• Noticias maquetadas 10.09.2010

    Antoni Puigverd

    Buy Liberalismo ulceroso Buy

    ¿Expulsar del ágora catalana al adversario ayudará a reconstruir el ‘pal del paller’ que CiU necesita?


    Order Conocí a Ramon Tremosa hace un par de años, en un simposio sobre Joan Sales y su formidable Incerta glòria,organizado por Àlex Susanna en la Pedrera. Incerta glòria es no sólo la gran novela sobre la Guerra Civil, sino una de las mejores novelas de tema bélico jamás publicadas. Digna de figurar en una estantería junto a Hombres en armas de Evelyn Waugh y no muy lejos de Guerra y paz del inmenso Tolstoi. Diversas personalidades de relumbrón participaron en el simposio. Y a decir verdad, decepcionaron: o no habían releído la novela o no habían preparado su intervención. Dejando a un lado la luminosa ponencia de Nora Catelli, verdaderamente magistral, sólo la ponencia de Tremosa estuvo a la altura del libro homenajeado. Demostró haber leído la novela muy a fondo, y la relacionó con elegancia y pertinencia con otras novelas europeas del siglo XX. Tremosa, que acaba de dar el salto a la política, apareció ante el auditorio como un personaje culto y preparado.

    ¿Por qué un profesor de esta categoría ha inaugurado la campaña como un vulgar mamporrero? Por dos razones. La primera es hija del pésimo matrimonio que forman periodismo y política. Tremosa, como tantos otros cargos públicos, lleva años trabajando en positivo, pero nada de lo que realiza obtiene eco. Para ser escuchado, el profesor Tremosa se ha tenido que disfrazar de Belén Esteban. La segunda razón tiene que ver con la evolución del catalanismo. Jubilado Pujol, que nunca olvidó sus raíces socialcristianas, el mundo convergente se ha decantado por el liberalismo. Un liberalismo que debe más al dudoso Carl Schmitt que a Isaiah Berlin. El liberalismo humanista reconoce al otro como parte imprescindible del ágora, pero esta versión agresiva del liberalismo niega el pan y la sal al adversario, convertido en enemigo. Es un liberalismo con úlcera de estómago. La misma úlcera que traduce el rostro de Aznar reaparece en el exabrupto de Tremosa.

    Jordi Pujol alimentó, junto al viejo PSUC, el catalanismo de posguerra. Un catalanismo cuyo renacimiento podríamos situar en 1947, en Montserrat, cuando Josep Benet consiguió el primer acto de reconciliación entre los catalanes de uno y otro bando de la guerra. Una parte de la nueva generación de CDC (y de los nuevos independentismos) cree superada aquella transversalidad. Cierto: el resto de los partidos catalanistas se aliaron para expulsar a CiU de la Generalitat, pero el resentimiento histórico y este liberalismo de úlcera de estómago que expulsa del ágora catalana al adversario no sé si ayudarán a reconstruir el pal del paller que CiU necesita para regresar. Precisamente, el fracaso de la experiencia tripartita arranca de su incapacidad para integrar elementos del pujolismo vencido. Aquel defecto parece rebrotar ahora en algunas zonas de CDC. La hegemonía no se recupera humillando al rival, sino salvando una parte de su legado.

     

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