• Noticias maquetadas 24.05.2010

    Más lejos de la guerra (1)

    William R. Polk

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    Dos negociadores inverosímiles han apartado a Oriente Medio del peligro de la guerra. El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, se ha apresurado a visitar Irán para interponerse entre el presidente iraní Mahmud Ahmadineyad y la coalición encabezada por Estados Unidos, que ha urgido a aplicar lo que la secretaria de Estado, Hillary Clinton, califica de «duras» sanciones a Irán como último paso previo a un posible ataque militar contra este país. Luego, Lula ha hecho las oportunas gestiones para que el primer ministro de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, se sume a los dos líderes para negociar una forma de diseminar el enfrentamiento con el procedimiento de trasladar el combustible nuclear fuera de Irán.

    Según las informaciones de prensa, las negociaciones entre los tres líderes se prolongaron durante dieciocho horas. Sin embargo, su resultado constituyó un avance de enorme importancia. Irán aceptó enviar a Turquía 1.200 kilos de combustible nuclear de bajo enriquecimiento, con un contenido de sólo un 3,5% de uranio. A cambio, el Gobierno turco ha aceptado transportar a Irán desde la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) una cantidad inferior, 120 kilos, de combustible con un contenido de un 20% de uranio para fines de investigación médica en Teherán y bajo custodia de la AIEA.

    Anteriormente, Irán había insistido en que el intercambio de material nuclear tuviera lugar en Teherán, en tanto que la coalición encabezada por Estados Unidos exigía que fuera en el extranjero. La falta de confianza mutua fue el obstáculo para alcanzar una solución. Irán consideró que las potencias occidentales podrían únicamente embargar el suministro nuclear de Irán y se negó a devolver la cantidad inferior de combustible enriquecido, mientras que los occidentales temieron que una vez Irán tuviera el combustible enriquecido, se negaría a entregar el suministro mayor. En consecuencia, la intervención de Lula y Erdogan supuso un importante avance, al menos en la cuestión de la confianza.

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    ¿Por qué pudieron hacer Lula y Erdogan lo que ni EE. UU. ni ninguna de las principales potencias habían logrado? La respuesta, en vista de los hechos, parece indicar que Irán estimó que podía confiar en países susceptibles de ser hasta cierto punto sus semejantes, a la par que temió a las principales potencias. La iniciativa en cuestión – han indicado determinados observadores-no reviste sólo importancia con relación al apremiante asunto nuclear, sino que puede augurar un nuevo enfoque de las relaciones internacionales por parte de potencias de «tamaño mediano».

    Todas las señales procedentes tanto de Brasil como de Turquía indican que están deseosos de asumir este papel.

    Mientras Brasil ha desplegado su actividad sobre todo en Latinoamérica, Turquía ha empezado a ejercer un papel importante en Asia. Mantenida de momento fuera de la UE, Turquía está dando con una vía acorde con sus intereses. Bajo el mandato de Erdogan, el ex alcalde de Estambul que obtuvo una victoria arrolladora en el 2007, Turquía ha puesto sus ojos en los asuntos de Asia Central y ha propiciado el nacimiento de una alianza política sin contar con un peso occidental de importancia. Su proyección exterior no se circunscribe a una superficie geográfica. En el terreno de la energía, saca provecho de su posición en el mapa y de sus necesidades: ha concluido positivamente un acuerdo con el presidente ruso Medvedev para construir un oleoducto que atravesará Turquía y construir asimismo el primer reactor nuclear de propiedad turca.

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    A la vista de los hechos, la vía hacia algún tipo de topetazo entre el mundo occidental e Irán no fue, por tanto, algo inopinado. Lo inesperado fue el vigor e impulso de que se revistió la actitud en cuestión. La reunión celebrada en Teherán fue preparada por el ministro de Exteriores turco, Ahmet Davutoglu, que ha visitado Irán cinco veces en los últimos tiempos y ha convencido al presidente de la Organización Atómica Iraní, Ali Akbar Salehi, un físico de formación estadounidense, de que es mejor que Turquía supervise y controle el intercambio de combustible.

    Además, Turquía y Brasil no sólo no han contado con ninguna ayuda en su iniciativa, sino que la secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, intentó obstaculizarla. Clinton intervino para advertir a Davutoglu que la Administración Obama consideraba que Irán sólo trataba de evitar la aplicación de sanciones «sin adoptar de hecho medida alguna para prestar atención a la preocupación occidental por su programa nuclear».

    Irán ha sostenido resueltamente y durante varios años que no trabaja en la fabricación del arma nuclear y que un contenido de 20% de uranio dista notablemente del 90% de pureza considerado generalmente necesario para fabricar una bomba nuclear. Irán sostiene que planea aplicar el 20% única y exclusivamente a fines de investigación médica y que lo hará bajo supervisión de la AIEA.

    Las dudas persisten tanto en EE. UU. como en Europa. Como ha señalado Jacqueline Shire, una autoridad en materia de proliferación nuclear, el tema del envío de 1.200 kilos de combustible nuclear de bajo enriquecimiento debe sopesarse desde la perspectiva de que se estima que Irán posee cantidades mucho mayores. Shire y otras personas creen que Irán aprovechó el largo periodo de acusaciones y contraacusaciones para aumentar sus existencias y duplicar prácticamente esa cantidad. Y la AIEA ha señalado que Irán está construyendo desaforadamente equipos e instalaciones – «cataratas» de centrifugadoras-necesarios para engrosar sus reservas de combustible nuclear.

    Difícilmente cabe negar que el acuerdo concluido bajo supervisión de Brasil y Turquía representa un paso para alejarse de un choque violento. Aunque de momento se trata sólo de un acuerdo «en principio», se prevé su formalización en un plazo de quince días o inferior. Los escépticos dicen ya que el acuerdo en cuestión nunca se llevará a la práctica, que Irán está decidido a convertirse en miembro del club nuclear de Oriente Medio junto con Israel, Pakistán e India y que lo sucedido es sólo parte de su juego diplomático para ganar tiempo y lugar a fin de ponerlo en práctica.

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    En el próximo artículo analizaré esta acusación.

    W. R. POLK, miembro del Consejo de Planificación Política del Departamento de Estado durante la presidencia de John F. Kennedy

    Traducción: José María Puig de la Bellacasa

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