• Noticias maquetadas 20.05.2010

    Pakistán, fuente de radicalización

    Fawaz A. Gerges

    Mientras se disipa la humareda resultante del fallido atentado con coche bomba en Times Square de Nueva York, funcionarios de la Administración Obama han acusado a los talibanes pakistaníes de alentar, dirigir y probablemente financiar la trama del intento. «Disponemos de pruebas – ha manifestado el fiscal general estadounidense, Eric Holder-que señalan que los talibanes pakistaníes han estado tras el atentado en cuestión».

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    Aunque indudablemente reviste importancia establecer un nexo entre el sospechoso, Faisal Shahzad, un ciudadano estadounidense de origen pakistaní, y un grupo talibán pakistaní aliado con Al Qaeda, la motivación de Shahzad también importa, si no en mayor medida. Shahzad ha colaborado, ha declarado y se ha autoinculpado. Sin embargo, Holder y otros funcionarios de alto rango han propiciado escasamente el esclarecimiento de los motivos que pueden haber impulsado a Shahzad, íntegro individuo de clase media que daba la impresión de estar plenamente integrado en el estilo de vida estadounidense, a ir en contra de su país de adopción e intentar asesinar a sus conciudadanos. ¿Se radicalizó en su país de origen o en el extranjero, y por qué?

    Durante los últimos dos años, más de una decena de individuos con ciudadanía o residencia estadounidense han sido acusados de apoyar o de llevar a cabo atentados terroristas en territorio de Estados Unidos y en otros lugares; tales episodios apuntan en dirección del conflicto de Afganistán-Pakistán como la nueva fuente de un proceso de radicalización en Occidente, a la que se le ha prestado escasa atención.

    No basta argumentar, como hizo el máximo asesor de la Administración Obama en contraterrorismo, John Brennan, que Shahzad fue «detenido debido a la retórica homicida y sanguinaria de Al Qaeda y de los talibanes pakistaníes». De hecho, el supuesto sospechoso dijo a los interrogadores que se reunió con facciones extremistas en Pakistán (que no habían contactado con él) para aprender a fabricar explosivos caseros y, con gran probabilidad, en demanda de orientación religiosa y motivos justificativos de su acción. Shahzad inició los contactos por propia iniciativa y tomó el asunto en sus propias manos.

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    Los responsables en materia de seguridad han aportado pistas derivadas de la confesión de Shahzad que «han arrojado luz» sobre su proceso de radicalización. Declaró que actuó irritado por los ataques de aeronaves no tripuladas estadounidenses sobre territorio pakistaní, en concreto por un ataque mientras él se hallaba en Pakistán. La CIA lleva a cabo actualmente una operación continua de ataque contra los talibanes pakistaníes y contra Al Qaeda, en zonas muy próximas a donde creció Shahzad y que este solía visitar.

    Según la revista National Journal,Obama ordenó más ataques de aeronaves no tripuladas en su primer año de mandato que el ex presidente Bush durante sus dos periodos de mandato. Aunque tales ingenios matan a extremistas, suelen causar también víctimas civiles e inflaman tanto el nacionalismo pakistaní y afgano como los sentimientos antiestadounidenses.

    Los responsables en materia de seguridad afirman que la razón de la transformación de Shahzad de su condición de vecino de un decente barrio residencial en supuesto terrorista estriba en la guerra de EE. UU. en Pakistán y no en factores como la ideología, la cultura o un fracaso personal de relieve. Numerosos pakistaníes, incluidos los inmigrantes de primera o segunda generación que viven en Occidente como Shahzad, creen que la guerra que ruge en su país constituye un verdadero ataque contra su identidad musulmana. Según dijo el jefe de policía de Nueva York en el programa 60 minutos de la CBS, Shahzad hizo una declaración formal, que confirmó por entender «que su religión era atacada».

    Es indudable que el binomio Pakistán-Afganistán ha ocupado el lugar de Iraq como nuevo origen de radicalización autóctona (proveniente de los países de origen de los individuos) en el seno de sociedades occidentales. Sin embargo, los últimos casos registrados en EE. UU. y en Europa – incluido el intento en Times Square-muestran que el reclutamiento de terroristas en potencia a instancias ajenas como Al Qaeda se ha visto reemplazado desde hace tiempo por otra modalidad consistente en un proceso de aproximación y captación a través de familiares y amigos, de dimensión si se quiere mínima pero cuya pista resulta muy difícil seguir.

    Por ejemplo, el residente permanente en EE.UU. Najibulah Zazi, inmigrante afgano y conductor de autobús del aeropuerto de Denver que se declaró culpable del intento de atentar contra la red de metro de Nueva York, adujo la guerra en el área de Afganistán y Pakistán como motivación de su acción. Nidal Malik Hasan, comandante y médico militar nacido en Arlington, Virginia, de padres inmigrados procedentes de Cisjordania (dedicado por su formación en psiquiatría a atender casos de estrés postraumático) e imputado por el tiroteo y la muerte de trece personas en la base militar de Fort Hood, en Texas, había despotricado en público contra la invasión de Iraq y Afganistán.

    Las operaciones militares estadounidenses en Pakistán impulsaron a cinco musulmanes estadounidenses de Virginia integrados socialmente – dos de ellos de origen pakistaní-a presentarse en el campo de batalla. En marzo, un pakistaníestadounidense, David C. Headley, se declaró culpable de ayudar a planear los atentados terroristas del 2008 en Bombay.

    Aunque de naturaleza alarmante y peligrosa, la primera modalidad citada de radicalización y reclutamiento resulta ser un fenómeno marginal sin que consten pruebas de un respaldo notable de la opinión pública musulmana al terrorismo de nuevo cuño. Numerosos musulmanes expresaron su repugnancia ante el carácter despiadado y sanguinario del intento de atentado en Times Square. La Administración Obama lo gestionó de forma equilibrada y competente, sin reaccionar con desmesura ni provocar alarma. Pero subsiste el temor de que, aunque el intento del aficionado Shahzad fracasara, otros propósitos podrían tener éxito y hacer estallar efectivamente un explosivo.

    El presidente Obama debería informar a los estadounidenses y a los aliados occidentales de los peligros inherentes a la escalada militar en Pakistán y Afganistán, sobre todo ahora que presiona al Gobierno pakistaní para lanzar una nueva ofensiva militar general contra los talibanes pakistaníes y los efectivos de Al Qaeda en el norte de Waziristán, principal base de los talibanes pakistaníes y otros grupos militantes. Se lo debe a la sociedad estadounidense y a la comunidad internacional.

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    F. A. GERGES, profesor de Política de Oriente Medio y Relaciones Internacionales en la London School of Economics, Universidad de Londres

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    Traducción: José María Puig de la Bellacasa

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