• Noticias maquetadas 13.09.2010

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    JUAN EMILIO MAÍLLO / Madrid

    Un esfuerzo añadido para las cajas españolas .

     

    La nueva normativa apenas tendrá impacto en los grandes bancos, pero sí en las entidades que han pedido dinero al Frob.

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    Si los criterios más estrictos a los que puede llegar la nueva supervisión bancaria se aplicaran hoy, sólo cinco de las 27 entidades financieras españolas que se sometieron a los test de estrés saldrían bien paradas. Pero tranquilidad. La peor de las hipótesis para el sector, esto es, que el core capital se coloque en el 9,5% de mínimo y el Tier 1 en el 11% (los mercados siempre exigirán más), no llegará hasta el 1 de enero de 2019.

    Es evidente que la banca española tiene ante sí un doble reto: por un lado, afrontar la peor recesión económica en varias décadas y el más que posible estancamiento de la riqueza nacional de los próximos años. Por otro, mejorar sus niveles de solvencia para cumplir estos nuevos estándares de solvencia. Y hay un tercer factor añadido para un buen número de cajas de ahorros, que es devolver, con intereses, los cerca de 11.000 millones de euros que ha prestado el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (Frob).

    Son fuerzas que tiran en sentido contrario. La forma básica de mejorar la solvencia que tienen las entidades pasa por la retención de sus beneficios, esto es, por la constitución de reservas. En el caso de las cajas era la única hasta que, el pasado julio, entró en vigor la nueva ley que regula al sector y que permite diferentes vías de captar capital de la mayor calidad. Los bancos, por su parte, como sociedades anónimas, tienen capacidad de acudir al mercado y pedir dinero a cambio de acciones. Todos los bancos del Ibex, salvo Banesto, lo han hecho desde que estalló la crisis.

    Hasta ahora, las cajas estaban cómodas por dos razones. Por un lado, el ciclo les permitió millonarios beneficios con los que engordar sus reservas y mejorar el core capital (los recursos propios de mayor calidad, que incluyen, además, el capital, que estas entidades no tienen, por ahora). Por otro, tenían la vía de las participaciones preferentes, que se añaden al core capital para configurar el Tier 1, el indicador utilizado hasta la fecha (el mínimo para operar era el 4% y ahora puede subir hasta un máximo del 11%).

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    El problema es que, tras tres años de crisis, los beneficios escasean, cuando no se producen pérdidas multimillonarias como en el caso de CCM y CajaSur. Además, muchas cajas andan justas de core capital, por lo que se enfrentan al dilema de abrirse al capital e iniciar así el camino de su privatización.

    En el caso de los bancos, la vida es algo más sencilla. Los mercados llevan, desde que estalló la crisis, mirando no ya el Tier 1, sino el core capital, por eso han hecho tantas ampliaciones, comenzando por la que acometió el Santander en noviembre de 2008, de 7.200 millones de euros. Luego le siguieron el resto, con cantidades menos importantes, y combinando esas ampliaciones con recortes del dividendo en algunos casos, o el pago del mismo en acciones, lo que permite reforzar también el capital.

    Las cajas también han cerrado el grifo de su dividendo, la obra social. Antes de la crisis rondaba el 25% de las ganancias de cada año. Ahora, ese porcentaje ha caído por debajo del 20%. Es decir, menos parte de una tarta mucho más pequeña.

    Hay, por tanto, menos capacidad de mejorar la solvencia en el peor de los momentos, aunque el calendario es ciertamente laxo. A día de hoy, sólo Banca March, BBK, Kutxa, Vital y Unicaja tienen un Tier 1 de más del 11%, el máximo al que puede llegar la regulación aprobada ayer, aplaudida inmediatamente por el Banco de España. Hay ocho años para ponerse al día. Además, la imposición de una nueva ratio sobre la liquidez de las entidades se hará esperar hasta 2015.

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    Eso del lado positivo. En el negativo, que a partir de 2013 el dinero recibido del Frob se penaliza a razón de un 10% cada año. Por ejemplo, pasados cinco años, una entidad que haya recibido 2.000 millones del Frob, sólo podrá contabilizar a efectos de solvencia la mitad.

    ¿Qué otras alternativas hay? Una es clara y a ella ya se dedican las entidades menos solventes: cortar el grifo del crédito. A menos riesgos asumidos, menos capital es necesario para afrontar posibles pérdidas. Fuentes financieras consultadas dan por hecho que el acceso al crédito será más difícil y más caro.

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    El riesgo es, precisamente, el riesgo; esto es, la morosidad, y más para las entidades que no se han diversificado y viven sólo de sus ingresos en España (en la práctica, todas menos Santander y BBVA). Las previsiones de uno de los grandes bancos apuntan a un crecimiento del PIB de entre el 1% y el 2% anual los próximos cuatro años. Con esas cifras, nuestra economía no puede crear el empleo suficiente para reducir el paro, de forma que la actividad se resentirá y, de nuevo, los bancos pueden ver repuntar su morosidad, esto es, deteriorada su solvencia.

    Son círculos que pueden ser virtuosos o viciosos, y la economía española está mucho más cerca de los segundos que de los primeros. Ejecutivos bancarios que antes veían el pico de la morosidad en España este año lo sitúan ahora más allá de 2011. Es la consecuencia de tener un país en «encefalograma plano» durante un largo periodo, añade el directivo de un banco cotizado.

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