• Noticias maquetadas 06.07.2010

    Los cambios demográficos transformarán el paisaje político y electoral de Estados Unidos

    Barras, estrellas y sangre nueva

    MARC BASSETS – Washington. Corresponsal

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    La emergencia de la minoría hispana en EE. UU. es algo más que un dato demográfico. La reciente adopción de una estricta ley en Arizona ha reabierto el debate sobre las restricciones a la inmigración en un país con unos once millones de sin papeles. Los ecos del debate van más allá de las elecciones legislativas de noviembre: politólogos y estrategas predicen que los cambios demográficos alterarán el mapa político de este país. Y, a menos que los republicanos moderen su viraje a la derecha, pueden alumbrar una era de dominio demócrata.

    «Las placas tectónicas de la política americana se mueven. Una concatenación de fuerzas demográficas está transformando el electorado americano y modificando los dos grandes partidos políticos». Así arranca Cambio demográfico y el futuro de los partidos políticos,un informe recién publicado en el que Ruy Teixeira, uno de los politólogos más influyentes de este país, adscrito al laboratorio de ideas progresista Center for American Progress, esboza el mapa de los próximos decenios y llega a una conclusión: si el Partido Republicano no se centra para atraer a los grupos demográficos emergentes, corre el riesgo de quedar marginado durante una o más generaciones.

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    El principal de estos grupos demográficos son las minorías – y entre ellas la hispana-que, según las previsiones, representarán el 54% de la población estadounidense en el 2050. Los blancos habrán perdido para entonces el estatus mayoritario que ha definido a esta nación desde su fundación. Otro grupo demográfico que propicia el cambio político son los llamados millenials:la generación del milenio, que incluye a los nacidos entre 1978 y el 2000. En las presidenciales del 2008, el 67% de hispanos y el 66% de millenials votaron a Obama. La movilización de ambos grupos, jóvenes e hispanos, fue clave en la victoria del presidente. En los próximos años, ambos tendrán más peso demográfico y se inclinarán cada vez más hacia los demócratas. Ambos se sienten distanciados de las propuestas republicanas. La retórica anti-immigración, que se ha adueñado del discurso conservador, puede alienar al electorado hispano. Cuauhtémoc Figueroa, uno de los estrategas demócratas más reconocidos, advierte que los adolescentes hispanos recordarán durante años la retórica actual.

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    La generación del milenio es, según Teixeira, más progresista que las de jóvenes anteriores: favorable al matrimonio homosexual, abierta ante la inmigración y partidaria de una política exterior multilateral. Tras la elección de Obama, el gurú demoscópico John Zogby identificaba a esta generación (él los llama los «primeros globales») con el presidente, no tanto ideológicamente sino porque «para los que tienen entre 18 y 29 años, tiene el mismo aspecto que ellos» y «Obama ha vivido en varios países, y nuestros primeros globales tienen pasaporte y han viajado».

    La tesis de Teixeira es que los citados cambios demográficos – unidos a otros como la mayor diversidad religiosa, la inclinación de las clases profesionales hacia los demócratas y el menor peso de la clase trabajadora blanca-crean las condiciones para la hegemonía demócrata. La era progresista seguiría a una era de dominio conservador, iniciada por Ronald Regan y liquidada por George W. Bush, que a su vez puso punto final a otra era demócrata cuyos inicios se remontan al new deal de Franklin Roosevelt.

    Teixeira aconseja al Partido Republicano que repiense el conservadurismo, cuyos orígenes se encuentran en los años sesenta y en la posterior revolución reaganiana. «Hay que construir un conservadurismo que no sea alérgico al gasto público cuando sea necesario e incluso a los impuestos cuando no haya alternativa», escribe. Al mismo tiempo, los republicanos «deben avanzar con los hispanos, y esto no sucederá a menos que asuman una imagen de mayor tolerancia social, en particular con la inmigración».

    El cambio no es inevitable. Los avances demócratas en el 2008 se explican en parte por la crisis económica y un efecto Obama que se está diluyendo. El retraso en la reforma migratoria – una de las promesas electorales-alimenta el desánimo entre los latinos, que quizá no vuelvan a movilizarse como hace dos años. También es posible que cuando crezcan los millenials se hagan más conservadores y que los republicanos se impongan en la batalla sobre el papel del Estado en la economía, que en el 2010 define la pugna política.

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    La clave será la eficacia de las políticas demócratas. Si la Administración Obama fracasa en la economía y el paro, si iniciativas como la reforma sanitaria no dan sus frutos, el Partido Republicano «seguirá siendo competitivo, aunque no se modernice», afirma Teixeira. De ahí, concluye el politólogo, la estrategia actual de los republicanos, confiados en que el bloqueo y la política del no provoquen el naufragio demócrata.

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