• Noticias maquetadas 17.05.2010

    EL RUNRÚN

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    El viernes el mundo pudo haberse acabado. Coincidieron un cúmulo de despropósitos tan extraordinarios que recordé a aquel antepasado de mi familia materna que, según le contaron de pequeña a mi abuela Paula, cuando la noche del 1 de enero de 1900 se constató científicamente que el mundo no se había acabado tal como él sostenía, determinó el nuevo fin del mundo para un día concreto de 1910, en una moratoria de una década que luego tampoco se cumplió. Llegué a pensar que mi desprestigiado antepasado había errado sólo de un siglo y que ese día aciago para el que pronosticaba el Armagedón total era el viernes 14 de mayo. Alimentaba mi incertidumbre la gloriosa pantomima del alcalde Hereu con las tres primeras letras del abecedario, las triquiñuelas legales que enviaron al juez Garzón al paro, los trucos mágicos del presidente Zapatero para dar solución a los problemas económicos y la certera imitación que el Ibex, el Dow Jones y el Nasdaq se marcaban del trazado que recorren las vagoneta del Dragon Khan. En cambio, viví una situación inédita que me recordó aquella nota que Franz Kafka escribió en su diario el 2 de agosto de 1914: «Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde, fui a nadar».

    En la dirección de correo electrónico que, desde hace ahora diez años, figura al pie de cada Runrún recibí doce correos electrónicos casi seguidos del mismo remitente (BBVAresponde@ grupobbva. com) informándome de doce transferencias bancarias por valor de 12.201,40 euros a una cuenta que ni sabía que tenía. Me apresuro a dejar claro que en lo que aquí se relata nada tiene que ver la entidad a la que corresponden estas siglas (Banco Bilbao Vizcaya Argentaria). Es decir, que los doce correos eran más falsos que una declaración de Zapatero y que todos dirigían a una página web señalada como fraudulenta. Pero, aun así, me fascinó leerlos tal como iban cayendo en mi buzón: «Estimado cliente, en su cuenta se ha ingresado una transferencia de x euros. Remitente: (nombre y apellido). Número de control: (Código alfanumérico). Siga el enlace (subrayado y, en efecto, un enlace apuntando a una web) para consultar la información. Atentamente, su banco BBVA». El presunto número de control eran 9 cifras encabezadas por dos letras; por ejemplo, el del primer correo, recibido a las 10.26 de la mañana, era BB860123969. Los remitentes tenían nombres desconocidos; por ejemplo, ese primero lo firmaba un tal Rodolfo Villanueva, a quien no tengo el gusto de conocer ni por Facebook. Finalmente x, en ese primer correo, eran 572,69 euros. De los otros once sólo reproduzco hora, remitente y cantidad de la presunta transferencia: 12.01 h Asdrúbal Morales 258,86 €, 13.40 h Ricardo Vilareal 7902.20 €; 14.44 Silvio Jaimes 23,98 €; 16.26 h Sandalio Olivas 61,88 €; 16.28 h Domingo Balderas 804,98 €; 17.26 h Fons Manzanares 75,44 €; 17.39 h Gertrudis Valádez 76,91 €; 17.53 h Francisca Sanabria 893,25 €; 17.54 h Anbessa Olivares 860,68 €; 17.56 h Bernardita Casas 64,31 €; 18.43 h Vincenc (sic) Mota 606,22 €. El bombardeo cesó aquí. Doce mil euros más volátiles que la actual situación económica destinados a conducirme hasta una página web en la que, confianza mediante, hubiese sido requerido a dar mis datos para poder robarme con todas las de la ley. Es decir, engañándome como a un simple funcionario, pensionista, dependiente o alguna de las múltiples variantes que, desde la semana pasada, sirven para sustituir al elemento oriental de la xenófoba frase hecha que, hasta ahora, empezaba con el verbo engañar y acababa con el sustantivo chino.

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