• Noticias maquetadas 22.09.2010

    La política exteriorZapatero vende España a Wall Street. Purchase

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    El presidente presenta el plan de austeridad del Gobierno como aval de la solvencia española. Pills

    Dos horas con la élite financiera, que se interesa por infraestructuras y aeropuertos.El jefe del Ejecutivo combina el discurso de disciplina en el gasto con la ayuda al desarrollo.

    JORDI BARBETA – Nueva York Enviado especial  – 22/09/2010

    A LOS RICOS «El gasto se ha terminado y voy a hacer competitiva la economía española»

    A LOS ESTUDIANTES «Si queremos que los niños no mueran, hay que financiar la ayuda al desarrollo»
    El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, presumió ayer de haber tenido el coraje político de bajar el sueldo a los funcionarios y de congelar las pensiones y prometió que va a mantener esa disciplina férrea al menos hasta llegar reducir el déficit público español al 3% en el 2012. El discurso no lo pronunció en Rodiezmo, por supuesto, sino en el Upper East Side de Nueva York, encerrado durante dos horas con los inversores y gestores de fortunas más importantes de los Estados Unidos. Tom Wolfe no dudaría en reconocerlos como los amos del universo. Zapatero intentó seducirlos y venderles España como tierra de acogida del gran capital.

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    «A beautiful piece of conversation», oyó alguien que comentaba George Soros a Laurence Fink, el consejero delegado de Blackrock bajando las escaleras al término de la reunión. Hubo distintas interpretaciones de lo que quería decir Soros con lo de «bonita conversación», pero hay un dato objetivo: el éxito de la convocatoria. No es fácil reunir durante dos horas a las personas más influyentes del sistema financiero internacional. (Véase la relación en la infografía adjunta.) Y los ha reunido el Gobierno español sin contratar a ningún lobby ni agencia, lo que pone de manifiesto que estos amos del universo están interesados en conocer de primera mano hacia dónde va la economía española.

    La reunión fue a puerta cerrada excepto unos minutos iniciales para que las cámaras captaran el testimonio gráfico del encuentro. Todo lo demás son versiones del equipo de la Moncloa. De estas, la información más interesante fue que el presidente se mostró «muy crítico» con los ataques especulativos de los tiburones financieros, a los que reprocharía haberse beneficiado primero del rescate con dinero público y haber especulado a continuación con el aumento de las deudas soberanas provocadas por el gasto del propio rescate.

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    Así explicado podría pensarse que la reunión se había desarrollado a cara de perro, pero no. Incluso algunos de los inversores continuaron la conversación en privado. Se trataba de seducir y de vender, así que aparte de ese presunto y al parecer «leve» reproche, todo lo demás fueron palabras amables. Por supuesto, nada que ver con el discurso del lunes en la ONU de gravar con una tasa las transacciones internacionales para acabar con la pobreza en el mundo, un asunto que ni siquiera se mencionó en la reunión. Se trataba de hablar de España, de cómo está y de adónde va y aquí Zapatero fue contundente hablando incluso en primera persona como si lo planteara también en términos de confianza política personal: «Tengo la firme determinación de hacer que la economía española sea competitiva y vuelva a crear empleo».

    El presidente aseguró que ha empezado la recuperación y que ha vuelto la estabilidad financiera y que el objetivo prioritario es reducir el déficit, provocado a su juicio, en buena parte, por los estímulos fiscales que se aplicaron para contrarrestar la crisis. Zapatero prometió sobre todo disciplina y dejó claro que «la etapa de gasto público se ha terminado», detallando los objetivos del plan de austeridad. Sus interlocutores se interesaron por los planes del Gobierno sobre inversión en infraestructuras. Preguntaron a qué viene tanto interés de China por comprar deuda española y sobre la apuesta española por las energías renovables. También se interesaron por las inversiones españolas en Latinoamérica y, ojo al dato, por la privatización de los aeropuertos.

    El presidente se reunió luego con Paul Volcker, ex presidente de la Reserva Federal y actual asesor de Obama, y con el consejo editorial del periódico The Wall Street Journal.

    Entre medio el presidente del Gobierno se dio una especie de ducha escocesa en la Universidad de Columbia junto al gurú de la antiglobalización Joseph Stiglitz. Aquí, excepto cuando dijo que lo de subir o bajar impuestos «no tiene color ideológico», Zapatero recuperó ese papel que tanto le gusta de Robin Hood universal. Dijo frases como estas: «No existe objetivo más ambicioso ni más noble que acabar con la pobreza y la miseria. Ha llegado el momento de la verdad para que los gobiernos afronten la peor lacra de la historia. Si queremos que los niños no mueran, hay que financiar la ayuda al desarrollo».

    Durante dos días en Nueva York el presidente del Gobierno español ha ejercido sucesivamente de Dr. Jekyll y de Mr. Hyde de la economía, pero lo hace con una alegría, que nada parece contradictorio.

     

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