• Noticias maquetadas 13.09.2010

    LOS RATEROS DEL COBRE DEJAN ESPAÑA A OSCURAS.

    LO LLAMAN el «oro de los pobres» porque todo el mundo tiene acceso a él. Esta semana ha sido trepidante: paneles de tráfico sin luz, trenes con retrasos, pueblos incomunicados… En lo que va de año van más de 1.000 personas detenidas

    HÉCTOR MARÍN / JOSÉ ANTONIO CANO

    Ramón R. L. es -presunta y probablemente- el mayor ladrón de cobre de este año. Es parte de una cadena de robos que es ya un fenómeno en España. Pueblos sin luz ni internet, carreteras sin rótulos iluminados, trenes con retraso, millones de euros en pérdidas. La Guardia Civil desesperada. La sustracción de toneladas y toneladas de cables no tiene fin. Sólo Ramón robó 26.000 kilogramos. Se estima que en España se han robado medio millón este año. Más de 1.000 personas han sido detenidas. Ni el 5% ha ido a la cárcel. Ni siquiera Ramón.

    Es transportista, natural de Pinos Puente, en Granada, y tiene a su cargo una familia de casi 10 personas. El pasado 7 de septiembre, llamó de madrugada al servicio de emergencias cuando se encontraba con su camión en las inmediaciones de Sagunto, en el municipio de Canet d’En Berenguer, para denunciar que lo habían asaltado para robarle nada menos que 26 toneladas de hilo de cobre que tenía que trasladar.

    A los agentes que acudieron en su rescate, según fuentes del Instituto Armado, les dio varias versiones diferentes. Aunque lo encontraron en una rotonda cercana al lugar del supuesto asalto, insistió en que en un primer momento había sido atado y amordazado. Contó que lo agredieron, pero no le encontraron señales de lesiones. Todo era mentira. Finalmente y con los guardias siguiendo la pista del metal desaparecido -que aún no ha sido localizado- por la ruta entre Jaén y Ciudad Real que había recorrido, Ramón acabó confesando que había fingido el supuesto robo.

    A pesar de las evidencias incriminatorias y la propia confesión, el transportista salió en libertad provisional, como la mayoría de los ladrones de cobre. Crónica lo fue a buscar a su barrio, un lugar conocido como Las cuevas de Pinos, que se describe casi por su propio nombre: oscuro, peligroso. El pasado junio, la misma Guardia Civil desmanteló precisamente aquí una banda dedicada al asalto de trailers en áreas de servicio de toda España. Sus allegados se niegan a especificar si ha vuelto a Pinos o anda aún por Sagunto.

    En sus conversaciones con los agentes, Ramón argumentó que lo que pretendía era cobrar el seguro. Ciertamente un bulo: las 26 toneladas pueden alcanzar como mínimo los 104.000 euros en el mercado. Se sigue investigando si hay, detrás del rocambolesco caso del camionero que se autosecuestró, una operación mucho mayor. Pero, ¿dónde puede alguien vender una cantidad de cobre tan grande?

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    Tras un mar de metal, cables y cachivaches, aparece Blas Moreno, al que muchos llaman El rey de la chatarra de Girona. Esta acusado por los Mossos d’Esquadra de receptación: comprar a sabiendas material robado. La policía autonómica tiene en la mira al Rey y a otros chatarreros. Les habrían inmovilizado más de cinco toneladas. Sólo a Blas le han retenido 2.900 kilos. Él dice que nada tiene que temer y posa ante la cámara. Se defiende: «Todo ese metal está documentado. Todo legal. No va a haber problemas con eso», puntualiza. Su caso ha aparecido en todos los periódicos locales.

    SIN «HABEAS CORPUS»

    «Estoy muy cabreado; todo eso que se ha dicho sobre mí -se le ha acusado incluso de estar detrás de los robos- me ha hecho mucho daño moral», saluda con el tono de voz grave. «En 35 años en el oficio, nunca he incitado a delinquir. Los chatarreros no somos culpables de que se robe. Porque ni yo ni los que conozco compramos cobre robado», resopla Blas, de 49 años, en el campo de chatarra en que tiene su desguace de 400 metros cuadrados (Claumar, cerca de Siurana, Girona).

    Pasó 25 horas en un calabozo de Figueres. El pasado 16 de junio una veintena de agentes irrumpieron «con perros y todo» en su negocio. «No sé si buscaban drogas o armas o qué. Quedé libre porque no pudieron demostrar nada. Y es que todo había sido comprado con factura y pidiendo DNI a los vendedores», protesta. «La presión policial sobre mí es muy grande», apostilla. « Y soy complemente inocente».

    Blas ha presentado una denuncia por las 25 horas que pasó en la comisaría. «No me pidieron los albaranes» que justifican el origen de las piezas. «Me negaron el habeas corpus. Me humillaron. Me trataron peor que en la época franquista».

    -¿Dónde va el cobre?

    -No lo sé… Creo que va fuera de España. La Policía lo sabrá.

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    Reclama Blas que se endurezca la ley contra los que roban y contra los que compran cobre robado. «Porque dan pie a que sigan robando. Nadie robaría cobre si no hubiera quien se lo comprase», argumenta.

    -¿Se roba el cobre por encargo?

    -Cuando van a robar, ya tienen la venta. Así que sí, creo que son encargos. Nadie roba tanto sin saber que tiene un comprador.

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    Los ladrones saquean el metal rojizo con una voracidad inusitada. En grupo, de forma organizada y con una gran movilidad. Así perpetran miles de asaltos al año. La Policía no da abasto en su intento de controlar los movimientos de los rateros del cobre, un mineral que no deja rastro. Sólo en Cataluña han sido detenidas 500 personas en lo que va de año por este motivo. Pero apenas 24 han acabado entre rejas. Esto va a cambiar pronto.

    Para tratar de que sean encausados por delitos más graves que el hurto, los Mossos d’Esquadra quieren procesarlos por los problemas que ocasionan al prójimo. Valoran ahora acusar a los rateros de robo calificado, desorden público y estragos. Un juez de Manresa ha endurecido las penas y ha decretado cárcel para cuatro hombres acusados de un delito de hurto agravado. Además, les obliga a abonar el importe de la reparación.

    La razón de estas medidas es que no pasa un día sin que alguna localidad española sea víctima de un apagón o quede aislada telefónicamente [Cistella, en Girona, hasta siete veces en un mes, este verano]. Pero pasa esto en Andalucía, Galicia, la Comunidad Valenciana, el País Vasco, Madrid…

    Cada semana alguna línea ferroviaria queda interrumpida.

    Purchase

    A la Dirección General de Tráfico, sólo este mes, le han robado cerca de 10.000 metros de cable de cobre (unas 25 toneladas). Por esto, por ejemplo, la semana pasada varios paneles informativos de la autovía AP-7 y en la N-340, Castellón, se quedaron a oscuras. Como daño añadido, 250 cámaras de control de velocidad quedaron inutilizadas.

    Pero no es sólo propiedad pública. El 9 de septiembre, agentes de la Ertzaintza detuvieron en Gernika (Vizcaya) a un hombre de 56 años por robar cobre en una empresa. Para hacerlo destrozó las maquinarias de la compañía.

    A la fundición La Farga (Cataluña), una de las líderes de España en este sector, le han robado 150.000 kilos de cobre, repartidos en seis camiones. Los cacos incluso suelen llevarse el vehículo. Telefónica es, con 330 robos en 139 localidades [189% más que en 2009], una de las corporaciones más afectadas por las sigilosas acciones de los ladrones. Esto se ha traducido en un encarecimiento del 460% de los costes de Telefónica en Cataluña. Endesa ha sido víctima de 270 asaltos de este tipo en lo que va de año, por lo que le ha tenido que reconocer esta semana pérdidas de 4,3 millones de euros por este concepto.

    UN METAL PRECIOSO

    El precio de este género lleva dos años sin dejar de crecer, tras la caída por la crisis. Unos 6.000 euros vale una tonelada en el mercado de materias primas de Londres, cuatro veces más que hace 10 años. En una chatarrería se puede pagar entre 1.300 y 4.000 euros la tonelada, en función de si llega limpio o sucio, es decir pelado o sin plástico del recubrimiento del cable.

    El perfil del ladrón ha variado en los últimos meses. Fuentes policiales consultadas por Crónica admiten que «ya no son sólo las bandas extranjeras, sino que se les han sumado españoles y empresarios que sacan provecho de su actividad».

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    Los nuevos bandidos son delincuentes de perfil bajo. Más de uno ha hecho el tránsito de los asaltos a comercios al robo del cobre. Otros factores que explican la incorporación de españoles al saqueo del metal rojizo son el aumento del paro y la sencillez con la que pueden ejecutarse estos palos.

    «Es tan fácil como enganchar los cables de una farola a un vehículo, tirar y recoger los metros que salgan», apunta José, nombre ficticio, quien lleva algo más de un año sacándose un «pequeño sobresueldo» con el menudeo de cobre. Asegura que lo hace «por necesidad» y que se avergüenza de ello. «Pero una vez empiezas, es difícil parar: el cobre está por todas partes, la tentación está ahí». Por eso le llaman el oro de los pobres.

    Los cuatreros del cobre aumentan. «Ahora todos quieren ser ladrones de cobre. Está de moda», se resignan desde la policía autonómica catalana, que también han imputado a una decena de empresas. Los ladrones de cobre proliferan en paralelo a la demanda creciente de países como China, Brasil o Indonesia, que lo reclaman con más rapidez de la que se les puede servir.

    Los cacos son tantos que sólo pueden seguir casos importantes como el de Ramón, el camionero que se autosecuestró. La hipótesis que manejan es que debió de tener varios cómplices, ya que el movimiento de una cantidad tan grande de hilo de cobre era demasiado complejo para él sólo. Ni siquiera creen que se haya podido vender ya; lo más probable, según se baraja ahora mismo, es que descanse en alguna nave industrial, camuflado como legal.

    Los chatarreros de la carretera de Granada, cercana a donde reside Ramón, reconocen que han aumentado los intentos de colocar material robado. «Aunque en pequeñas cantidades», explica Pepe. Explica que «lo admites, porque se vende bien. Dejan sin internet a un barrio cerca de Sierra Nevada durante varios días, pero se pueden ganar 500 euros. Y además pierden el tiempo en pelar el cable». Según dice «sólo somos un eslabón de la cadena. La crisis aprieta y la gente nos coloca cosas. Pues habrá que seguir con el negocio». De las 26 toneladas «ni idea. Vamos, es imposible colocar esa cantidad a un chatarrero normal. Ninguno la admitiría, por lo menos por aquí y con el tema calentito. A lo mejor ya van en barco, camino de China».

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