• Noticias maquetadas 29.04.2010

    VIRGINIA LÓPEZ / EDUARDO SUÁREZ Lisboa / Londres, Especial para EL MUNDO / Corresponsal

    Pacto de Estado en Portugal para evitar la catástrofe

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    Pills Gobierno y oposición acuerdan acelerar el recorte de gasto para atajar el déficit

    Al igual que en el caso español, la respuesta por parte del Gobierno portugués a la decisión de Standard & Poor’s (S&P) de bajar dos escalones la calidad crediticia de Portugal no se hizo esperar. Ayer mismo, el primer ministro luso, José Sócrates y el líder de la oposición, el socialdemócrata Pedro Passos Coelho, se reunieron con carácter de urgencia en la que se ha bautizado como Cumbre de la Crisis, para enviar un mensaje de tranquilidad a los mercados internacionales.

    «El Gobierno y el principal partido de la oposición hemos decidido trabajar en conjunto para responder al ataque especulativo sin fundamentos sobre nuestra deuda soberana», comenzó diciendo el jefe del ejecutivo luso al término de la reunión. No es habitual ver a los dos principales rivales políticos haciendo una declaración conjunta sobre el «interés general» del país, anteponiendo la nación a los intereses partidarios. Pero fue lo que sucedió ayer, cuando ambas partes entendieron la necesidad de responder de forma clara y rápida a los inversores internacionales para no seguir los pasos de Grecia.

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    De momento, la clasificación de A- (Portugal estaba en A+) concedida por Standard & Poor’s sitúa al país todavía en el grado de inversión, pero acercándose peligrosamente a la zona de especulación, también conocida como créditos basura, en la que ya se encuentra Grecia.

    Según la agencia de rating, el principal problema de Portugal es la falta de crecimiento, algo que también han apuntado dentro del país varios analistas económicos. Hace una década que Portugal no registra un crecimiento sólido, y la propia S&P prevé que la economía lusa se estanque en 2010. Con estas previsiones, la agencia ve como «demasiado optimistas» las perspectivas de Lisboa de alcanzar un déficit del 2,8% del PIB en 2013, el plazo establecido por Bruselas, y según sus previsiones, en el mejor de los escenarios se quedaría en el 4,1%.

    Pero el Gobierno de Lisboa no desiste y su primer ministro volvió a insistir ayer en que «harán todo lo que sea necesario» para garantizar el cumplimiento del Plan de Estabilidad y Crecimiento (PEC). «Portugal es un país que cumple los objetivos propuestos y que no desiste de su credibilidad internacional», argumentó Sócrates, respaldado por su rival político, Passos Coelho, quien por su parte dijo que de momento «no hay que decir nada más», y sí actuar. El primer paso ha sido presentarse ante los portugueses con la «voluntad de dialogar y cooperar» para «invertir la actual situación de desconfianza».

    Lo importante ahora es que Portugal se ponga las pilas y no deje pasar más tiempo. Y por ello, Sócrates dijo ayer que su Gobierno anticipará algunas de las medidas incluidas en el PEC ya a este año, para que durante 2010 se comiencen a sentir los efectos en el descenso del déficit público, situado actualmente en el 9,4%.

    Entre las medidas que anunció el socialista se encuentra la implementación de un nuevo escalón de impuestos en el IRPF para los rendimientos más elevados, la creación de nuevos peajes en varias carreteras portuguesas, la aplicación de la nueva ley de condición de recursos, con la que fiscalizarán y controlarán los subsidios sociales que están siendo entregados en estos momentos, y la alteración del sistema de desempleo, para garantizar, en palabras del propio Sócrates, que «no compense estar en paro en vez de trabajar».

    Un espejo en el que podrían mirarse españoles, portugueses y, por descontado, griegos, es el de Irlanda, que ha recibido el aplauso de la comunidad financiera tras atajar de forma valiente un déficit galopante, el estallido de la burbuja inmobiliaria y una grave crisis del sector bancario.

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    La economía irlandesa se ha desplomado en los últimos dos años, pero al menos su Gobierno ha atajado la sangría con medidas valientes y necesarias. La mayoría de los ajustes los anunció y adoptó en diciembre el ministro de Economía, Brian Lenizan, en sus Presupuestos anuales. Un documento sombrío que incluía unos recortes de 960 millones en gastos corrientes, 760 millones en prestaciones sociales, 960 millones en inversiones del Estado y 1.000 millones en las nóminas de los funcionarios. En este último caso, y para dar ejemplo, empezando por el primer ministro, Brian Cowen (que se bajó el sueldo un 20%) y el de sus ministros, en un 15%.

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