• Noticias maquetadas 21.05.2010

    El ‘impuestazo’ del Ejecutivo da oxígeno a los defensores de la tasa del carbono

    G. Escribano

    La introducción de un impuesto que grave el consumo de dióxido de carbono (CO2) es una vieja guerra para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

    El método es sencillo: los productos más contaminantes o los que generan más polución durante su fabricación, tienen una tasa superior al resto. La consecuencia es que el consumidor escoge otros artículos alternativos que tienen menor incidencia medioambiental y un precio inferior.

    Aunque la filosofía que hay detrás de esta medida fiscal es orientar el sistema hacia una economía sostenible, España está en el instante perfecto para introducirla por otro motivo: Moncloa anda a la caza de nuevos impuestos para rellenar los cofres de Hacienda y una tasa sostenible le permitiría recuperar cierta popularidad de color verde.

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    Sin embargo, esta medida no es fácil de aplicar en un momento de recesión económica, ya que repercutiría a numerosos productos que, por defecto, el consumidor español está acostumbrado a utilizar. El lado positivo es que la tasa del carbono incrementaría la demanda del ecomercado y los econegocios sin tener que tirar de la chequera de las ayudas públicas.

    El problema de esta ecotasa es que colisionaría con el otro mecanismo para reducir las emisiones, la conocida bolsa de CO2. Este sistema beneficia las empresas que disminuyen la contaminación y hace pagar a las que emiten más de lo permitido, y las principales implicadas son las eléctricas y las industrias.

    No obstante, los sectores difusos, como el transporte o el residencial, no están incluidos en este mercado y suponen el 40% de la contaminación.

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    Los expertos apuntan que la tasa del carbono podría diseñarse sobre estos sectores para favorecer un giro verde tanto en el esquema de transporte, como en la construcción, ambos muy dependientes de los combustibles fósiles.

    El impuesto estimularía el uso de combustibles alternativos a los hidrocarburos y la difusión de las energías renovables en la edificación, que supone el 40% del consumo energético de España. Por ejemplo, mediante el consumo de biomasa en lugar de gas natural, más contaminante y virtualmente más costoso a través de la ecotasa, se conseguiría un triple beneficio: aprovechar un recurso natural abundante, emitir menos CO2 y reducir la dependencia energética del exterior.

    Los defensores de la tasa del carbono argumentan que la Unión Europea ha apoyado históricamente este mecanismo como instrumento para cumplir los compromisos de reducción de emisiones asumidos en el Protocolo de Kioto y que no hay que olvidar que España ocupa la presidencia en estos momentos.

    Suecia introdujo la tasa del carbono en 1990 y, desde entonces el país ha vivido una reducción en las emisiones de CO2 sin perjudicar al rápido crecimiento económico. De hecho, en este país escandinavo, el consumo de bioenergía ya supera el de los combustibles fósiles, reduciendo la dependencia energética y aprovechando un recurso natural abundante: la biomasa.

    Otros países como Dinamarca, Finlandia y Noruega o la provincia canadiense de Columbia Británica ya aplican algún tipo de impuesto sobre el carbono, a veces parcial, y otros como Francia, están en proceso de implantar un sistema similar.

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    Reunidos con el aire enrarecido

    Las compañías del sector de la eficiencia energética y las energías renovables se han reunido estos días con el aire enrarecido por la inminente revisión del sistema de subvenciones que planea el Ejecutivo. La feria de energía y medio ambiente Genera 2010, en la que participan 694 empresas de 27 países, ha estado marcada por los nuevos productos y servicios, las propuestas de inmuebles que participan en Solar Decathlon y las reivindicaciones de las distintas patronales renovables.

    Sin embargo, algunos expertos del sector apuntan que se han presentado demasiados bienes y servicios similares, lo que indica la dispersión del sector y pone de relieve una inminente concentración empresarial. La feria, celebrada en Ifema (Madrid) también ha servido para que se cierren acuerdos, como el que ha firmado la Asociación de Productores de Energías Renovables (Appa) con su homóloga polaca para promover la cooperación entre las empresas polacas y las españolas.

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