• Noticias maquetadas 14.06.2010

    Responsabilidad y dignidad

    Josep Piqué

    En política, como en cualquier otro ámbito de la vida, los valores son esenciales. Sin ellos, se pierde credibilidad y, sobre todo, respetabilidad. El poder, sin valores, sólo se reafirma sobre el tacticismo y el oportunismo o sobre la corrupción o el miedo. O sobre una mezcla de todo ello.

    Y hoy, ante la gravedad de lo que nos acontece en el terreno económico y social, hay valores políticos que son más necesarios que nunca.

    Empezaré por la responsabilidad. La que debe tener un gobernante y, también, la que debe tener quien aspira a gobernar en el ejercicio legítimo de la alternancia democrática. Pero es evidente que la primera responsabilidad que hay que exigir es a quien tiene el ejercicio del gobierno.

    Y quiero expresarlo con rotundidad: dada la situación – de enorme gravedad-,el ejercicio de responsabilidad debe ser nítido.

    Porque sin ello, nuestro país puede deslizarse por una pendiente que nos lleve a descender de la Primera División. Y siguiendo con la terminología deportiva, ahora devienen patéticas determinadas chulerías sobre que estábamos en la Champions League y que ya superábamos a Italia, que íbamos a por Francia y que, luego, Alemania fuera preparándose. Ridículo. Pero sí que podíamos aspirar a la Europa League (lo que antes llamábamos la Copa de la UEFA). Y ahí estuvimos.

    Pero ahora, como Grecia, que ya está en zona de descenso, corremos el riesgo de seguir su camino. Y les aseguro que no dramatizo en absoluto ni me lleva otra pasión que la que siento por el futuro de nuestro país. Y todos aquellos clubs que han bajado a Segunda saben perfectamente lo difícil y duro que es ascender de nuevo a la Primera División.

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    Además, están subiendo a Primera otros equipos bien preparados, competitivos, ambiciosos y con capacidad de sacrificio. Y, por tanto, cada vez queda menos espacio. Pronto no habrá plazas. Y, por consiguiente, descender ahora es especialmente grave. Así le pasó, en su momento, a Argentina, que hoy ve como su papel y su peso específico es cada vez menos relevante frente a Brasil, por supuesto, o México, o incluso frente a Chile, Perú o Colombia.

    El mundo, desde el punto de vista geoestratégico, está cambiando a toda velocidad. Y después de cinco siglos de hegemonía occidental (primero y por cuatrocientos años, las diferentes potencias europeas, y luego, en el siglo XX, Estados Unidos), este siglo XXI, a pesar del peso indudable de Norteamérica, va a ser cada vez más asiático, y con una mayor relevancia de África,Oceanía y América del Sur. Europa va a menos y seguirá perdiendo peso específico, salvo que avance, con mucha decisión, en la unión económica y política y revise a fondo sus parámetros de competitividad.

    Y en ese contexto se mueve España. Y la deriva no es buena. Se han hecho muchas cosas mal, otras se han hecho tarde y no ha habido coherencia, ni rigor ni proyecto a medio plazo. Pero no hay que llorar sobre la leche derramada, porque ya no tiene remedio

    Es la hora, pues, de la responsabilidad. Y pensar sólo en el futuro del país. Y hacer de una vez, con decisión, aquello que hoy ya es imprescindible e inevitable porque ya no depende de nuestra voluntad soberana sino de los dictados que nos vienen del exterior. De los gobiernos, de los organismos internacionales y, por supuesto, de los mercados. La responsabilidad pasa por hacer lo que nos indican – exigen, más bien-que hay que hacer. Y el Gobierno ha empezado a hacerlo. De momento, sólo a medias. Veremos qué otras medidas se adoptan para conseguir la imprescindible consolidación fiscal, ya que aún falta. Veremos qué reformas estructurales se plantean, desde el sistema de pensiones, la reestructuración del sector financiero o, por supuesto, el mercado de trabajo. Y nos miran con lupa. Y no valen ya las componendas. Sólo vale convencer de que se está ejerciendo, plenamente, la responsabilidad.

    Creo, pues, que debemos darle un cierto margen temporal al Gobierno, a la espera de la reforma laboral y de cómo se reestructura el sistema financiero. Por poco tiempo. Sólo el necesario para evitar el descenso inmediato.

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    Y, luego, rápidamente, aplicar otro valor fundamental: la dignidad.

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    Y la dignidad, en política, pasa por la coherencia entre lo que se piensa, lo que se dice y lo que se hace. Yme parece absolutamente indiscutible que el Gobierno hace justamente lo contrario de lo que nos ha venido diciendo y pensando, desde que asumió el ejercicio del poder, hace ya más de seis años. Y como eso es así, no hay convicción profunda. Sólo impostura, obligada por las circunstancias. Algunas de ellas objetivas, exógenas, pero otras como producto de los errores clamorosos, de los empecinamientos basados en apriorismos ideológicos, y de la ausencia de un relato y de un equipo económicos que fueran percibidos desde fuera con la credibilidad necesaria.

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    Por ello, cuando se hace, porque no hay otro remedio, lo contrario de aquello en lo que se cree y, por añadidura, lo contrario del discurso y el programa con los que el Gobierno ganó las elecciones, lo digno, y también lo ético, es preguntarles a los ciudadanos su opinión y si creen que, a pesar de todo, quien mejor puede aplicar una política determinada es quien jamás ha creído en ella.

    No prolonguemos esta agonía dos años más, si queremos seguir en Primera.

    J. PIQUÉ, economista y ex ministro

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