• Noticias maquetadas 23.04.2010

    El sector financiero, buenas oportunidades en río revuelto

    Patrick Atkinson

    El sector financiero es uno de los pilares clave de la economía moderna, actuando como intermediario entre los depósitos de los ahorradores y los préstamos a empresas y particulares, teniendo así un efecto multiplicador sobre la financiación disponible para la economía real.

    En la situación actual, una recuperación de la economía no puede producirse sin un funcionamiento efectivo del sector financiero. A su vez, los resultados recurrentes reales de este sector también van estrechamente ligados al PIB. Por tanto, un buen funcionamiento del sector es necesario para la mejora de la economía, cuya recuperación es, a la vez, necesaria para la salud del sector. La alternativa es una década perdida a la japonesa.

    En España, el punto de partida de la crisis ha sido menos traumático que en la mayoría de economías desarrolladas al haberse visto menos impactado por los productos más innovadores de la banca mundial, entre ellos, la titulización de prestamos subprime. Los bancos y cajas españoles se han centrado en negocios más tradicionales y, además, empezaron la crisis con un colchón de unos 30.000 millones de euros por las provisiones anticíclicas exigidas por Banco de España a partir de 1999/2000 y con ratios de solvencia significativamente por encima del resto de países.

    Los problemas del sector español tienen su origen en la crisis inmobiliaria (con más de 300.000 millones de crédito a promotores inmobiliarios), junto con el impacto del paro en la capacidad de particulares para pagar sus hipotecas y préstamos al consumo y el consiguiente aumento de la morosidad. Ha sido menos traumática la experiencia inicial, pero también parece probable que tendrá un impacto más duradero en el tiempo.

    Ante este panorama, empezarán pronto a culminarse procesos de reestructuración y consolidación de cajas, dentro o fuera de los términos del Frob, como integración o fusión, dentro de la misma comunidad autónoma o interregional y con mayor o menor grado de centralización: con consecuencias positivas en términos de acceso a mercados de capitales, mejoras en la eficiencia y reducciones de capacidad. Dicho todo esto, ¿qué más podemos esperar en el sector en los próximos meses? ¿Cuáles son los pasos que darán (o cuáles deben dar) bancos y cajas para no perder las oportunidades que brinda la coyuntura atípica actual? Para encontrar la respuesta hay que mirar tanto dentro como fuera de la propia entidad.

    Por un lado, será necesario tener un plan estratégico actualizado, porque las recetas de antaño ya no valen. Hace sólo dos años mirábamos orgullosos los altos niveles de eficiencia del sector bancario español. No parece, sin embargo, que las cifras a futuro sean motivo de optimismo (sobre todo, si tenemos en cuenta la morosidad y el impacto positivo para las entidades de la bajada de los tipos de interés en el 2009). Por lo tanto, el enfoque en mejorar la eficiencia y reducir costes seguirá siendo clave en los planes de todas las entidades para tener una cuenta de resultados sostenible a medio plazo.

    La mayoría de entidades ya tienen planes en marcha para reducir sus gastos generales, y algunas entidades (sobre todo los bancos, pero también algunas cajas) ya han empezado la reducción de tamaño de su red, tendencia que previsiblemente seguirá a lo largo de 2010. Se producirán ahorros más estructurales, por un lado, en casos de fusión o integración y, por otro, donde haya voluntad real por parte de la alta dirección de las entidades para mejorar procesos y a la vez exista un mecanismo para reducir plantilla de manera poco traumática.

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    Por otro lado, en cuanto a acciones inorgánicas de compraventa de activos, existen varios pasos que pueden dar las entidades para “limpiar” sus balances y su situación patrimonial, en relación con seis áreas principales:

    – Participaciones industriales. En el caso de los bancos, el proceso de desinversión ya está muy avanzado. Santander se deshizo de su última participación significativa con la venta de Cepsa en mayo de 2009, y tras la venta de participaciones en Iberdrola, Repsol e Iberia, el BBVA sólo mantiene como inversión estratégica significativa a Telefónica. Al otro lado de la moneda, La Caixa y Caja Madrid siguen manteniendo importantes paquetes de inversiones industriales. No está claro cual va a ser la estrategia de las demás cajas (banca mixta con participaciones estables como en el caso de La Caixa o el modelo anglosajón como en el caso de Santander).

    Lo que sí está claro es que la venta de participaciones presenta una oportunidad de simplificar la gestión de la entidad y a la vez mejorar su solvencia, con determinadas excepciones donde la corporación industrial es una parte clave de la estrategia de la Caja. No siempre existe una solución en este sentido, pero sí puede haber inversiones con plusvalías latentes y actores interesados en invertir en estos activos, estructurándose la operación para tener en cuenta los intereses del vendedor.

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    – Activos distressed. Sigue habiendo mucho interés por parte de inversores internacionales en la compra de carteras de activos distressed, por ejemplo carteras de préstamos con impagos. Hay indicios de que los precios que esperan las entidades vendedoras y los que están dispuestos a ofrecer inversores se han acercado en los últimos meses, y según se va avanzando en el calendario de provisiones y el valor en libros de estos activos baja, parece probable que este mercado empiece a funcionar de nuevo, ofreciendo buenos retornos para inversores, y coadyuvando a simplificar la gestión, generar liquidez, y mejorar ratios de solvencia (a través de la reducción en activos en riesgo) por parte de la entidades

    – Activos no estratégicos. Puede ser el caso de cualquier negocio que estaba en vías de desarrollo, y donde la llegada de la crisis ha quitado la voluntad y/o la capacidad de seguir invirtiendo. Un caso claro es el de la red de oficinas, donde existe la opción no sólo de cerrarlas como parte de un proceso de racionalización sino de venderlas a otra entidad.

    Esto es particularmente relevante en el ámbito de la racionalización de las redes tradicionales de las entidades, donde el negocio suele gozar de mejor salud, pero puede existir algo de sobredimensionamiento. Varios bancos ya han anunciado públicamente su disposición de adquirir redes, y Banco de España ha abierto la puerta a la compra de activos de cajas por parte de los bancos con el precedente de CCM.

    – Bancaseguros. La distribución de seguros y planes de pensiones a través del canal bancario es un negocio que mueve ya entre 30.000 y 40.000 millones de euros. Los acuerdos de exclusividad ya firmados por muchas entidades tendrán que volver a replantearse tras los procesos de fusión actualmente en marcha.

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    También sigue habiendo algunas entidades que todavía no han entrado en ningún acuerdo con una aseguradora. Es probable, por tanto, que haya más operaciones una vez que la incertidumbre del actual proceso de consolidación del sector bancario empiece a remitir. Los precios, previsiblemente, no volverán a los niveles precrisis por el menor potencial de crecimiento percibido, pero sigue siendo una manera relativamente sencilla de mejorar los recursos propios de una entidad de crédito, tanto por la plusvalía generada como por las menores deducciones de capital necesarias. El área de seguros de no vida también será un negocio donde veremos mayor actividad, sobre todo en cuanto a acuerdos de distribución.

    – Gestión de activos. En el caso de las gestoras de inversión colectiva hay un claro proceso de concentración a nivel mundial. En España ya estaba en marcha antes de la crisis. Parece que está en vías de reactivarse este proceso. Los cuatro grandes (BBVA, Santander, La Caixa y Caja Madrid) manejan más del 50% de activos bajo gestión.

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    La clara tendencia de reducción de comisiones en productos de menor valor añadido hace necesario un mayor tamaño para aprovechar economías de escala y para desarrollar productos especializados. Mientras que para una entidad de crédito vender la gestora supone perder un flujo de comisiones a futuro, también supone en casi todos los casos la generación de un beneficio extraordinario inmediato que se traslada directamente a un mayor nivel de solvencia. Es un área donde hay bastante interés en comprar (tanto con o sin los clientes de mayor patrimonio) para aprovechar la subida de los índices y ganar tamaño. Casi todas las entidades tienen gestora propia y su venta sería una forma muy sencilla de mejorar los números a corto plazo.

    – Oportunidades en el exterior. Algunas entidades también podrán seguir aprovechando las oportunidades de crecimiento que brinda el entorno actual. Santander ya ha invertido unos 40.000 millones de dólares (29.600 millones de euros) en América y cuenta con 6.000 oficinas y 86.000 empleados. BBVA ha invertido unos 25.000 (18.500 millones) y ya cuenta con 61.000 empleados. Mapfre es la primera aseguradora internacional en Latinoamérica, con 10.500 empleados. La reestructuración del sector que está en marcha es un fenómeno global, y por tanto existen oportunidades claras en otros mercados. Dos ejemplos claros son EEUU, donde ya hay más de 100 bancos intervenidos bajo el control del FDIC y Reino Unido, donde el Gobierno tiene entre manos diversos activos bancarios que necesita sanear y vender.

    Sea cual sea la situación patrimonial y de resultados de una entidad financiera, hoy es un momento clave para tener claro cuáles son las opciones estratégicas, no sólo en cuanto a fusiones, integraciones y planes de optimización de costes, sino también en cuanto a la compra o venta de activos, siendo siempre consciente del entorno en el que nos movemos y que hay que contar con una due diligence de calidad sobre los activos en consideración. No es el momento de lanzarse a la piscina sin más.

    Entramos en una fase caracterizada, con determinadas excepciones, de “zapatero a tus zapatos”, pero donde todavía existen buenas oportunidades de inversión, y donde ventas tácticas de activos pueden dar un bienvenido respiro financiero a las entidades de crédito.

    La salud del sector

    – La mejora del funcionamiento del sector financiero es necesaria para la mejora de la economía y para la propia salud del sector.

    – La venta de participaciones industriales representa una oportunidad de simplificar la gestión de la entidad y a la vez mejorar su solvencia.

    – Los precios de los activos ‘distressed’ están empezando a ser los que esperan las entidades vendedoras y los que están dispuestos a ofrecer los inversores, y parece probable que este mercado empiece a funcionar de nuevo.

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    – Las redes de oficinas pueden ser una opción no sólo de cerrarlas como parte de un proceso de racionalización, sino de venderlas a otra entidad.

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    – Casi todas las entidades tienen gestoras de activos propias y su venta sería una forma muy sencilla de mejorar los números a corto plazo.

    – La reestructuración del sector que está en marcha es un fenómeno global y, por lo tanto, existen oportunidades claras en otros mercados. En EEUU, por ejemplo, hay más de 100 bancos intervenidos.

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