• Noticias maquetadas 23.04.2010

    Sant Jordi y la circunstancia

    online
    online

    Xavier Bru de Sala

    No recuerdo otra Diada tan apesadumbrada. La más ejemplar fiesta ciudadana de cuantas se celebran en miles de kilómetros a la redonda se ve envuelta en esta ocasión por un halo de preocupación, incertidumbre y pesimismo. Con la sentencia que con bastante probabilidad se avecina, no hay para menos. Aun así, lo deseable sería, es, no permitir que la circunstancia contamine o empañe la celebración. El ejercicio no es apto para pusilánimes, pero, ante la obligatoriedad de la entereza y la alegría propia de Sant Jordi, simularemos por un día que esta frase no ha sido escrita ni leída, que no estamos a punto de topar con la pared del fondo de un callejón sin salida.

    Hermanar el libro y la rosa es una auténtica troballa, un hallazgo de extraordinario calado. Tanto impresiona, por su sencillez y proyección simbólica, que esta unión de naturaleza y cultura va en camino de convertirse en algo universal (claro que, llegado el caso, Madrid sería la última ciudad del mundo en adoptar un tradición de origen catalán, pero tampoco he escrito esta frase). Dado que una rosa es igual a una rosa pero un libro no es igual a otro libro – o dicho de otro modo, las variaciones entre rosas, con ser notables, son irrelevantes comparadas con las diferencias entre libros, y no digamos, puestos a no decir, entre sus autores-,centraré el mensaje a los lectores menos adocenados en animarles a distinguir un poco mejor y comprar libros que de veras merezcan ser leídos. La rosa más bella no desmerece de las demás. La naturaleza no hace distinciones. La cultura sí, aunque a juzgar por las apariencias de la comercialidad, pocos lo dirían.

    Fiel al propósito de no aguar la Diada, recordaré que todo el mundo tiene derecho a entretenerse como mejor le plazca, siempre que no perjudique al prójimo. Del mismo modo, no hay nada que objetar al beneficio económico derivado de la producción y el comercio de los libros. Si bien es aconsejable, o por lo menos deseable, que el lector no se perjudique a sí mismo tragándose según qué productos. Está en su derecho, del mismo modo que es libre de comer cualquier porquería, o incluso delicias con demasiado azúcar o grasa, o las dos cosas, aunque todos conocemos el resultado. Con los libros y la cultura sucede algo semejante. Basta ya de abonar, aunque sea de modo indirecto, la suposición según la cual no hay libros perjudiciales. Tal vez no abunden tanto como la comida basura, pero los hay. Si bien es cierto que la mayoría son inocuos, es decir que no causan perjuicio, abundan los que, por así decirlo, contaminan el espíritu o la mente. Ocurre, a diferencia de lo consumido por la boca, que no hay ni debe haber agencias, y menos oficiales, que aprueben o prohíban. En cuanto hablamos de cultura, en vez de pruebas disponemos de apreciaciones, pero ello no significa de ningún modo que un libro sea igual a otro libro. La gran mayoría de lo que hoy se comprará y venderá es poco o nada recomendable, intelectual y literariamente grasiento y dulzón. El viejo debate del fast food y el delicatessen,referido a los libros y a la cultura, esconde una falsedad, que es el argumento de este párrafo. La mejor forma de celebrar esta Diada, desde un punto de vista personal y social, consiste en afinar un poco los mecanismos de percepción y distinción, mejorar como lectores (quienes lo sean).

    bactrim without prescription

    ¿Cómo conciliar entonces el comercio y la cultura? Estratificando, volviendo a la pirámide. ¿Cómo se consigue? Mediante los filtros de la crítica, haciendo caso de los mejores lectores, a quienes deberíamos escuchar antes de escoger. La superproducción libresca es inevitable. La oferta se asemeja a un supermercado imaginario donde los productos se encontraran apilados en desorden. A diferencia de otros países, en el nuestro los mecanismos de filtro y valoración se encuentran poco menos que desmantelados. No está prohibido, que se sepa, invertir en ellos una parte de las energías intelectuales disponibles.

    Años atrás, Emili Teixidor propuso habilitar una zona en la que sólo se exhibieran y vendieran libros que hubieran superado un filtro cualitativo, de modo que se facilitara la elección al lector deseoso de acceder a los buenos libros. Es una magnífica idea, que por desgracia no ha encontrado el eco necesario. De manera complementaria, y dado que el tiempo sigue siendo el mejor escultor de la cultura, se podría proponer el nombre de un clásico y convertirlo en el GALLARDO autor de la Diada. A buen seguro, este año sería el de Espriu. En vez de distribuir una estúpida encuesta a los escritores a fin de que entre ellos valoren a los mejores – ignorando que los mejores se reconocen entre ellos, a la contra de los mediocres-,nuestras instituciones podrían dedicarse a algo menos absurdo y más efectivo, promocionar y buscar complicidades para que el clásico del año estuviera omnipresente en la Diada.

    sale rizact Buy
    Purchase Purchase

    Ya que hemos inventado una realidad tan magnífica como la fiesta de hoy, no la banalicemos más de lo imprescindible.

    Si conseguimos mejorar en cultura, también alcanzaremos más seguridad en todo lo demás.

  • Comments are closed.

Calendario de artículos

abril 2010
L M X J V S D
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
2627282930  

Artículos anteriores