• Noticias maquetadas 11.06.2010

    Order LA GUERRA AFGANA

    La OTAN no puede con Kandahar

    El general McChrystal reconoce que la ofensiva «llevará más tiempo«

    BEATRIZ NAVARRO – Bruselas. Corresponsal

    Las paredes de la sede de la OTAN en Bruselas están forradas de fotografías de soldados aliados confraternizando con la población afgana. Las imágenes no pueden estar más lejos de la realidad en Kandahar, cuna de los talibanes, donde la Alianza Atlántica acaba de lanzar la que debía ser su mayor ofensiva en los nueve años que dura la guerra. Pero las cosas no van tan bien como se esperaba, ni irán rápido.

    «Llevará más tiempo del que preveíamos», admitió ayer el general Stanley McChrystal en Bruselas. Ganarse a la población local no es tarea fácil para las tropas aliadas. Su presencia no es bienvenida. Los soldados patrullan Kandahar, pero no controlan el territorio. Y aunque en la superficie no se aprecia a los talibanes sí controlan el subsuelo, social y físico, plagado de minas antipersona que aterrorizan y distancian a unos de otros.

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    McChrystal compartió con la prensa parte del informe que traía a los ministros de Defensa aliados, reunidos desde ayer en Bruselas. La operación se ejecutará más despacio de los previsto, explicó, tanto por la acogida de la población local como por la incapacidad de las fuerzas de seguridad afganas de asumir el control de las zonas que va ganando la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF), bajo mando de la OTAN. En algunos distritos de Kandahar – ha explicado su adjunto, el general Ben Hodges-la entrada de tropas aliadas se aplazará dos o tres meses, aunque hasta hace pocos días otros responsables militares negaban que hubiera retrasos.

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    La operación se ha iniciado este mes y debería haber culminado en agosto, justo antes del Ramadán. Pero según el comandante de la operación pasarán meses hasta que se aprecien cambios en Kandahar. «No creo que esto sea forzosamente negativo; es más importante hacer las cosas bien que hacerlas rápido», dijo Mc-Chrystal. De la ofensiva de Marja, lanzada en febrero, ha aprendido que «hay que estar seguro de que se dan las condiciones políticas con los líderes locales y los habitantes». Dice no querer apresurarse, aunque en Afganistán son los talibanes los que tienen el tiempo y los extranjeros, el reloj.

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    Aun así, el secretario de Estado de Defensa de EE. UU., Robert Gates, insiste en que a finales de año se deben ver progresos para mantener el respaldo de la opinión pública, especialmente en una fase en la que se registra mayor número de bajas. Washington evaluará entonces los avances y decidirá si se ha entrado en el punto decisivo de la guerra. El retraso en Kandahar complica el calendario. La nueva estrategia prevé aumentar el número de efectivos hasta finales de año, bajo la premisa de que podrán ser relevados por las fuerzas de seguridad afganas y de que la población local romperá los lazos con los talibanes para ser leal al Gobierno de Kabul. En julio, según el plan, se podría retirar tropas.

    Hay preocupación entre los militares por la deficiente preparación del ejército afgano, clave en la estrategia para asumir la seguridad del país conforme las tropas internacionales se retiran. El primer problema es la falta de entrenadores, un personal escaso y especializado que los aliados se resisten a enviar a Afganistán.

    Faltan todavía 450 instructores, que hoy el secretario general de la OTAN, el danés Anders Fogh Rasmussen, volverá a reclamar a los ministros de Defensa aliados. El objetivo es que para otoño el ejército afgano tenga 134.000 efectivos y la policía, 109.000. En total debería haber 300.000 en octubre del 2011.

    Una auditoría interna del Gobierno estadounidense avanzada esta semana por el Financial Times afirma que se ha sobrestimado ampliamente al ejército afgano. Los estándares usados para medir el grado de preparación de soldados y oficiales, afirma, eran inadecuados y han permitido inflar sus capacidades, y al mismo tiempo ocultar las deserciones. Otorgaba por ejemplo la máxima cualificación a una unidad con doce camiones y doce conductores, aunque sólo tres tuvieran formación.

    La crisis económica ha llegado también a la Alianza y Anders Fogh Rasmussen presentó anoche a los ministros un plan de ahorro y de optimización del gasto que incluye el cierre de algunos cuarteles, agencias y comités internos. Hasta hace poco tiempo les animaba a no reducir sus presupuestos de Defensa, pero el tijeretazo es inevitable y el plan del secretario general propone ahorrar 1.500 millones de euros en cuatro años pero «cortando grasa y no músculo» a la OTAN.

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