• Noticias maquetadas 05.05.2010

    Cheap El humorista de la Casa Blanca Buy cheap duphalac lactulose

    Màrius Carol

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    Barack Obama superó con nota su comparecencia ante los corresponsales establecidos en Washington, velada en la que los presidentes de Estados Unidos pueden desahogarse contra sus rivales políticos pero también contra la prensa. Obama bromeó sobre la crisis de la prensa («no estoy en mi mejor momento, pero debo decir en mi defensa que ustedes tampoco»), se mofó de la líder republicana («tengo gran popularidad en Twitter y Facebook, las redes socialistas como las llama Sarah Palin») e incluso se rió de sí mismo (fue una decepción el Nobel de la Paz, yo quería el de Física). Este ejercicio público de ironía (Jean Paul Richter escribió que la ironía sólo podían permitírsela los inteligentes), al que están obligados los presidentes del país desde que Calvin Coolidge aceptó la invitación de la Asociación de Corresponsales ante la Casa Blanca hace 90 años, reúne no sólo a periodistas, sino también a rostros de Hollywood.

    No es fácil el papel del presidente en la cena, pues está obligado a recitar un monólogo más propio del televisivo club de la comedia. Obama es un tipo serio y de rostro grave, pero suplió su fuste de cómico con un parlamento cómplice. El comandante en jefe resulta un buen orador, que es capaz de seducir audiencias con discursos profundos o con alocuciones mordaces. Capaz incluso de provocar la carcajada con bromas a sus anfitriones, como cuando contó que, tras haber rescatado la banca y la industria del automóvil, le preguntaron qué iba a hacer por la empresa periodística y su respuesta fue tajante: «Yo solamente soy el presidente de Estados Unidos, no un hacedor de milagros.» A lo largo del parlamento, se permitió el chiste sobre su vicepresidente Biden – «me insistió en que asistiera porque no es una cena cualquiera, sino una cena donde se come muy bien»-,pero también acerca de su persona, cuando se refirió a los que consideran que es un presidente inconstitucional porque no nació en EE. UU: «Al menos en mi país de nacimiento mis índices de popularidad son muy altos».

    En cualquier caso, estuvo brillante pero sin llegar nunca al espectáculo de variedades en el que convirtió la cena su antecesor Georges Bush, tan simpático en lo personal como disparatado en lo político, que en el 2006 llegó a salir al estrado con su imitador Steven Bridges. Bridges fue quien dijo que estaba encantado «de reunirse con aquel atajo de periodistas y liberales de Hollywood» y Bush se lamentó de que no hubiera nadie en la sala del 36% a los que gustaba. Por no hablar de Bill Clinton, que ha conseguido que el DVD de sus intervenciones en la gala sea el objeto más vendido en su museo de Little Rock.

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    La cena de los corresponsales es toda una prueba del nueve para comprobar la sintonía de los presidentes con los periodistas acreditados. Es un día para ganar imagen o para perderla definitivamente, aunque hagan gracia.

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