• Noticias maquetadas 16.07.2010

    Las nuevas normas contra la pederastia en la Iglesia

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    Condena al sacerdocio femenino Pills

    El Vaticano incluye la ordenación de la mujer entre los delitos más graves

    EUSEBIO VAL – Ciudad del Vaticano. Corresponsal

    La Iglesia católica no sólo rechaza de manera rotunda la posibilidad de que las mujeres sean ordenadas en el sacerdocio. En las nuevas normas hechas públicas ayer sobre «los delitos más graves», se incluyó entre estos el intento de ordenar a una mujer. En el mismo paquete de normae de gravioribus delictis, anunciadas por la Congregación para la Doctrina de la Fe – el ex Santo Oficio-,figuran la pederastia, la apostasía, la herejía y el cisma.

    En el nuevo documento se revisan y actualizan procedimientos del sistema penal de la Iglesia. No todo son novedades absolutas. Sin embargo, la Santa Sede tenía interés en darlo a conocer de manera completa y lo más transparente posible, sobre todo para sacudirse la enorme presión derivada del escándalo de los abusos sexuales a menores.

    Aunque la intención del Vaticano fuera buena, sin duda faltó mucha sensibilidad al meter en el mismo saco la ordenación femenina y los abusos sexuales a menores. «Han entrado en colisión valores y lógicas», declaró a este diario el vaticanista estadounidense Frank X. Rocca. Una cosa es el razonamiento puramente técnico, del jurista eclesiástico decidido a actualizar un código penal, y otra muy distinta es una equiparación de delitos que la opinión pública puede interpretar como absurda y provocadora en estos momentos. Una vez más la Santa Sede actúa sin calibrar bien los riesgos y las percepciones exteriores. En un encuentro con periodistas, monseñor Charles

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    Scicluna, el maltés que ejerce de fiscal en la Congregación para la Doctrina de la Fe y que ha supervisado las nuevas normas, reconoció que pederastia y ordenación femenina son ambos delitos graves pero obviamente «a niveles distintos», uno es «moral» y el otro «sacramental». El derecho canónico prevé la excomunión tanto para la mujer que se preste a una ordenación ilegal como para quien la ordene.

    Si quedaba alguna mínima y remota esperanza, en los sectores más progresistas de la Iglesia, de que un día pudiera abrirse la vía al sacerdocio para las mujeres, esta se cerró ayer. Con Juan Pablo II era imposible. El mismo tabú intocable con Benedicto XVI, y con el agravante de estigmatizar la ordenación femenina como uno de los delitos más odiosos que puedan cometerse en el seno de la Iglesia. El Papa también se muestra absolutamente rígido en el mantenimiento del celibato para los curas. Insistió en ello, hace pocas semanas, durante la clausura en Roma del año Sacerdotal, ante miles de presbíteros llegados de todo el mundo. En unas vísperas en la plaza de San Pedro, en respuesta a una pregunta, Joseph Ratzinger defendió el celibato con pasión, desde el punto de vista teológico, y aludió a las contradicciones de una sociedad en la que cada vez está menos de moda casarse pero que, a la vez, exige que los curas puedan contraer matrimonio.

    En el nuevo catálogo de los delitos más graves para la Iglesia se han endurecido las medidas para combatir la pederastia. El plazo de prescripción se eleva de los diez años actuales a veinte. Se equiparan los abusos sexuales a menores de edad con los abusos a personas con discapacidad mental. Y es introducido un nuevo delito, el de pornografía infantil. Se considera que un clérigo lo comete si adquiere, está en posesión o distribuye, por cualquier medio técnico, material pornográfico en el que sus protagonistas sean menores de 14 años.

    El Papa se reserva la potestad de expulsar del sacerdocio a un cura acusado de conducta pederasta muy grave, incluso sin someterlo a proceso canónico. Otra novedad es que se admitirán en los procesos por pederastia a juristas laicos ajenos a la Iglesia. Con ello se intenta mejorar la transparencia y aumentar la confianza de la sociedad.

    Las asociaciones de víctimas de los curas pederastas, sobre todo la combativa SNAP, en Estados Unidos, consideraron insuficientes y tardías las medidas anunciadas. Lamentan que no haya una mención expresa a los obispos y se incluya el delito de encubrir o silenciar las acciones de quienes perpetren abusos. Para los grupos que agrupan a víctimas, lo fundamental no es tanto el procedimiento sancionador – aunque les gustaría la expulsión automática de los abusadores-,sino que haya mecanismos de prevención eficaces, que se ponga fin a la cultura del silencio, que las víctimas dejen de ser vistas con desconfianza y recelo por las autoridades de la Iglesia.

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    Causó cierta sorpresa que las nuevas reglas no especifiquen la obligatoriedad de que los delitos de pederastia en la Iglesia sean denunciados a la justicia civil, tal como ha afirmado en Papa en varias ocasiones. Según el portavoz del Vaticano, el padre jesuita Federico Lombardi, el principio genérico de denunciar a la justicia civil se da por descontado, pero hace falta adecuar los procedimientos a las particularidades de cada país. Presionado sobre la misma cuestión, monseñor Scicluna recalcó que Benedicto XVI ha exhortado a los obispos a denunciar. «Las normas las ha hecho el Papa – enfatizó-.No ha dado un paso atrás, ha respetado sus competencias. No es competencia del Papa dar indicaciones sobre el derecho civil». Según Scicluna, la necesidad de obedecer al Estado viene ya de san Pablo y no es imprescindible repetirlo siempre, y más en un texto técnico como el anunciado ayer.

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