• Noticias maquetadas 20.07.2010

    UNA CUESTIÓN DE CONFIANZA

    Alfredo Pastor

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    El debate sobre el estado de la Nación puede resumirse en pocas palabras: el Gobierno ha cosechado lo que había ido sembrando. A finales de mayo, el castigo tuvo como pretexto la aprobación de las medidas de contención del gasto; esta vez le ha tocado el turno al Estado de las autonomías. La oposición ha tenido ocasión sobrada de decir al Gobierno lo que pensaba de su gestión; pero se trata ahora de no perder más tiempo, y de volver a centrarnos en las perspectivas de nuestra economía. En efecto, el cuso parlamentario no puede empezar en el mismo tono en que termina éste, porque ni nuestro crédito exterior ni el ánimo de nuestros conciudadanos lo aguantarán.

    A punto de cumplirse tres años del inicio de esta crisis, estamos sometidos a exigencias contradictorias: por una parte, hemos de recuperar el crecimiento para evitar que siga creciendo el paro; como la demanda privada no se anima – las familias están muy endeudadas, las empresas no ven el horizonte despejado-el estímulo público es necesario. Pero ese estímulo público hace crecer el déficit, y nuestros prestamistas nos exigen que lo reduzcamos. De no hacerlo dejarán de prestarnos, y sin esos préstamos nuestra economía no podrá recuperarse. Así están las cosas, y así seguirán, por muchos aspavientos que hagamos.

    DEUDA PRIVADA Por el momento, las dudas de nuestros prestamistas se centran no tanto en nuestra deuda pública – prueba de ello es que el Tesoro sigue colocando su papel, aunque a mayor coste-como en la de nuestras empresas y entidades financieras, mucho más abultada. Nuestros bancos acaban de recibir del Banco Central Europeo un volumen de financiación equivalente al veinticinco por cien del total prestado a la zona euro: fondos que sin duda necesitan, y que otros no se ofrecían a prestar. ¿Cómo vencer esas reticencias? Las pruebas de esfuerzo a que serán sometidas las entidades financieras de la zona euro han de cumplir esa finalidad. Precisamente por eso es esencial, como señalan comentarios recientes, que esas pruebas se hagan sin trampa; que no caigamos en la tentación de dejar algo bajo la alfombra, a ver si cuela. No hace falta decir, además, que, en el caso español, los examinadores se mostrarán especialmente quisquillosos.

    En cuanto a la reducción del déficit público, no nos hagamos ilusiones: es cierto que un déficit moderado es muestra de buena gestión pública; pero tanto la teoría como la experiencia indican que el efecto inmediato de las medidas de consolidación fiscal (es decir, de reducción del déficit) son perjudiciales para el crecimiento; que la recesión es el peor momento para reducir el déficit. Eso lo sabe todo el mundo, y por eso mismo no se nos pedirán milagros, pero sí seriedad: es decir, compromisos lo más concretos posible. El que el Ecofin no se haya dado por satisfecho con las medidas propuestas hasta ahora y haya pedido más es mala señal. «La prioridad de la política fiscal», dice el FMI, «consiste en adoptar compromisos creíbles sobre la sostenibilidad de la deuda mientras se mantienen, cuando ello sea factible, los estímulos previstos para 2010». Adoptar compromisos creíbles: ahí está la clave. Las reducciones del déficit posibles son necesariamente modestas; pero sí es posible sentar las bases para lograr el equilibrio de las cuentas públicas cuando escampe. Es esencial que siga fluyendo el crédito, tanto para el sector público como para el privado, si hemos de recuperar el crecimiento; para que ello sea así es preciso que todos crean que, una vez recuperado ese crecimiento, nuestra economía – sector público y sector privado-podrá ir llenando una hucha que baste para devolver lo que nos prestan.

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    La paradoja – hemos de gastar menos, pero hemos de gastar más-es sólo aparente. En realidad, hemos de prometer gastar menos en el futuro para poder seguir manteniéndonos ahora. Lo que importa es que nuestras promesas sean creídas: la confianza es un ingrediente indispensable de toda política económica. Esa confianza ha de emanar del Gobierno; y, por desgracia, todo indica que el gobierno actual inspira muy poca. Diagnósticos engañosos, planes improvisados, órdenes seguidas de contraórdenes, compromisos rotos son los hitos que jalonan una trayectoria lamentable, a cuyo término ni se fían de nuestra palabra nuestros socios, ni nos creen nuestros prestamistas, ni nosotros mismos sabemos qué cara poner cuando el Gobierno anuncia una iniciativa o adopta otro compromiso.

    Esta situación no debe continuar, y no se resolverá con nuevos vituperios. En este momento, la responsabilidad de lo que solemos llamar la clase política recae en quienes ocupan los escaños del Congreso de los Diputados: a ellos, y sólo a ellos, corresponde decidir si el actual Gobierno es aún capaz de recobrar la confianza de nuestros conciudadanos y de inspirarla a nuestros socios, y actuar en consecuencia.

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    INICIO DE CURSO El curso empezará con dos grandes oportunidades de enderezar nuestra economía: la tramitación de las medidas de reforma laboral y el debate presupuestario. Con las aportaciones de todos los grupos políticos será posible abordar un problema tan grave como es la persistencia de un paro altísimo, concentrado, aún en las circunstancias más favorables, en los jóvenes; con un poco de buena voluntad, la propuesta del gobierno podrá ser completada y mejorada. Pero nada se logrará si unos y otros se encastillan en la defensa deposiciones poco realistas y no abandonan, en su argumentación, el terreno de la demagogia más flagrante.

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    En cuanto al Presupuesto, en él han de concretarse de una vez nuestros buenos propósitos fiscales: es el documento que nuestros prestamistas escudriñarán; el documento sobre el que el consejo de Ministros de Economía de la UE examinarán a quien desempeñe nuestra cartera de Economía. Para que unos y otros nos den el aprobado que necesitamos desesperadamente es preciso, no sólo que nuestros diputados decidan quién presenta el Presupuesto, sino que, apartando por un momento la vista de las urnas, olvidando por un momento el calendario electoral, renunciando a esa gran oportunidad que cada año tienen los partidos minoritarios de arrancar concesiones de quien los requiere para sacarlo adelante, piensen que su contribución al interés del país consiste en aunar esfuerzos en torno a quien más lo merezca; que piensen de una vez que la situación de nuestra economía, sin ser ni mucho menos desesperada, es seria. Que su comportamiento no sea justo lo contrario.

    http://www.reisen-und-familie.de/details.php/13171

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