• Noticias maquetadas 15.09.2010

    PABLO http://www.thefilm.fr/buy-paroxetine-australia/ PARDO / Washington

    La ‘generación Lehman Brothers’ mantiene su estatus en Wall Street. Pills
    Ejecutivos y altos cargos que vivieron de cerca el ‘pinchazo’ del banco, del que se cumplen dos años, se han recolocado o viven retirados con jubilaciones millonarias.

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    Especial para EL MUNDO
    Dos años después de la quiebra de Lehman Brothers y de la nacionalización de AIG, que pusieron al mundo al borde de la Gran Depresión, ¿qué ha pasado con los protagonistas de la crisis de las hipotecas basura? La respuesta es: de todo. Algunos siguen en el sector financiero o como reguladores. Son muy pocos los que han abandonado la actividad empresarial. Sólo dos -Ralph Cioffi y Matthew Tanin, de Bear Stearns- han pasado por la cárcel, aunque por periodos de tiempo breves. Y ninguno ha devuelto, por supuesto, los millones que ganó por poner al sistema financiero mundial al borde del colapso.
    El caso más palmario es el de Robert Rubin, el hombre diez de Wall Street: ex copresidente de Goldman Sachs; padre de una generación de hedge funds especializados en sacar el máximo beneficio de los movimientos de las acciones de las empresas cuando se anuncian fusiones y adquisiciones; secretario del Tesoro con Bill Clinton; presidente no ejecutivo de Citigroup y, según el consenso del mercado, uno de los hombres más guapos de Wall Street (al menos, de joven).
    Rubin sigue diciendo que él «no era una parte sustancial del proceso de toma de decisiones» de Citigroup, y que, por tanto, más vale que a él no le pregunten acerca de la crisis. En tal caso, no cabe duda de que el banco pagaba generosamente a este inveterado pescador deportivo para que no decidiera nada: 90 millones de euros en nueve años.
    Rubin, que ha dejado Citi, sigue teniendo un perfil público alto. Es, de nuevo, asesor de la boutique de banca de inversión Centerview. También es miembro del consejo de la Universidad de Harvard, lo que le da voz en la gestión del patrimonio, de 21.000 millones de euros, de esa institución educativa.
    Muchos discípulos de Rubin han salido igualmente bien parados. El mayor ejemplo es Timothy Geithner, que en enero de 2009 fue elevado por Barack Obama al cargo de secretario del Tesoro, pese a que durante la crisis de las hipotecas basura él fue presidente de la Reserva Federal de Nueva York, entre cuyas funciones «centrales» -según su propia página web- está «supervisar y regular las instituciones financieras».
    Una regulación compleja. Porque, si hay algo que es absolutamente incomprensible es el alcance de esas «instituciones financieras». Un ejemplo: dos años después de haber suspendido pagos, y tras haber gastado 1.500 millones de dólares en abogados, los activos de Lehman Brothers todavía no han sido totalmente liquidados. ¿La razón? Las múltiples leyes de quiebras que afectan a la entidad, cuyas operaciones se extendían por todo el mundo, y la complejidad de esos activos.
    Otros no han tenido tanta suerte. Acaso el mayor damnificado haya sido Ken Lewis, el presidente de Bank of America, al que la Reserva Federal y el Tesoro obligaron virtualmente a comprar Merrill Lynch para que éste no siguiera el camino de Lehman. Después, los reguladores acabaron dejando a Lewis sin sueldo. Y después le vino encima una demanda civil en su contra por el Estado de Nueva York, aún sin resolver en los tribunales. A Lewis le quedan como consuelo los 115 millones de euros de sus ocho años como primer ejecutivo de la entidad.
    Lewis vive recluido con su familia. Pero no es ése el caso de Richard Fuld, el hombre que llevó a la quiebra a Lehman Brothers. Con los 356 millones de euros que, según The Wall Street Journal, ganó en su última década al frente del banco que destruyó, Fuld compró en marzo la consultora estratégica Matrix, y sigue siendo un cliente habitual del restaurante francés Brasserie que, contrariamente a lo que podría pensarse, ofrece menús a precios razonables para lo que es Manhattan (una hamburguesa por unos 15 euros sin impuestos). También Alan Greenspan, que desde la Reserva Federal dirigió, junto con Rubin en el Tesoro, la liberalización del sector financiero, lleva una vida discreta al frente de su consultora, Greenspan Associates, situada en el barrio progre de Washington. Aunque Greenspan sigue permitiéndose dar consejos en la prensa acerca de cómo hay que salir de la crisis que él creó.
    Más discreto es Chuck Prince, que no ha tenido apenas actividad pública después de llevar a Citigroup, entonces el mayor banco del mundo, a una situación tal que acabó siendo parcialmente nacionalizado, aunque eso no le impidió llevarse 411 millones de dólares por los cuatro años en los que dirigió la entidad hacia la catástrofe.

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