se conseguiría para un salario medio indeseablemente bajo; si eligen el segundo, el máximo salario implicaría un crecimiento del volumen de empleo demasiado reducido; sólo si eligen el tercer Cheap objetivo es posible lograr el crecimiento de la afiliación, que es la condición necesaria y suficiente para mantener la representación institucional (recibir fondos públicos, intervenir en la gestión de los planes de pensiones, en la legislación sobre seguridad laboral, en los organismos consultores de la Administración, etc.) y para mantener un monopolio bilateral con la patronal que permite definir, a través de los convenios colectivos, el incremento de los salarios y el reparto del aumento de la productividad. La ruptura de los sindicatos de clase con Zapatero es visible en la medida en que ni siquiera han sido consultados para definir Cheap Pills Pills el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) para el año que viene. Es difícil que Méndez y Toxo acepten pactar con el Gobierno los reglamentos de la reforma laboral.

    Por ahora, los sindicatos españoles cumplen con su definición más clásica: son organizaciones que buscan satisfacer a los trabajadores medios, mientras que el mercado laboral es el que se ocupa de los trabajadores marginales. Esta estrategia de querer aumentar la afiliación de los trabajadores con empleo explica la oposición frontal a cualquier  reforma de la negociación colectiva que quiera eliminar la extensión legal de los beneficios conseguidos a todos los trabajadores, estén o no sindicalizados. Por eso es que los sindicatos van a triunfar con la huelga marginando a los colectivos de mujeres con escasa formación, jóvenes formados e inmigrantes. Si los sindicatos logran une éxito mediático Ferrán se ira allí donde tiene oculto su dinero producto de la venta de los activos de Marsans en pleno concurso. Y será puesto encima de la mesa la sucesión de Zapatero como pre-condición para que el PSOE siga siendo un partido de poder. Manos mal que el presidente del Gobierno ha caído en las redes de la vigorexia como le sucedió a su predecesor José María Aznar. Desde hace meses Zapatero no deja pasar la oportunidad de calzarse las zapatillas y el chándal y lanzarse a la carrera por el monte de El Pardo acompañado por un par de escoltas de la Guardia Civil. Para no ser menos, se le han sumado varios altos cargos de La Moncloa. A saber: el director de la Oficina Económica, Javier Vallés; su primo y número dos de su gabinete, José Miguel Vidal. A veces, se incorpora el secretario general de la Presidencia, Bernardino León. El presidente corrió el pasado sábado por la mañana con los tres durante 50 minutos. Todos comentan los kilómetros recorridos, las pulsaciones alcanzadas y las calorías consumidas. Porque quizás Zapatero con todas estas medidas de reforma estructural pueda espantar la amenaza del rating a la baja. De hecho Mar Díaz-Varela cuenta en LA VANGUARDIA que el Secretario de Estado de Hacienda afirma que el objetivo de déficit público para el conjunto de las administraciones públicas del 9,3% / PIB va a cumplirse. El periodista Miguel Ángel Aguilar dice que «Lo que está garantizado es la guerra de cifras de huelguistas. Las más abultadas las aportarán los sindicatos; las más reducidas, la patronal; y entre ambos extremos, las del Gobierno que intentará salvar la cara de las centrales sin buscarse el propio descrédito. Estamos ante la huelga del sin querer hacernos daño, muy lejos de aquella de diciembre de 1988, que entusiasmó a la CEOE y a todas las fuerzas políticas deseosas de golpear a Felipe González». En LA VANGUARDIA, El periodista Fernando Onega decía «Y la pregunta es: ¿va a ocurrir lo mismo con el paquete reformista que al parecer enardece al presidente? Me temo que sí, aunque las pensiones habrá que tocarlas desde el pacto de Toledo. Y es que no se puede iniciar un proceso reformista cuando los partidos están pensando en urnas o maquinando cómo fuerzan su adelanto. En esas circunstancias funciona la táctica y no el interés nacional. La oposición se regodea en provocar la soledad del gobernante. Y unas reformas de asuntos de Estado que se hacen sin consenso, o son partidistas o tienen poco recorrido. Entre unas cosas y otras, se está sacrificando a Zapatero y se está hipotecando el futuro del país».

     

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