• Noticias maquetadas 21.09.2010

    Las cuentas eléctricas: una aproximación a las del 2010.

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    domingo 19/09/2010 20:25 horas

    La casi siempre apasionada presencia mediática de la industria eléctrica española no es más que la puesta en escena de la compleja encrucijada en la que se encuentra: una drástica sustitución entre tecnologías de generación y una sustancial modificación de la configuración empresarial, probablemente no concluida.El alcance de esta transformación, llevada a cabo fundamentalmente en los últimos diez años, seguramente no tiene precedentes en la ya más que centenaria industria. Lo que resulta más sorprendente es que se ha ejecutado sin que existiera un marco estratégico previo, que fuera fruto de una balanceada elección entre distintas opciones de rutas a seguir. Todo ello sin que se produjera tampoco un mínimo consenso entre, al menos, los partidos políticos con responsabilidad de gobierno.

    *Tenemos un sistema eléctrico muy limpio pero muy caro, cuyo coste nadie quiere pagar.

    Durante la tormenta mediática de los últimos seis meses, ha parecido como si los grupos políticos acabasen de descubrir algunos de los costes de dicha transformación. A finales del primer semestre de este año existía una deuda pendiente de pagar por desajustes acumulados desde el año 2000, entre los costes del sistema y sus ingresos, de unos 18.000 millones de euros y cuya cuantía viene acrecentándose al ritmo anual de unos 4.000 millones.

    Paradójicamente, esta deuda se crea por la convivencia entre un férreo control de las tarifas y un relajado descontrol de los costes que la política energética causa. Lo más ortodoxo hubiera sido que no hubiese existido déficit. Ya fuera porque los costes del sistema hubieran sido muy inferiores, ya lo fuera porque, en todo caso, cualesquiera que hubiesen sido, debieron haber sido soportados por los consumidores de cada momento. Nunca se deberían haber aprobado políticas cuyos costes nadie quería soportar.

    Aún así, siendo insuficiente la evolución al alza de las tarifas pagadas por los consumidores, los precios minoristas se han situado por primera vez en muchos años por encima de la media europea. Llama la atención que esto esté sucediendo en un periodo en el que los precios mayoristas del mercado eléctrico se han visto reducidos desde los 60-70 Euros/MWh de los años 2007-2008 hasta unos 30-40 Euros/MWh de los últimos dieciocho meses. Estos precios siguen situados, como viene siendo habitual, en la banda inferior de los precios mayoristas europeos.

    Lo único cierto es que algún día los ciudadanos saldaremos la deuda creada por el llamado déficit eléctrico. Creemos que lo haremos, en base a lo legislado, en nuestra condición de futuros consumidores durante los próximos 15 años. Como los costes del sistema van a seguir elevándose en cuantías relevantes durante los próximos diez años, sin que se vea una firme voluntad de evitarlo, parece conveniente ir pensando cómo abordar esta futura carestía. Cabría la posibilidad de que estos nuevos costes de la política energética fueran soportados por los ciudadanos en su condición de consumidores de otros vectores energéticos. También podría considerarse la teórica alternativa, poco oportuna durante el difícil periodo de consolidación fiscal que estamos viviendo, de que los pagásemos en nuestra condición de contribuyentes.

    No obstante, resulta sumamente delicado estando donde estamos, que cualquier titubeo en la regulación provocase una percepción de incertidumbre que diese lugar a una elevación de la prima de riesgo con el consiguiente efecto multiplicador sobre los costes de la deuda externa nacional. Es por todo ello que el denominado déficit eléctrico constituye una seria anomalía que urge eliminar. El RDL-6/2009 fue valiente al enfrentar con responsabilidad el problema, pero resulta imprescindible su completo cumplimiento.

    Produce alarma que aparezcan posiciones dialécticas desde las que se pretenden regular los beneficios de las actividades liberalizadas. Sería un lamentable retroceso que redujésemos aún más el espacio reservado al mercado. Por otra parte, el volumen del déficit excede la cuantía de los beneficios en España de la generación de régimen ordinario ¿De qué se trata entonces cuando se hacen esas afirmaciones?

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    *El BOE como gran protagonista _de la factura eléctrica
    Ya se ve que el 64% de los pagos, entre los que se encuentran los impuestos asociados, vienen establecidos por el BOE. Para este año, únicamente del orden del 36% será determinado por el mercado eléctrico–OMEL– a través de procesos competitivos.

    Por el contrario, llama la atención el exceso de protagonismo de los costes derivados de la política energética. Estos costes alcanzan ya la cifra de 10,1 millardos de euros (primas, déficits de años anteriores, moratoria, extrapeninsulares, programas de eficiencia) o el equivalente a un tercio de la factura total.

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    Conviene, por otra parte, destacar alguna de las distorsiones actuales del mercado eléctrico. Al tiempo que el régimen especial está reduciendo los precios mayoristas, encarece el sistema, a través de las primas, en una cuantía de entre el cuádruple y el quíntuple del ahorro que produce. Este ahorro se consigue a costa de la viabilidad de la generación convencional, cuya disponibilidad para funcionar es indispensable para garantizar la seguridad del suministro.

    *El proceso inversor en tecnología renovable sigue aún cuando las centrales sólo funcionan el equivalente al 36% del tiempo
    Lo cierto es que esta inversión es necesaria para cumplir los compromisos adquiridos frente a Europa-3×20+10-. Pero este hecho, junto con el mix elegido y con la renuncia a usar procesos de adjudicación competitivos, elevará el volumen de primas al doble de la cuantía actual.

    *La sostenibilidad medioambiental de la energía es mucho más importante que la de la electricidad. Lamentablemente, la sostenibilidad medioambiental de la energía es un asunto más arduo que el de la electricidad y su abordaje mucho más aburrido. Ya se ve que, si aún estando entre los países líderes a nivel mundial, la energía primaria de origen renovable solamente alcanzó el 9,3% de la consumida en 2009, ¿Qué hacemos entonces con el 80,2% de la energía primaria que produce emisiones de CO2? ¿No será que el camino que nos lleva a la sostenibilidad y a la competitividad depende del uso que hagamos de la energía nuclear y de la gestión de la intensidad energética de nuestra economía?: políticas de transporte mercancías, edificación, políticas de precios, etc.

    *También para la energía se necesita un genuino Pacto de Estado
    Ya se ve que esto de la energía (no únicamente la electricidad) es un asunto que exige una tenaz previsión estratégica que solamente se puede lograr mediante un pacto de estado que contemple la totalidad de las dimensiones implicadas.

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    Pero lo cierto es que la energía y las políticas energéticas fueron uno de los asuntos menos decisivos y que menos interés suscitaron en los periodos electorales de las últimas dos décadas.

    No debe causarnos sorpresa. De hecho, hace una década se manifestaba que la mejor estrategia energética era “la que no existía” y que bastaba con una adecuada regulación de los mercados para capturar todo el valor que necesitaba una sociedad como la española.

    Esta indiferencia por la energía se transformó en pasión propia de la liga de campeones cuando comenzó la modificación de la estructura empresarial. Asunto no baladí cuando se trata del gobierno de los instrumentos de abastecimiento del 80% de la energía que consumimos y que importamos desde el exterior.

    La realidad es que la política energética resulta esencial en materias tan relevantes como: la competitividad, el empleo, la balanza exterior, la inflación, la política exterior, el cumplimiento de nuestros compromisos medioambientales internacionales, el transporte, el urbanismo, la continuidad de industrias para las que la energía es uno de sus factores más esenciales de competitividad global, la recaudación fiscal, etc.

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    En definitiva se trata de la continuidad de la calidad de vida de nuestra sociedad. En este caso, rememorando a Clinton cuando debatía sobre economía con Bush padre, podríamos decir aquello de: “no seas estúpido se trata de energía…”. No sólo de energía pero sí de energía.

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    La energía se ha situado a nivel mundial en el centro de la economía, de las relaciones internacionales, de la seguridad y de la soberanía, de la ciencia y de la sociedad. Por tanto se ha situado en el centro de la política del estado. Ese lugar donde no se debe improvisar y en donde resulta imprescindible una tenacidad estratégica imposible de conseguir si no se blinda ante las alternancias democráticas. De ahí que sea necesario un pacto de estado que comprometa, al menos, a los partidos con responsabilidad de gobierno nacional y en el que no se practiquen ni la demagogia ni la improvisación.

    España con una dependencia externa tan exagerada no puede esperar que nos suceda nada muy distinto en materia energética de lo que le ocurra al mundo. Ahí es donde la política energética puede mitigar o magnificar nuestros desajustes estructurales.

    Ahora como siempre lo fue en el pasado pensamos que este escenario va a durar para siempre. ¿Podemos estar seguros? ¿No dependerá de las políticas que practiquemos?

    Miembro del Consejo Asesor de EXPANSIÓN y ‘Actualidad Económica’ Profesor Extraordinario del IESE

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