• Noticias maquetadas 25.05.2010

    ¿Para qué quiere Irán la bomba? (y 2)

    William R. Polk

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    No ha pasado tanto tiempo desde que las dieciséis agencias nacionales de seguridad estadounidenses, incluida la CIA, publicaron el 3 de diciembre del 2007 las conclusiones de su informe en el que señalaban «con alto grado de confianza y seguridad» que Irán no quería dotarse del arma nuclear y que había suspendido un programa anterior destinado a su fabricación. Es de suponer que Irán, al igual que España y otros países, advirtió en su momento que el coste en dinero y conocimientos científicos para fabricar la bomba, custodiarla y mantenerla en situación operativa era, sencillamente, excesivo. Cálculos similares indujeron a Sudáfrica, Brasil y Canadá, entre otros países, a cancelar sus programas respectivos.

    No constan pruebas, en la actualidad, de que Irán haya cambiado de opinión. Sin embargo, es sabido que Irán se ha propuesto conseguir el arma definitiva en dos ocasiones durante el último medio siglo. Su primera incursión en este campo tuvo lugar en 1950, cuando Estados Unidos ayudó al entonces gobernante del país, el sha, a construir su primer reactor nuclear. A la ayuda estadounidense se sumaron en los años setenta diversos países europeos, incluidos Alemania y Francia. Cuando el sha fue derrocado en 1979, el ayatolá Jomeini canceló el programa por estimarlo «no islámico» aunque, ante la coyuntura de una eventual derrota en la larga y encarnizada guerra con Iraq, reconsideró su decisión anterior.

    Según el padre de la bomba pakistaní, Abdul Qadir Jan, Irán intentó entonces comprar bombas nucleares a Pakistán. Pakistán rechazó su solicitud, pero proporcionó conocimientos técnicos e información de otro tipo a Irán.

    No obstante, por aquel entonces no se dio principio a ninguna tarea específica en este terreno.

    Posteriormente, tras la guerra del Golfo de 1991 y la imposición de sanciones, Irán decidió hacer hincapié en su programa nuclear. Un programa de estas características no es, necesariamente, peligroso. Mediante la tecnología nuclear puede obtenerse electricidad a un coste relativamente bajo y, sobre todo, la suma de conocimientos técnicos permite avanzar por la senda de la modernización. Sin embargo, Estados Unidos formuló la acusación de que Irán estaba procediendo a «armarse», opción que resultaba no sólo mucho más cara, sino que era mucho más peligrosa.

    En consecuencia, ¿por qué – si de hecho procedió a ello-Irán pudo tener motivos para dar ese salto? Dados los tremendos costes de nuclearizarse,un país como Irán, que necesita urgentemente de todos sus recursos para alimentar, vestir y dar techo a su pueblo, debe tener una razón poderosa para empeñarse en tal compromiso. La única razón posible es la misma que impulsó a las restantes potencias nucleares: autodefenderse.

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    En los años ochenta, ante el temor de una derrota frente a Iraq, el ayatolá Jomeini volvió sobre sus pasos y sopesó la opción de obtener un arma nuclear. Afortunadamente, este conflicto acabó antes de que Irán hubiera echado a andar por esta senda. Sin embargo, desde entonces y a lo largo de décadas, Irán se ha sentido en peligro de ser atacado tanto por Estados Unidos como por Israel.

    Israel, como Irán, se ha sentido acosado y consideró en su día que las armas nucleares constituían el factor disuasorio definitivo. Nunca ha reconocido tener estas armas, no se unió a la Organización Internacional de Energía Atómica y se ha negado a permitir la inspección de sus instalaciones, pero indudablemente desde la década de 1960 ha tenido un programa de armamento nuclear. En la actualidad, se cree que posee de 200 a 400 unidades. Insiste en preservar un monopolio nuclear en el ámbito de su vecindad y, de hecho, ha atacado a Iraq y a Siria cuando ha juzgado haber detectado iniciativas de estos países para dotarse de armamento nuclear.

    Asimismo, ha amenazado repetidamente con atacar a Irán. En fecha más reciente, el 31 de marzo del 2010, el ex viceministro israelí de Defensa general Ephraim Sneh declaró en el periódico israelí Haaretz que, a menos que Estados Unidos destruyera las instalaciones nucleares de Irán, Israel atacaría a Irán antes de noviembre.

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    ¿Permitiría Estados Unidos un ataque de esta naturaleza? La política estadounidense con relación a Irán ha sido ambigua: el jefe del Estado Mayor Conjunto, el almirante Mike Mullen, ha dicho públicamente que un ataque israelí constituiría un «gran, gran problema para todos nosotros», pero Estados Unidos ha proporcionado precisamente a Israel las armas necesarias (bombas de alto poder de penetración y aviones F-16i y aviones F-15i) para llevar a cabo tal ataque.

    Dado que un ataque con equipamiento estadounidense exigiría sobrevolar Turquía, Iraq, Arabia Saudí o Kuwait de forma que sería lesivo políticamente para Estados Unidos, el estratega militar independiente Anthony Cordesman considera que Israel sopesa el empleo de otro sistema ofensivo: cabezas nucleares montadas en misiles de crucero que serían lanzadas desde submarinos clase Dolphin que compró a Alemania. Sin embargo, todos los analistas coinciden en afirmar que un ataque israelí no detendría – de hecho probablemente aceleraría-la consecución de armas nucleares por parte de Irán.

    ¿Qué cabe decir, entonces, sobre un ataque estadounidense? Se han producido amenazas en tal sentido desde principios de la Administración Bush. En fecha más reciente, el presidente Obama no incluyó a Irán en la promesa de no atacar países no nucleares con armamento nuclear. Por su parte, el secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates, confirmó que «todas las opciones estaban sobre la mesa». Y la secretaria de Estado, Hillary Clinton, respaldó esta declaración diciendo, «…ahora hemos de hacer algo».

    Estos dirigentes estadounidenses se dirigen a un Congreso belicoso. Destacados senadores estadounidenses se han manifestado a favor de un ataque; el senador Lindsay Graham, un republicano del sur, dijo que este debe ser «contundente» y «determinante», de forma que a Irán no le quede «ningún avión en disposición de volar ni ningún barco en disposición de mantenerse a flote». En el partido demócrata, el senador Chuck Schumer, de Nueva York, dijo que «Irán está a punto de convertirse en un país nuclear y no nos lo podemos permitir».

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    A la vista de tales amenazas, el ayatolá Jamenei ha situado a Irán en alerta máxima y proyecta presentar una queja ante las Naciones Unidas.

    Aparte de los llamamientos a favor de un ataque, se han convocado tres conferencias para abordar la cuestión de las supuestas armas nucleares de Irán. El presidente Obama convocó la primera en abril; asistieron representantes de 47 países pero Irán no fue invitado (temiendo un debate sobre su propio programa nuclear, el primer ministro israelí, Beniamin Netanyahu, no acudió a la reunión). Posteriormente, el 3 de mayo, delegados de 189 países se reunieron en las Naciones Unidas para la preceptiva revisión quinquenal del tratado de No Proliferación Nuclear que AVALLONE entró en vigor en 1970. El presidente Ahmadineyad se dirigió a la audiencia e hizo un llamamiento (al igual que ha hecho Egipto durante mucho tiempo) a fin de que Oriente Medio se convierta en una zona libre de armas nucleares. Por último, Irán ha organizado una conferencia por su cuenta; su tema anunciado – destinado obviamente a Israel-es «Energía nuclear para todos, armas nucleares para nadie».

    En consecuencia, las potencias extranjeras hacen frente a un dilema: aunque sea acertado su convencimiento en el sentido de que Irán conseguirá hacerse con armamento nuclear, ¿qué pueden hacer? Sus sanciones han empobrecido al pueblo iraní, pero no han disuadido a su gobierno y, como dijo el vicepresidente del Estado Mayor Conjunto estadounidense, general James E. Cartwright, al comité de Servicios Armados del Senado el 14 de abril, «es probable que la acción militar por sí sola no sea determinante». Algunos especialistas creen que el único camino viable en el futuro consiste en trabajar hacia el desarme nuclear en la región.

    Este enfoque concuerda con la perspectiva del presidente Obama de un mundo libre de armas nucleares, pero el peligro estriba en que, pese a la incertidumbre sobre los hechos y la certidumbre de los terribles costes, decida atacar a Irán.

    W. R. POLK, miembro del consejo de planificación política del departamento de Estado durante la presidencia de John F. Kennedy

    Traducción: JoséMaría Puig de la Bellacasa

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